Archivos para el tag ‘ETA’

¿Acabaremos con ETA?

José Aguilar | 10 de diciembre de 2008 a las 18:17

La pregunta se las trae. Nos hemos contestado tantas veces que sí, que el terrorismo será vencido, que ya nos entran dudas. Porque el caso es que siguen. Cada vez son menos, están más aislados socialmente, se hunden sus coberturas políticas una detrás de otra, los comandos caen antes y hasta los dirigentes, como acabamos de comprobar, son capturados casi antes de ejercer su liderazgo criminal. También se están viviendo abajo los mitos sobre ETA, sobre su invulnerabilidad y su valentía (ver mi columna de hoy en el Grupo Joly).

Pero el escaso es que continúan matando y extorsionando. Tengo una teoría: ETA sólo acabará del todo cuando los vascos se le enfrenten abiertamente. Ya sé que es difícil y arriesgado, pero el Estado democrático no terminará con la banda mientras haya vascos que callen ante sus desmanes, les dediquen calles y den dinero para los “pobres” presos.

¿Se acerca el final de ETA o estamos ante un espejismo más, sólo por lo mucho que lo deseamos?

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Un problema entre vascos

José Aguilar | 5 de diciembre de 2008 a las 12:16

“CUANDO veo la que se montó ayer por el asesinato de Ignacio Uría no puedo evitar pensar que adivino, al 99%, a quién votaría este hombre las pasadas elecciones, así como sus familiares y entorno más cercano, y que ahora sí, le ha tocado a ‘uno de los nuestros’, y por eso EA abandona la coalición en Azpeitia, Ibarretxe muestra contundencia (“un hombre de nuestro pueblo”, ya sabes lo que quiere decir: sus apellidos son euskaldunes) etc. El final es ese: una guerra civil de baja intensidad entre la izquierda abertzale y el PNV-EA. Sólo les une, de momento, el enemigo común”.

No sé si, como apunta el amigo -vasco e hijo de vasco- que me envió ayer este correo electrónico se producirá la augurada “guerra civil de baja intensidad” entre vascos. Lo que sé es que el final definitivo del terrorismo etarra depende enteramente de los vascos. No tengo ninguna duda de que la derrota política de ETA ya se ha producido y de que su derrota material es cuestión de poco tiempo, pero la desaparición de la banda me parece que exige un cambio radical de algunos sectores de la sociedad vasca.

¿Qué sectores? No sólo los directamente implicados en la organización y sus redes de influencia en los distintos frentes que dan forma a su delirio criminal, sino también los cómplices activos y pasivos de sus actividades. Todos aquellos que callan o miran hacia otro lado cuando asesinan a sangre fría a su convecino. No a los que actúan así por miedo, sino a quienes han llegado a tal extremo de degradación moral y corrupción cívica que son capaces de justificar o comprender las razones de los que matan.

Ellos han generado un clima social asfixiante -o participan sin desgarro de ese clima- en el que se ve normal que la dueña del restaurante de Azpeitia ante el que fue rematado Ignacio Uría explique así su pesar por el atentado: “¡Pero si es de aquí de toda la vida!” o que un consejero del Gobierno Ibarretxe se sorprenda igual: “¡Era del pueblo!”. No están muy lejos, en el plano de la atrofia ética, los vascos que han vigilado los movimientos de Uría y han informado a los asesinos de los vascos que, en vez de rechazar el crimen, se extrañan de que haya podido tocarle a un vasco-vasco, como si hubiera sido menos execrable la misma muerte en el caso de que la víctima no fuera tan euskalduna. El alcalde de Azpeitia, de ANV, que ni siquiera ha lamentado el asesinato, ¿acaso no lo han puesto allí sus vecinos en votación democrática? ¿No sabían a quién elegían?

Nunca he sido partidario de abandonar a su suerte a la gran mayoría del País Vasco que quiere la paz y abomina de la violencia. Pero el final de la violencia sólo lo pueden conseguir ellos mismos.

