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Pequeña Italia, gran Marbella

Ignacio Martínez | 7 de octubre de 2009 a las 9:33

Un servidor admira muchas cosas de Cataluña, de Francia o de Valencia, pero hay temporadas que el aprecio disminuye sensiblemente. Un anticiclón Una borrasca se cierne sobre mi pasión catalana, francesa y valenciana. En Cataluña, el Gobierno tripartito encargó un informe sobre tendencias y comportamiento de una serie de periodistas; el presidente del Barça y/o su director general contrataron a unos detectives para espiar a cuatro vicepresidentes que se postulan para suceder a Laporta, ahora que termina su mandato; un representante de la alta burguesía catalanista, que dirigía el Palau de la Música ha sido encausado por quedarse con unos 500 millones de pesetas 20 millones de euros, algunos de los cuales ha ido a parar a una fundación de Convergencia Democrática.

En Francia, el general Rondot, jefe y maestro de espías, ha dejado a Dominique de Villepin a los pies de los caballos, en el juicio que se sigue contra el ex primer ministro por tratar de desacreditar al hoy presidente de la República Sarkozy, al vincularle a una falsa trama de corrupción. Sostiene Rondot que Villepin supo desde el principio, en 2003, que el nombre de Sarkozy estaba en las falsas listas de una banca luxemburguesa en la que supuestamente recibía dinero negro. Entonces Villepin era ministro de Exteriores, puesto desde el que defendió con enorme dignidad la posición que muchos europeos teníamos contra la guerra de Iraq, en el Consejo de Seguridad de la ONU. Una pena lo de este hombre.

Y Valencia ha perdido su luz; se pone cada día más gris. Un amigo sostiene que se está convirtiendo en una pequeña Italia o en una gran Marbella, se entiende que hablamos de la Marbella gilista. Las personalidades de sus tres líderes, Camps, Berlusconi y Gil, tienen varias cosas en común. Una muy positiva que es un amplio respaldo popular. Los tres coinciden, o coincidían porque Gil murió en 2004, en pensar que ese respaldo les ponía a resguardo de los controles en un Estado democrático. Se puede evitar el control del Parlamento con mayorías absolutas aplastantes; se puede sobrevivir a la fiscalización de los jueces, con una pequeña ayuda de los amigos; se puede sortear la crítica de los medios, comprándolos como hace Berlusconi. Pero es imposible hacer las tres cosas a la vez permanentemente. Por cierto que Little Italy (pequeña Italia) es el nombre de un barrio al sur de la isla de Manhattan, que acogió a centenares de miles de italianos especialmente al principio del siglo XX. Allí se rodaron muchas escenas de El Padrino, dicho sea sin ánimo de molestar.

En fin, cuando se contempla todo esto, uno tiene la tentación de pensar que si nos comparamos, aquí en la vida política hay un aire más respirable. A pesar de Mercasevilla o Astapa…