Archivos para el tag ‘Rajoy’

Una huelga con empate

José Aguilar | 29 de septiembre de 2010 a las 12:41

LOS sindicatos no conceden credibilidad a la última pirueta de Zapatero, que les ha tendido la mano para negociar, ya que no la reforma laboral, sus reglamentos y desarrollos. Piensan que es un intento de desactivar la huelga general. Igual que la anunciada disposición del Gobierno a pactar la reforma de las pensiones.
   Ciertamente, Zapatero tiene la obsesión de caerle bien a todo el mundo y no decirle que no a nadie. Es de imaginar lo que le habrá costado romper su idilio de años con las centrales sindicales, ser vetado en el mitin de Rodiezmo o recortar las pensiones. Por eso se preocupa de dejar claro que él no quería hacer el ajuste duro ni la reforma laboral, que le han obligado unos malvados y anónimos mercados financieros -en realidad, que debemos mucho en el extranjero y que no somos competitivos- y que no ha tenido más remedio que molestar a sus aliados predilectos.
    Pero hay algo más en estas ofertas de negociación: la necesidad de no romper el cordón umbilical que une al Gobierno socialista con el único bloque organizado que ha garantizado hasta ahora la hegemonía social y política de la izquierda. Al Ejecutivo le disgustaría profundamente que hoy se produjera un fracaso estrepitoso del sindicalismo. Querría que la huelga general tuviera el eco preciso para no deslegitimar el modelo sindical vigente -y, de paso, para ofrecer la imagen de un Gobierno que, pese a las protestas de los suyos, se mantiene firme en hacer la política que tiene que hacer-, pero no tanto eco como para verse desautorizado en la calle y con destrozo para sus expectativas electorales. De ahí sus constantes proclamas de respeto a la huelga y a sus convocantes, las facilidades para consensuar los servicios mínimos y los ofrecimientos conciliadores.
   Por el lado de los sindicatos pasa tres cuartos de lo mismo. CCOO y UGT han acudido a la huelga por necesidades de autoafirmación, tratando de convencerse a sí mismos de que aún es posible que el Gobierno rectifique y siendo conscientes de que la derrota de Zapatero sólo abre una posibilidad en el panorama nacional, que es el triunfo de Mariano Rajoy y, con él -imposible ya el actual tancredismo oportunista del PP-, la práctica de una política económica muy parecida o, en algunos casos, más neoliberal y menos socialdemócrata. Quieren enseñar el músculo suficiente para que se les tenga en cuenta y cese de cuestionarse su representatividad y su función social, pero no tanto como para dejar mortalmente herido a un Gobierno que, si ya no es hermano, no deja de ser hermanastro.
   De modo que la huelga general, por una parte y por la contraria, se presenta con vocación de quedar empatada. Veremos qué votan los llamados a hacerla. Aunque falten entre ellos los cuatro millones largos que no pueden ni optar entre el trabajo y la huelga.

El final de Zapatero

José Aguilar | 28 de mayo de 2010 a las 11:37

LA mañana en que el banco azul del Congreso de los Diputados, el que ocupa el Gobierno, era la mejor imagen de la desolación -vean la foto-, como la crónica de un fin de época plasmada en un solo instante, Griñán apuntilló a Zapatero con un lapsus de los que hacen historia.

En Madrid, en el Congreso, donde Zapatero rehuyó el cuerpo a cuerpo dialéctico en defensa de su tijeretazo arrojando a los leones a la vicepresidenta Salgado después de haberla dejado por mentirosa, el Gobierno se quedó solo y el catalán Duran Lleida firmó su sentencia demorada al otoño: elecciones anticipadas cuando no pueda sacar adelante los presupuestos generales de 2011. En Sevilla, en el Parlamento, el presidente de la comunidad más importante gobernada en solitario por los socialistas, le endiñaba a ZP un leñazo involuntario que redondeó la jornada más negra en mucho tiempo.

