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La aparición de Alaya

Jorge Muñoz | 22 de enero de 2017 a las 2:00

Audiencia de Sevilla   Sala del jurado  Comienza el juicio contra Torrijos y otras nueve personas por el fraude en la venta de los suelos de Mercasevilla

Alaya observa desde un coche la entrada de Torrijos en la Audiencia. Foto: Juan Carlos Vázquez.

 

La juez Mercedes Alaya nunca pasa desapercibida, como hemos tenido ocasión de comprobar en múltiples ocasiones. El pasado martes se produjo una anécdota como preludio al inicio del juicio por el supuesto fraude en el concurso para la venta de los terrenos de Mercasevilla, una causa que instruyó la propia Alaya junto a las otras macrocausas. El fotógrafo Juan Carlos Vázquez captó la imagen de arriba. En la misma se observa la llegada del ex portavoz municipal de IUen el Ayuntamiento de Sevilla y uno de los principales imputados en la causa, Antonio Rodrigo Torrijos, acompañado de su abogado.
Pero la curiosidad de la foto está en lo que no se ve a primera vista, porque el reportero hizo la foto en el mismo instante en que la juez Mercedes Alaya llegaba en un vehículo a la Audiencia de Sevilla. Así, puede verse a la magistrada sentada en el asiento de atrás del coche, contemplando desde su plano cómo el político que ella sentó en el banquillo de los acusados era fotografiado cuando acudía a la primera sesión del juicio. Una auténtica aparición de la juez estrella.
La anécdota no se quedó ahí, porque tan sólo unos minutos después, Mercedes Alaya y el investigado Antonio Rodrigo Torrijos compartían ascensor para subir, la primera, hasta la Sección Séptima de la Audiencia de Sevilla donde está destinada, mientras que el político de IUse dirigía a la segunda planta del edificio, donde se celebra el juicio. En el ascensor no hubo conversación alguna, más allá de un protocolario y educado saludo.
La curiosa aparición de Alaya parecía anticipar lo que iba a ocurrir tan sólo unos minutos después, cuando la instrucción realizada por la juez comenzó a aglutinar los reproches y las críticas de las defensas de los diez imputados por el caso de la venta de los suelos de Mercasevilla a la hora de plantear las cuestiones previas en el juicio.
Es curioso también, todo hay que decirlo, que a Alaya le lluevan las críticas de las defensas a toro pasado, cuando ya no instruye las macrocausas ni puede tener ninguna intervención en el resultado del juicio. ¡Esos cojones, en Despeñaperros!, como dijo Caracol el del Bulto a la locomotora de vapor que silbó a su llegada a la estación de Atocha.
El primero que cargó contra la instrucción de Alaya fue el propio Antonio Rodrigo Torrijos, cuya defensa planteó que este juicio es “cosa juzgada” porque otro juzgado antes que Alaya había investigado una denuncia por los mismos hechos que fue archivada y ese archivo a su vez confirmado por la Audiencia de Sevilla.
La defensa del ex director general de Mercasevilla Fernando Mellet, a quien Alaya también procesó en varias causas, fue de las más activas a la hora de atacar a la juez, al criticar la “ausencia de imparcialidad”, o lo que es lo mismo, la supuesta parcialidad, de la instructora por no haberse abstenido de esta investigación cuando su marido, el auditor de cuentas Jorge Castro, había auditado las cuentas de Mercasevilla años atrás y según Mellet tuvo que despedirlo a raíz de las irregularidades detectadas en las cuentas.
Otra defensa, la del ex concejal del PSOEen el Ayuntamiento de Sevilla Gonzalo Crespo, calificó de “sorprendente” su imputación, que se produjo porque Alaya “aprovechó” que otro investigado había solicitado su declaración como testigo para imputarlo en el caso.
Tras los reproches de las defensas, Alaya encontró un defensor en la Fiscalía, la acusación pública con la que había mantenido numerosos y en ocasiones bruscos rifirrafes con motivo de la instrucción de las distintas macrocausas. El fiscal avaló sin matices la actuación de Alaya y su competencia para investigar el caso Mercasevilla.
No fueron las únicas críticas que recibió Alaya esta semana. La magistrada recibió un varapalo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), que decidió revocar la condena de seis meses de prisión que impuso a la ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso por el cohecho del bolso de Loewe, el regalo que recibió antes de votar a favor de una moción de censura. El Alto Tribunal declaró prescrito el delito de cohecho que apreció Alaya en su primera sentencia dictada como presidenta de un tribunal del jurado. El tribunal consideró “inasumible” el argumento de Alaya a la hora de condenar a la ex regidora.

