Archivos para el tag ‘zapatero’

Gabinete Rubalcaba

José Aguilar | 21 de octubre de 2010 a las 12:28

ESCRIBÍ en esta esquina el 5 de septiembre sobre la Operación Rubalcaba, puesta en marcha en la cúspide del poder socialista para sustituir a Zapatero por el ministro del Interior como cabeza de cartel en las próximas elecciones.

La operación cuajó ayer (en haberla vaticinado no hay mérito mío, sino de las personas que me informaron)… a medias. Pérez Rubalcaba ha sido catapultado, en efecto, a la Vicepresidencia primera del Gobierno, en la más significativa remodelación efectuada por ZP desde que llegó a la Moncloa, en 2004, que ha afectado a la mitad de las carteras ministeriales.

Además de ser el primero de los vicepresidentes, Rubalcaba mantendrá el Ministerio del Interior -a cuyo mando ha ganado la popularidad y alta valoración de las que disfruta- en la etapa presumiblemente agónica de ETA y actuará como portavoz del Ejecutivo y narrador-rostro de los consejos de ministros cada viernes. Realmente, un presidente bis. (Entre paréntesis: fue el último portavoz del Gobierno de Felipe González y será el último portavoz del Gobierno Zapatero). ¿Quiere eso decir que va a ser sin duda el candidato socialista en 2012? “Sin duda” no es expresión conveniente para referirse a la vida política, en la que lo blanco pasa a negro en un suspiro. Sólo quiere decir que hoy Rubalcaba se halla en mejores condiciones que ningún otro de ser el sucesor de Zapatero. Si Zapatero decide finalmente no volver a presentarse, que está por ver.

Además de imprevisible, la política anda siempre preñada de paradojas. ¿Se acuerdan de que los grandes perdedores de las primarias de Madrid eran, aparte de ZP, Rubalcaba, Blanco y la derrotada Trinidad Jiménez? Pues son los ganadores de la crisis de ayer. Rubalcaba resulta, como queda escrito, el hombre fuerte de la nueva situación; Blanco asume en Fomento las competencias sobre Vivienda y saca de la dirección federal del PSOE a su enemiga Leire Pajín, y Jiménez ve cumplido su antiguo sueño de alcanzar el Ministerio de Asuntos Exteriores. Más paradojas: el flamante ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, andaba hace sólo tres semanas manifestándose en la calle contra la reforma laboral que a partir de ahora tendrá que aplicar y desarrollar. Eso ha llevado la esperanza a los sindicatos, quizás más necesitadamente optimistas de la cuenta.

Por lo demás, el Gobierno ha perdido la adorada paridad (hay nueve hombres y siete mujeres) y su presidente ha dado por perdidas sus apuestas más personales, las de Igualdad y Vivienda, cuyas titulares han aceptado, sin embargo, verse devaluadas a secretarias de Estado, que es lo que probablemente debieron ser desde el principio. Y De la Vega obtiene un retiro dorado.

El abucheo a Zapatero

José Aguilar | 13 de octubre de 2010 a las 18:01

SE montó la tribuna convenientemente alejada de los asistentes, se evitó la colocación de pantallas gigantes, llegó sin ser anunciado ni visto, casi de tapadillo, pero ninguna medida preventiva es suficiente cuando se enfrenta a la intransigencia y la mala educación. En el momento en que el relator dijo que el presidente del Gobierno recibía a los Reyes sonaron con estrépito los gritos de “¡Fuera, fuera!” y “Zapatero, dimisión”.

No hay manera de que un nutrido grupo de energúmenos nos deje contemplar el desfile de la Fiesta Nacional con la tranquilidad propia de un país desarrollado. El mismo Zapatero afirma, con humor forzado, que estos incidentes son ya un clásico y forman parte del rito del 12 de octubre. Muchos pensamos como el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón: “Podían elegir otro día”, porque organizarlo ayer “es una falta de respeto”.

Ésa es la clave. Es una falta de respeto estropear con gritos, pitos y abucheos una ceremonia netamente nacional, la fiesta que simboliza la unidad de los españoles por encima de sus discrepancias y controversias, que sólo son legítimas en la medida en que se expresan en el lugar y en el momento adecuados. Es peor aún cuando el alboroto se produce en presencia del jefe del Estado y su familia y las más altas jerarquías del país y cuando no se hace de forma aislada y momentánea, sino constante y planificada, incluso en el momento emotivo en que se rinde homenaje a los soldados caídos en servicio a la patria.

