El verso de Gallardón

José Aguilar16 de enero de 2008 a las 8:01 pm

Alberto Ruiz Gallardón se definió como un verso suelto dentro del PP. Ahora es ya un verso extraviado. Extraviado por su ambición incontinente y por el temor de Rajoy a disgustar al sector más duro del partido.

No es verdad que se vaya de la política. Si lo tuviera decidido, lo diría y lo haría ya, sin cobijarse en la excusa de que no quiere dañar al partido antes del 9 de marzo. Si gana Rajoy y le ofrece un ministerio, no creo yo que se vaya. Y si pierde, tampoco se va a retirar así como así de la carrera por la sucesión.

Me pregunto si perjudicará mucho a Rajoy privar al PP de un líder muy bien valorado, que lleva doce años ganando elecciones y que tiene imagen de centrista y moderado (también es el líder del PP con mejor imagen… entre los adversarios del PP).

¿Cómo lo ven?

¿Hace falta una letra para el Himno?

José Aguilar12 de enero de 2008 a las 9:32 am

A mí esto de ponerle una letra al Himno nacional me parece una chuminada.

He escrito en mi columna de hoy que las letras de los himnos recogen hechos belicosos y patrióticos del pasado. ¿Qué sentido tiene inventarse una letra ahora, en pleno siglo XXI?

Claro, así le ha salido al autor de la letra elegida: un aborto políticamente correcto sobre la España plural y unida.

Otra cuestión. ¿Quiénes son esos señores del Comité Olímpico y la SGAE para autodesignarse promotores de una letra para el himno de España?

Mi compañero Alejandro V. García también han escrito su columna sobre el tema, y lo mismo ha hecho Pilar Cernuda.

¿Qué piensan ustedes?

ETA y los vascos

José Aguilar10 de enero de 2008 a las 8:00 am

La detención de los dos angelitos etarras que pusieron la bomba en el aeropuerto de Barajas y se disponían a poner otra en un centro comercial y financiero de Madrid ha servido también para desnudar a ciertos personajes.

¿Cómo es posible que el Gobierno vasco acepte sin más las sospechas de que ha habido torturas a uno de los detenidos y se cargue la presunción de inocencia… de los guardias civiles que lo detuvieron? ¿Acaso es más creíble la habitual consigna de ETA de denunciar torturas que la versión de los servidores del Estado democrático?

Todavía hay algo que me preocupa más: que vecinos del detenido herido y el pleno municipal se manifiesten contra la detención sin ni siquiera insinuar que, hombre, el muchacho se ha dedicado durante años a facilitar armas y explosivos a otros para que matasen y se preparaba para a matar él mismo?

¿No creen que hay una patología moral en un sector de la población vasca, indiferente ante el sufrimiento de quienes padecen la violencia terrorista y propicia a comprender, si no  a proteger, a los que la ejercen?

Las rebajas

José Aguilar7 de enero de 2008 a las 8:00 pm

Estoy hecho un lío.

Creía que la gente estaba tiesa por la hipoteca, la subida de precios, el aumento del paro… Pero empiezan las rebajas y la ciudad se ha echado a la calle. Mejor dicho, se ha echado al comercio. Las colas en las cajas han sido kilométricas todo el día.

¿No quedamos en que no quedaba un euro tras los dispendios navideños? ¿O es al revés, que andamos cortitos y tenemos que aprovecharnos de las rebajas?

¿Hay crisis o no hay crisis? Y otra pregunta: ¿no es verdad que la marcha de la economía en este mundo globalizado depende cada vez menos de las recetas de unos u otros gobernantes? ¿En qué se diferenciarían Zapatero y Rajoy si ganan las elecciones?

Necesito luz (a ser posible, barata).

El Rey que cumplió

José Aguilar5 de enero de 2008 a las 8:00 am

ESTOY convencido de que el franquismo no hubiera sobrevivido a su fundador. La sociedad española de los años setenta hubiera estallado de todos modos bajo el corsé de una dictadura obsoleta. Quiero decir: la democracia iba a asentarse en España hiciera lo que hiciera el hombre al que Franco designó para sucederle a título de Rey.Me pregunto, sin embargo, ¿a qué precio? Si Don Juan Carlos no se hubiera propuesto dinamitar desde dentro el régimen franquista, utilizando con habilidad y firmeza su propia legalidad para subvertirla, y se hubiera conformado con el papel que le asignaron, el sistema de libertades se habría impuesto de todos modos, sí, pero a costa de sufrimiento, división e inestabilidad. Tres cosas que aquella España ya no estaba dispuesta a permitirse más.