 

VISTO PARA SENTENCIA

 

El final de la ‘loewe story’ de Bormujos

*El TSJA absolvió finalmente a la ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso (PP), tras la dura sentencia dictada en su día por la juez Alaya, que acusó a la ex regidora de haber tenido una “motivación bastarda” a la hora de votar a favor de la moción de censura que devolvió la alcaldía al independiente Baldomero Gaviño. Alaya dijo entonces que Hermoso actuó por intereses personales, porque le habían prometido un cargo en el nuevo gobierno local y eso le iba a reportar unos ingresos. Vamos, como ocurre en cualquier moción de censura. La verdad es que el TSJA ha tirado por la calle de en medio en este caso, porque a pesar de todos los testigos que declararon en el juicio coincidieron en que el bolso de Loewe fue un regalo “amoroso” del empresario Jesús Calvo Soria, con el que Ana Hermoso había iniciado una relación, los magistrados han optado por mantener que la dádiva y el cohecho existió, aunque al final consideran que está prescrito. 

El TSJA ha rechazado de forma elegante las tesis de Alaya, al poner de manifiesto que aunque la ex alcaldesa buscara una preeminencia en el ámbito político de la localidad y un sueldo al votar a favor, ese acto no puede calificarse como injusto o contrario a derecho, porque “de no haber existido dádiva, no habría existido caso”. Si no, serían ilegales el 99,99% de las mociones de censura que se celebran en los ayuntamientos.

Y aunque el TSJA haya declarado probado que el regalo fue por apoyar la moción de censura, no fruto de esa relación amorosa, lo cierto es que este planteamiento sigue generando muchas dudas. ¿Realmente una concejal sería capaz de dejarse comprar por un bolso tasado en 120 euros? Por cierto, que es la segunda vez que el TSJA le da un varapalo a Alaya con este caso, ya que anteriormente declaró nulas las grabaciones realizadas a la ex alcaldesa y en las que supuestamente reconocía el soborno.

