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Ovejas negras en la Policía Local

Jorge Muñoz | 22 de mayo de 2017 a las 5:00

Cedo en esta ocasión mi blog para publicar una carta enviada por un policía local, que estuvo en la unidad de Tráfico-Motoristas, que prefiere mantener su anonimato, y que denuncia la situación del cuerpo. El escrito es el siguiente:

Ovejas negras en la Policía Local

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Una vez más, señor Muñoz, un agente de la Policía Local de Sevilla se dirige a usted, desde el anonimato, como han hecho otros compañeros antes que yo, rogándole que publique este humilde escrito en su blog, que muchos de nosotros seguimos, a escondidas, sin que la mayoría de compañeros lo sepan y en el que compartimos opiniones afines con usted, a modo de comentarios, aunque sea sólo para desahogarnos, pero con el consuelo de que hay más gente que ve las cosas que están pasando en esta Policía Local, y que además tienen la gallardía, como usted, de contarlas en un medio de comunicación, para dar información a todos sus lectores, y que así, todo el mundo sepa lo que realmente ocurre dentro del cuerpo de la Policía Local de Sevilla. En mi nombre y en el de muchos compañeros le doy las gracias por ello.

Debo decirle que me he animado a hacer esto después de leer un escrito que me llegó a través de las redes sociales, firmado por un ex sindicalista, o eso dice él, del sindicato mayoritario, metido ahora a escritor o periodista y que él mismo titulaba como “De vuelta a vuestra unidad”. En este escrito, fechado en los primeros días de abril, se regocijaba de que algunos agentes de la unidad de Tráfico-Motoristas que en 2012 fueron destinados a otras unidades como medida cautelar, por estar siendo investigados en relación a cobros de tasas ilegales de Transportes Especiales, volvieran de nuevo a la Unidad de Motoristas, tras su “inmerecido exilio”. En el escrito decía que los agentes habían sido absueltos y les felicitaba por ello y por su regreso a unidad.

Y yo me pregunto si este señor ex sindicalista, que también es agente de Policía, se ha leído el auto dictado por el juzgado de Instrucción número 8 de Sevilla al respecto, y que muchos tenemos ya en nuestro poder desde el pasado otoño. Me imagino que no. Quizás no le interese. Porque si lo ha leído no puedo entender cómo un agente de Policía es capaz de tener esa falsa moral, faltar al sentido de la profesionalidad y recibir con halagos y felicitaciones a quienes en el auto reconocen haber cobrado ilegalmente por haber realizado servicios de acompañamiento a transportes especiales. Dado el caso de que fuera de los pocos agentes que no han leído el auto todavía, debería preguntar por él, porque seguro que hay algún compañero cercano que lo tiene y que se lo puede mostrar. Así también verá que los agentes que fueron investigados por el “tan criticado” grupo Gepol en realidad no han sido absueltos como él dice en su escrito. Según se señala en el propio auto, Su Señoría acuerda el sobreseimiento provisional y el archivo de la presente causa, no sin antes indicar también que tal comportamiento irregular e ilícito debería solventarse en el ámbito reglamentario y administrativo.

Por suerte y, para compensar mi indignación cuando leí al ex sindicalista, usted, señor Muñoz, publicó en su blog, tan sólo unos días más tarde “El agente fallecido”, donde una vez más, daba el justo toque de cordura, veraz y fiel a los hechos ocurridos realmente, llamando a las cosas por su nombre y poniendo a cada uno en su sitio…

Yo ya no pertenezco a la unidad de Tráfico-Motoristas, ya no. Yo no soy de los agentes que fueron destinados a otras unidades por estar implicados en una trama de cobros ilegales, yo no. Yo soy uno de aquellos agentes que por allá en los años 2010-2011, cuando se llevó a cabo la investigación sobre el cobro de tasas ilegales fuimos citados por los investigadores, como testigos, para prestar declaración al respecto de los hechos que se investigaban. Yo, como otros compañeros, no muchos la verdad, decidí no mentir a las preguntas que los investigadores me realizaron. Cumplí con mi obligación moral y con mi deber profesional, haciendo caso omiso a las burlas, presiones, señalamientos, boicots… e ignorando ese falso corporativismo que existe en este cuerpo de la Policía Local de Sevilla. Ante todo, soy agente de Policía y, orgullosamente, me siento como tal.