El Ministerio de Defensa atribuye la autoría de los gritos y abucheos a pequeños grupos convocados, o autoconvocados, a través de las redes sociales y mensajes de teléfono móvil. No sé, aunque es difícil de creer que todos estos individuos indignados coincidan cada año espontáneamente en la misma jornada y con idéntico propósito. Si no les gusta Zapatero -como le pasa ahora mismo a una amplia mayoría de los españoles-, tienen 364 días de cada año para manifestarlo de muchas maneras distintas y en ámbitos muy diversos de la vida pública, no necesitan expresarlo el día de la Fiesta Nacional, durante el desfile que la conmemora, delante del Rey de España y de forma grosera e incívica.

Y tienen un día más, el de las elecciones generales, para demostrar lo hartos que están de él y devolverlo a su casa. Democráticamente, escogiendo una papeleta en vez de otra, y comprobando la fuerza de su opción con respecto a la de muchos millones de españoles que no chillan en los desfiles. No existe otro mecanismo aceptable para desalojarlo del lugar que ocupa desde el año 2004. ¿Por qué odian tanto a Zapatero? Al fin y al cabo, sólo es un mal presidente de Gobierno.

Una huelga con empate

José Aguilar | 29 de septiembre de 2010 a las 12:41

LOS sindicatos no conceden credibilidad a la última pirueta de Zapatero, que les ha tendido la mano para negociar, ya que no la reforma laboral, sus reglamentos y desarrollos. Piensan que es un intento de desactivar la huelga general. Igual que la anunciada disposición del Gobierno a pactar la reforma de las pensiones.
   Ciertamente, Zapatero tiene la obsesión de caerle bien a todo el mundo y no decirle que no a nadie. Es de imaginar lo que le habrá costado romper su idilio de años con las centrales sindicales, ser vetado en el mitin de Rodiezmo o recortar las pensiones. Por eso se preocupa de dejar claro que él no quería hacer el ajuste duro ni la reforma laboral, que le han obligado unos malvados y anónimos mercados financieros -en realidad, que debemos mucho en el extranjero y que no somos competitivos- y que no ha tenido más remedio que molestar a sus aliados predilectos.
    Pero hay algo más en estas ofertas de negociación: la necesidad de no romper el cordón umbilical que une al Gobierno socialista con el único bloque organizado que ha garantizado hasta ahora la hegemonía social y política de la izquierda. Al Ejecutivo le disgustaría profundamente que hoy se produjera un fracaso estrepitoso del sindicalismo. Querría que la huelga general tuviera el eco preciso para no deslegitimar el modelo sindical vigente -y, de paso, para ofrecer la imagen de un Gobierno que, pese a las protestas de los suyos, se mantiene firme en hacer la política que tiene que hacer-, pero no tanto eco como para verse desautorizado en la calle y con destrozo para sus expectativas electorales. De ahí sus constantes proclamas de respeto a la huelga y a sus convocantes, las facilidades para consensuar los servicios mínimos y los ofrecimientos conciliadores.
   Por el lado de los sindicatos pasa tres cuartos de lo mismo. CCOO y UGT han acudido a la huelga por necesidades de autoafirmación, tratando de convencerse a sí mismos de que aún es posible que el Gobierno rectifique y siendo conscientes de que la derrota de Zapatero sólo abre una posibilidad en el panorama nacional, que es el triunfo de Mariano Rajoy y, con él -imposible ya el actual tancredismo oportunista del PP-, la práctica de una política económica muy parecida o, en algunos casos, más neoliberal y menos socialdemócrata. Quieren enseñar el músculo suficiente para que se les tenga en cuenta y cese de cuestionarse su representatividad y su función social, pero no tanto como para dejar mortalmente herido a un Gobierno que, si ya no es hermano, no deja de ser hermanastro.
   De modo que la huelga general, por una parte y por la contraria, se presenta con vocación de quedar empatada. Veremos qué votan los llamados a hacerla. Aunque falten entre ellos los cuatro millones largos que no pueden ni optar entre el trabajo y la huelga.

El final de Zapatero

José Aguilar | 28 de mayo de 2010 a las 11:37

LA mañana en que el banco azul del Congreso de los Diputados, el que ocupa el Gobierno, era la mejor imagen de la desolación -vean la foto-, como la crónica de un fin de época plasmada en un solo instante, Griñán apuntilló a Zapatero con un lapsus de los que hacen historia.