El amor en tiempos de política

Jorge Muñoz | 3 de julio de 2016 a las 5:00

COMIENZA JUICIO CONTRA EXALCALDESA DE BORMUJOS ANA HERMOSO

Ha sido sin duda y por varios motivos el juicio de la temporada en Sevilla, del año judicial que está a punto de cerrarse. La ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso (PP) se ha sentado el banquillo de los acusado para responder de un cargo de cohecho, por haber aceptado supuestamente un bolso de Loewe a cambio de dar su voto a una moción de censura presentada en enero de 2005.
A lo largo de dos días, la propia ex alcaldesa ha reiterado su versión de los hechos, que en estas páginas hemos calificado como la Loewe story, y que básicamente consiste en defender que el regalo era ajeno a la moción de censura y se enmarca en la relación amorosa que en aquella época Ana Hermoso mantenía con el empresario Jesús Calvo Soria, imputado en la trama Gürtel. Hermoso y Calvo sitúan el inicio de ese romance dos años antes de la moción de censura, en concreto, en el año 2003, cuando Calvo se trasladó a la localidad sevillana para hacer unos sondeos y catas electorales con motivo de las elecciones municipales. Y del contacto, del roce, surgió el amor, el amor en los tiempos de política, un amor que Ana Hermoso confesó que “le ha salido muy caro”, tanto desde el punto de vista personal, como profesional, al afectar a su carrera política.
Como reconoció el propio fiscal del caso, el empresario es “una mina” como testigo para la defensa, tanto que el fiscal confesó que le habría gustado tenerlo como testigo de cargo. Su desparpajo a la hora de explicar ante el jurado cómo inició y mantuvo una “relación discreta” con Ana Hermoso, que por entonces seguía casada, quedó patente cuando le preguntó al representante del Ministerio Público si él había mantenido “relaciones discretas”.
La causa contra la ex alcaldesa no sólo se ha desmontado por el testimonio de Jesús Calvo y el de los otros testigos que han comparecido en la vista oral, incluido Eusebio Gaviño, el empresario condenado por el cohecho del caso Camas, el intento de comprar la voluntad de otra edil de esta localidad para que votara a favor de determinados proyectos urbanísticos. Gaviño, que es el artífice de la grabación de la conversación en la que Ana Hermoso admitía que el bolso fue una dádiva por su apoyo a la moción de censura, se retractó en la vista oral al corroborar la versión de que fue un regalo amoroso. En la fase de instrucción había dicho que el regalo fue “un premio” por el apoyo político a la moción que devolvió la alcaldía a su primo Baldomero Gaviño.
El juicio de Hermoso se desinfló hace unos meses, cuando el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) decidió, a instancias de su defensa, expulsar del procedimiento la grabación al entender que se había vulnerado su derecho a no declarar contra sí misma, por cuanto la grabación se había realizado de forma subrepticia. Ahí se acabó el caso Bormujos.
¿Y qué pruebas tiene que valorar el jurado? Básicamente los testimonios que se han rendido en el juicio, donde no hay ningún testigo que haya sido capaz de contradecir la versión de la ex alcaldesa.
La Fiscalía, que mantuvo la petición de condena de un año de cárcel para Ana Hermoso, planteó a los nueve miembros del jurado popular que deberán valorar a la hora de emitir su veredicto si la acusada optó por la teoría del regalo amoroso al tener que elegir entre “admitir un delito o admitir una infidelidad en un matrimonio que estaba roto”.
El jurado, que no es experto en derecho, tiene que aplicar sobre todo el sentido común a la hora de enjuiciar el caso. Y aquí es donde se plantean ciertas dudas que favorecen a Ana Hermoso. ¿Alguien se dejaría sobornar por un bolso que, aunque sea de marca, está valorado en sólo 180 euros? En la respuesta que se dé a esta cuestión está la clave del proceso. Una de dos: o el regalo que el empresario hizo a Ana Hermoso era sólo la anécdota, la punta del iceberg, o habría que dar crédito a la teoría de la Loewe story porque realmente es muy difícil pensar que una concejal puede aceptar un simple bolso como soborno, sin que haya por medio mayores recompensas…
Este caso guarda muchos paralelismos con el denominado caso de los trajes, por el que fue juzgado el ex presidente de la Generalitat valenciana Francisco Camps, finalmente absuelto por el jurado en una sentencia luego confirmada por el Tribunal Supremo. Camps y el ex secretario general del PP valenciano Ricardo Costa fueron acusados de un delito de cohecho impropio, por haber aceptado supuestamente regalos de la trama Gürtel mientras la red lograba contratos a dedo por cerca de ocho millones de euros.
La juez Mercedes Alaya, que preside el jurado, planteará mañana el objeto del veredicto, las preguntas a las que deberán dar respuesta los ciudadanos para llegar determinar la inocencia o culpabilidad de Ana Hermoso. Sólo queda escuchar a la Justicia del pueblo.

 

VISTO PARA SENTENCIA

 

La edil procesada de Participa Sevilla

*El juez José Ignacio Vilaplana, que refuerza el juzgado de los ERE, ha procesado esta semana a la concejal de Participa Sevilla Cristina Honorato por la ocupación de una sucursal del banco de Santander en la Campana. La edil reaccionó al auto del magistrado con cierto orgullo podemita, al afirmar que “no es igual estar acusada por robar que por defender los derechos” de los ciudadanos. Evidentemente, son cuestiones distintas. Pero el procesamiento de la concejal tampoco es para sacar pecho y colgarse una medalla. No olvidemos que el juez atribuye a la concejal y a los otros 11 acusados por participar en el asalto delitos de desórdenes públicos y desobediencia a la autoridad, pero lo más grave es el relato de los hechos que recoge el auto, que el propio juez califica como una “constante actitud de acoso, hostigamiento y provocación” hacia el vigilante de seguridad y los empleados del banco, trabajadores al fin y al cabo. No parece adecuado ni propio de un miembro de la corporación participar en unos hechos presuntamente delictivos como los que describe el instructor. El juez sostiene que además de proferir numerosos insultos y reproches a los empleados del banco, se pusieron a comer en el suelo de la sucursal, dejando tirados “los desperdicios y las basuras”. De la misma forma, cuando la Policía les instó a abandonar el banco, se negaron, lo que obligó al desalojo por la fuerza del local. Lo dicho, no parece un buen ejemplo para un miembro de la corporación.

