Confesionario en La Moncloa
Confesionario en la Moncloa. Zapatero en estado puro, encantador de serpientes. Hasta Esperanza Aguirre ha salido encantada de La Moncloa. El lema es todos ganamos y nadie pierde. Es mentira, pero en estas fechas queda muy bonito. Hay un problema catalán. Claro que lo hay. Es una comunidad rica, emprendedora y paga lo que debe al conjunto del Estado. Que, dicho sea de paso, es su principal cliente. La cuestión es saber si paga demasiado como dicen los catalanes o paga lo justo. Eso depende. Depende de con quién la comparamos. Si el catalán se mira en el espejo vasco paga muchísimo.
Los vascos y navarros tiene un estatuto fiscal especial basado en una disposición de la Constitución a la que se ha ido poniendo letra y números en la medida que los gobiernos centrales en minoría han necesitado unos votos en el Congreso. La última vez la semana pasada en el debate sobre los Presupuestos para 2009. Como tantas otras veces, Zapatero y Rajoy tenían razón: ZP se ha bajado los pantalones y ha transferido al País Vasco una partida de I+D de 86,8 millones para siempre. Con lo que el cupo vasco, que esos presupuestos fijaban en 1.350 millones de euros, se queda en 1.263,2. O sea, por debajo de lo que se lo encontró el PSOE cuando volvió al Gobierno en 2004. Y ZP tenía razón cuando dijo que el PP había hecho lo mismo, cuando gobernó en minoría. Por cierto, que el cupo navarro es de 611 millones en 2009. Lo que quiere decir que ellos recaudan sus impuestos hacen lo que les da la gana con ellos y le mandan a la caja común del Estado 611 millones pelados y mondados. Ahí empieza el problema catalán.
Y termina por el exceso de gasto de las comunidades menos desarrolladas, por ejemplo en funcionarios y en televisiones públicas pensadas para loor y gloria de los gobernantes locales. No sé si pagan mucho los catalanes. A lo mejor no. Habría que acabar con los privilegios de País Vasco y Cataluña y los despilfarros de Andalucía y Extremadura antes de saberlo.
Es falso lo de que todas las regiones ganan, sencillamente porque es imposible. Hay una caja central, en la que se queda un dinero para gastos comunes, y se reparte la otra parte. Si los fondos que se reparten aumentan, los gastos comunes disminuyen y la atención del Estado a los distintos territorios se reducirá. Si hay quien obtenga más dinero y nadie ve sus transferencias mermar, es que el que ha perdido es el conjunto del Estado. Antes de establecer si esto es bueno o malo, hay que decir con énfasis que es pernicioso anunciar que todo el mundo va a salir ganando. Porque es mentira.