Tuvo el Rey mucho a su favor. Las fuerzas económicas internas, la Iglesia timoneada por Tarancón y las potencias occidentales rechazaban el continuismo planeado. Encontró aliados fundamentales para su operación en Suárez, Carrillo, Fraga y González. Sobre todo, se halló al frente de una nación hastiada de pelearse consigo misma y dispuesta a enterrar el espíritu de la –última– Guerra Civil, que era un espíritu de victoria y de derrota, y dispuesta a que su historia no fuese más la más triste de todas las historias, como había escrito Gil de Biedma. En fin, que había campo abonado para la transición.

Pero, oigan, había que hacerla y había que patronearla, y en una coyuntura nada propicia, con una inflación de más del 20 por ciento anual y una ETA en su apogeo. don Juan Carlos la dirigió, borrando la ilegitimidad de su origen con la legitimidad de la Constitución de 1978 y, sobre todo, con la legitimidad de ejercicio en aquellos años en que vivíamos permanentemente al borde del abismo. Después, durante cierto día sombrío de febrero de 1981, redondeó la faena investido de jefe de las Fuerzas Armadas, mientras el Gobierno y los representantes del pueblo estaban secuestrados por los que intentaron volvernos violentamente atrás, a un pasado de odio y vergüenza.

Entonces se granjeó el respeto y la admiración de la inmensa mayoría, que continúan intactos, por encima de los defectos personales y las malas compañías, y más allá de los planteamientos ideológicos de quienes de buena fe estiman a la Monarquía una reliquia de otros tiempos y de las maniobras, de malísima fe, de quienes la cuestionan por puro afán de desestabilización y río revuelto. El ruido que se ha producido en torno a la figura del Rey, aunque molesto, sufre una rotunda insignificancia desde el punto de vista social, político e histórico. La razón es sencilla: no se olvida lo que hizo cuando debió hacerlo. Aunque sólo fuese cumplir con su deber.

Obispos en la calle

José Aguilar2 de enero de 2008 a las 10:48 am

He escrito hoy en mi columna sobre la concentración promovida por los obispos en defensa de la familia cristiana.

No tengo nada contra esa manifestación. Están en su derecho al celebrarla. Y yo a discrepar de sus argumentos.

¿Qué es eso de que la democracia están en peligro? ¿No pueden aceptar que hay otros tipos de familia distintos del tradicional? ¿Acaso se obliga a los católicos a divorciarse o a abortar? ¿Por qué pretenden que su moral y sus convicciones más íntimas se conviertan en ley?

¿Este Gobierno que les ha incrementado los ingresos en la declaración de la renta persigue a la familia y a la Iglesia y el de Aznar, que gobernó sin cambiar la ley del aborto y la del divorcio, sí favorecía a la familia cristiana?

Selecciones de fútbol

José Aguilar28 de diciembre de 2007 a las 8:26 pm

Esto de las selecciones autonómicas del fútbol es para reír o para llorar.

Ustedes dirán: o son puro folklore promovido por la clase política de cada autonomía o, como en Cataluña y País Vasco, pretextos para el discurso identitario y la autodeterminación.

Claro que es una autodeterminación de pacotilla. ¿Cuántos futbolistas vascos o catalanes que presumen de nacionalistas y promueven estos encuentros navideños aceptarían formar una Liga propia, televisada por las cadenas autonómicas y con ingresos consiguientemente inferiores a los que hoy perciben en la odiosa Liga española?

Es lo que tienen los nacionalistas. Siempre pieden más y más, nunca están dispuestos a asumir las consecuencias de sus opciones. La ley del embudo.

Si alguien es capaz de argumentar para qué necesitamos una Selección Andaluza de Fútbol que juegue unos bolos en vacaciones, estoy dispuesto a atenderle

¿Entrañables o detestables?

José Aguilar24 de diciembre de 2007 a las 8:00 am

¿Son entrañables estas fiestas navideñas o son odiosas?

¡Menuda papeleta! Pocas cosas de la vida cotidiana concitan una división de opiniones tan radical.