ETA clausura la campaña

José Aguilar | 7 de marzo de 2008 a las 20:45

¿Cree que los partidos han hecho bien en suspender sus mítines finales por el atentado? A mí me parece que sí, porque los mítines son actos festivos y destinados a reafirmarse frente al adversario político, es decir, a dividir (lo que va buscando ETA). Pero reconozco que hay razones para haber seguido como si tal.

¿Y dejar la manifestación unitaria para el lunes? Eso ya no me gusta. Se podía haber hecho mañana, sábado, aunque sea jornada de reflexión: como demostración de unidad y en homenaje al ex concejal socialista cuando aún no ha sido enterrado. El lunes los comentarios sobre los resultados electorales lo llenarán todo.

Por último, ¿cómo puede influir el golpe terrorista en la votación del domingo? ¿Favorecerá al Gobierno o servirá para echarle en cara su proceso de paz?

¿Quién ganó el debate?

José Aguilar | 26 de febrero de 2008 a las 0:28

Lo mejor que se puede decir de los protagonistas del cara a cara de anoche es que no se hizo largo. Lo peor, que los aparatos de los dos partidos encorsetaron tanto el formato que acabaron transformando el debate en una sucesión de monólogos tasados.

Zapatero y Rajoy estuvieron a gran altura, con la lección bien aprendida acerca de las cuestiones que a cada cual interesaba destacar y de las trampas que había que sortear. Ambos fueron conscientes de que su necesidad más perentoria era no meter la pata: ni excesivamente agresivos, pero firmes, ni demasiado solemnes, pero graves.

El debate ratificó que a Zapatero le quieren más las cámaras de televisión. Rajoy evidenció un punto de mayor nerviosismo, y Zapatero, más desenvoltura. El presidente ganó a los puntos en la puesta en escena de sus mensajes, y el aspirante a sustituirle ofreció algo más de contundencia.

No hubo novedad en los contenidos. Zapatero eludió la confrontación más directa en los ámbitos en los que su gestión flaquea (educación, inmigración, estatutos) y Rajoy rehuyó los fiascos de su trayectoria (11-M, Iraq, políticas sociales). La tensión se disparó, como era previsible, en la lucha contra el terrorismo y el proceso de paz con ETA. En cuanto al otro gran asunto, la economía, hicieron tablas usando trucos: Zapatero se refirió a los datos de toda la legislatura, y Rajoy a los datos de los últimos meses. Había materia para uno y para otro.

Una conclusión: queda partido que jugar antes del 9-M.
Esta es mi opinión a bote pronto. ¿Y la suya?

¿De qué van los obispos?

José Aguilar | 2 de febrero de 2008 a las 8:00

Los obispos piden a los católicos que no voten a partidos que hayan negociado con terroristas. Vale. ¿Se refiere sólo al PSOE de Zapatero o también al PP de Aznar? Los dos han intentado negociar y los dos han fracasado, por culpa de los terroristas. La doctrina debe ser la misma en los dos casos, ¿no?

Segundo aspecto: la paja y la viga. ¿Le han dicho eso mismo a su colega José María Setién, que estuvo muchos años de obispo -aún lo es, emérito- y se mantuvo equidistante entre las víctimas de ETA y sus verdugos? Todavía en noviembre último hablaba del sufrimiento causado por ETA y del sufrimiento que padece ETA. Éste no sólo negocia con terroristas, sino que los comprende.

Y tercero, los obispos le han dado al PSOE el mejor pretexto para movilizar a los indecisos y defraudados de la izquierda y apelar al voto útil con el argumento de que viene la derecha montaraz y confesional y Zapatero es el único que puede pararla.

Recomiendo las columnas de Alejandro V. García y Pilar Cernuda, hoy, en los periódicos del Grupo Joly, y las mías de hoy y de mañana. Y espero opiniones.

