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Obama pone el foco en África. España, en Guinea

Ignacio Martínez | 11 de julio de 2009 a las 9:40

 

 

Tras participar en la reunión del G-8 en Italia, el presidente Obama ha decidido poner el foco en África, el continente del que salió su padre hace 50 años. El presidente norteamericano criticó la ausencia de democracia en muchos países, en donde impera el caudillismo y la corrupción. Hoy está en Accra, la capital de Ghana, una de las escasas democracias homologables, en donde ha sido recibido como un héroe. Allí hará un discurso con su nueva visión de las relaciones norte sur, que debe centrar el papel de África, de la misma manera que el 4 de junio se dirigió a los mil millones de musulmanes del mundo desde El Cairo.

Obama ha ilustrado la debilidad de las instituciones africanas con un ejemplo personal: “Cuando mi padre salió de Kenia, hace 50 años, el producto interior bruto de Kenia era superior al de Corea del Sur. ¿Qué ha pasado desde entonces? Una de las razones es que Corea ha creado instituciones transparentes y eficaces, y no hay razón para que África no haga lo mismo. Los países ricos tienen una obligación moral de aportar asistencia. Pero las naciones pobres tienen la responsabilidad de utilizar esa asistencia de manera transparente, eficaz y con respeto a la ley”. En la cumbre de L’Aquila, Estados Unidos ha presionado para la creación de un fondo de ayuda a África de 20.000 millones de dólares.

Entretanto, una misión española con el ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos visita Guinea Ecuatorial, con una filosofía completamente contraria: pretende mejorar las relaciones entre los dos países, al margen del carácter dictatorial del régimen guineano. Teodoro Obiang, a quien le va como anillo al dedo el papel de caudillo corrupto, ha responsabilizado a la prensa española del daño que han sufrido las relaciones entre los dos países.

En conversación con los periodistas que acompañan a esta delegación gubernamental y parlamentaria española, Obiang mostró sus contradicciones. Dice por un lado que su régimen es democrático. Y, por otro, asume el calificativo de dictador: “soy yo el que dicta las normas”. Y son muy peculiares algunas explicaciones. Asegura que en Guinea Ecuatorial ‘casi’ no hay torturas. O sea, que alguna hay, de vez en cuando. Sobre el reparto del botín del petróleo entre la élite dirigente, aseguró que se invierte en infraestructuras y que la mayor parte de la población está satisfecha. Mostró un desprecio propio de un sátrapa hacia sus compatriotas: “el problema es que los guineanos no quieren trabajar y yo no puedo regalar dinero a los holgazanes”. Sobre las acusaciones de blanquear dinero a través de la banca norteamericana, dijo que depositó fondos del tesoro guineano, pero para evitar el pago de comisiones por los cheques de las petroleras estadounidenses.

A los senadores que constituyen el grueso de esta embajada, el dictador guineano se quejó de que la antigua metrópoli se inmiscuye en los asuntos internos de su país. Iñaki Anasagasti (PNV) y Miquel Bofill (Entesa Per Catalunya) le contestaron que una cosa es la injerencia y otra la preocupación por los derechos humanos. El dictador exige que Zapatero vaya a verle, para normalizar las relaciones. A ver si hoy escucha el discurso de Obama y toma nota sobre lo pernicioso del caudillismo y la corrupción

Corrupción: falta de práctica

Ignacio Martínez | 1 de julio de 2009 a las 8:03

Madoff era el paradigma del campeón de la economía especulativa. Tiene un récord del mundo: estafó 35.500 millones de euros (6 billones de pesetas) a cientos de ricos como él y a miles de pequeños ahorradores, que habían invertido los ahorros de toda su vida en sus fondos, para pasar una vejez tranquila y feliz. Esto no ha ocurrido en Marte, sino aquí al lado; el Banco Santander colocó 2.300 millones en activos de Madoff, así que seguro que usted conoce a alguien que ha quedado atrapado en la pirámide que había montado este sujeto.