Algunos las defienden a muerte porque permiten la reunión con la familia, afloran los mejores sentimientos, se come y se bebe como nunca, hay paga extra, las calles se iluminan y la gente parece más contenta y amable (el famoso espíritu navideño).

Otros las atacan casi por los mismos motivos: hay que aguantar el coñazo de la familia, hartarse de comer y beber hasta sin ganas, gastar mucho dinero y soportar un derroche de sentimentalismo barato y artificioso.

Algo digo yo en mi columna de hoy en el periódico, pero me interesa conocer la opinión de ustedes. ¿La viven como tormento o como felicidad? ¿Entrañable o detestable, la Navidad?

Cachetes

José Aguilar21 de diciembre de 2007 a las 12:01 pm

El Congreso ha puesto al bofetón fuera de la ley.

Tras el cambio en el Código Civil vigente, ya no se podrá “corregir a los menores razonable y moderadamente”, que es lo que admitía dicho texto legal. Se acabaron, pues, el cachete o la bofetada como instrumentos represivos en situaciones desesperadas (de los padres).

Supongo a la afición dividida. ¿No es exagerado reprimir así a los padres y tutores? ¿Un bofetón a tiempo no evita males mayores? ¿Se puede equiparar el cachete instantáneo a los malos tratos moral y jurídicamente punibles? ¿Es preferible sancionar estos castigos para evitar tentaciones mayores? Ya me dirán, amigos.

Remeros del mal (sobre ETA)

José Aguilar21 de diciembre de 2007 a las 11:04 am

EL contento generalizado de todos los amantes de la libertad por la sentencia de la Audiencia Nacional que ha levantado el velo a la parte del conglomerado terrorista que pretendía quedar oculta tiene, cómo no, una excepción cualificada: Ibarretxe y todo el Gobierno vasco han rechazado la sentencia. Según ellos, “hiere la democracia” e impone el encarcelamiento de personas por sus ideas.

No vale la pena indignarse. Después del paréntesis que supuso el liderazgo de Imaz, el nacionalismo democrático vasco, y sus comparsas de IU, vuelven por donde solían: a condenar el terrorismo etarra… y a lamentarse de que el Estado democrático emplee todas sus armas legítimas para acabar con esa lacra. No otra cosa es lo que la sentencia significa.

No se manda a la cárcel a nadie por sus ideas, por descabelladas que sean –que lo son–, sino por militar en una organización terrorista. Lo que los magistrados de la Audiencia han establecido, mediante una instrucción llena de rigor y abundosa de pruebas, es que las organizaciones y sociedades a las que pertenecían los imputados no coincidían con ETA sólo en sus planteamientos: es que formaban parte de ETA, tanto como los que empuñan las armas –y mandan en los demás–, aunque se dedicaban a otros frentes de actividad (financiación, relaciones internacionales, propaganda…).

Esto viene de cuando, en 1993, se requisó a un dirigente de ETA el documento que detalla el plan de actuación de todas las estructuras de la llamada izquierda abertzale –mal llamada, al menos en el sustantivo– bajo la dirección de “la vanguardia” (los pistoleros). Tomemos el ejemplo del periódico Egin. Su director y directora adjunta habían sido designados por ETA en una reunión celebrada en un hotel francés, en 1992; ETA transmitía sus consignas sobre el funcionamiento del diario a través de un sistema de claves y controlaba los nombramientos de los miembros de su consejo de administración; Egin, por su parte, avisaba públicamente de las redadas policiales para alertar a otros presumibles detenidos y que se dieran a la fuga, y publicaba dos secciones de anuncios que eran utilizadas por los terroristas y sus cómplices para mantener contactos y enviarse mensajes.

Si eso no es integración en una banda armada, que venga Dios y lo vea. Y tres cuartos de lo mismo valen para Ekin, Xaki y toda la sopa de siglas con las que se ha querido disfrazar una única realidad de terrorismo organizado en diversos frentes. El boletín 69 de ETA lo aclara del todo: la portada la ocupa el dibujo de una trainera patroneada por un etarra con capucha y fusil en la que otros individuos –éstos, con boinas– con camisetas con las distintas siglas de la trama reman a las órdenes del encapuchado. Remeros del mal.

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Un lugar para el encuentro de ideas

Licenciado en Ciencias Políticas, es el director de Opinión del Grupo Joly

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