Pasado un tiempo tuve la ocasión de cambiar de unidad, y por conveniencia personal, al cambiar la sede de la Jefatura y, cansado de tantas irregularidades en la unidad de Tráfico, cansado de tanto favoritismo de algunos mandos con sus “pollitos”, cansado de tanto trato desigual e injusto, cansado de que algunos mandos sacaran tajada de mi trabajo en al calle, cansado de oler tanto a pescado podrido  y como no, cansado de tantas “pistoladas” y “ventiochadas” (mis compañeros me entienden), decidí cambiar de aires, abandonar la unidad de Tráfico e irme a otra unidad. Otros compañeros no hicieron lo mismo.

Sev.

Por su parte, la muy endeble jefatura de Policía Local, no sólo hace caso omiso a la sugerencia de su señoría de aplicar la vía administrativa y disciplinaria, me pregunto por qué, sino que decide volver a incorporar a los corruptos a la misma unidad donde permanecen los agentes que realmente actuaron como lo que son, policías, y que, cumpliendo con su deber, testificaron en contra de ellos.

Quizás el ex sindicalista debería pensar más en estos buenos agentes de Policía y no en los que se autoreconocen corruptos. Debería preocuparse realmente por esos policías, y no por los otros, porque ellos sí son policías de verdad, no como los otros.

Sinceramente, no debe sorprendernos que la Jefatura de Policía permita que en la misma unidad de Tráfico haya funcionarios que han sido investigados, que han reconocido, según el propio auto judicial, haber cobrado tasas ilegalmente, y que ahora han sido reasignados a la unidad donde prestan servicio los agentes de Policía que los señalaron. No debe sorprendernos porque ya se había hecho antes con un mando de esa misma unidad que, en similares circunstancias, y más relacionado, sobre todo, con el cobro por la retirada de multas de tráfico, fue investigado y destinado a otra unidad, de la que también tuvo que salir por el mismo motivo, y que tras el archivo de la causa, también fue reasignado a la unidad de Tráfico, lo que hizo que algunos agentes, aunque no todos, ante la noticia de su regreso y temiendo represalias por parte de este mando, solicitaran cambio urgente de unidad, lo que les fue concedido de forma inmediata.

Tampoco debe sorprendernos que la Jefatura de Policía no aplique el régimen administrativo o disciplinario con estos funcionarios, a pesar de que lo indique su señoría en el auto judicial. Por norma no lo hace nunca. Seguro que aún recuerdan sus lectores el famoso vídeo de las agentes de la Policía Local de Sevilla en el que, vestidas con uniforme para actos policiales, hacían “trapecismo” en la barra de un autobús del Ayuntamiento de Jerez que circulaba a plena luz del día. Seguro que sí. Estas agentes no sólo hacían caso omiso a las normas más elementales de seguridad vial, sino que también faltaban al decoro con el que se debe llevar un uniforme de Policía, y ya por último, pero no menos importante, también hacían un flaco favor a todas sus compañeras de profesión, y más aún a las de sus mismo cuerpo de Policía, que trabajan a diario en la calle vistiendo dignamente un uniforme de Policía, y ganándose el respeto por ellas y por lo que representan. Pues la Jefatura tampoco hizo nada al respecto. Nada de régimen disciplinario. Y no sería porque desde el punto de vista de que tampoco se le ha aplicado el régimen disciplinario a un agente de policía que esta inmerso en la famosa “Operación Pájaro” contra el narcotráfico y que tras estar tres meses en prisión provisional y ser condenado a dos años de cárcel sigue perteneciendo al cuerpo de la Policía Local…. y cobrando su correspondiente sueldo, por supuesto, pues la verdad…. ahí es nada. Por cierto, mira por dónde, dicho individuo también es hijo de un famoso mando de esta Policía. Y digo famoso, más por sus fechorías que por sus hazañas, que nos ha dejado como herencia a tres de sus hijos en el cuerpo y a algún que otro familiar más o menos cercano. Casualidades…