En Madrid, en el Congreso, donde Zapatero rehuyó el cuerpo a cuerpo dialéctico en defensa de su tijeretazo arrojando a los leones a la vicepresidenta Salgado después de haberla dejado por mentirosa, el Gobierno se quedó solo y el catalán Duran Lleida firmó su sentencia demorada al otoño: elecciones anticipadas cuando no pueda sacar adelante los presupuestos generales de 2011. En Sevilla, en el Parlamento, el presidente de la comunidad más importante gobernada en solitario por los socialistas, le endiñaba a ZP un leñazo involuntario que redondeó la jornada más negra en mucho tiempo.

“Que Zapatero sea malo no les convierte a ustedes en buenos”, replicó Pepe Griñán a Javier Arenas entre el regocijo de los diputados del PP y la estupefacción de los diputados del PSOE. No lo dijo en condicional, no dijo “si Zapatero fuese malo…”, dijo lo que ustedes acaban de leer. Eso es lo que figurará en el diario de sesiones de la Cámara: Griñán proclamó que el presidente del Gobierno de España es malo. No que esté signado por la maldad personal, se supone, sino que su gestión es mala para España, aunque la del PP sería aún peor. Traicionado por el subconsciente, apuntó, sin embargo, al pensamiento consciente de una amplia franja del electorado, quizás decisiva, que se debate entre ZP y Rajoy como si temiera escoger entre Guatemala y Guatepeor.

Pero el lapsus de Griñán conecta también con una idea que sostiene la gran mayoría de los dirigentes y cuadros del Partido Socialista: el tiempo de Zapatero se ha terminado. Su pérdida de credibilidad es tan fuerte, y tan irreversible, que ni siquiera cabe albergar la remota esperanza de que un amago de salida de la crisis le permita remontar el vuelo al final del mandato. ZP está amortizado. Con él al frente las elecciones están perdidas de antemano. Si CiU y PNV vetan los presupuestos próximos, habrá que disolver las Cortes, adelantar las elecciones generales y poner a otro candidato (Rubalcaba, Blanco, Chaves…).

Ahora bien, ¿quién se atreve a ser el primero en decírselo? La experiencia indica que nadie. En organizaciones tan jerarquizadas y eclesiales el líder supremo puede ser íntimamente rechazado por los que le rodean y no percibir, sin embargo, más que vítores y aclamaciones. Ninguno da la cara hasta no saber de modo fehaciente que no se la van a partir. Pero todos aguardan a que algún incidente exterior haga caer al aclamado. Sólo entonces verá lo solo que estaba.

ZP y el hábito de errar

José Aguilar | 26 de mayo de 2010 a las 12:23

DE sabios es rectificar, vale. Pero cuando el error es continuado y la rectificación se convierte en hábito estamos en presencia de un problema mayor, llámese improvisación, imprudencia o desconcierto. Se llame como se llame, constituye la peor receta para dar confianza a un país que la precisa con urgencia.

Sin remontarnos al origen de la crisis y el empecinamiento en negarla, el Gobierno ha anunciado el recorte social más drástico que se recuerda una semana después de reafirmar que nunca lo haría. Y no dimite nadie. Por qué, se defiende, si no es el presidente el que ha cambiado, sino las circunstancias. Como si las circunstancias fueran un meteorito que ha caído sobre nuestras cabezas por sorpresa, como si los gobernantes no pudieran preverlas, modificarlas o hacerles frente.

Poco después del tijeretazo, el domingo pasado, Zapatero se hace aclamar por alcaldes socialistas de toda España y el muy pillín les oculta la noticia que más les puede afectar en su gestión cotidiana: que el decreto antidéficit cierra el grifo financiero a los ayuntamientos, prohibiéndoles que soliciten créditos para sus inversiones desde este momento y hasta 2012. Está en el Boletín Oficial del Estado publicado el día siguiente. Bueno, estaba, porque la indignación de muchos alcaldes -y la presión de Convergencia i Uniò- le hizo comprender la barbaridad de abortar las obras públicas previstas incluso para el presente ejercicio. De hecho, varios ayuntamientos y diputaciones convocaron plenos urgentes en la misma noche del lunes para autorizar préstamos bancarios a toda prisa. Al final, el decreto que imponía la limitación crediticia “desde la entrada en vigor de la presente norma” se corrigió para que rigiese “a partir del 1 de enero de 2011 y hasta el 31 de diciembre de 2011″. Siete meses de prórroga.

