Nos ven graciosos
El lunes después de las elecciones, en el AVE Madrid-Sevilla pusieron una película francesa [Odette], que narra la historia de Odette Toulemonde, una viuda belga cuarentona, dependienta en unos grandes almacenes, con dos hijos, que no tiene ningún motivo aparente para ser feliz y, sin embargo, lo es. Mientras, su novelista favorito, el escritor parisino Balthazar Balsan, rico y seductor, no tiene, aparentemente, ningún motivo para ser infeliz y, sin embargo, lo es. Es una comedia sobre la felicidad algo fantástica, divertida; aunque no llegue a la categoría de Amélie. Las imágenes del centro de Bruselas o de la playa de Blankenberge, cerca de la frontera con Holanda, me resultan familiares: he vivido once años en Bélgica. Pero encuentro algo extraño en esta película francesa; ofrece una imagen de los belgas que no es el estereotipo que tienen de este pequeño reino en la vecina república. En Francia, los chistes de leperos son chistes de belgas. Y esto los belgas lo llevan peor que los leperos.Esa mañana del lunes, en las televisiones nacionales habían puesto reportajes con reacciones en la calle sobre los resultados electorales. Casi todo era sobre las generales, pero alguna pequeña cosa se deslizó desde Andalucía, con frases ocurrentes. El comentario de los colegas en Madrid fue: “Qué graciosos sois los andaluces”. Bien visto, los chistes de leperos en España son chistes de andaluces. Nos ven graciosos, sin duda. También nos ven criadas o camareros en las comedias de situación, bandoleros o toreros en las series de aventura… No sé qué más. La pregunta es qué imagen ofrecemos, a nosotros mismos y a los demás.
En Canal Sur arrasan los programas de copla y de señoras gordas que presumen de comerse un mamut. No es que tengamos una larga tradición comercial los andaluces, ese es el estereotipo del catalán. Pero ¿nos vendemos bien? El eurodiputado convergente Ignasi Guardans me preguntó el mismo lunes quien era el crack que había presentado el partido de Rosa Díez por Sevilla, que había conseguido el mejor resultado de España después de Madrid. Le contesté que, sin menosprecio del abogado Armando Flores, la cuestión es que en Sevilla hay una pequeña burguesía ilustrada que está insatisfecha del duopolio PSOE-PP. Guardans no lo entendía: “¡Más votos para la UPyD que en Valencia..!” Sin ánimo de ofenderle, no sé si añadiría en su subconsciente “¡…estos leperos!”
Pero, ¿nosotros vendemos algo más? Porque haberlo, haylo. El genetista almeriense Ginés Morata, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias, tiene fama mundial. El empresario sevillano José Moya está por delante de todas las multinacionales en el mercado español del detergente, con la ambición de hacer de Persan el líder europeo. Desde Macael (Almería), Francisco Martínez-Cosentino, es número uno en USA, en España y en medio mundo, en encimeras de cocina; la generación de Jaime de Arteaga, ha pasado de una larga tradición familiar de aristócratas terratenientes a la categoría de potentes empresarios agrícolas que invierten, industrializan y exportan. Aquí hay pintores como el gaditano Pérez Villalta o los malagueños Enrique Brinkmann y Eugenio Chicano. El doctor José López Barneo, jiennense, es una figura universal en la investigación de métodos para el control del oxígeno y azúcar en sangre. Prestigio similar tiene el neurocirujano sevillano José María Delgado García.
Tenemos novelistas tan serios como el jiennense Antonio Muñoz Molina, el malagueño Antonio Soler o el granadino Justo Navarro. José Luis Sánchez Domínguez ha creado desde la nada, empezando en Málaga con un isocarro, una empresa multinacional que factura más de mil millones de euros al año y construye ferrocarriles de alta velocidad, autopistas, túneles y viaductos en todo el país. Es el mismo caso, en el sector de la carpintería, de un alemán de Chiclana (Cádiz) llamado Juan Polanco. El presidente del Gobierno de la democracia española que más tiempo ha estado en el poder es el sevillano Felipe González. El ministro que diseñó el Estado de las autonomías ha sido un andaluz, el profesor Manuel Clavero. Aquí imparten sabiduría catedráticos de Derecho Internacional de la categoría de Carrillo Salcedo o Rodríguez Carrión. Antonio Luque ha conseguido aglutinar a más de 25.000 olivareros, de Málaga, Córdoba y Sevilla, en esta Andalucía con demasiadas barreras locales y provinciales, para convertir a Hojiblanca en el primer productor mundial de aceite de oliva virgen extra… Y, sin embargo, sólo nos ven graciosos.
Mi amigo y colega Ramón Ramos, director de Granada Hoy, sostiene que no hay andaluces, sino sevillanos, malagueños, granaínos, gaditanos, onubenses, jiennenses, almerienses y cordobeses. Yo añadiría que rondeños, jerezanos, algecireños, marbelleros o ecijanos. Para ser algo más, para valer algo más de lo que valemos, para aparecer en España de otra manera, para pesar en las decisiones importantes de este país hace falta un nuevo liderazgo en Andalucía. Que aglutine, que multiplique. Lo puede ofrecer el actual presidente regional, pero tendría que cambiar muchas cosas en su próximo Gobierno. Hacer política no es sólo asegurarse la reelección. De la misma manera que Andalucía es bastante más que las coplas, las gordas y los chistes de Canal Sur. No somos tan graciosos. Hay otra Andalucía que merece salir a la luz. Ese es uno de los desafíos de los próximos cuatro años.


