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ZP y el hábito de errar

José Aguilar | 26 de mayo de 2010 a las 12:23

DE sabios es rectificar, vale. Pero cuando el error es continuado y la rectificación se convierte en hábito estamos en presencia de un problema mayor, llámese improvisación, imprudencia o desconcierto. Se llame como se llame, constituye la peor receta para dar confianza a un país que la precisa con urgencia.

Sin remontarnos al origen de la crisis y el empecinamiento en negarla, el Gobierno ha anunciado el recorte social más drástico que se recuerda una semana después de reafirmar que nunca lo haría. Y no dimite nadie. Por qué, se defiende, si no es el presidente el que ha cambiado, sino las circunstancias. Como si las circunstancias fueran un meteorito que ha caído sobre nuestras cabezas por sorpresa, como si los gobernantes no pudieran preverlas, modificarlas o hacerles frente.

Poco después del tijeretazo, el domingo pasado, Zapatero se hace aclamar por alcaldes socialistas de toda España y el muy pillín les oculta la noticia que más les puede afectar en su gestión cotidiana: que el decreto antidéficit cierra el grifo financiero a los ayuntamientos, prohibiéndoles que soliciten créditos para sus inversiones desde este momento y hasta 2012. Está en el Boletín Oficial del Estado publicado el día siguiente. Bueno, estaba, porque la indignación de muchos alcaldes -y la presión de Convergencia i Uniò- le hizo comprender la barbaridad de abortar las obras públicas previstas incluso para el presente ejercicio. De hecho, varios ayuntamientos y diputaciones convocaron plenos urgentes en la misma noche del lunes para autorizar préstamos bancarios a toda prisa. Al final, el decreto que imponía la limitación crediticia “desde la entrada en vigor de la presente norma” se corrigió para que rigiese “a partir del 1 de enero de 2011 y hasta el 31 de diciembre de 2011″. Siete meses de prórroga.

Un simple error, dice Elena Salgado desde Bruselas. ¿Quién la puede creer? Si la creemos es aún peor. Significaría que el Gobierno es tan chapucero que no piensa en las consecuencias de sus decisiones en una materia tan sensible como el funcionamiento de las corporaciones locales. Sabiendo cómo andan los ayuntamientos, esta equivocación delimita la diferencia entre seguir medio tirando hasta agotar los agujeros del cinturón presupuestario o entregarle las llaves de los consistorios directamente a Zapatero. Con un lacito y una dedicatoria: hazte cargo tú, José Luis, que presumes de tener la suerte de cara desde tiempos inmemoriales.

Ni Felipe ni Aznar llegaron al final de sus hegemonías en estas condiciones. Cayeron víctimas de sus errores, pero sin ofrecer nunca este espectáculo de caos, desorientación y desbordamiento. Carecían de talante, sí, pero no de solidez y firmeza.

Zapatero y los sabios

José Aguilar | 6 de enero de 2010 a las 20:14

EL mismo día en que se conocieron los datos escalofriantes del desempleo en España (casi cuatro millones de parados al acabar 2009, un millón creados durante el último año) Zapatero reunió al grupo de expertos que le asesorarán durante la presidencia española de la Unión Europea. Intercambiaron puntos de vista.

Está bien que lo haya hecho, aunque el sentido real del encuentro en La Moncloa invita a la melancolía. Después de anunciar solemnemente que el mandato español en la UE se centrará en impulsar la salida de la crisis (se supone que no con las recetas que ha aplicado a la economía nacional), ZP ha pedido consejo a los sabios. Habría sido más adecuado un asesoramiento con carácter previo, de modo que al llegar a presidir Europa ya hubiera digerido los dictámenes de los tres expertos y pudiese ponerlos en marcha de inmediato. Seis meses no dan para mucho, la verdad.

Por otra parte, es difícil sustraerse a la idea de que Zapatero le concede a su presidencia rotatoria más importancia de la que objetivamente le corresponde. Ello es así porque, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, ya hay un presidente ejecutivo de la Unión Europea y una especie de ministro de Asuntos Exteriores de la UE, que querrán ocupar su sitio desplegando una intensa actividad. De hecho, el presidente Van Rompuy ha convocado una cumbre comunitaria acerca de la crisis. También funciona el presidente de la Comisión (Durao Barroso, apoyado por el Gobierno español). Entre uno y otro pueden lograr que la presidencia española se vea reducida a poco más que a coordinar reuniones y ejercer de anfitriona.

La composición del minigrupo da también para una conversación. No porque no sean valiosos sus componentes, que lo son, y mucho, sino por las circunstancias que concurren. Nada que objetar al octogenario Jacques Delors, una de las principales personalidades del europeísmo y paladín del euro. De Felipe González lo que se puede decir es que Zapatero ha rehuido siempre su compañía -salvo en las campañas electorales- y ha sido cortante con él cuando se han evidenciado discrepancias públicas. En cuanto a Pedro Solbes, ZP terminó aburriéndolo precisamente por no hacerle caso cuando llevaba la Vicepresidencia económica de su gobierno. De eso hace sólo unos meses. ¿No tendría que haberle escuchado más acerca de la política económica española que maneja personalmente en vez de llamarle ahora para que le aconseje sobre la economía europea, que no depende de él? Joaquín Almunia, también invitado y también disidente de Zapatero, no ha podido asistir.

Si este grupo de sabios no ha sido llamado para que Zapatero se fotografíe con ellos con cara de preocupación, lo parece mucho.