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Un experto manipulador

Jorge Muñoz | 2 de julio de 2014 a las 5:00

Miguel Carcaño, asesino confeso de Marta del CastilloCarcaño ha aprendido mucho sobre la Justicia en los cinco años que lleva a la sombra. ¿Alguien realmente pensaba que en su declaración de ayer iba a reconocer ante el juez el nuevo delito contra la integridad moral que se le imputa? Creo que nadie. Después de ocho versiones distintas del crimen y de marear a la Policía durante años, Carcaño ha demostrado que es un experto en el arte de la manipulación. Primero estaba dispuesto a colaborar con la Justicia para recuperar el cuerpo de Marta, en febrero del año pasado, y un año después le pide al juez que le dejen tranquilo.
Y lo más probable es que en esta ocasión consiga el archivo de la causa por el nuevo delito contra la integridad moral que ahora se le imputa. Lo tiene todo a su favor. Su declaración de ayer fue muy hábil: Carcaño ratifica la última versión que ha dado oficialmente, la que implica a su hermano en el crimen y en la que asegura que el cuerpo está enterrado en la finca Majaloba de La Rinconada, donde se ha buscado hasta la saciedad. Esta declaración está documentada por escrito gracias al testimonio que prestó en la cárcel de Morón de la Frontera, en presencia de los policías que investigan el caso y de sus abogadas defensoras.
Pero ahora no puede decirse lo mismo de la versión de la escombrera de Camas, cuya búsqueda se inició tras el positivo que Carcaño dio al someterse de forma voluntaria a la prueba del Potencial Evocado Cognitivo (PEC), P-300 o test de la verdad. Los mismos policías que actuaron con tanta diligencia a la hora de documentar la versión de Majaloba, no hicieron lo mismo con la escombrera. En esta ocasión, los agentes llevaron al joven a esta zona de Camas y Carcaño reconoció verbalmente a los investigadores que, efectivamente, los restos de Marta estaban enterrados en esta zona próxima al lugar dónde residía la que entonces era su novia.
No hay ninguna declaración por escrito ni se ha realizado en presencia de las letradas de Carcaño, con lo que por mucho que los investigadores puedan afirmar en un atestado la veracidad de esa confesión, de la que nadie duda que tuvo lugar, lo cierto es que esas manifestaciones de Carcaño no se podrán acreditar con la certeza que requiere la Justicia para considerarle culpable del delito contra la integridad moral.
Carcaño vuelve a beneficiarse, una vez más, de que las cosas no se hagan como debieran.