Un simple error, dice Elena Salgado desde Bruselas. ¿Quién la puede creer? Si la creemos es aún peor. Significaría que el Gobierno es tan chapucero que no piensa en las consecuencias de sus decisiones en una materia tan sensible como el funcionamiento de las corporaciones locales. Sabiendo cómo andan los ayuntamientos, esta equivocación delimita la diferencia entre seguir medio tirando hasta agotar los agujeros del cinturón presupuestario o entregarle las llaves de los consistorios directamente a Zapatero. Con un lacito y una dedicatoria: hazte cargo tú, José Luis, que presumes de tener la suerte de cara desde tiempos inmemoriales.

Ni Felipe ni Aznar llegaron al final de sus hegemonías en estas condiciones. Cayeron víctimas de sus errores, pero sin ofrecer nunca este espectáculo de caos, desorientación y desbordamiento. Carecían de talante, sí, pero no de solidez y firmeza.

Zapatero contra Zapatero

José Aguilar | 13 de mayo de 2010 a las 16:58

A excepción del día en que ETA dinamitó la tregua en la T-4 de Barajas a las pocas horas de haber declarado Zapatero que la paz estaba más cerca, no creo que el presidente del Gobierno haya pasado por un trance más amargo que el de ayer en el Congreso de los Diputados. Fue la jornada en que Zapatero se negó a sí mismo.

No una vez, sino nueve veces: tantas como medidas de ajuste anunció para reducir el déficit público en la medida en que le han exigido la Unión Europea y, al final, incluso Obama. Es una de las lecciones de esta crisis. La interdependencia económica es tan estrecha e intensa que ningún país puede actuar -o dejar de hacerlo- por su cuenta. No se ayuda a Grecia porque los griegos nos caigan bien, sino porque nos interesa que no se arruinen más de lo que están. No se insta a España a hacer los deberes por capricho o injerencia, sino porque si no los hace perjudicará también a Alemania, Francia y demás socios.

Cada medida era un clavo más en el ataúd de su optimismo irredento, que ha fallecido una mañana de mayo de muerte natural. ¡Con lo que le disgusta a Zapatero dar malas noticias y pedir sacrificios! Hace sólo una semana rechazaba un recorte drástico del déficit por ser un obstáculo para el crecimiento económico. Ayer optó por retrasar el crecimiento para frenar el camino hacia la bancarrota. No parece una mala elección, dadas las circunstancias.

Éste ya no va a ser el Gobierno milagroso que saque a España de la recesión sin recortar los derechos sociales. Ojalá que la saque, pero en cualquier caso lo logrará imponiendo sacrificios, tomando decisiones impopulares y liberándose de tutelas sindicales. Bajar el sueldo, un 5% de media, a los funcionarios y empleados públicos (dos millones y medio de personas), vulnerando un pacto; congelar las pensiones, salvo las mínimas y las no contributivas; eliminar el cheque bebé de 2.500 euros por cada nacimiento, lo mismo en un palacio que en una chabola; eliminar la retroactividad en el cobro de la prestación por la ley de dependencia; bajar la ayuda oficial al desarrollo y la inversión pública estatal son, en efecto, medidas impopulares, que sacrifican las rentas de muchas personas y molestan profundamente a los sindicatos. (Paréntesis: no sé cómo va a obligar el Gobierno a ayuntamientos y autonomías a un ahorro adicional de 1.200 millones, que es la novena medida).

Ante un Zapatero arrepentido, Rajoy tendrá que cambiar el discurso. Ayer se limitó a decir que si ZP le hubiera hecho caso a tiempo no habría tenido que acometer un ajuste tan duro, lo cual es, desde ayer, irrelevante, y a esbozar una alternativa que él mismo sabe que no es tal. Tendrá que apoyar a este Zapatero, que ya no es el Zapatero de la semana pasada. Acierta cuando rectifica.

Zapatero y los sabios

José Aguilar | 6 de enero de 2010 a las 20:14

EL mismo día en que se conocieron los datos escalofriantes del desempleo en España (casi cuatro millones de parados al acabar 2009, un millón creados durante el último año) Zapatero reunió al grupo de expertos que le asesorarán durante la presidencia española de la Unión Europea. Intercambiaron puntos de vista.

