Voto inútil

Ignacio Martínez | 19 de diciembre de 2015 a las 6:53

El día de reflexión es un anacronismo, como la prohibición de encuestas en la era de internet durante la última semana. Son viejas prácticas de la Transición de la dictadura a la democracia que se han quedado antiguas. Como algunos preceptos constitucionales, dicho sea de paso. En fin, en jornada de reflexión los partidos no pueden hacer campaña activa, pero sus carteles siguen colgados en las calles y los medios informamos de sus mítines de anoche. Y en los mensajes de los partidos tradicionales se repite una máxima de la vieja política, dictada por ambos en estéreo: sólo hay dos contendientes, los demás no cuentan; elijan entre azules y rojos. Es el famoso voto útil. Otro anacronismo, porque ningún voto es inútil. Habrá quien piense qué votar para parar al PP, o qué para impedir que el PSOE gobierne. Pero ya no se arregla la cosa con cambiar de bando. Hay muchos más actores en escena; los ciudadanos tienen donde elegir. El voto más útil es el que cada cual considere más ajustado a su ideología e intereses. Es la foto del país, que no es razonable distorsionar. Además, hay una subvención por cada voto al Congreso o al Senado, siempre que esa opción obtenga representación parlamentaria, aunque sea en una sola provincia. Los nuevos tiempos deberían traer una nueva máxima: vote lo que le pida el cuerpo, se lo agradecerá. Cualquier otra cosa es un voto bastante inútil para usted.

Reflexionen

David Fernández | 19 de diciembre de 2015 a las 6:50

He de confesar que termina la campaña y tengo menos cosas claras que al comienzo. No tengo claro que finalmente Ciudadanos le dispute el segundo puesto en toda regla al PSOE. Antes al contrario, creo que el efecto Rivera se ha desinflado un tanto y que finalmente Podemos se consolidará como tercera fuerza en las urnas. En cualquier caso, sea así o no, los dos partidos emergentes son los grandes triunfadores de estos comicios. Basta recordar que IU apenas superó los 20 diputados en su mejor resultado electoral, y las encuestas sitúan hoy por hoy muy por encima de esta cifra tanto al partido de Pablo Iglesias como a la formación de Rivera.

Los socialistas podrían dar por buena la jornada electoral si finalmente se sostienen en la segunda posición. De ser así, de ganar el PP, es complicado pensar que Pedro Sánchez apoyaría al líder de Ciudadanos como jefe del Gobierno, salvo que no le importe lo más mínimo enterrar unas siglas históricas como son las socialistas de por vida. En esta quiniela, también se puede pensar que tampoco Rivera ganaría algo faltando a su palabra.Ya ha dejado claro que no formará gobierno ni con PP ni con PSOE y es ésta en el fondo la jugada que más le interesa a su partido, que tiempo tiene para crecer. Si las encuestas no distan mucho de la realidad, la próxima será una legislatura en la que Rajoy gobernará bajo la tutela directa de un Rivera que cobrará muy caro su apoyo. Los nacionalistas se verán más alejados aún del mangoneo al que acostumbraban antaño cuando ofrecían estabilidad lo mismo al PSOE que al PP a cambio de sus prebendas para el País Vasco y Cataluña. Rajoy gobernará una nueva legislatura que se presume más bien corta, pero mandarán otros, los pupilos de un Rivera que tendrá que demostrar que tiene equipo.

Las siguientes serán las elecciones de Pablo Iglesias, Rivera, pero también las de Soraya Sáenz de Santamaría –se habrá ganado a pulso el liderazgo en elPP– y tal vez de Susana Díaz, si finalmente Pedro Sánchez no lograse mañana domingo mantener al PSOE por encima de los cien escaños. Por primera vez, dos mujeres entrarían en la batalla electoral por el poder en Moncloa. Pero esa es otra historia. De momento, reflexionen. La campaña electoral, la de verdad, comienza a partir del próximo lunes.

De pelusas y aspiradoras

Javier Chaparro | 19 de diciembre de 2015 a las 6:48

Ya intuimos que a partir de este domingo se romperá el mapa del bipartidismo con la irrupción en escena de Podemos y Ciudadanos. Y también somos conscientes de que, a la espera de lo que pase con los partidos nacionalistas –tan presentes y tan decisivos en anteriores ocasiones– la elección del próximo presidente del Gobierno dependerá del apoyo de dos o más partidos a causa de la dispersión del voto. Unos y otros más los de acullá no se han visto en otras y por eso un día aparecen con el cuchillo entre los dientes y al siguiente intentan tender puentes al diálogo.

Hace unos días, un responsable de uno de los grandes partidos mantenía en privado y encuesta en mano que, en el fondo, el sistema bipartidista de alternancia en el poder no es sólo el que más conviene a PP y PSOE, sino también a España porque ambas formaciones comparten principios clave que garantizan la estabilidad del país y transmiten confianza dentro y fuera de nuestras fronteras. Empezando por la defensa de la Constitución y de la unidad territorial, socialistas y populares saben que siempre podrán ponerse de acuerdo más bien que mal en asuntos como la política de Defensa, pensiones o sanidad, pilares todos ellos del Estado que compartimos. (Punto y aparte es la educación, en torno a la que jamás ha habido consenso).

