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Ortega Cano en prisión

Jorge Muñoz | 24 de abril de 2014 a las 6:19

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El torero José Ortega Cano, ayer en la cárcel de Zuera (Zaragoza)

Lo que he aprendido en muchos años cerca de los tribunales es que la Justicia es lenta, pero más tarde o más temprano, acaba cumpliéndose. El torero José Ortega Cano ingresó ayer, in extremis, en la cárcel de Zuera (Zaragoza), para cumplir la condena de dos años y medio de cárcel que le fue impuesta por el accidente de tráfico que tuvo lugar el 28 de mayo de 2011 y en el que murió el vecino de Castilblanco Carlos Parra Castillo.

El torero apuró hasta el último día que le había concedido el juzgado de lo Penal número 6 de Sevilla para entrar de forma voluntaria en prisión y lo hizo después de haber intentado en los últimos cuatro meses evitar la imagen de ayer, de un torero abatido y resignado a cumplir su condena, a pagar por su error.

Su abogado, Enrique Trebolle, le acompañaba en estos duros momentos. Es quizás una de las partes más amargas de la labor que realiza un letrado, pero como recordó la juez al rechazar uno de los recursos del torero “las sentencias están para ser cumplidas”. Ningún sentido tiene que haya una condena y el fallo no se ejecute en forma legal, porque los jueces están para juzgar y hacer ejecutar lo juzgado.

Ortega Cano ha ingresado en la lista de personajes famosos que, tras cometer un error, han acabado en prisión por sus propios errores. No hace falta dar nombres porque algunos ya han cumplido su pena y son hombres completamente libres, han saldado su deuda con la sociedad. Y para Ortega Cano también llegará ese día. Creo que el torero no estará, como mucho, más de un año en prisión, pero su ejemplo servirá para que muchas personas se lo piensen antes de subirse a un vehículo en estado de embriaguez, circunstancia que ha declarado probada en el caso del diestro la Audiencia de Sevilla, aunque todavía queda por ver qué hará el Tribunal Constitucional con la prueba de alcoholemia donde la juez que inicialmente enjuició el caso apreció una ruptura de la cadena de custodia.

Ortega Cano saldrá pronto de la cárcel y podrá rehacer su vida con normalidad, algo que no podrá hacer ya nunca la familia de Carlos Parra. Y  esto no es una frase hecha, es la pura realidad…

Ortega Cano en la cuerda floja

Jorge Muñoz | 23 de enero de 2014 a las 7:00

El torero José Ortega Cano vuelve a estar hoy en la cuerda floja. La juez de lo Penal número 6 de Sevilla ha citado este mediodía a los abogados personados en la causa contra el torero José Ortega Cano para dar a conocer su decisión sobre si suspende el ingreso en prisión del torero, como había solicitado su defensa, mientras se tramita el indulto que ha solicitado y el recurso de amparo ante el Constitucional.

Todo apunta a que la juez va a rechazar la petición de suspensión, sobre todo si se tiene en cuenta el planteamiento de la Fiscalía, que se ha opuesto a la suspensión, y el de la acusación particular que ejerce la familia de Carlos Parra, el vecino de Castilblanco de los Arroyos que perdió la vida en el accidente del 28 de mayo de 2011.

Pero que la juez no acceda a suspender la ejecución de la pena no implica que Ortega Cano vaya a ser encarcelado ahora, pero sí supone un paso más que le aproxima a la cárcel. Ortega Cano podrá recurrir en todo caso la denegación de la suspensión ante la Audiencia de Sevilla, lo que sin duda retrasará durante algún tiempo más su ingreso en prisión.

 

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Ortega Cano fue condenado inicialmente a dos años y medio de cárcel por los delitos de conducción temeraria y homicidio imprudente, y en diciembre pasado la Audiencia de Sevilla le condenó además por un tercer delito contra la Seguridad Vial, de conducción bajo los efectos del alcohol, aunque no incrementó la pena de prisión impuesta.

Al tratarse de una pena superior a los dos años, Ortega Cano debe ir a prisión, salvo que el Tribunal Constitucional decidiera suspender esa entrada en prisión mientras resuelve el recurso de amparo presentado por su defensa, que quiere que se anule la prueba de alcoholemia realizada sobre una muestra de sangre con fines terapéuticos -la sangre fue extraída a su ingreso en el hospital, cuando se hallaba inconsciente y gravemente herido-. Esta prueba, que arrojó una tasa de 1,26 miligramos de alcohol por litro de sangre -casi el triple de lo permitido-fue inicialmente anulada por la juez de lo Penal que enjuició el caso, que consideró que se había roto la “cadena de custodia” de la muestra, pero la Audiencia le dio plena validez al entender que se respetó dicha cadena, todo ello a pesar de que ni siquiera oyó a los testigos -el sanitario que extrajo la muestra y el celador que trasladó la muestra- que había propuesto la Fiscalía para tratar de acreditar la validez de la muestra.