El Santander ofreció una compensación a sus clientes. Madoff, por el contrario, no pudo. No tenía con qué, sólo disponía de su lujoso ático de siete millones en Manhattan, la casita de 11 millones en Florida y un apeadero de tres millones a las afueras de Nueva York. Pura calderilla, si se compara con la magnitud de la estafa. Un juez le ha condenado a una pena ejemplar y simbólica, un escarmiento planetario, como lo definiría Leire Pajín: 150 años de cárcel por fraude bursátil, postal y electrónico, blanqueo de dinero, perjurio, fraude en el asesoramiento de inversiones, declaraciones falsas, apropiación indebida y engaño al supervisor bursátil.

Aquí en España hemos tenido nuestros Madoff particulares. Unos han mordido el polvo y otros se han ido de rositas. Mario Conde tenía un agujero en Banesto de unos 600.000 millones de pesetas, cuando fue intervenido en 1993. Era la décima parte del agujero de Madoff, y la condena respetó la escala: 14 años de cárcel. En el lado contrario se sitúa Jesús Gil, cuya gestión corrupta en Marbella dejó cientos de millones de euros de deuda a la ciudad y 30.000 viviendas ilegales. El Ayuntamiento está devolviendo el dinero como puede, pero no quiere tirar edificio alguno. La muerte de Gil dejó sus responsabilidades penales en suspenso, y sobre las garantías civiles que debía afrontar su patrimonio, nunca más se supo.

Estos episodios nacionales no ocurren impunemente. El Banco Mundial acaba de publicar su informe anual con indicadores de buen gobierno y lucha contra la corrupción en 212 países. España saca mala nota: se coloca en el puesto 41. Se analizan seis conceptos cuya media sitúa a nuestro país a la cola de la Unión Europea, sólo superado por Grecia, Italia y Chipre. En participación y libertad ciudadana estamos peor que hace 10 años. En estabilidad política y ausencia del terrorismo no hemos parado de bajar desde el 2000. En efectividad de la burocracia administrativa éramos uno de los 20 mejores en 1998 y ahora estamos en el montón: Dinamarca triplica la nota de España. En calidad de impulso al sector privado y en aplicación del derecho superamos el índice de los últimos años, pero lejos del nivel de hace una década. Y nuestro control de la corrupción no es un dechado: es la mitad de eficiente que el de Dinamarca. Falta de práctica.

Elecciones europeas: el bipartidismo no es tan fuerte

Ignacio Martínez | 8 de junio de 2009 a las 7:16

Debacle socialista en Europa. Y derrota en España. Leire Pajín dijo anoche que la tónica era la derrota de los gobiernos europeos. Falso. A los jefes de gobierno conservadores de Francia, Italia o Alemania les fue muy bien. La diferencia entre los 23 y 21 diputados de PP y PSOE no es amplia. Más sustancial es que los dos grandes partidos hicieron tanto énfasis en los defectos del otro durante la campaña, para asegurarse el favor de sus incondicionales, que hay que convenir que esos partidarios irreductibles no son tantos. En las últimas elecciones generales socialistas y populares acapararon el voto del 63% del censo. Ayer, ese porcentaje se ha quedado en la mitad. A la luz de este dato, el bipartidismo español no es tan potente como parece. La euforia del PP por su “gran resultado” obvia que la mayor parte de los treinta y cuatro millones de ciudadanos españoles convocados a las urnas se quedaron en casa.

En feudos populares como Madrid y Valencia la participación aumentó notablemente sobre 2004. Pero el PP no debe utilizar su clarísima victoria en la Comunidad Valenciana para blanquear al presidente de la Generalitat, en el asunto de los trajes presuntamente regalados por la trama corrupta Gürtel. Será un juez quien le exonere o le procese, no el voto de ayer de los valencianos. De la misma manera que la pertinaz obsesión del pueblo de Marbella de dar una mayoría absoluta a Jesús Gil y Gil o Julián Muñoz de 1991 a 2003 no alteró la condición de delincuentes de estos alcaldes. Que Camps se aplique el cuento.

