El final de una instrucción con muchos flecos pendientes

Jorge Muñoz | 20 de julio de 2014 a las 5:29

La juez Mercedes Alaya

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados.

Se trata de la noticia más esperada para muchos que siguen al milímetro la agotadora instrucción de los ERE fraudulentos. Casi cuatro años después de iniciada la investigación –las diligencias previas son de principios de 2011–, la juez Mercedes Alaya está a punto de cerrar una de las investigaciones más importantes contra la corrupción que se han desarrollado en la historia andaluza y que ha hecho tambalear al Gobierno autonómico. Es además el caso que ha convertido a la magistrada Alaya en una auténtica juez estrella, digna de competir con sus homólogos de la Audiencia Nacional.
Alaya es actualmente tan conocida como los Ruz, Pedrás o como lo fue en su día el propio Garzón, hoy caído en desgracia para la carrera tras ser condenado a once años de inhabilitación. Alaya comparte ese pódium de popularidad que sólo alcanzan algunos jueces en este país.
La instructora ha realizado una exhaustiva y perserverante investigación, algo que nunca se le podrá reprochar, aunque en determinados momentos se hayan producido más sombras que luces debido a su personalísima manera de instruir o de interrogar a las personas –ya más de 200– que se han tenido que sentar frente a la instructora para responder del uso que se ha dado a unos fondos públicos a través de las ayudas y subvenciones en las que no se respetaron los procedimientos legales, según la tesis que maneja desde el principio la instructora.
La marcha de la causa al Tribunal Supremo supone el final de una instrucción que aún tiene muchos flecos pendientes y que, más tarde o más temprano, tendrá que volver a las manos de Alaya. De hecho, sólo se ha investigado el 5% de los 401 expedientes de ayudas bajo sospecha.
El retorno de la causa se producirá una vez que el Tribunal Supremo decida que hacer con las personas aforadas que han sido señaladas por la instructora como partícipes de un sistema que Alaya considera fraudulento y mediante el cual se han estado concediendo subvenciones para prejubilaciones de trabajadores y ayudas a empresas en crisis durante más de una década.
En el tiempo en que la juez va a estar sin ERE no tendrá tiempo de aburrirse, otras causas como la de los cursos de formación ya se encuentran sobre la mesa de su despacho.


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