Así está el patio señor Muñoz. Lo mismo ocurre con el acceso al cuerpo mediante oposición. Es un secreto a voces. La gran mayoría de aspirantes que consiguen superar la oposición son familiares del cuerpo, del sindicato mayoritario o se deben a compromisos varios, ya sean de políticos o con empresas de renombre. Y que me perdonen los que aún siendo familiares sí han superado la oposición dignamente, que seguro que los hay, pero la mayoría…. o sino, a ver cómo se explica que haya familias enteras de cuatro o cinco hermanos, hijos, primos, cuñados, sobrinos, mujeres, maridos,… ¿A quién quieren engañar? Pero si muchos de ellos no dan ni la altura requerida… Sólo basta hablar diez minutos con alguno de ellos y te das cuenta de que esa persona no ha podido superar una oposición que de por sí es muy dura y exigente… y si no, pongamos a resolver a algunos de ellos situaciones de a diario en la calle. Ahí es dónde se ven las verdades…. y las mentiras. Ahí se ve si el policía está formado o no. Si tiene aptitudes o no, ahí, en la calle. Por eso, muchos de ellos la terminan pisando poco, y más pronto que tarde están quitados de en medio, porque les han buscado rápidamente un agujero en algún recóndito lugar de esta Jefatura, y que la mayoría desconocíamos que existiera…

El escándalo de las oposiciones saltó a la luz en estas últimas, pero podría haber ocurrido en cualquiera de las anteriores, porque en todas pasa lo mismo. Es una vergüenza. 

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Todo esto y mucho más es lo que ocurre dentro de la Policía Local de Sevilla. Y todo esto lo sufren los ciudadanos y también muchos de los que estamos dentro de este cuerpo.

Esta es la Policía que ha repudiado y defenestrado a los integrantes del grupo Gepol sólo por sacar a relucir algunos de los muchos trapos sucios que hay en esta casa. Esta es la Policía de los que lo han hecho y de los que lo han permitido. Esta es la Policía de los que persiguen a los integrantes del grupo Gepol para fotografiarles, intimidarles y amenazarles. Esta es la Policía en la que, como castigo, y “por no actuar como compañeros”, se iba a poner al grupo Gepol, tras su disolución, a regular el tráfico a 50 grados. Esta es la Policía donde abundan los enchufados, los cobardes, los hipócritas, los pelotas, los rastreros y los palmeros de esos personajillos que no son nadie sin sus adornadas y regaladas galoneras, a los que hay que llamar jefes, y que, por el gran favor que deben, estarán hipotecados toda su vida pofresional y besándoles los pies a otro, sin resolver ni arreglar nada. Esta es la Policía donde algunos jefes reparten las jornadas extraordinarias de productividad entre sus amiguetes subordinados, mientras el resto se hacen los tontos como si la cosa no fuera con ellos.

Esta es la Policía donde aún no tenemos chalecos antibala unipersonales, sólo hay unos cuantos, de talla única, que entre todos nos vamos intercambiando y que al no ajustarse en talla para nosotros, ni en modelo para las compañeras, pues no ofrecen ninguna garantía de protección, ni para ellas ni para muchos de nosotros. Esta es la Policía donde a diferencia de otras ciudades donde se colocan bloques de hormigón para impedir el acceso a vehículos pesados con intención de un posible ataque terrorista, pues aquí sólo se coloca a una pareja de policías locales. Y todos callan. Esta es la Policía donde la mayoría de agentes destinados en las oficinas son valorados económicamente, a escondidas, igual que los que prestan servicio en la calle.

Esta es la Policía donde se disuelve el grupo Gepol, argumentando que no está en la RPT, pero no se disuelven otras unidades que tampoco lo están y que dan cobijo a auténticas “vacas sagradas” que hay dentro del cuerpo. Esta es la Policía donde la compensación que se le da a los agentes motoristas, en forma de descanso, por la peligrosidad y características del trabajo que desarrollan a diario, la disfrutan muchísimos agentes que no ven una moto ni de lejos.

Esta es la Policía donde hay jefes que, de forma “altruista y samaritana” realizan, mientras están de servicio, la recogida, transporte e ingreso de la recaudación económica de alguna que otra gasolinera de Sevilla.

Esta es la Policía donde algunos jefes usan vehículos oficiales y sin rotular para irse a la playa en fin de semana o para pasar un rato en sitios poco decentes, a pie de carretera, fuera de Sevilla. Esta es la Policía donde hay jefas que durante el servicio se van “hacerse la cera” o a practicar natación.

Esta es la Policía donde algunos jefes repostaban sus vehículos gratis en algunas gasolineras de Sevilla a cambio de retirar las denuncias que habían puesto los agentes que allí habían sido enviados por ellos mimos.