Los argumentos de la defensa no son baladíes, por lo que el Constitucional todavía puede hacer variar el fallo de la Audiencia. El caso Ortega Cano sigue, por tanto, abierto.

Orteguita y Ortega

Jorge Muñoz | 31 de diciembre de 2013 a las 12:22

José Fernando con su padreEl torero José Ortega Cano conoció que la Audiencia de Sevilla había confirmado su condena por el accidente de Castilblanco cuando su hijo José Fernando, conocido entre sus amigos como Orteguita, llevaba ya varias semanas en prisión, acusado de un robo con violencia y una agresión a un joven a la salida de un club de alterne. Ambas historias son completamente diferentes pero se unen por sus protagonistas, padre e hijo. Los hechos son los que son y ambos pueden acabar en prisión, si no prospera el recurso de amparo que el abogado de Ortega Cano va a presentar ante el Tribunal Constitucional o la petición de indulto al Gobierno que la pasada semana ha sido formalizada. Difícil resulta que el Gobierno conceda esta medida de gracia cuando la Audiencia de Sevilla, aunque no ha subido la condena a Ortega Cano de los dos años y medio de cárcel, sí que la ha endurecido a efectos de posibles beneficios: El tribunal ha condenado al torero por un delito más -ya son tres los delitos de los que ha sido hallado culpable-, conducir embriagado, con una tasa casi el triple de lo permitido, por lo que ese indulto echaría por tierra todas las campañas de Tráfico que recuerdan a los conductores que no se puede conducir bajo los efectos del alcohol, porque las consecuencias pueden ser trágicas, con la pérdida de vidas como en este caso.

Con independencia del futuro carcelario o no que pueda tener el torero, lo que parece a todas luces de mal gusto es que trate de mezclarse su caso con el de su hijo José Fernando. Esto es lo que ha ocurrido en el proceso que se sigue contra el hijo, en el que el abogado de la acusación particular no ha dudo en recordar el “incierto horizonte penitenciario que se cierne” sobre José Ortega Cano, para tratar de combatir una de las alegaciones de la defensa sobre el arraigo familiar para solicitar la puesta en libertad del joven, encarcelado desde el pasado 14 de noviembre. Es como nombrar la soga en casa del ahorcado.

Lo cierto es que la acusación ha podido actuar de esta forma como revancha después de que la defensa haya aportado a la causa documentos relativos a otro proceso penal que se sigue contra el joven al que agredió José Fernando por haber conducido bajo los efectos del alcohol y saltarse un control policial, lo que provocó una espectacular persecución en la que colisionó con varios patrulleros de la Policía Nacional. La defensa del hijo del torero entregó esta documentación para tratar de acreditar que la víctima no es la persona tan indefensa como se habría presentado supuestamente en sus declaraciones ante la juez. La acusación ha anunciado que va a presentar una denuncia incluso ante la Agencia de Protección de Datos por haber incorporado esa información a un proceso distinto y por la forma en la que habría sido obtenida, cuya ética cuestiona el letrado.

Una cosa no quita la otra. Lo cierto es que a estas alturas parece que se trata de una guerra entre letrados y ya se sabe lo que dicen: que en la guerra vale todo. O no.

Ortega Cano, embriagado

Jorge Muñoz | 14 de diciembre de 2013 a las 9:44

Desde ayer ya se puede decir, con la misma firmeza que la sentencia de la Audiencia de Sevilla, que el torero José Ortega Cano conducía embriagado cuando se produjo el fatídico accidente que acabó con la vida del vecino de Castilblanco de los Arroyos Carlos Parra Castillo la noche del 28 de mayo de 2011. Quizás pueda ser para lo único que sirva la nueva sentencia que ha condenado al torero por otro delito contra la Seguridad Vial, por conducir bajo los efectos del alcohol, pero que, por las paradojas jurídicas, no lleva aparejado un aumento de la condena de dos años, seis meses y un día que estableció la juez de lo Penal número 6 de Sevilla.

Cuando se dictó la primera sentencia, en marzo pasado, los abogados del torero salieron raudos a poner de manifiesto que nadie podía decir que Ortega Cano conducía borracho. Un día después de que la Audiencia de Sevilla se haya pronunciado sobre el asunto, la realidad es bien distinta. El tribunal ha otorgado plena validez a la prueba de alcoholemia que arrojó un positivo de 1,26 gramos por litro de alcohol en sangre –una tasa que representa casi el triple de lo permitido–, al estimar que para ello no se vulneró la “cadena de custodia” de la muestra de sangre extraída al diestro a su ingreso en el hospital Virgen Macarena y que en principio sólo tenía una finalidad terapéutica, para hacer las transfusiones que posiblemente le salvaron la vida.