“Que Zapatero sea malo no les convierte a ustedes en buenos”, replicó Pepe Griñán a Javier Arenas entre el regocijo de los diputados del PP y la estupefacción de los diputados del PSOE. No lo dijo en condicional, no dijo “si Zapatero fuese malo…”, dijo lo que ustedes acaban de leer. Eso es lo que figurará en el diario de sesiones de la Cámara: Griñán proclamó que el presidente del Gobierno de España es malo. No que esté signado por la maldad personal, se supone, sino que su gestión es mala para España, aunque la del PP sería aún peor. Traicionado por el subconsciente, apuntó, sin embargo, al pensamiento consciente de una amplia franja del electorado, quizás decisiva, que se debate entre ZP y Rajoy como si temiera escoger entre Guatemala y Guatepeor.

Pero el lapsus de Griñán conecta también con una idea que sostiene la gran mayoría de los dirigentes y cuadros del Partido Socialista: el tiempo de Zapatero se ha terminado. Su pérdida de credibilidad es tan fuerte, y tan irreversible, que ni siquiera cabe albergar la remota esperanza de que un amago de salida de la crisis le permita remontar el vuelo al final del mandato. ZP está amortizado. Con él al frente las elecciones están perdidas de antemano. Si CiU y PNV vetan los presupuestos próximos, habrá que disolver las Cortes, adelantar las elecciones generales y poner a otro candidato (Rubalcaba, Blanco, Chaves…).

Ahora bien, ¿quién se atreve a ser el primero en decírselo? La experiencia indica que nadie. En organizaciones tan jerarquizadas y eclesiales el líder supremo puede ser íntimamente rechazado por los que le rodean y no percibir, sin embargo, más que vítores y aclamaciones. Ninguno da la cara hasta no saber de modo fehaciente que no se la van a partir. Pero todos aguardan a que algún incidente exterior haga caer al aclamado. Sólo entonces verá lo solo que estaba.

Zapatero contra Zapatero

José Aguilar | 13 de mayo de 2010 a las 16:58

A excepción del día en que ETA dinamitó la tregua en la T-4 de Barajas a las pocas horas de haber declarado Zapatero que la paz estaba más cerca, no creo que el presidente del Gobierno haya pasado por un trance más amargo que el de ayer en el Congreso de los Diputados. Fue la jornada en que Zapatero se negó a sí mismo.

No una vez, sino nueve veces: tantas como medidas de ajuste anunció para reducir el déficit público en la medida en que le han exigido la Unión Europea y, al final, incluso Obama. Es una de las lecciones de esta crisis. La interdependencia económica es tan estrecha e intensa que ningún país puede actuar -o dejar de hacerlo- por su cuenta. No se ayuda a Grecia porque los griegos nos caigan bien, sino porque nos interesa que no se arruinen más de lo que están. No se insta a España a hacer los deberes por capricho o injerencia, sino porque si no los hace perjudicará también a Alemania, Francia y demás socios.

Cada medida era un clavo más en el ataúd de su optimismo irredento, que ha fallecido una mañana de mayo de muerte natural. ¡Con lo que le disgusta a Zapatero dar malas noticias y pedir sacrificios! Hace sólo una semana rechazaba un recorte drástico del déficit por ser un obstáculo para el crecimiento económico. Ayer optó por retrasar el crecimiento para frenar el camino hacia la bancarrota. No parece una mala elección, dadas las circunstancias.

