Archivos para el tag ‘Garzón’

Por la amnistía

José Aguilar | 20 de abril de 2010 a las 13:00

HAY argumentos serios para defender que Baltasar Garzón no prevaricó cuando quiso quedarse para sí la investigación de los crímenes del franquismo. Y hay uno insostenible porque reescribe torticeramente la historia de la transición democrática y manipula la amnistía política que la consagró.

La tesis de algunos incondicionales de Garzón es ésta: la Ley de Amnistía de octubre de 1977 fue una especie de ley de punto final mediante la cual el franquismo se autoabsolvió de sus crímenes imponiéndosela a unos demócratas que tuvieron que aceptarla por falta de fuerza para lograr la ruptura democrática. Por lo tanto, hay que revisarla para alcanzar la verdadera democracia y terminar con los residuos franquistas.

No puedo estar más en desacuerdo con este revisionismo que ya no sabe uno si viene del rencor o de la ignorancia. La amnistía de los presos políticos fue durante muchos años una reivindicación fundamental de los que militábamos contra la dictadura. Personalmente la viví como una liberación. Salieron a la calle muchos demócratas, sobre todo de izquierdas, que penaban con años de cárcel su oposición al franquismo (y numerosos etarras con delitos de sangre). No se hizo para consolidar al fascismo, sino para poner en libertad a los antifascistas. Todo lo contrario.

Lo definió bien Marcelino Camacho, el máximo dirigente de Comisiones Obreras: “La amnistía es una política nacional y democrática, la única consecuente que puede cerrar ese pasado de guerras civiles y cruzadas (…) Nosotros, los comunistas, que tantas heridas tenemos, que tanto hemos sufrido, hemos enterrado nuestros muertos y nuestros rencores (…) Pedimos amnistía para todos, sin exclusión del lugar en que hubiera estado nadie [en el 36, se entiende](…)”. También Antonio Carro, en nombre de Alianza Popular, dio su opinión: “Me temo que la amnistía que nos proponéis, en lugar de contribuir a la reconciliación nacional, se traduzca en un fermento de inseguridad social, en la institucionalización del desconocimiento del Estado de derecho y en una profunda erosión de la autoridad”.

Recordemos, también, para poner las cosas en su sitio, que Camacho y Carro no eran procuradores que hablaban en las Cortes franquistas, sino diputados elegidos en las primeras elecciones libres que se celebraban en España desde la República. La Ley de Amnistía fue respaldada por más del noventa por ciento del Congreso, con sólo dos votos en contra y 18 abstenciones: las de Alianza Popular, el grupo más íntimamente vinculado al franquismo. Y de este modo se abrió paso el periodo de paz, libertad y prosperidad más largo de la historia de España. A ver si no mienten más.

Garzón sí, Garzón no

José Aguilar | 15 de abril de 2010 a las 12:03

ECHEMOS el balón al suelo, que con tantos patadones corremos el peligro de perder de vista la sustancia del caso Garzón: si prevaricó o no cuando decidió investigar los crímenes cometidos durante el franquismo. La España actual no puede dividirse, como está sucediendo, entre garzonistas y antigarzonistas. Dos bandos irreconciliables que transitan por el odio.

Esta primera querella contra Baltasar Garzón ha sido desacreditada en base a criterios ajenos a su contenido. Por un lado, a la personalidad del querellante, que es Falange Española, un partido que no cuesta mucho definir como totalitario, pero legal. Por otro, a la personalidad del querellado, un juez controvertido -el que más-, que ha rendido servicios extraordinarios a la sociedad en sus procesos contra el narcotráfico, ETA, GAL y Pinochet, entre otros.

Pero, insisto, independientemente de la voluntad de sus enemigos, Garzón no está imputado por su inconmensurable vanidad, ni por su trayectoria zigzagueante entre la política y la judicatura ni por ser paladín de la democracia mundial. Claro que ha pisado muchos, e influyentes, callos, y hay quien se ha conjurado para ajustarle las cuentas y jubilarlo anticipadamente. Ahora bien, si va a sentarse en el banquillo es porque la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo lo ha decidido así por unanimidad de sus cinco miembros. Los cinco han creído ver indicios suficientes de prevaricación en la decisión del magistrado de Jaén de abrir una causa general contra el franquismo sin tener la competencia legal para ello y sin asumir que esos crímenes fueron saldados por la Ley de Amnistía de 1977, que liberó también a todos los presos políticos de la dictadura. A mí me parece que Garzón se equivocó, pero no prevaricó, aunque esta opinión carece de toda importancia.

Lo realmente importante es que lo juzgará el Supremo. Sus miembros son magistrados respetables (como los cinco que le han imputado en otra causa por presunto cohecho, como los cinco que le empuraron por una causa más, por presunta vulneración del secreto de las comunicaciones), que no han sido nombrados por Franco ni fueron cómplices de los torturadores del franquismo, como ha dicho un ex fiscal que se ha descalificado a sí mismo, porque él sí era ya fiscal cuando Franco. ¿Intocables, pues? No, qué va. Todas sus resoluciones pueden ser criticadas. Lo inaceptable es que se les pretenda intimidar con manifestaciones injuriosas e insultantes.

Echemos el balón al suelo. Movilícense con estruendo los que crean que Garzón es la medida de la calidad de la democracia española y que la Ley de la Memoria Histórica no vale si no la aplica Garzón. En su derecho están. Y respeten el trabajo del Tribunal Supremo.

Garzón y la guerra civil

José Aguilar | 19 de octubre de 2008 a las 12:52

Del sumario que instruye Baltasar Garzón sobre los desaparecidos en la guerra civil y la dictadura franquista hay algo que me parece bien: la investigación de las fosas comunes en muchos pueblos y ciudades para que los muertos anónimos puedan ser identificados y sepultados dignamente por sus familiares (normalmente, los nietos).

Ahora bien, eso debería impulsarlo el Gobierno, de acuerdo con la ley de memoria histórica, y no un juez. El juez está para juzgar delitos, no para revisar la historia. En este caso los delitos han prescrito, quedaron cubiertos por la ley de amnistía de 1977, aparte de que sus autores, en uno y otro bando, han muerto o están muriendo. Han pasado setenta años de aquella atrocidad y removerla no tiene ningún sentido, a excepción, como digo, del derecho de algunos españoles a encontrar los restos de sus antesapasados, víctimas del odio, la venganza, la crueldad y otras formas del mal que la guerra sacó a flote.