La Audiencia ha opinado que el protocolo sanitario ofrece incluso más garantías de conservación de la muestra que el establecido por la Justicia, ya que, según los jueces, el centro sanitario “ha de adoptar unas prevenciones y garantías aún mayores”.

Este aspecto de la sentencia no ha quedado cerrado por completo, porque el Tribunal Constitucional tendrá que decidir si la utilización de una muestra extraída únicamente para salvarle la vida a un conductor implicado en un accidente y sobre la que no se ha seguido inicialmente el protocolo judicial puede servir posteriormente para justificar una condena por conducción bajo los efectos del alcohol. La cuestión no es baladí. El abogado Enrique Trebolle, que defiende a Ortega Cano, considera que la utilización de esa muestra con esa finalidad vulnera el derecho a la intimidad del acusado. Incluso puede decirse que quiebra el derecho que toda persona tiene a no declarar contra sí misma, puesto que no ha dado su consentimiento a la práctica de esa prueba al hallarse inconsciente cuando se procedió a la extracción. Esa inconsciencia impidió que la Guardia Civil le practicase el test de alcoholemia en aire espirado, que se realiza a cualquier conductor en un control rutinario.

Pero con independencia de lo que pueda decir el Tribunal Constitucional al respecto, la sentencia de la Audiencia de Sevilla pone de manifiesto nuevamente las aparentes contradicciones de la Justicia: tres delitos tienen la misma pena que dos. ¿Cómo puede explicarse a la sociedad que en este caso conducir bajo los efectos del alcohol tiene el mismo reproche penal que conducir sin ir bebido?

La respuesta no es fácil. La Audiencia de Sevilla explica en su sentencia que en este caso no se ha elevado la pena porque legalmente están obligados a aplicar la mitad superior de la pena por el deliortega canoto más grave –en este caso el homicidio por imprudencia, que el Código Penal castiga con penas de uno a cuatro años– y eso lleva a los jueces a dejar la misma condena que impuso la juez, quien a la hora de imponer los dos años y medio de condena tomó “en consideración fundamentalmente las circunstancias personales del reo en cuando a que no tenía antecedentes penales ni policiales”.

Si el Tribunal Constitucional no reduce la condena, el torero tendrá que ingresar en prisión, salvo que el Gobierno le conceda el indulto que la defensa también ha anunciado que planteará. Mientras llega una u otra solución, Ortega Cano podrá evitar la cárcel, dado que la ejecución de la sentencia puede quedar suspendida mientras se tramitan ambas cuestiones. La defensa ha explicado que el torero está “muy afectado” por la nueva sentencia, que se produce cuando precisamente su hijo José Fernando continúa en prisión provisional desde hace un mes, tras haber sido detenido por la agresión y robo a una persona a la salida de un club de alterne de Castilleja de la Cuesta.

 

Una prueba comprometida

Jorge Muñoz | 24 de abril de 2013 a las 19:32

La prueba de alcoholemia de Ortega Cano estaba comprometida desde el primer momento. Éste era el gran debate jurídico que giraba en torno al caso desde el inicio de la instrucción del accidente en el que se vio implicado el torero José Ortega Cano, una vez que conoció la alcoholemia positiva -1,26 gramos de alcohol por litro de sangre, casi el triple de lo permitido-.

La juez Sagrario Romero ha cerrado ahora el debate, al asegurar que si bien la incorporación de la prueba al proceso era válida, no puede tenerse en cuenta porque se rompió la cadena de custodia de la muestra de sangre con la que se hizo el análisis. La absolución por este delito -que lógicamente ha tenido su reflejo en la rebaja de la pena solicitada en su día por las acusaciones- estaba casi marcada, porque no se respetaron los cauces legales que deben preservarse ante una prueba de alcoholemia. No obstante, la juez podría haber considerado acreditada la ingestión de alcohol por pruebas indiciarias, como por ejemplo las declaraciones de los testigos que comparecieron en la vista oral.

La juez ha valorado además el testimonio de los guardias civiles que se presentaron en el lugar del accidente y de los cuatro testigos -el médico de la ambulancia, el de Castilblanco de los Arroyos, el de urgencias y un bombero- que no apreciaron ninguna sintomatología etílica en el acusado, como por ejemplo halitosis alcohólica, cuando le asistieron. Nada se reflejó en el atestado ni en la historia clínica.