Éste ya no va a ser el Gobierno milagroso que saque a España de la recesión sin recortar los derechos sociales. Ojalá que la saque, pero en cualquier caso lo logrará imponiendo sacrificios, tomando decisiones impopulares y liberándose de tutelas sindicales. Bajar el sueldo, un 5% de media, a los funcionarios y empleados públicos (dos millones y medio de personas), vulnerando un pacto; congelar las pensiones, salvo las mínimas y las no contributivas; eliminar el cheque bebé de 2.500 euros por cada nacimiento, lo mismo en un palacio que en una chabola; eliminar la retroactividad en el cobro de la prestación por la ley de dependencia; bajar la ayuda oficial al desarrollo y la inversión pública estatal son, en efecto, medidas impopulares, que sacrifican las rentas de muchas personas y molestan profundamente a los sindicatos. (Paréntesis: no sé cómo va a obligar el Gobierno a ayuntamientos y autonomías a un ahorro adicional de 1.200 millones, que es la novena medida).

Ante un Zapatero arrepentido, Rajoy tendrá que cambiar el discurso. Ayer se limitó a decir que si ZP le hubiera hecho caso a tiempo no habría tenido que acometer un ajuste tan duro, lo cual es, desde ayer, irrelevante, y a esbozar una alternativa que él mismo sabe que no es tal. Tendrá que apoyar a este Zapatero, que ya no es el Zapatero de la semana pasada. Acierta cuando rectifica.

El PP y el aborto

José Aguilar | 26 de marzo de 2009 a las 12:23

Los grupos Provida, movilizados contra el aborto, la han tomado con el Partido Popular. Les disgusta que el PP no haya secundado con entusiasmo su manifiesto y sus manifestaciones de este fin de semana. La verdad es que los populares rechazan el proyecto de Bibiana de hacer más permisivo el aborto, pero no quieren significarse como si fueran un partido confesional. De hecho, no quitaron la ley de aborto vigente durante los ocho años de Aznar. La derecha más recalcitrante, incluso dentro de sus filas, no le perdona a Rajoy esta tibieza. Yo creo, sin embargo, que Rajoy hace bien. De eso trata mi columna de hoy. Seguro que hay lectores en contra, y, quizás, también a favor.

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De Mariano (Bermejo) a Mariano (Rajoy)

José Aguilar | 24 de febrero de 2009 a las 12:42

EL miércoles Mariano Fernández Bermejo salió del Congreso, vitoreado en plan torero por los diputados socialistas hipocritones, afirmando que no dimitía porque quería seguir sirviendo al país. Cinco días después ya no parece dispuesto a servir al país: dimitió como ministro de Justicia. O Zapatero le obligó a dimitir disfrazando el cese con el maquillaje de una dimisión para no perjudicar al Gobierno.

El ministro se ha ido, o le han ido, en la más absoluta soledad. No lo defendía nadie en las filas socialistas -no digamos en las otras- y si alguno, por su posición institucional, salía en su defensa, lo hacía a regañadientes, con una insinceridad que se notaba a la legua. Zapatero ya tenía decidido destituirlo en la primera remodelación de Gobierno, prevista para dentro de unos meses, pero el cese se ha adelantado. Probablemente, por la evidencia de que los escándalos políticos terminan mejor si se pagan al contado que a plazos. Los plazos son más cómodos, pero más dañinos para el que salda su deuda.

Y el de Bermejo ha sido un escándalo en toda regla. Un ministro de Justicia que comparte montería, y lo que la montería conlleva, con el magistrado que acaba de destapar una trama de corrupción en la que está implicado el principal partido de la oposición -mientras mantiene detenidos a varios de los imputados- y con el jefe de la Policía Judicial que investiga el caso, tiene difícil defensa. Si después le descubren que usa una finca del Estado para sus correrías cinegéticas y su descanso personal, y que cazó el fin de semana de autos en una comunidad para la que carece de licencia, su defensa se hace imposible.

Todo ello remite, además, a una forma de vida que pensábamos más propia de un antiguo señorito de derechas que de un ferviente defensor del proyecto socialista, y creo que la inmensa mayoría de los socialistas piensan igual. Como Bermejo ha sido agrio y soberbio a más no poder y, encima, durante su mandato en Justicia ha habido una huelga de funcionarios y otra de jueces (ésta, por vez primera en la historia) y el conflicto amenaza con ir a más, la verdad es que el cese ya estaba tardando mucho.