En el conjunto de la Unión Europea la participación ha sido de un 43%, dos puntos menos que hace cinco años y tres puntos menos que en España. Hay un momento de escasa pasión europeísta. Por la crisis y por la sensación de que realmente en estas elecciones no se decide gran cosa. Lo que en cierta manera es verdad. El verdadero poder en la Unión lo tienen los gobiernos de los países miembros y lo ejercen en el Consejo de Ministros o en el Consejo Europeo. La segunda fuerza es la Comisión Europea, pero sólo influye cuando tiene a un peso pesado al frente, como Delors entre 1985 y 1995. No es el caso de Durao Barroso. Si el candidato a presidente de la Comisión encabezara las listas de su grupo político y tuviera antagonista, o sea, si el sistema fuese diferente, quizá estas elecciones cobraran interés. Dentro de cinco años, con el Tratado de Lisboa en vigor y la necesidad de elegir un presidente del Consejo para dos años y medio prorrogables, quizá los candidatos a ese cargo también puedan someterse a las urnas.

La baja participación también invita a paralizar cualquier pretensión alocada de abrir la puerta de la UE a nuevos socios. Europa tiene que decidir antes si apuesta por una unión política o se conforma con ser sólo un eficiente mercado único. Hasta que eso no se resuelva, la participación de ayer invita a paralizar cualquier nueva adhesión.

Retrato de Berlusconi

Ignacio Martínez | 6 de junio de 2009 a las 10:59

Las fotos que ayer publicó El País de las fiestas en la casa particular de Berlusconi en Cerdeña, en una finca de 60 hectáreas, serían banales o una intromisión en la vida privada del magnate, si no fuese porque se trata de un primer ministro en ejercicio, que utiliza el avión oficial para transportar a sus invitados, ya sean amigos de su edad, jovencitas o saltimbanquis. Y a las fuerzas de seguridad para protegerlo. El PP, que tanto ruido ha hecho en España por el uso de un avión oficial por parte del presidente del Gobierno para ir a los mítines de campaña, no ha dicho ni ‘mu’ sobre este exceso de su socio en el PPE. Las actitudes privadas de los invitados de Berlusconi, las jovenes desnudas, el ex ministro conservador checo Topolanek con el ‘pene extraído’, no se compadecen con las posiciones conservadoras en materia de costumbres que se gasta el presidente del Consejo de Ministros italiano. La vida es así de contradictoria.

El ‘camorrista’ indeseable

Ignacio Martínez | 18 de mayo de 2009 a las 10:41

Un fiscal de Nápoles dijo ayer que España se ha convertido en un lugar de almacenaje de estupefacientes. Elogiaba la colaboración de jueces y policías españoles, tras la detención el sábado en Marbella del capo de un clan de la Camorra napolitana, especializado en el tráfico de hachís entre España e Italia. El fiscal añadía que ha mejorado mucho la cooperación entre los dos países contra el crimen organizado en los últimos años.

Exagera un poco. Por la Costa del Sol pasa la droga, no se almacena. Se trata de uno de los enclaves de paso de hachís más importantes del mundo, por eso pulula por aquí tanta mafia. Tenemos todos los ingredientes: un destino turístico al que acuden millones de extranjeros, entre los que es fácil confundirse; un emporio inmobiliario en el que ha sido cómodo blanquear dinero negro; un paraíso fiscal como Gibraltar, a pie de obra. Y a 15 kilómetros de nuestra costa, la pequeña Colombia marroquí, el cuadrilátero del Rif que forman Tetuán y Alhucemas por el norte y Taunat y Taza por el sur, en donde hay 100.000 hectáreas dedicadas al cultivo del cáñamo índico, en las que se pueden cosechar unas 2.500 toneladas de hachís al año.

Pequeñas bandas marroquíes se han hecho con el negocio del paso del Estrecho. Las organizaciones criminales europeas que distribuyen esta droga por el continente, como la del camorrista detenido, ya no compran la mercancía en el país magrebí, sino en España. Un hachís de buena calidad puede costar 900 euros el kilo, puesto en el campo rifeño; un precio que sube a 1.300 desembarcado en Andalucía y no deja de aumentar a medida que se sitúa más al norte. En Amsterdam, al por mayor, puede alcanzar los 3.000 euros, que hay que multiplicar por seis, siete u ocho en la venta a los consumidores. El potencial exportador de la mariguana desde las costas andaluzas supera los 3.000 millones de euros anuales, ahí está el problema. Además, la Policía cree que sólo logra interceptar una parte pequeña del hachís que llega a las costas andaluzas.

