Archivos para el tag ‘nacionalismo’

Toros en Cataluña

José Aguilar | 29 de julio de 2010 a las 11:54

NO soy capaz de dilucidar si en la decisión del Parlamento catalán de prohibir las corridas de toros desde el 1 de enero de 2012 ha pesado más la iniciativa de los enemigos del maltrato animal o el oportunismo de los enemigos de la pertenencia de Cataluña a España.

Es una de esas cuestiones que llamamos transversales para significar que los posicionamientos sobre ella atraviesan las ideologías y no se fijan automáticamente en función de las adscripciones políticas. Hay un debate ético, sí, relacionado con la tortura y muerte del toro bravo, pero conviene preguntarse por qué la prohibición ha triunfado en Cataluña y no en cualquier otro sitio. Pues porque es allí donde el nacionalismo ha encontrado en esta iniciativa la coartada perfecta para arremeter contra algo que considera una seña de la identidad nacional española. Si no hubiera sido por este conflicto identitario postsentencia del Constitucional, la movida de la plataforma antitaurina hubiera quedado en ruido sin consecuencias.

Un ruido de corto alcance porque los argumentos animalistas carecen de consistencia. Deberían explicar por qué prohíben la tradición de los toros en la plaza y salvan la tradición de los correbous en los pueblos catalanes, con reses acosadas y con fuego en los cuernos, por qué no prohíben la caza (se conocen casos de toreros heridos o muertos por cogida de toro, pero ninguno de cazador herido o muerto por perdices o conejos) y por qué, ya puestos, no impiden que se inflen las ocas para extraerles el paté o se exterminen ignominiosamente cerdos, vacas y gallinas para alimentar a los humanos opresores. Animales son todos ellos, aunque el toro bravo al menos puede defenderse de la agresión y ha sido criado para embestir en vez de para ser degollado en el matadero.

Con todo, más grave que este pretexto inane es que la mayoría de los representantes del pueblo catalán hayan subido un peldaño más en la senda del prohibicionismo. Todo lo quieren reglamentar, desde los letreros de las tiendas a los paneles de los ambulatorios y desde el doblaje de las películas al idioma de la enseñanza. Hay en esta obsesión de la nomenclatura de Cataluña un renuevo del despotismo ilustrado (ellos deciden, con su superior criterio, lo que la sociedad debe hacer y lo que no debe hacer) y un desprecio ostensible a la madurez de los ciudadanos y a su condición de individuos adultos y libres que eligen sus opciones vitales sin coacción ni paternalismo.

Por el amor de Dios, dejen a los ciudadanos la libertad de asistir a una corrida de toros si creen que es un arte, una fiesta o un patrimonio cultural y la libertad de no asistir si piensan que los toreros son unos matarifes. Lo firma uno al que no le gustan los toros.

Inmigrantes sin papeles

José Aguilar | 15 de enero de 2010 a las 13:42

LA decisión del Ayuntamiento de Vic, en la provincia de Barcelona, de rechazar el empadronamiento de los inmigrantes irregulares devuelve a la actualidad un problema irresuelto y refleja de modo abrupto nuestras contradicciones sobre el fenómeno migratorio, que son graves y con tendencia natural a crecer.

Durante los años de bonanza económica parecía que la integración sin estridencias de cientos de miles de inmigrantes no traería mayores dificultades: había empleo de sobra y los recién llegados se encargaban de los trabajos que los españoles no queríamos hacer, por incómodos, fatigosos o mal pagados. La euforia condujo incluso a teorizar que no importaba si la inmigración era controlada o irregular. Papeles para todos, se defendía.

Después se aprendió de las naciones de nuestro entorno que ya habían vivido el proceso con anterioridad y la política inmigratoria se fue haciendo más restrictiva, se cambió la Ley de Extranjería y se alzaron muros y controles fronterizos contra los indocumentados. Pero tampoco abrazamos la represión pura y dura ni queríamos que nos comparasen con la Italia de Berlusconi. Como si el Estado tuviera una mano derecha y una mano izquierda y la firme voluntad de que la una no supiera lo que hace la otra, la Ley de Extranjería ordena que todo inmigrante sin papeles sea repatriado tras un periodo de retención semicarcelaria, pero la misma norma establece que los ayuntamientos deben incorporar al padrón a los extranjeros con domicilio habitual en su municipio, sin especificar que hayan de estar regularizados.

Es importante, porque estando empadronados automáticamente se tiene derecho a la asistencia sanitaria y la escolarización, dos prestaciones esenciales que ayudan mucho al inmigrante a integrarse y querer permanecer en España. O sea, que se persigue al inmigrante irregular cuando intenta entrar y se le protege cuando ya está dentro tras haber burlado la ley. Y las dos políticas están justificadas: la primera, por el interés nacional de no convertir ciudades y pueblos en polvorines sociales en tiempos de crisis, y la segunda, por elementales motivaciones humanitarias. El orden y la solidaridad, el bienestar de los menos y la compasión de los más.

En éstas estábamos cuando el ayuntamiento nacionalista-izquierdista de Vic (el equipo de gobierno lo integran CiU, PSC y Esquerra Republicana) ha decidido frenar las ideas xenófobas del partido ultraderechista que tiene en su oposición… asumiendo parcialmente sus planteamientos. En febrero cerrará el empadronamiento a los irregulares. Vic dispone de una elevada población inmigrante y el trabajo ya escasea. Otros ayuntamientos en su misma situación actuarán igual. Nuestras contradicciones estallan.

La agonía del andalucismo

José Aguilar | 8 de junio de 2008 a las 12:12

Escribo en mi columna de hoy que lo peor que le puede pasar a un partido político -incluso peor que la división interna- es la invisibilidad. Creo que es lo que le está pasando al Partido Andalucista.

Sin diputados en el Parlamento de España ni el de Andalucía (en este último, por primera vez en su historia), sin un solo concejal en los ayuntamientos de las capitales y sin implantación social apreciable, parece condenado a la extinción.

Claro que el PA siempre ha pasado por crisis tremendas y siempre ha resucitado… dentro de su modestia. Pero yo ahora lo veo más complicado que nunca.

¿No creen que el andalucismo llegó tarde, cuando había pasado la época de los nacionalisnmos vinculados a la ascensión de las burguesías territoriales? ¿Está pagando el excesivo personalismo de sus líderes? ¿Lo ha ahogado el PSOE? ¿A los andaluces no les atrae un partido andalucista? ¿Es el final?

Selecciones de fútbol

José Aguilar | 28 de diciembre de 2007 a las 20:26

Esto de las selecciones autonómicas del fútbol es para reír o para llorar.

Ustedes dirán: o son puro folklore promovido por la clase política de cada autonomía o, como en Cataluña y País Vasco, pretextos para el discurso identitario y la autodeterminación.

Claro que es una autodeterminación de pacotilla. ¿Cuántos futbolistas vascos o catalanes que presumen de nacionalistas y promueven estos encuentros navideños aceptarían formar una Liga propia, televisada por las cadenas autonómicas y con ingresos consiguientemente inferiores a los que hoy perciben en la odiosa Liga española?

Es lo que tienen los nacionalistas. Siempre pieden más y más, nunca están dispuestos a asumir las consecuencias de sus opciones. La ley del embudo.

Si alguien es capaz de argumentar para qué necesitamos una Selección Andaluza de Fútbol que juegue unos bolos en vacaciones, estoy dispuesto a atenderle