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Alaya manda y obliga

Jorge Muñoz | 13 de agosto de 2017 a las 2:00

La juez Mercedes Alaya, con la toga, presidiendo un juicio con jurado.

La juez Mercedes Alaya, con la toga, presidiendo un juicio con jurado.

La juez Mercedes Alaya, otrora instructora de las macrocausas como los ERE y los cursos de formación, nunca ha pasado desapercibida. Hace ya más de dos años que ya no ejerce de juez de Instrucción, tras su promoción como juez de la Audiencia de Sevilla y su expulsión de las macrocausas por el desencuentro con la nueva titular del juzgado de Instrucción número 6, María Núñez Bolaños.
En este tiempo, Alaya se ha adaptado a su nueva situación como magistrada de la Sección Séptima de la Audiencia Provincial, por cierto, el mismo tribunal cuyos magistrados se mostraron reacios en su día a su incorporación y mostraron su “profunda preocupación” por la “imagen” que podía darse de la Administración de Justicia dado que esta Sala es la encargada de resolver todos los recursos de los ERE.
Alaya está ahora integrada en ese mismo tribunal y entre sus nuevos cometidos está la labor de revisar la actuación de sus antiguos compañeros de instrucción, de los autos que dictan estos jueces archivando causas o rechazando la práctica de diligencias, por ejemplo.
Uno de los primeros asuntos que le fueron encomendados como ponente fue el de la mina de Aznalcóllar, donde Alaya ordenó reabrir la investigación sobre las presuntas irregularidades en la adjudicación del concurso público a Minorbis.
Es en esta nueva faceta donde Alaya, cuando actúa como ponente de un asunto y por tanto es la encargada de la redacción de la resolución, está provocando un auténtico malestar entre algunos de estos jueces de Instrucción, que afean –en privado, claro– las formas que la magistrada utiliza a la hora de redactar esas resoluciones en las que expresa el sentido de la Sala. Alaya no sólo ordena que se hagan determinadas diligencias, sino que “obliga” a los jueces a que las hagan. Y es que el verbo tiene su importancia, mucha más a veces que el propio fondo del asunto. Un ejemplo. A Alaya le había correspondido resolver un asunto concreto, en el que además de la declaración de causa compleja –lo que supone la ampliación de la investigación por otros 18 meses–, se había cuestionado por una de las partes la práctica de algunas diligencias de prueba, que en su momento el juez de instrucción había desestimado.
Entre las pruebas solicitadas se encontraba la realización de un informe pericial económica. Alaya respondió de la siguiente forma, según puede leerse en el auto del que ha sido ponente: “Ya no se sugiere por esta Sala, sino que se obliga a su práctica al no haberse realizado en el momento oportuno dos años antes”.
Expresiones como ésta, con una imperativa contundencia que aparentemente resulta innecesaria, son las que han generado cierto malestar y crispación entre algunos de los jueces de Instrucción de Sevilla. Y es que, hasta para mandar, dirigir u ordenar hace falta saber y tener tacto, mucho tacto, sobre todo con quienes antes han sido tus iguales y que no han dejan de ser compañeros, con independencia del órgano en el que ahora estén unos y otros.