Bandas de todas las nacionalidades intentan invertir aquí en negocios legales. Sólo la provincia malagueña acumula más comisiones rogatorias de jueces extranjeros, contra el blanqueo de dinero, que todo el resto de España junto. La presión policial y judicial ha sido grande, no sólo nacional. Con frecuencia, policías escandinavos, holandeses, italianos, franceses o británicos siguen en la Costa investigaciones iniciadas en sus países. En 2007 la Unidad de cooperación judicial de la Unión Europea, Eurojust, convocó a magistrados, fiscales, policías y guardias civiles con responsabilidades en Málaga para mejorar la colaboración transfronteriza. Dijo ayer el fiscal italiano que la eficacia ha aumentado. Para estas cosas tan cercanas e importantes sirve la Europa convocada a las urnas el 7 de junio.

Meritocracia

Ignacio Martínez | 26 de abril de 2009 a las 8:37

 

El nuevo presidente de la Junta es partidario de la meritocracia. Bienvenido sea. No es fácil moverse en una región tan grande, con ocho provincias y espíritu tan tribal, para lograr equilibrios territoriales en los nombramientos. De hecho, este Ejecutivo mantiene las cuotas provinciales de los precedentes, con ligeras bajadas de Cádiz y Sevilla en favor de Córdoba. Pero son de agradecer las primeras palabras de Griñán a su Gobierno, instando a los consejeros a valorar para los nombramientos el mérito, la capacidad y la profesionalidad de las personas, aun si son independientes, funcionarios de carrera o eso perjudica a quienes militan en los partidos para colocarse en los mejores puestos de la administración.

Me permito añadir, de mi cosecha, que los gabinetes de los consejeros no son consulados de sus provincias en la capital autonómica. Es una tendencia en regresión, pero ha habido épocas en las que consejero, viceconsejero, directores generales, jefes de gabinete y de prensa tenían todos el mismo pasaporte provincial. No hay que flagelarse en exceso. También ocurría en los gabinetes de los comisarios europeos. Con los primeros comisarios españoles en los 80 y 90 había sólo españoles. Y lo mismo hacían británicos, franceses, italianos o alemanes. Ahora es una práctica en desuso. Es más eficiente la mezcla. Aquí también. Debería ser práctica obligatoria.

El mensaje del ahorro en los altos cargos debería también ampliarse a los cargos medios y bajos. Es urgente adelgazar la pesada administración autonómica, provincial y local. En los años de abundancia se ha disparado con pólvora de rey. Las altísimas plantillas de algunos ayuntamientos costeros no tenían otra lógica que sindicar intereses en torno al partido gobernante en esos municipios y garantizar la fidelidad del voto por la vía del empleo. Y en esta situación de crisis económica que vivimos, más que recortar las pensiones o los subsidios de desempleo, habría que poner en cuestión el tamaño y la eficiencia del medio millón de funcionarios que hay en Andalucía. A esa estructura obsoleta también hay que aplicarle la meritocracia.

Europa inútil

Ignacio Martínez | 20 de abril de 2009 a las 0:19

Europa es casi inútil. Lo ha dicho Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea entre 1985 y 1995, en una entrevista en France Inter. El mejor presidente que ha tenido la Comisión sigue en plena forma: indignado por la danza del vientre de jefes de estado y de gobierno ante Putin y Medvédev. Cada uno por su lado, cortejando a los autócratas rusos, en vez de hacer una Europa de la energía. Delors está que llora ante la ausencia de un plan para la industria del automóvil, que emplea a 14 millones de personas y engloba a cinco y seis grandes grupos empresariales de prestigio mundial.

