El escáner

Jorge Muñoz | 16 de abril de 2017 a las 2:00

ESCANER JUZGADO

El escáner y el arco detector de metales suele ser el primer contacto de los ciudadanos con la Justicia. Son miles los que entran a diario en las sedes judiciales. El pórtico de acceso a un mundo desconocido que, para muchos, causa como mínimo incertidumbre, desazón y hasta en algunos casos una angustia kafkiana similar a la que José Luis López Vázquez mostró magistralmente en su interpretación en La cabina (Antonio Mercero, 1972).

Y el hecho de acceder a esos edificios, muchos todavía lúgubres, provocan un sinfín de situaciones anecdóticas, muchas de las cuales son del todo ciertas, verídicas –como diría aquél maestro del humor–, aunque parezcan en ocasiones increíbles. El desconocimiento, la incertidumbre y los nervios de entrar en ese otro mundo, hacen el resto.
Hace unos años trascendió el caso de una señora mayor que, cuando llegó por primera vez a un juzgado, fue recibida como sucede a diario por los agentes y vigilantes de seguridad que hay en las sedes judiciales. Estos le indicaron a la mujer que pasara “sus cosas” por el escáner. Y la mujer cumplió, vaya si cumplió. Cuando los vigilantes se dieron cuenta, la anciana estaba subida a cuatro patas sobre la cinta transportadora de la máquina y dispuesta para atravesar esas cortinillas de plástico que cubren el acceso a la misma.
–Señora….!!! Usted no…! Son sus pertenencias las que tiene que pasar por el escáner –exclamaron los vigilantes para evitar una desgracia mayor.
Todo quedó en un susto. Eso ocurrió ya hace unos años, cuando los ciudadanos estábamos menos acostumbrados a la presencia de los escáneres. Sin embargo, lo llamativo es que estos aparatos sigan siendo un caldo de cultivo para las situaciones divertidas. Y si no, sigan leyendo.
Hace unos meses, una mujer joven, de unos 20 años, llegó al viejo edificio de los juzgados del Prado de San Sebastián. Mujer joven y con minifalda ceñida. Y con un cinturón metálico, de esos que a simple vista se ve que van a hacer sonar la máquina.
Los vigilantes, como hacen con todos los ciudadanos que llegan a esta sede, le piden que se quite el cinturón antes de pasar por el arco detector de metales. Y es aquí cuando se produce la sorpresa. Sin dar tiempo de reacción a los vigilantes, la chica se desprende de la estrecha y muy corta minifalda –cinturón metálico incluido– y se queda con unas medias ligeras que mostraban toda su ropa interior y el color de la misma. Sin titubear, la joven pone la minifalda en la cinta del escáner y, una vez atravesada, vuelve a ponerse la ropa.
En este caso, la mujer fue tan rápida al quitarse la ropa, que los vigilantes no tuvieron tiempo de indicarle que no era necesario que se desnudara. Cuando estaban explicándole que debía de quitarse el cinturón, la chica ya se había quitado la minifalda a toda prisa. Visto y no visto.
A la chica no le resultó embarazoso quitarse la prenda, lo pasaron peor los vigilantes de los juzgados, entre los que hay hombres y mujeres, que se quedaron con la boca abierta por completo ante la reacción de la joven.
Algo parecido sucedió con otra mujer que llegó a los juzgados para hacer una gestión. En este caso, la sorpresa se produjo al decirle los vigilantes que colocara todos los objetos metálicos que llevara en una bandeja antes de pasar el arco detector. La mujer se dio la vuelta, colocándose de espaldas a los funcionarios y comenzó a manipular su vestido, a la altura del pecho.
Los agentes no sabían qué estaba haciendo la mujer hasta que comprobaron, al darse la vuelta, que se había arrancado literalmente los aros metálicos del sujetador que llevaba y los había puesto sobre la cinta del escáner. ¡Eso sí que es cumplir a rajatabla la orden de quitarse todos los objetos metálicos!
Pero aún hay más. Después de haber presenciado escenas como la descrita anteriormente puede decirse que los vigilantes de seguridad de los órganos judiciales están curados de espanto. O no.
Otra mujer llegó a una sede judicial y la historia parece repetirse. A la primera advertencia de que debe quitarse todos los objetos metálicos que lleve encima, la mujer informa los vigilantes.
–Llevo un DIU –comentó con absoluta normalidad la joven mientras se echaba mano a la portañuela de su pantalón….
–¡No por Dios! ¡No es necesario que muestre nada! Sólo llaves, reloj, etc. –se apresuraron los vigilantes a responder, sabedores por experiencia de que el público es capaz de cualquier cosa cuando se enfrentan al escáner de los juzgados.
Afortunadamente, la chica retiró la mano del pantalón y atendió el requerimiento de los agentes, que ya veían que la cosa podía desmadrarse. Éstas son sólo algunas de las situaciones divertidas que se producen a diario en nuestros juzgados y tribunales, y de la que son testigos directos los propios funcionarios.

 

VISTO PARA SENTENCIA

A vueltas con la procesión de la vagina

*La Audiencia de Sevilla ha reabierto recientemente la causa contra tres mujeres que intervinieron en la procesión de la vagina de plástico. La Sección Tercera de la Audiencia de Sevilla ha revocado el auto de archivo dictado por el juzgado de Instrucción número 10, al estimar el recurso de la asociación de Abogados Cristianos y entender que los hechos que ocurrieron en la manifestación del 1 de mayo de 2014 pueden constituir un delito contra los sentimientos religiosos. El magistrado ponente del recurso, Luis Gonzaga de Oro-Pulido, explica en el auto que no puede descartarse que los hechos integren este delito, porque la conducta de las tres investigadas “se realiza de palabra y con publicidad y, además, constituye un escarnio al dogma de la santidad y la virginidad de la Virgen María (profiriendo frases como ‘La Virgen María también abortaría’, llevando un palio con una imagen, de gran tamaño, del órgano genital femenino, con una especie de mantilla y corona, como si se tratara de la Virgen María, y usando oraciones como el Ave María, con expresiones de contenido sexual, soeces y ofensivas)”. El juez también aprecia una “mofa del rito religioso de las procesiones de Semana Santa; así como una vejación a quienes profesan la religión católica utilizando el Credo con expresiones de contenido sexual, vejatorias y humillantes”. Y todo ello, lleva al tribunal a afirmar que no se puede descartar la “intención de ofender los sentimientos religiosos de los católicos a la vista de la naturaleza y contenido de los actos realizados y a su contenido humillante e hiriente que hace difícil que no concurra ese ánimo de ofensa”.

Las sobrecomisiones, la pieza más numerosa
*La juez María Núñez Bolaños, que investiga el escándalo de los ERE, ha ampliado a 38 personas el número de imputados en la pieza separada relativa a las sobrecomisiones pagadas en las pólizas con las que se financiaban las ayudas para los trabajadores afectados por los ERE. De esta forma, la pieza de las sobrecomisiones se convierte en la más númerosa de todas las que están bajo investigación, superando incluso la del denominado “procedimiento específico”, en la que están procesadas 25 ex altos cargos, entre ellos los ex presidentes de la Junta Manuel Chaves y José Antonio Griñán. Lo que aún no está claro es si la Audiencia de Sevilla dispone de una sala para albergar a un número de acusados tan elevado o si habrá que buscar una sede provisional en otro edificio.

 


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