Está bien que lo haya hecho, aunque el sentido real del encuentro en La Moncloa invita a la melancolía. Después de anunciar solemnemente que el mandato español en la UE se centrará en impulsar la salida de la crisis (se supone que no con las recetas que ha aplicado a la economía nacional), ZP ha pedido consejo a los sabios. Habría sido más adecuado un asesoramiento con carácter previo, de modo que al llegar a presidir Europa ya hubiera digerido los dictámenes de los tres expertos y pudiese ponerlos en marcha de inmediato. Seis meses no dan para mucho, la verdad.

Por otra parte, es difícil sustraerse a la idea de que Zapatero le concede a su presidencia rotatoria más importancia de la que objetivamente le corresponde. Ello es así porque, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, ya hay un presidente ejecutivo de la Unión Europea y una especie de ministro de Asuntos Exteriores de la UE, que querrán ocupar su sitio desplegando una intensa actividad. De hecho, el presidente Van Rompuy ha convocado una cumbre comunitaria acerca de la crisis. También funciona el presidente de la Comisión (Durao Barroso, apoyado por el Gobierno español). Entre uno y otro pueden lograr que la presidencia española se vea reducida a poco más que a coordinar reuniones y ejercer de anfitriona.

La composición del minigrupo da también para una conversación. No porque no sean valiosos sus componentes, que lo son, y mucho, sino por las circunstancias que concurren. Nada que objetar al octogenario Jacques Delors, una de las principales personalidades del europeísmo y paladín del euro. De Felipe González lo que se puede decir es que Zapatero ha rehuido siempre su compañía -salvo en las campañas electorales- y ha sido cortante con él cuando se han evidenciado discrepancias públicas. En cuanto a Pedro Solbes, ZP terminó aburriéndolo precisamente por no hacerle caso cuando llevaba la Vicepresidencia económica de su gobierno. De eso hace sólo unos meses. ¿No tendría que haberle escuchado más acerca de la política económica española que maneja personalmente en vez de llamarle ahora para que le aconseje sobre la economía europea, que no depende de él? Joaquín Almunia, también invitado y también disidente de Zapatero, no ha podido asistir.

Si este grupo de sabios no ha sido llamado para que Zapatero se fotografíe con ellos con cara de preocupación, lo parece mucho.

Que lo explique ZP

José Aguilar | 18 de junio de 2009 a las 11:29

SE ve que Zapatero no es rencoroso. Al menos con los discrepantes que no pertenecen al PSOE. El martes, en Barcelona, saludó con especial efusividad al republicano-nacionalista Carod-Rovira, el aliado que más quebraderos de cabeza le causó en la anterior legislatura:

  • No se te ve por Madrid.
  • Es que no dais nada en Madrid.
  • Pronto, pronto…

De José Luis a Josep Lluís. Zapatero no se quedó ahí. En su discurso inaugural de la Terminal 1 del aeropuerto de El Prat aseguró que el nuevo sistema de financiación autonómica estará listo en una o dos semanas y garantizó que con él Cataluña recibirá una aportación por encima de la media española. Teniendo en cuenta que ya en este ejercicio de 2008 la Generalitat está percibiendo más inversión para infraestructuras que el resto de las comunidades -en aplicación de su Estatuto de Autonomía, aun estando pendiente la decisión sobre su constitucionalidad-, se puede decir que Cataluña va a ver satisfecha su vieja reivindicación de reducir los niveles de solidaridad que como comunidad rica le corresponden. Interesante relectura de la ideología socialista, sin duda.

Pero es que ayer le tocó turno a José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, que fue recibido en la Moncloa y que salió de la entrevista en estado de euforia. “Andalucía será la comunidad autónoma que recibirá más inversión del Estado en los próximos años. Así me lo ha dicho el presidente del Gobierno y así ha de ser”, dijo. Aunque una cosa son las inversiones públicas y otra los recursos derivados del sistema de financiación, lo que se deduce es que ZP tiene entre sus planes favorecer a Cataluña y Andalucía, curiosamente los dos graneros electorales de los socialistas en periodo de decrecimiento.