La juez alaya sigue dando titulares

*Alaya sigue manejando perfectamente los tiempos informativos, aunque ya no controle las macrocausas. La juez aprovechó que presidía el jurado que enjuiciaba a Ana Hermoso para pedir a los legisladores que excluyan de la competencia del jurado popular el delito de cohecho, dado que se trata de delitos muy complejos y técnicos, que hacen que sea muy difícil de comprender a personas legas en Derecho. No le falta razón a la magistrada visto lo visto.

Alaya volvió a brillar

Jorge Muñoz | 30 de junio de 2016 a las 5:00

 

COMIENZA JUICIO CONTRA EXALCALDESA DE BORMUJOS ANA HERMOSO

Tengo que reconocer que Alaya volvió a brillar en su estreno ayer en el juicio por la Loewe story, el caso del presunto cohecho que según la ex alcaldesa de Bormujos no es más que una historia de amor, la de una relación llevada en secreto y en la que recibió como regalo de su pareja un bolso de marca. La juez Mercedes Alaya, la instructora implacable, se estrenó como presidenta de un tribunal del jurado popular, en el que nueve ciudadanos deben emitir un veredicto de inocencia o de culpabilidad.

La verdad es que Alaya no defraudó. Es más, la juez gustó y mucho, como los buenos toreros cuando saben que están realizando una faena magistral y cuentan con el beneplácito de la plaza. La juez destacó por su forma de dirigir el interrogatorio de la acusada y de los principales testigos de este caso que, por cierto, se fue desinflando conforme pasaban los minutos.
En el ambiente se palpaba que la magistrada se sentía bastante cómoda dirigiendo el juicio, a tenor de cómo intervenía la propia juez y las preguntas que hacía. Alaya mantuvo la iniciativa y se mostró muy participativa, quizás rememorando su etapa como instructora, en la que debía interrogar a muchos imputados en las distintas macrocausas que investigó. No faltaron momentos de tensión, como cuando declaró impertinentes las preguntas del fiscal y la acusación del PSOE, que querían introducir en el interrogatorio la grabación de la conversación que el TSJA declaró nula y por tanto expulsada del procedimiento, lo que implicaba que dicha conversación no podía ser escuchada por los miembros del jurado. Paradójico resultaba que Alaya, que en su día admitió esta prueba de cargo –la principal que había contra Ana Hermoso–, tuviera que recordarles a las partes que no podían preguntar sobre este extremo, al menos si lo hacían directamente, proponiendo a las partes que plantearan la cuestión de forma genérica.
Al final fue la propia juez la que preguntó a la ex regidora si en alguna ocasión reconoció al empresario Gaviño –sin mencionar dicha escucha– que el bolso lo recibió como compensación por su apoyo a la moción de censura.
A Alaya no le faltó la contundencia de la que hacía gala en su juzgado, como cuando le recordó a la acusada que fue su propia defensa la que introdujo en la causa aspectos de su vida privada, ni tampoco la ironía, como cuando le dijo al empresario Jesús Calvo Soria que si era una persona tan “discreta” como había dicho por qué entregó el bolso en una cena en la que había al menos otras cuatro personas.
El estreno de Mercedes Alaya como presidenta de un jurado estuvo a la altura de las expectativas. Les adelanto que la juez dará muchas buenas tardes en la plaza de la Audiencia de Sevilla.

Alaya se estrena en el tribunal ciudadano

Jorge Muñoz | 27 de junio de 2016 a las 5:00

CONFERENCIA MERCEDES ALAYALa hemos visto hace unos meses formando parte de un juicio en la Sección Séptima de la Audiencia, el de la estafa piramidal de Contsa, pero hasta ahora no la habíamos visto presidiendo un jurado popular.