Frente a estos testimonios,  la juez ha descartado la declaración de los dos camareros que en su día aseguraron que vieron a Ortega Cano antes del accidente bebiendo -incluso uno dijo que le sirvió un Ballantine’s con coca-cola en copa tipo balón- y de la mujer que dijo que se tambaleaba y que precisó que al día siguiente el dueño del hotel La Alquería de Burguillos le comentó que llevaba “una cogorza como un mulo”.

Dice la juez que en el careo entre esta mujer y el dueño del hotel cada uno mantuvo su versión con “la misma rotundidad y persistencia“, por lo que no puede otorgar “mayor valor a un testimonio que al otro”. Respeto esta afirmación de la juez, pero no la comparto, porque para la mayoría de los que presenciamos ese careo nos pareció creíble el relato de la mujer más allá que el del dueño del establecimiento. Es cuestión de apreciaciones. El fiscal de Seguridad Vial, Luis Carlos Rodríguez León, se refirió en su informe final a esta prueba afirmando que “es evidente, porque todo el mundo lo ha visto, quién dijo la verdad y quién quedó como quedó”, aseveró.

Al retirar la alcoholemia, la juez ha impuesto una condena de dos años, seis meses y un día de prisión al torero, una pena inferior a los cuatro años que pidieron el fiscal y la acusación particular. Una consecuencia de esta absolución por conducir bajo los efectos del alcohol es que el torero no tendrá que hacer frente al pago de los 180.000 euros de indemnizaciones, que asumirán las compañías aseguradoras, lo que explica la beligerancia de una de las defensas de una de las compañías durante el juicio.

Con esta condena, Ortega Cano tendrá que pisar la cárcel, en caso de que la misma sea ratificada por la Audiencia de Sevilla, aunque sólo por unos meses.

Un precedente es la condena de tres años de cárcel al bailaor Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, que cumplió sólo un año de prisión.

 

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El Ballantine’s de Ortega Cano

Jorge Muñoz | 14 de marzo de 2013 a las 15:16

El juicio para Ortega Cano está prácticamente acabad0, a pesar de que aún quedan dos sesiones importantes. La declaración de los dos camareros de La Alquería que han asegurado que el torero tomó alcohol, en concreto un Ballantine’s con coca-cola, media hora antes del accidente, y la de los otros testigos que han asegurado que le vieron tambaleándose, viene a sumarse a la de otros conductores que han corroborado que su conducción era temeraria.

Y si a todo ello se une la prueba de alcoholemia, que arrojó una tasa de 1,26 gramos de alcohol por litro de sangre -casi el triple de la permitida-, las evidencias dejan en muy mal lugar la versión exculpatoria del torero, que llegó a “jurar” en el juicio que no probó al alcohol aquella tarde del 28 de mayo de 2011.

Ortega Cano lo tiene muy difícil. El diestro se enfrenta a una posible condena de cuatro años de cárcel. Ni siquiera el testimonio del gerente del hotel asegurando que aquella noche sólo tomo una coca-cola y que estaba en condiciones de conducir, pueden ayudarle frente a los dos rotundos testimonios de los camareros que le vieron bebiendo.

Por si fuera poco, otra testigo ha afirmado que le vio salir borracho del hotel y que, al día siguiente del accidente, el gerente del mencionado hotel le comentó que nunca lo había visto como aquella noche, que llevaba “una cogorza como un mulo”, y que su intoxicación etílica era de tal magnitud que su propia esposa le ofreció una cama del establecimiento para que se quedara a dormir y no cogiera el coche.

El careo entre ambos testigos, en el que cada uno ratificó su propia versión de sus declaraciones, puso de manifiesto que resultaba más convincente el testimonio de la mujer que el del dueño del hotel, que reconoció que conocía al torero y estaba en negocios con él para que comprara el establecimiento. La mujer, muy nerviosa, llegó incluso a llorar cuando se bajó de los estrados, y no dudó a la salida de los juzgados en corroborar su declaración ante los periodistas. Su marido también confirmó las manifestaciones que habría realizado el responsable del hotel. Dos testimonios no pueden ser tan contradictorios, lo que implica que uno de los dos miente, lo que puede derivarse incluso en consecuencias penales, porque han prestado juramento o promesa de decir la verdad y alguno habría prestado falso testimonio.

En este contexto, al torero sólo le queda que la juez decida anular la prueba de alcoholemia, bien porque el auto en el que se acordó hacer los análisis no estaba suficientemente motivado o porque se rompió la cadena de custodia que requiere una prueba en el proceso penal. Pero aún si en esa prueba objetiva, hay jurisprudencia que ha condenado en otros supuestos únicamente con los síntomas de estar bajo la influencia del alcohol.

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