La persona que ocupa su antiguo cargo no se escapa de rositas. En su opinión, la Comisión está marginada, sin imaginación y sin autoridad. Sugiere sustituir a José Durao Barroso y propone a un francés: el actual primer ministro François Fillon, o un antiguo inquilino del palacio de Matignon, Alain Juppé. Dos personas del bloque del centro derecha que es el que va a ganar de largo las elecciones del 7 de junio. Cuando los periodistas le apuntan que el PPE es el grupo democristiano vuelve a sacar su carácter y recuerda que los demócratacristianos se ahogaron hace tiempo. Tiene razón en parte; en el PPE quedan socialcristianos y democristianos alemanes y del Benelux. Pero además hay conservadores británicos, el partido de la derecha griega; los ex neofascistas de Gianfranco Fini y la gente de Berlusconi; el PP español… Y un partido portugués de nombre Social Demócrata, ideología liberal y militancia democristiana; el PSD de Barroso.

Barroso es el hombre en el que nadie reparó en la foto de las Azores del 16 de marzo de 2003, en la reunión que se decidió la guerra de Iraq. Allí había cuatro dirigentes: el presidente americano Bush, el primer ministro británico Blair, el presidente español Aznar y el entonces primer ministro portugués Durao Barroso. Pero siempre se habló del trío de las Azores. El portugués se volvió transparente para todos, menos para Blair que hizo de padrino para llevarlo en 2004 a la presidencia de la Comisión Europea. Un presidente débil, para que los estados manejasen a su antojo.

La pasada semana el Parlamento Europeo publicó una encuesta sobre participación en las elecciones de junio. La abstención media prevista es del 66%; en España, del 73%. Una debacle. En las primeras elecciones europeas por sufragio universal, en 1979, la participación fue del 64%. La crisis, la ignorancia de los ciudadanos sobre la tarea de sus eurodiputados o el nulo conocimiento de los asuntos comunitarios han llevado a esta situación. Pero sobre todo, el excesivo poder del Consejo de Ministros, de los gobiernos, con una Comisión que no propone y no ejecuta, un Parlamento que no codecide, aunque lo diga el Tratado, y una opinión pública europea inexistente. Así, la tentación de proteger los intereses nacionales es muy fuerte y Europa se ha vuelto inútil.

Y Trillo sin dimitir

Ignacio Martínez | 17 de abril de 2009 a las 9:37

Debe ser terrible lo que están pasando las familias de los 62 militares españoles muertos en el accidente del avión Yakovlev 42 que se estrelló en Turquía en mayo de 2003. Es una ignominia que un general español se llevara 30 cadáveres sin identificar y el Ejército los entregara a los familiares poco menos que por sorteo. El juicio que se celebra en la Audiencia Nacional desvela que actuó tan a la ligera porque estaba presionado por las autoridades del Ministerio para llegar a tiempo al funeral de Estado. Y aquí ya estamos hablando de otra cosa. De unas responsabilidades que van más allá del comportamiento de este militar y sus ayudantes.

Me sorprende que el ministro de Defensa de entonces, Federico Trillo, siga en la política activa. Y con una actitud dura e intolerante con los errores de los demás, por cierto. En ningún país de Europa eso sería posible. Ni en la Italia de Berlusconi. No es cierto el argumento de que la responsabilidad política ya está saldada por las elecciones de 2004, que perdió el PP. No. Las repetidas victorias de Gil en la Marbella en los 90 no le daban legitimidad a sus tropelías. La elección de Trillo como diputado por Alicante en 2004 y 2008 tampoco le exonera de su culpabilidad en este caso.

En el accidente cerca del aeropuerto de Trebisonda murieron 75 personas. Es la peor tragedia del Ejército español en tiempos de paz. El Ministerio de Defensa alquiló un avión chatarra de fabricación soviética, con 20 años de antigüedad y escaso mantenimiento. Aquel fatídico viaje, junto a 12 miembros de la tripulación ucranianos y uno bielorruso, lo realizaban 62 militares españoles que llevaban cuatro meses y medio de misión con las fuerzas de mantenimiento de la paz en Afganistán. Cuando vieron el avión alguno de los forzados pasajeros se resistió a montarse. Otros mandaron mensajes muy desesperanzados a sus familiares: “Reza por mí, porque el avión es una mierda”, “son aviones alquilados a un grupo de piratas aéreos, que trabajan en condiciones límite”, “la verdad es que sólo con ver las ruedas y la ropa tirada por la cabina te empieza a dar taquicardia”, “quieren que volvamos en una tartana”.