ETA y los vascos

José Aguilar | 10 de enero de 2008 a las 8:00

La detención de los dos angelitos etarras que pusieron la bomba en el aeropuerto de Barajas y se disponían a poner otra en un centro comercial y financiero de Madrid ha servido también para desnudar a ciertos personajes.

¿Cómo es posible que el Gobierno vasco acepte sin más las sospechas de que ha habido torturas a uno de los detenidos y se cargue la presunción de inocencia… de los guardias civiles que lo detuvieron? ¿Acaso es más creíble la habitual consigna de ETA de denunciar torturas que la versión de los servidores del Estado democrático?

Todavía hay algo que me preocupa más: que vecinos del detenido herido y el pleno municipal se manifiesten contra la detención sin ni siquiera insinuar que, hombre, el muchacho se ha dedicado durante años a facilitar armas y explosivos a otros para que matasen y se preparaba para a matar él mismo?

¿No creen que hay una patología moral en un sector de la población vasca, indiferente ante el sufrimiento de quienes padecen la violencia terrorista y propicia a comprender, si no  a proteger, a los que la ejercen?

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Remeros del mal (sobre ETA)

José Aguilar | 21 de diciembre de 2007 a las 11:04

EL contento generalizado de todos los amantes de la libertad por la sentencia de la Audiencia Nacional que ha levantado el velo a la parte del conglomerado terrorista que pretendía quedar oculta tiene, cómo no, una excepción cualificada: Ibarretxe y todo el Gobierno vasco han rechazado la sentencia. Según ellos, “hiere la democracia” e impone el encarcelamiento de personas por sus ideas.

No vale la pena indignarse. Después del paréntesis que supuso el liderazgo de Imaz, el nacionalismo democrático vasco, y sus comparsas de IU, vuelven por donde solían: a condenar el terrorismo etarra… y a lamentarse de que el Estado democrático emplee todas sus armas legítimas para acabar con esa lacra. No otra cosa es lo que la sentencia significa.

No se manda a la cárcel a nadie por sus ideas, por descabelladas que sean –que lo son–, sino por militar en una organización terrorista. Lo que los magistrados de la Audiencia han establecido, mediante una instrucción llena de rigor y abundosa de pruebas, es que las organizaciones y sociedades a las que pertenecían los imputados no coincidían con ETA sólo en sus planteamientos: es que formaban parte de ETA, tanto como los que empuñan las armas –y mandan en los demás–, aunque se dedicaban a otros frentes de actividad (financiación, relaciones internacionales, propaganda…).

Esto viene de cuando, en 1993, se requisó a un dirigente de ETA el documento que detalla el plan de actuación de todas las estructuras de la llamada izquierda abertzale –mal llamada, al menos en el sustantivo– bajo la dirección de “la vanguardia” (los pistoleros). Tomemos el ejemplo del periódico Egin. Su director y directora adjunta habían sido designados por ETA en una reunión celebrada en un hotel francés, en 1992; ETA transmitía sus consignas sobre el funcionamiento del diario a través de un sistema de claves y controlaba los nombramientos de los miembros de su consejo de administración; Egin, por su parte, avisaba públicamente de las redadas policiales para alertar a otros presumibles detenidos y que se dieran a la fuga, y publicaba dos secciones de anuncios que eran utilizadas por los terroristas y sus cómplices para mantener contactos y enviarse mensajes.

Si eso no es integración en una banda armada, que venga Dios y lo vea. Y tres cuartos de lo mismo valen para Ekin, Xaki y toda la sopa de siglas con las que se ha querido disfrazar una única realidad de terrorismo organizado en diversos frentes. El boletín 69 de ETA lo aclara del todo: la portada la ocupa el dibujo de una trainera patroneada por un etarra con capucha y fusil en la que otros individuos –éstos, con boinas– con camisetas con las distintas siglas de la trama reman a las órdenes del encapuchado. Remeros del mal.

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