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La arriesgada apuesta de Alaya

Jorge Muñoz | 3 de mayo de 2015 a las 6:00

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados de Sevilla

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados de Sevilla

La juez Mercedes Alaya ha demostrado en el último lustro que es una magistrada valiente, que no cede ante las presiones y que, como ella misma afirmó en su día en un auto, es una incansable. Con un pie en la Audiencia de Sevilla, al haber pedido de forma voluntaria una plaza de magistrado, Alaya ha solicitado ahora seguir instruyendo las tres macrocausas que aún siguen abiertas en el juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla: la de los ERE fraudulentos, los cursos de formación y la de los avales y préstamos concedidos por la agencia Idea. La apuesta de Alaya es arriesgada y puede que, en esta ocasión, no se salga con la suya.

La lógica jurídica, que muchas veces ni es jurídica ni lógica, apunta a que lo razonable es que Alaya se quede para acabar la instrucción de los ERE, porque nadie como esta juez tiene actualmente tal conocimiento del voluminoso sumario como para rematarlo y la nueva titular, María Núñez Bolaños, que procede de un juzgado de Familia, necesitaría mucho tiempo para estudiarse esta macrocausa y además actualizar sus conocimientos en materia penal.

En cuanto a las otras causas, la decisión es más compleja porque las mismas están en una fase inicial de una instrucción que puede durar varios años, lo que cuestiona que sea Alaya y no la nueva titular del juzgado la que investigue estos asuntos. Porque no debe olvidarse el derecho al “juez predeterminado por la ley” que establece la Constitución Española en su artículo 24.2.

Si Alaya ya no es titular del juzgado a raíz de su decisión voluntaria –actualmente tiene una prórroga hasta la toma de posesión de María Núñez Bolaños-, su sustituta es la competente para la instrucción, salvo que se alcanzara al acuerdo y el consenso en el reparto de las macrocausas que propugna el presidente del TSJA, Lorenzo del Río, en el acuerdo al que llegó esta semana la Sala de Gobierno del Alto Tribunal andaluz para reforzar el juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla con hasta tres jueces –dos en comisión de servicio con relevación de funciones y un tercero, si fuera necesario, que procedería de los jueces de adscripción territorial-.

La cuestión sobre si Alaya debe seguir o no está dividiendo a los vocales del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), entre los que apuestan por la continuidad de Alaya, el ala conservadora, y los que quieren dejar el juzgado en manos de su nueva titular, los vocales progresistas.

El caso de Pablo Ruz

La polémica no es nueva, ya se repitió hace unos años cuando el entonces vocal del máximo órgano de Gobierno de los jueces y ex presidente de la Audiencia de Sevilla Miguel Carmona debía incorporarse cuando finalizara su mandato a su plaza en el juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional, donde Pablo Ruz llevaba años como juez de refuerzo investigando los casos Gürtel y Bárcenas.

Miguel Carmona recordó entonces que debe respetarse la figura del “juez ordinario predeterminado por la ley”, que en este caso era él una vez finalizara su mandato. Carmona dijo entonces que “sería imperdonable que por una precipitación” no se hicieran las cosas bien y eso diera lugar a posibles nulidades en un asunto de esta magnitud, al tiempo que pidió que se respete el principio del juez predeterminado por la ley y evitar que se pudiera decir que se ha actuado “con frivolidad o que se ha buscado un juez ad hoc“. Al final, Carmona fue nombrado juez de enlace en Reino Unido y Ruz continuó al frente del juzgado hasta la actualidad, cuando volverá a su juzgado de Móstoles al haber sido nombrado un nuevo titular, José de la Mata.

La situación relatada es parecida a la que se está gestando en el juzgado de Alaya. La apuesta de la magistrada de solicitar todas las macrocausas es, por tanto, arriesgada, porque puede ocurrir que el CGPJ o la juez titular no acepten que continúe con todas las investigaciones y mantenerla únicamente al frente de los ERE. Llegado el caso Alaya tendría dos opciones: aceptar quedarse con esa competencia limitada a una macrocausa o renunciar a la comisión de servicio y marcharse a su plaza en la Sección Séptima de la Audiencia de Sevilla. Pero una renuncia de la juez a acabar el caso los ERE la dejaría en una mala situación de cara a la opinión pública, que tanto apoyo a su labor le ha manifestado estos años. Alaya, que en más de una ocasión ha demostrado que siempre va por delante de todo el mundo, seguro que ya ha barajado todas las opciones y sabe lo que debe hacer…

“Guerra” de alto nivel por el control de las macrocausas

Jorge Muñoz | 30 de abril de 2015 a las 6:00

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados de Sevilla

La juez Mercedes Alaya llega a los juzgados de Sevilla.

 

El nombramiento de la nueva titular del juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla, María Núñez Bolaños, en sustitución de la juez Mercedes Alaya ha desatado una auténtica guerra por el control de las macrocausas como los ERE fraudulentos y los cursos de formación. Se trata de una batalla que se libra al más alto nivel, en el seno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), el máximo órgano de Gobierno de los jueces en el que están representadas las distintas sensibilidades políticas.
La decisión de la juez María Núñez de optar exclusivamente a la plaza del juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla –cuando había salido otro concurso para cubrir la vacante del juzgado de Instrucción 17– despertó diversas suspicacias, sobre todo, porque muchos pensaban que esta plaza sería para Álvaro Martín, que refuerza el juzgado de Mercedes Alaya desde hace varios años.
La sorpresa fue mayor cuando el pasado martes, de forma inesperada, el presidente del TSJA, Lorenzo del Río, se sacó de la manga un “ambicioso” plan de refuerzo del juzgado de Alaya, que incluye la creación de dos comisiones de servicio para este juzgado y la posibilidad de incorporar un tercer juez si fuera necesario, con lo que este juzgado podría contar con hasta cuatro magistrados, una vez incorporada la nueva titular.
A partir de ahí, la propuesta del TSJA, que no deja de ser eso, una propuesta hasta que la santifique el CGPJ –que puede introducir modificaciones–, ha generado múltiples planteamientos: desde los que apuntan a que Alaya no seguirá instruyendo las macrocausas hasta los que piensan que sí lo hará. De hecho, ayer se confirmó que la juez va a pedir la comisión de servicio para seguir al frente de las macrocausas, aunque se desconoce si podrá seguir con una o varias, dado que mantener la instrucción de las totalidad de los procesos que tiene abiertos se antoja como una utopía.
Ésa es la guerra que libran actualmente los sectores progresistas y conservador del CGPJ, partidarios los primeros de apartar o limitar la intervención de Alaya en el futuro de las macrocausas, por cuanto la juez tomó una decisión voluntaria al solicitar su destino en la Audiencia, mientras que los segundos apuestan por su continuidad.
Después de más de cuatro años al frente de la causa de los ERE fraudulentos, la “lógica jurídica” impone que Alaya debe continuar, al menos, investigando este macroproceso. Nadie mejor que esta juez está en condiciones de rematar la instrucción, por varias razones entre las que destacan su grado de conocimiento del complejo sumario. Que la nueva titular se haga con los ERE generaría un mayo retraso, porque de entrada necesitaría varios meses para ponerse al día y actualizar sus conocimientos en materia penal, tras una década en un juzgado de Familia.
Cuestión distinta es que Alaya pueda seguir con otras macrocausas, como los cursos de formación, que están en una fase más inicial de la investigación.
En unas semanas la guerra llegará a su fin y dará paso a la paz, cuando se haga la redistribución del trabajo en el juzgado.