Hubo catorce quejas previas al accidente por este tipo de aviones, cuya contratación se hacía dentro de una lista de la OTAN. Pero se siguieron utilizando sus servicios, mientras que Noruega canceló el contrato tras una reclamación que decía: “Salía aceite de los motores, pasamos mucho miedo, no dábamos crédito a lo que vimos, había paneles sueltos y cables pelados”. No. La responsabilidad política por la muerte de estos 62 militares no se salda con unas elecciones, ni con cien. Se salda con una dimisión.

¿Dimitir de qué? De su puesto en el Congreso. Hace tiempo que debería haberse retirado de la vida política. El accidente del Yak 42, el trato a las víctimas y a sus familiares no es un desliz.

‘Gigolós’

Ignacio Martínez | 11 de marzo de 2009 a las 12:39

 

A un tipo suizo, de apellido Sgarbi, le han condenado a seis años de prisión por chantejear a unas señoras millonarias con las que primero se mostraba muy atento, después escuchaba con mucho interés y finalmente seducía. No lo hacía solo; un cómplice grababa los encuentros amorosos. Ese material sirvió para sacarle al menos a cuatro víctimas conocidas más de 1.500 millones de pesetas. La avaricia acabó con su negocio, aunque Sgarbi, en el momento de condenarle un tribunal de Munich, no sólo no parecía desolado, sino que mostraba el semblante de un ganador en una costeada partida de póker.

Extorsionó a Susanne Quandt, una de las herederas del imperio BMW, que tiene una fortuna valorada en 1,3 billones de pesetas, con perdón por las referencias a la antigua moneda española. Primero le pidió un préstamo de 10 millones de euros con la excusa de librarse de la cárcel, porque había atropellado a un niño en Estados Unidos y lo había dejado paralítico. Más tarde le pidió 50 millones, a cambio del DVD de los amoríos. Y la chantajeada prefirió el escarnio al abuso.

Qué le vieron las perjudicadas a este sujeto de 44 años, es difícil de explicar con la foto por delante. Sgarbi no es un guaperas, pero es evidente que cumple con el cliché del gigoló: vive de las mujeres. Las agencias cuentan que no podrá acortar la condena de seis años de cárcel. Pero las penas con pan son menos; el tipo no ha dicho dónde tiene los vídeos, ni el dinero que robó. Se lo imaginan en España. O, por ser más concreto, en Marbella. Se haría rico con el sistema privado de televisión basura. Iría de plató en plató, contaría detalles, le pagarían su peso en oro, sería un héroe popular. Delincuentes como un ex alcalde de esa ciudad lo han hecho sin apuro alguno. Aunque un tal Muñoz que fue novio de una tonadillera y viuda famosa no se sabe bien si extorsionó a la interesada. A la que sí extrosionó fue a la propia ciudad de Marbella. Hay condenas de todo tipo que así lo demuestran.

La sonrisa de Sgarbi, en todo caso, insinúa segundas partes obscenas: libro de memorias o película sobre su vida, si no decide optar por la discreción y vivir de las rentas. Aunque en este campo debería ser moderado en el gastar. El Dioni se fundió 125 millones de pesetas en Brasil en unos meses, tras el atraco a su furgón blindado. Aunque, eso sí, puede darle clases a Sgarbi de cómo sacarle partido a la pillería. Hizo programas de televisión, grabó discos, montó una cadena de bares y hasta tuvo una canción de Sabina. Eso de que el criminal nunca gana era el bonito título de un serial de la radio española de la postguerra. Pero en este país de Rinconetes y Correas hay una cierta fascinación con el tunante. Al suizo convicto le traicionaba su porte y también su nombre; sgarbo en italiano es grosería. Justo lo contrario que sus delicadas maneras con las damas. El Dioni o Muñoz engañaban menos. En concreto, el alcalde gilista ha sido un gigoló de libro: vivía de Marbella. Y a todo plan.