De todos modos, el factor decisivo en la marcha de Fernández Bermejo ha sido que la mezcla de cacería escandalosa, ineficacia en la gestión y engreimiento en la actitud se había convertido en una tabla de salvación para que el Partido Popular levantase una espesa cortina de humo alrededor del escándalo de sus conseguidores, que los ha habido, y sus relaciones con altos cargos del partido, que la Justicia habrá de dilucidar si las hubo.

Tras la caída de un Mariano (Bermejo), el otro Mariano (Rajoy) no podrá esconder lo suyo. Ahora le toca al PP dar la talla. Veremos si la da.

 

Ganará Rajoy… de momento

José Aguilar | 2 de junio de 2008 a las 17:17

El panorama se ha despejado. Los críticos a Mariano Rajoy no han sido capaces de presentar un candidato alternativo. Juan Costa no alcanza esa categoría. Pertenece al sector pijo del PP, sin simpatía entre las bases y nulo carisma. Creo que han decidido aplazar la batalla, castigando a Rajoy con un voto en blanco en el congreso de este mes o con cualquier otra maniobra, y esperar a que caiga solo, cuando vuelva a perder las elecciones parciales que se avecinan (gallegas, vascas y europeas). En realidad, hay pocos “marianistas” entusiastas y los barones que le apoyan lo hacen como mal menor. De esto escribo en mi columna de mañana en el Grupo Joly. ¿Habrá otra candidatura en el congreso? ¿Saldrá reforzado Rajoy? ¿Llegará a ser el candidato en 2012?

Mariano se va a quedar solo

José Aguilar | 12 de mayo de 2008 a las 18:49

El liderazgo de Mariano Rajoy en el PP sigue deteriorándose.

El paso atrás de María San Gil es más preocupante que las renuncias de Zaplana y Acebes. Primero, porque éstos se han ido antes de que los echen, mientras San Gil podría seguir si quisiera. Segundo, porque se va alegando motivos ideológicos y de estrategia, no por ambiciones insatisfechas. Y tercero, porque es una persona muy querida, dentro y fuera del PP, y una referencia cívica y moral para la sociedad.

Rajoy está abducido por los problemas de partido, desaparecido como jefe de la oposición y empeñado en una “limpia” interna que a lo mejor debiera haber empezado por él mismo, después de haber perdido las elecciones dos veces.

¿Llegará como candidato a 2012 o lo quitarán en cuanto el PP pierda las elecciones autonómicas y europeas que están pendientes? ¿Sería mejor como candidato Francisco Camps o Esperanza Aguirre? Porque Rato no piensa en volver….

¿Ha acertado Rajoy?

José Aguilar | 11 de marzo de 2008 a las 19:07

Mariano Rajoy ha adelantado el congreso del PP y anunciado que se presentará a la reelección con un equipo propio.

Creo que es lo más acertado. Lo mejor para su partido. Puede haber otros candidatos y de este modo el centroderecha español vivirá un congreso vivo, abierto y sin tutelas. Hasta ahora cada presidente ha designado a su sucesor. El dedazo no es buen método.

¿Habría convenido más que Rajoy se fuera a su casa tras la segunda derrota ante Zapatero o que continuara con los Acebes, Zaplana, etcétera?

¿Por qué ha perdido Rajoy?