Esta es la Policía donde se ha enviado a los agentes a denunciar a la puerta de un restaurante famoso para que, después, algún que otro jefe pueda cenar gratis con la familia; o a la puerta de una sucursal bancaria, en represalia, por habérsele negado un crédito a un jefe, o a la sede de la jefatura del Cuerpo Nacional de Policía, mientras se lleva a cabo al operación Pájaro, con el objetivo de denunciar algún que otro vehículo perteneciente a algún compañero de la Policía Nacional, porque ¡se había declarado la guerra al CNP! tal y como decía un jefe manipulando e incitando a sus fieles más leales.

Esta es la Policía donde se han hecho barbaridades con el servicio de Grúa Municipal, para recibir a cambio carta blanca en el depósito y suculentos viajes al Caribe para jefes y familiares.

Esta es la Policía que abraza y da la bienvenida a quienes han reconocido cobrar tasas ilegalmente. Esta es la Policía que da la espalda y marca a los que son realmente agentes de Policía y como tales, denuncian al golfo, aunque ese golfo vista el mismo uniforme y sea familiar de alguien importante en la Jefatura.

Esta es la Policía de las oposiciones amañadas, de los exámenes filtrados, de la modificación de las bases de la convocatoria para que tengan acceso quienes no tienen los permisos de conducir correspondientes, y que casualmente son hijos de mandos. Esta es la Policía donde hay quienes se lucran quitando las denuncias que sus compañeros o subordinados legalmente ponen en la calle.

Esta es la Policía donde, por diversos motivos, la mayoría de sus integrantes han preferido ignorar todo lo que las investigaciones del Cuerpo Nacional de Policía y el grupo Gepol han sacado a la luz con documentos, grabaciones, emails, sms... sumándose así al corporativismo más cobarde y ruín, que por tratarse de un cuerpo de Policía, hace que todo sea más repugnante aún si cabe, y que hace que algunos de nosotros sintamos auténtica vergüenza de lo que hay dentro del cuerpo. Por desgracia, es muy difícil demostrar todo esto. Y a la vista está cómo se han ido resolviendo distintos casos en los juzgados. Pero tenga la certeza, señor Muñoz, de que todo lo que aquí le expongo es cierto, y que es vox populi entre todos los agentes de la Policía Local, porque a pesar de sufrir todos nosotros un eterno problema con las transmisiones entre los equipos, lo cierto es que esta Policía funciona como un patio de vecinos, y todos nos enteramos de todo, aunque muy pocos agentes se atrevan a hablar de ello abiertamente.

Yo, que no conocía nada de esto hasta que llegué a aquí, dediqué los mejores años de mi vida en esforzarme y a trabajar muy duro para aprobar una oposición difícil y llegar a convertirme en agente de Policía, y por suerte lo conseguí. Ahora entiendo bien por qué me costó tanto años. Por qué me quedaba a las puertas siempre. Por qué suspendía siempre al final…

Finalmente, tuve la suerte de llegar a aquí, a la Policía de mi ciudad natal, en donde quería trabajar, pero eso sí, claro, cómo no, tuve que hacerlo por la puerta de atrás, permutando con otro compañero desde otra localidad donde había conseguido finalmente aprobar y donde las oposiciones eran más justas y legales que aquí. Si no… creo que no estaría aquí.

Reconozco que muchas veces, al igual que otros compañeros, cuando veo lo que hay, me desmotivo, y me planteo seriamente si acerté con cambiar aquella localidad en la que trabajaba muy a gusto, por mi ciudad. Si hice lo correcto. Mi mujer, desde fuera, es quien me ayuda a recuperar la ilusión y seguir adelante.

Y es que yo, señor Muñoz, tal y como algún que otro compañero, tal y como los profesionales investigadores del grupo Gepol, tal y como unos cuantos valientes motoristas, o tal y como algún que otro honrado integrante del Grupo Giralda, yo, señor Muñoz, soy una de esas escasas ovejas negras que hay en la Policía Local de Sevilla. Y a mucha honra.

Va por todos ellos, por esas ovejas negras, por todos nosotros, por ese puñado de policías, buenos profesionales donde los haya, que por dar el paso al frente que dieron en su día, por no esconderse y mentir como la mayoría de sus compañeros hicieron, desgraciadamente, jamás serán ya ni felicitados, ni condecorados por sus actuaciones, sean las que sean, a los que tampoco les será fácil ascender, truncando así su carrera profesional, pero que sí serán recordados, eso sí, para que se les asigne el peor servicio o turno que haya. Para todos ellos, mi más sincero reconocimiento, mi mayor respeto y mi más profunda admiración.