Una lanza a favor de los jueces

Ignacio Martínez | 22 de febrero de 2009 a las 12:01

Mi amigo Agustín Ruiz Robledo, compañero de página en El Observatorio, una sección de análisis en la edición dominical de los nueve diarios del Grupo Joly, y profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Granada, ha cambiado de postura sobre el derecho de huelga de los jueces. Es una posición contraria a la mía, pero muy bien articulada. Y no me resisto a publicarla aquí.

LOS JUECES YA TIENEN EL DERECHO DE HUELGA

Ahora que el jesuita Roberto Busa ha clasificado los pecados de los católicos, debo confesar que he pecado de soberbia en la polémica jurídica sobre el derecho a la huelga de los jueces: en cuanto empezó a debatirse este asunto me lancé sin mucho estudio a defender que la Constitución les prohibía la huelga y tengo que admitir ahora mi error. Mi argumento no era sólido, pues no es suficiente afirmar que los jueces constituyen un poder del Estado, lo que les inhabilitaría para ponerse en huelga, igual que no pueden hacerla los ministros o los parlamentarios. La comparación no se mantiene en pie, en primer lugar porque tan poder judicial son los jueces en España, como en Portugal, Francia e Italia y en esos Estados sí tienen reconocido el derecho de huelga. En segundo, la propia Constitución española marca diferencias entre los jueces y los otros titulares de poderes: solo los jueces son funcionarios, aunque con algunas especialidades; tanto es así que en la non-nata Ley Orgánica de Huelga (aprobada en el Senado en 1993) no se menciona para nada a los diputados y demás miembros de los órganos constitucionales, pero sí se disponía que la ley no  sería aplicable “a los miembros de las Fuerzas Armadas, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, ni a los Jueces, Magistrados y Fiscales mientras se hallen en activo, los cuales se regirán por su normativa específica”. ¿Y qué dice esa normativa? Nada. Luego los contrarios al derecho de huelga de los jueces nos estrellamos contra un argumento tan sencillo -y tan potente, según la navaja de Occam- como que todo lo que no está prohibido está permitido.

Algunos profesores de Derecho del Trabajo han dado un argumento diferente al que hemos dado los constitucionalistas: el derecho de huelga es una emanación del derecho de sindicación, por tanto quien no tiene este derecho, tampoco puede ser titular del de huelga. Sin embargo, el argumento tiene mucho de formal, de detenerse en el nombre de las cosas, y no en su sustancia, ya que nuestra Lex legum permite que los jueces creen asociaciones profesionales y la Ley Orgánica del Poder Judicial las habilita para “la defensa de los intereses profesionales de sus miembros en todos los aspectos”. Como hemos visto estos días, eso supone la normal capacidad negociadora de cualquier sindicato; con la conclusión lógica de que quien puede negociar colectivamente sus condiciones de trabajo también puede usar la gran arma de todos los empleados en una negociación, la huelga; por lo demás regulada expresamente para los funcionarios al servicio de la Administración de Justicia en la LOPJ. 

Además de las opiniones de los juristas, para saber lo que permite o prohíbe la Constitución es determinante el comportamiento de los propios actores constitucionales. Y desde esa perspectiva, no cabe duda de que los jueces ya tienen el derecho de huelga, como así lo ha estimado y ejercido el 30% de sus señorías el pasado 18. Pero además, así lo está admitiendo tácitamente el Consejo General del Poder Judicial que, tras declararse incompetente para fijar los servicios mínimos, no ha abierto ningún expediente disciplinario contra los huelgistas. Igualmente, el Gobierno y el Ministerio Fiscal no han iniciado acciones para sancionarlos, como permite el artículo 409 del Código Penal si se les considerara autores de un abandono colectivo e ilegal de un servicio público. Por eso, el despistadísimo ministro de Justicia, que atraviesa Despeñaperros sin darse cuenta de que entra en Andalucía, lleva toda la razón jurídica cuando quiere descontar el salario del día a los jueces huelgistas y cuando defiende la presentación de un proyecto de ley para prohibirles o restringirles el derecho de huelga. Otra historia es que sean disparos políticamente intempestivos y sin licencia de la superioridad.