José Aguilar | 10 de marzo de 2008 a las 1:01

LO más destacado de las elecciones de ayer a efectos de la gobernación de España y del sistema político: Zapatero ha ganado las elecciones y Rajoy ha finiquitado su carrera política, y el bipartidismo se ha afianzado como nunca. La participación ha estado en torno al 75%, como hace cuatro años, dentro de la franja de las más altas de la democracia.Empecemos por lo segundo. Entre socialistas y populares acaparan el 84% de los votos emitidos, más que en ninguna otra legislatura (más de tres puntos porcentuales por encima de las de 2004). De hecho, los dos partidos aumentan sus escaños con respecto a los que tenían: cinco el PSOE, y cinco también el PP. “Dejan” para las minorías apenas 27 escaños de un total de 350. A ello han contribuido una legislatura muy crispada y una campaña electoral personalista y nucleada en torno a los dos debates televisivos. Pero la causa, creo yo, es más profunda: los ciudadanos se han cansado de las exigencias nacionalistas y han buscado mayorías estables.¿Por qué ha triunfado Zapatero? Se puede formular la pregunta de otra manera:¿Por qué ha fracasado Rajoy? Básicamente, porque ha hecho una oposición radical. La gente ha vivido ciertas situaciones con preocupación, pero no han comprado la visión apocalíptica del PP: no han creído que España fuera a romperse, ni han pensado que Zapatero traicionase a las víctimas del terrorismo ni, últimamente, han aceptado que la desaceleración económica sea una crisis de depresión profunda.Por el contrario, los ciudadanos han premiado la bonanza del mandato ZP en su conjunto (cuatro años, no seis meses) de crecimiento económico y creación de empleo, así como la extensión de los derechos sociales, y han apreciado sinceridad en las políticas más débiles del Gobierno socialista, como el intento de negociar con ETA o las relaciones con los nacionalistas, porque le han visto rectificar. Piensan, quizás, que Zapatero se ha equivocado de buena fe mientras que Rajoy ha actuado con deslealtad.

En 2004 la diferencia entre PSOE y PP fue de dieciséis escaños. La misma que ahora. No es ningún consuelo para los populares. Si fuese correcta su íntima tesis de que hace cuatro años perdieron por el atentado del 11-M, eso y los errores atribuidos a ZP les tendría que haber dado una victoria indiscutible. Han sido derrotados. Rajoy no puede seguir al frente del centro-derecha español. Ha perdido dos elecciones consecutivas viniendo de gobernar. A Almunia lo quitaron del PSOE porque perdió una vez y estando ya en la oposición. Sólo tengo una duda: si dimitirá él o lo echarán en un congreso extraordinario que habrá de refundar, de nuevo, el Partido Popular. Esta vez, abiertamente, sin dedazo.

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¿Quién ganó el debate?

José Aguilar | 26 de febrero de 2008 a las 0:28

Lo mejor que se puede decir de los protagonistas del cara a cara de anoche es que no se hizo largo. Lo peor, que los aparatos de los dos partidos encorsetaron tanto el formato que acabaron transformando el debate en una sucesión de monólogos tasados.

Zapatero y Rajoy estuvieron a gran altura, con la lección bien aprendida acerca de las cuestiones que a cada cual interesaba destacar y de las trampas que había que sortear. Ambos fueron conscientes de que su necesidad más perentoria era no meter la pata: ni excesivamente agresivos, pero firmes, ni demasiado solemnes, pero graves.

El debate ratificó que a Zapatero le quieren más las cámaras de televisión. Rajoy evidenció un punto de mayor nerviosismo, y Zapatero, más desenvoltura. El presidente ganó a los puntos en la puesta en escena de sus mensajes, y el aspirante a sustituirle ofreció algo más de contundencia.

No hubo novedad en los contenidos. Zapatero eludió la confrontación más directa en los ámbitos en los que su gestión flaquea (educación, inmigración, estatutos) y Rajoy rehuyó los fiascos de su trayectoria (11-M, Iraq, políticas sociales). La tensión se disparó, como era previsible, en la lucha contra el terrorismo y el proceso de paz con ETA. En cuanto al otro gran asunto, la economía, hicieron tablas usando trucos: Zapatero se refirió a los datos de toda la legislatura, y Rajoy a los datos de los últimos meses. Había materia para uno y para otro.

Una conclusión: queda partido que jugar antes del 9-M.
Esta es mi opinión a bote pronto. ¿Y la suya?