La juez Mercedes Alaya tomará el próximo martes las riendas del proceso que se sigue contra Ana Hermoso, la Loewe story, si damos por buena la historia de amor que la ex alcaldesa sostiene como alegato principal de su defensa.

La presencia de Alaya como presidenta del tribunal del jurado añade un plus de interés a un caso ya de por sí relevante, máxime si se tiene en cuenta que la magistrada se ha convertido en los últimos años en el estandarte de la lucha judicial contra la corrupción en Andalucía.

Hasta ahora sólo hemos conocido a la juez Alaya en su faceta de instructora, a través de los vehementes interrogatorios a los que sometía a los imputados del caso de los ERE fraudulentos y de las otras macrocausas, pero no la habíamos visto presidiendo un jurado popular.

Alaya, como juez instructora, celebró muchos juicios de faltas, algunos de ellos conflictivos, como el que tuvo lugar en el año 2002, cuando absolvió a un grupo de taxistas que habían sido jugados por insultar al entonces delegado de Tráfico, Blas Ballesteros.

Alaya, que en aquellas fechas era una juez más de las 20 que hay en Sevilla y no era conocida más allá de los ambientes jurídicos, absolvió entonces a todos los acusados, dictando una sentencia in voce que provocó un sonoro aplauso de los numerosos taxistas que asistieron para apoyar a sus compañeros. Esta semana volveremos a verla en acción, ante un jurado.

Alaya y la ‘Loewe story’

Jorge Muñoz | 3 de diciembre de 2015 a las 6:00

La juez Mercedes Alaya, en el tribunal del caso Contsa.

La juez Mercedes Alaya, en el tribunal del caso Contsa.

Si el juicio contra la ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso (PP) por el presunto soborno del bolso de Loewe era ya de por sí interesante por la materia de que trata –una regidora acusada de cohecho que alega en su defensa una historia de amor, la loewe story–, acaba de subir su expectación al conocerse que la implacable Mercedes Alaya será la juez que presidirá este juicio. No es la primera vez que Alaya, ahora destinada como magistrada en la Sección Séptima de la Audiencia de Sevilla, entra en juicio. La hemos visto, por ejemplo, en el juicio por la estafa de Contsa, pero sí será la primera vez que la magistrada dirige una vista oral de estas características en la Audiencia de Sevilla.

Hace ya muchos años, en concreto en 2002, este reportero de tribunales tuvo la oportunidad de presenciar a Alaya en acción, dirigiendo un juicio, aunque en aquellas fechas la magistrada no tenía la popularidad de hoy. Era una juez de Instrucción más de los 20 que hay en Sevilla, aunque ya apuntaba maneras. En aquel juicio de faltas, se sentaban en el banquillo de los acusados siete taxistas, algunos de ellos dirigentes de alguna asociación del gremio, imputados por haber insultado al entonces delegado de Tráfico, Blas Ballesteros (PSOE), con aquella raya de tiza que dibujaron en el suelo. La sala estaba abarrotada de compañeros de los taxistas acusados, muchos de ellos incluso de pie, y Alaya ya demostró entonces su capacidad para dirigir un juicio que podía resultar conflictivo por momentos, como cuando declaró el concejal Ballesteros, en medio de la hostilidad de muchos de los asistentes. Alaya resolvió aquel juicio dictando una sentencia ‘in voce’, en la que absolvió a los siete acusados en medio de un sonoro aplauso de los asistentes. Un primer reconocimiento generalizado de la más grande, que luego alcanzaría fama a nivel nacional con el escándalo de los ERE y las otras macrocausas.

ANA HERMOSO, ALCALDESA DE BORMUJOS

La ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso.

