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Inmigrantes sin papeles

José Aguilar | 15 de enero de 2010 a las 13:42

LA decisión del Ayuntamiento de Vic, en la provincia de Barcelona, de rechazar el empadronamiento de los inmigrantes irregulares devuelve a la actualidad un problema irresuelto y refleja de modo abrupto nuestras contradicciones sobre el fenómeno migratorio, que son graves y con tendencia natural a crecer.

Durante los años de bonanza económica parecía que la integración sin estridencias de cientos de miles de inmigrantes no traería mayores dificultades: había empleo de sobra y los recién llegados se encargaban de los trabajos que los españoles no queríamos hacer, por incómodos, fatigosos o mal pagados. La euforia condujo incluso a teorizar que no importaba si la inmigración era controlada o irregular. Papeles para todos, se defendía.

Después se aprendió de las naciones de nuestro entorno que ya habían vivido el proceso con anterioridad y la política inmigratoria se fue haciendo más restrictiva, se cambió la Ley de Extranjería y se alzaron muros y controles fronterizos contra los indocumentados. Pero tampoco abrazamos la represión pura y dura ni queríamos que nos comparasen con la Italia de Berlusconi. Como si el Estado tuviera una mano derecha y una mano izquierda y la firme voluntad de que la una no supiera lo que hace la otra, la Ley de Extranjería ordena que todo inmigrante sin papeles sea repatriado tras un periodo de retención semicarcelaria, pero la misma norma establece que los ayuntamientos deben incorporar al padrón a los extranjeros con domicilio habitual en su municipio, sin especificar que hayan de estar regularizados.

Es importante, porque estando empadronados automáticamente se tiene derecho a la asistencia sanitaria y la escolarización, dos prestaciones esenciales que ayudan mucho al inmigrante a integrarse y querer permanecer en España. O sea, que se persigue al inmigrante irregular cuando intenta entrar y se le protege cuando ya está dentro tras haber burlado la ley. Y las dos políticas están justificadas: la primera, por el interés nacional de no convertir ciudades y pueblos en polvorines sociales en tiempos de crisis, y la segunda, por elementales motivaciones humanitarias. El orden y la solidaridad, el bienestar de los menos y la compasión de los más.

En éstas estábamos cuando el ayuntamiento nacionalista-izquierdista de Vic (el equipo de gobierno lo integran CiU, PSC y Esquerra Republicana) ha decidido frenar las ideas xenófobas del partido ultraderechista que tiene en su oposición… asumiendo parcialmente sus planteamientos. En febrero cerrará el empadronamiento a los irregulares. Vic dispone de una elevada población inmigrante y el trabajo ya escasea. Otros ayuntamientos en su misma situación actuarán igual. Nuestras contradicciones estallan.

¿Quién ganó el debate?

José Aguilar | 26 de febrero de 2008 a las 0:28

Lo mejor que se puede decir de los protagonistas del cara a cara de anoche es que no se hizo largo. Lo peor, que los aparatos de los dos partidos encorsetaron tanto el formato que acabaron transformando el debate en una sucesión de monólogos tasados.

Zapatero y Rajoy estuvieron a gran altura, con la lección bien aprendida acerca de las cuestiones que a cada cual interesaba destacar y de las trampas que había que sortear. Ambos fueron conscientes de que su necesidad más perentoria era no meter la pata: ni excesivamente agresivos, pero firmes, ni demasiado solemnes, pero graves.

El debate ratificó que a Zapatero le quieren más las cámaras de televisión. Rajoy evidenció un punto de mayor nerviosismo, y Zapatero, más desenvoltura. El presidente ganó a los puntos en la puesta en escena de sus mensajes, y el aspirante a sustituirle ofreció algo más de contundencia.

No hubo novedad en los contenidos. Zapatero eludió la confrontación más directa en los ámbitos en los que su gestión flaquea (educación, inmigración, estatutos) y Rajoy rehuyó los fiascos de su trayectoria (11-M, Iraq, políticas sociales). La tensión se disparó, como era previsible, en la lucha contra el terrorismo y el proceso de paz con ETA. En cuanto al otro gran asunto, la economía, hicieron tablas usando trucos: Zapatero se refirió a los datos de toda la legislatura, y Rajoy a los datos de los últimos meses. Había materia para uno y para otro.

Una conclusión: queda partido que jugar antes del 9-M.
Esta es mi opinión a bote pronto. ¿Y la suya?