¿Cómo se lo van a tomar las demás autonomías? Algunas, mal. No olvidemos que meses atrás ZP recibió a los presidentes de Madrid y la Comunidad Valenciana, Aguirre y Camps, y ambos se declararon igualmente satisfechos de las promesas escuchadas. Da la impresión de que Zapatero le dice a cada uno aquello que quiere oír. Pero la cuadratura del círculo no puede ser, y lo que no puede ser no puede ser y, además, es imposible, según frase redonda que se atribuye a media docena de personajes: si unos ganan más que la media, otros han de ganar por debajo de la media (de lo contrario, no habría media, eso es de cajón).

No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Tampoco se puede contentar a todo el mundo. Con los antecedentes que hay y con las perspectivas que quedan apuntadas por ZP parece claro que el nuevo sistema de financiación autonómica no va a ser aceptado por todos. Y los descontentos no van a ser sólo los del PP.

Chaves se va

José Aguilar | 6 de abril de 2009 a las 10:25

Después de diecinueve años mandando en Andalucía, Manuel Chaves regresa al sitio de donde vino: a la política nacional, ahora como vicepresidente del Gobierno. Zapatero ha querido darle peso político a un gobierno anoréxico, devorado por la crisis y por su propia inconsistencia. Al mismo tiempo, se empieza a solventar la sucesión de Chaves en la Junta, que era un conflicto pendiente entre ambos. El sucesor aquí será José Antonio Griñán, amigo íntimo de Chaves y político solvente, aunque no supone precisamente una renovación (tiene unos meses menos que Manuel Chaves). De eso trata mi columna de hoy.

Preguntas. ¿Servirá de algo que Chaves acuda al Gobierno? ¿Se va Chaves porque sabía que iba a perder las elecciones en Andalucía? ¿Griñán es mejor para la Junta que María del Mar Moreno?

No creen a Zapatero

José Aguilar | 28 de enero de 2009 a las 13:02

¿QUÉ hacemos ante las promesas electorales? Ya saben el consejo de los cínicos: las promesas electorales sólo obligan a quienes se las creen. Habría, pues, que vacunarse frente a ellas simplemente mediante el descreimiento. No tomárselas en serio. Si uno no se encanta con lo prometido no tendrá razones para desencantarse.

El lunes, en lo de Milá (el bueno, no la hermana), Zapatero proporcionó a la audiencia una nueva salida, basada en la escolástica. Consistió en aplicar la distinción entre compromiso electoral y objetivo. El compromiso del pleno empleo no era tal compromiso, sino un objetivo a lograr durante la legislatura. ¿Lograr el pleno empleo y, además, un pleno empleo de calidad, nada de precariedades y subtrabajos? Se siente, era un objetivo, no un compromiso.

Por lo tanto, y seguimos con la argumentación televisiva de ZP, no se le pueden exigir responsabilidades al presidente por el hecho de que se haya producido lo contrario de lo que él fijó como objetivo (en lugar de pleno empleo, la mayor destrucción de empleo en muchos años). Sobre todo, si se presenta la peor crisis financiera mundial desde la posguerra y se asegura con rotundidad que su origen se encuentra en Estados Unidos, gobernado por Bush y dominado por la avaricia de unos pocos aventureros.

Lo que no explicó Zapatero -ni habría explicado Rajoy en su mismo lugar- es por qué la situación de España, en empleo y en otros parámetros, es peor que la de los países de su entorno. Algo han tenido que ver su gobierno, el de ahora y el de los cuatro años anteriores, y los gobiernos que los precedieron, en la perpetuación de un modelo de crecimiento que se reveló sustentado sobre pies de barro. Seguramente los gobernantes tienen la obligación de moderar la euforia de los gobernados y arrostrar la impopularidad de decirles que no se sostiene un sector que construye 700.000 viviendas al año, que para competir en el mundo necesitamos menos fracaso escolar y más innovación o que hay que pensárselo dos veces antes de hipotecarse para toda la vida y dedicar a la vivienda el cuarenta por ciento de los ingresos familiares, ingresos que pocos trabajadores tienen asegurado. Y sólo son tres ejemplos de la fantasía que hemos estado viviendo. Nadie quiso contarnos la amarga verdad, y ahora lo estamos pagando.

Por eso no es extraña la actitud generalizada de la España que representaba a las Españas en el plató de TVE y tenía preparada su pregunta para el presidente. En aquellos hombres y mujeres yo no observé indignación y rabia, sino impotencia, fatalismo y escepticismo. A Zapatero no le creían, sencillamente. No es la mejor disposición de ánimo para levantar un país. Otro problema.