Cuando se fije el juicio contra la ex alcaldesa de Bormujos, que podría celebrarse en los primeros meses de 2016, veremos de nuevo a Alaya en el estrado. Su fama le precede. Atrás quedan las duras críticas de los abogados defensores en las macrocausas por los vehementes interrogatorios de la instructora a los imputados, lo que acabó convirtiendo el paseíllo de los imputados en una versión española de la omertá, la ley del silencio. Todos los imputados se acogían, uno tras otro, a su derecho a no declarar ante la juez Alaya, lo que permitía que la magistrada pudiera citar un mismo día a una decena de imputados, separando las comparecencias con sólo treinta minutos entre una y otra. La cosa ha cambiado con la nueva titular, María Núñez Bolaños, que ha realizado cambios en los interrogatorios, al acceder a su grabación. Ahora no hay ningún imputado que se niegue a declarar. Es más piden declarar voluntariamente.
De todas formas, la intervención del juez en un juicio con jurado está muy medida. Aún así, seguro que la vista oral será una buena oportunidad para observar a Alaya en plena acción, dirigiendo el proceso. A quien no le habrá hecho mucha gracia la designación de Alaya seguramente es a la alcaldesa, sobre todo, porque aunque el jurado es el que debe emitir el veredicto de culpabilidad o inocencia, Alaya será la encargada de valorar el veredicto y redactar la sentencia. Y ya sabemos que Alaya tiene buena pluma cuando se trata de casos de presunta corrupción. A sus autos me remito.

Loewe story

Jorge Muñoz | 22 de octubre de 2015 a las 5:00

La ex alcaldesa de Bormujos, Ana Hermoso.

La ex alcaldesa de Bormujos, Ana Hermoso.

Un bolso de marca y una supuesta historia de amor. Elementos que parecen extraídos de una película romántica (recuérdese Love Story, de Arthur Hiller en 1970) pero que serán sometidos en los próximos meses a la contundencia de un jurado popular, que tiene un elevadísimo porcentaje de veredictos de culpabilidad.
La cuestión que se planteará a los nueve miembros del jurado parece simple, en principio: si la ex alcaldesa de Bormujos Ana Hermoso se dejó sobornar por un bolso de Loewe, que ha sido tasado en 180 euros.
Otra curiosidad del caso: el juicio podría corresponderle, por turno de reparto, a la magistrada Mercedes Alaya, que está destinada definitivamente en la Sección Séptima de la Audiencia de Sevilla y que, como cualquier magistrado de esta Audiencia, ha entrado en el turno para presidir un jurado.
La Fiscalía y la acusación popular que ejerce el PSOE reclaman un año de prisión para Ana Hermoso porque, sostienen, que la ex regidora recibió ese regalo del empresario Jesús Calvo Soria como un premio o una dádiva a cambio de su voto en la moción de censura que en 2005 arrebató la Alcaldía al PSOE y se la devolvió al independiente Baldomero Gaviño.
Por su parte, Hermoso ha defendido desde el inicio de la investigación que fue un regalo amoroso. Una especie de Loewe story, podría decirse, ya que ese bolso se lo entregó el testaferro de Francisco Correa y uno de los hombres de la trama Gürtel debido a la relación sentimental que ambos mantenían en aquella época.
La cuestión está en si el jurado creerá una u otra versión. Si seguirán el relato de la Fiscalía y el PSOE, o se dejarán llevar por la Loewe story. Este caso guarda muchos paralelismos con el denominado caso de los trajes, que sentó en el banquillo de los acusados al ex presidente de la Generalidad Valenciana Francisco Camps, que fue finalmente absuelto por el jurado en una sentencia que fue confirmada por el Tribunal Supremo. Camps y el ex secretario generla delPP valenciano Ricardo Costa fueron acusados de un delito de cohecho impropio, por haber aceptado supuestamente regalos de la trama Gürtel mientras la red lograba contratos a dedo por importe de ocho millones de euros.
La ex alcaldesa de Bormujos tiene en su contra la grabación que realizó el empresario Eusebio Gaviño, primo de Baldomero y que fue condenado por el denominado caso Camas. En esa grabación, Hermoso habría reconocido que le regalaron el bolso y que un grupo empresarial de Madrid –supuestamente vinculado a la Gürtel– financió la campaña electoral de Baldomero Gaviño.
Ana Hermoso era por entonces concejal del PP y con toda probabilidad, con bolso y sin bolso, habría votado a favor de expulsar al PSOE. La pregunta que deberá responder el jurado no es fácil: ¿Un político dejaría comprar su voluntad por un bolso o habría una mordida mayor, o fue un regalo de amor? Será uno de los jurados más interesantes en Sevilla de los últimos años y si lo celebra Alaya, el azote de la corrupción política, el espectáculo está garantizado.