Si este sistema inamovible cuatro décadas se resquebraja ahora es porque la crisis ha hecho de sumidero y dejado a la vista la miseria acumulada en forma de corrupción, mentiras, asesores, dietas injustificables, créditos impagados y demás porquerías. El discurso fresco y sin lastres de los nuevos partidos ha calado en curtidos y nuevos votantes con ganas de dar una oportunidad a esos nuevos actores, con la esperanza de que pasen la aspiradora y se lleven por delante tanta pelusa. No le den más vueltas:el personal puede aceptar a regañadientes que le rebajen el sueldo, esperar algo más de tiempo ante la consulta del médico o que la ayuda a la dependencia se retrase;lo que no aceptará jamás es que le roben la cartera en su cara y no grite: “¡Al ladrón!”. El problema de PP y PSOE es que nadie les ve correr tras él.

De las vallas a las calles

Antonio Lao | 19 de diciembre de 2015 a las 6:44

QUIÉN lo iba a decir. La legislatura comenzó con vallas protegiendo el Congreso de los Diputados. El movimiento del 15-M en protesta por los recortes, puso en jaque a los nuevos gobernantes, e incluso obligó a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a proteger el Congreso y el Senado de la presión popular. Los escraches se hicieron tristemente famosos y aquellos que nos gobiernan se encerraron, más que nunca en su burbuja, alejados como jamás había ocurrido, de lo que pasaba a su alrededor. Crisis y recortes, despidos y bajos salarios, se unieron en un cóctel que tuvo mala, muy mala digestión para todos los que los padecieron e, incluso, para aquellos que, aun manteniendo su trabajo, temblaban cada vez que la palabra crisis se cruzaba en su camino.

Ayer, cuatro años después, se cerraba una campaña electoral en la que los candidatos, más que nunca, han salido a la calle, se han confundido y mimetizado con los ciudadanos y han pulsado lo que ocurre en su entorno, como si nada de lo anterior hubiese ocurrido.

La escasez de dinero que gastar, las nuevas formas de hacer política, los partidos emergentes y la conciencia, segura, de que la sociedad ha cambiado de verdad, ha llevado a los del plasma y a los que no, a los de las redes y a los de los mítines, a palpar el estado de ánimo de sus votantes como nunca antes se había conocido.

Los cuatro años que ahora comienzan tengan la seguridad de que poco o nada van a tener que ver con los que terminan. Todos, sin excepción, son conscientes de la necesidad de estar con la gente, no alejada de ella; de compartir problemas, no de mirarlos desde la distancia del escaño y de vivir al lado de los suyos y no lejos, como si de extraterrestres se tratase. A ello debemos añadir un condimento más, quizá el más importante, que es la ausencia de mayorías absolutas. Se acabó el ordeno y mando y el impongo mi mayoría. Se implanta la cultura del diálogo, de la sensatez y de la cordura.

La ‘víctima’

Antonio Méndez | 18 de diciembre de 2015 a las 18:08

El abogado del presunto autor del puñetazo al presidente del Gobierno presentó ayer a su cliente como una víctima. El despacho de agencia no argumentaba la conclusión a la que había llegado el letrado. Así que desconozco si esa consideración se la debemos atribuir a los efectos de la Logse (a la Lomce aún no le ha dado tiempo a causar estragos en el sistema educativo), a la frustración porque su equipo de fútbol no consigue el ascenso o, directamente, se la achacamos a la recurrente crisis económica. Es un deporte patrio encontrar siempre responsabilidades ajenas que disculpen las vergüenzas propias.

Así que el paso siguiente será buscar el porqué de ese comportamiento y por esa deriva peligrosa siempre acaba encontrándose un camino nada recomendable que conduce a descubrir una retahíla de justificaciones.

Y preparémonos para los relatos. Y no me refiero a los cientos de parodias y chistes que han comenzado a circular en la clandestinidad. Está mal que públicamente te partas de risa porque al presidente del Gobierno le aporreen la cabeza. Así que hay hacerlo con un cierto disimulo. Pero me refería a los relatos que ya circulan de los amigos del pugilista . Los mensajes amenazantes compartidos en las redes sociales y la poca credibilidad que dieron a sus teóricas bravatas. O la reconstrucción de las horas previas que vivió el protagonista del mandoble. Seguro que necesitamos conocer qué se tomó para templar los nervios antes de afrontar el desafío o si necesitó muchas horas de entrenamiento y vídeos tutoriales para perfeccionar la contundencia de su crochet de izquierda.

Pseudo-informaciones de dudosa esencia periodística que saciarán la sed de una audiencia millonaria que agradece en los share estos esfuerzos en pro de la verdad.

Me temo que el circo mediático nos proporcionará, con el tiempo, una carrera por conseguir a cualquier precio la exclusiva de las manifestaciones una vez cumpla su castigo de internamiento y alcance mayor de edad. Menos mal que el domingo no podía votar. Pidamos a la RAE que sume una nueva acepción a la palabra víctima.

Una campaña interesante

Rafael Navas | 18 de diciembre de 2015 a las 18:07

El puñetazo de un descerebrado no puede empañar una de las campañas electorales más interesantes que hemos vivido en los últimos tiempos. La violencia y el odio no conocen de ideologías ni de siglas. Pertenecen a ese oscuro mundo en el que todos los que los practican son iguales, por mucho que traten de arrimar el ascua a su sardina, según les interese. No, esta campaña no puede tener ese final, debemos negarnos a ello y a pensar que un acto así puede acabar condicionando el voto, más que todo lo que hemos visto en estas dos semanas.

Ha sido una campaña muy interesante en buena parte porque después de mucho tiempo, como reflejan todas las encuestas, ya no estamos ante unas elecciones que son cosa de dos. La participación de nuevos protagonistas se ha reflejado en una pluralidad de discursos y de formas de pedir el voto. Y aunque los partidos tradicionales han apostado por una campaña más plana para afianzar sus resultados (más que para buscar nuevos votantes, sobre todo el PP), se han tenido que poner las pilas ante el empuje de los nuevos.

Hemos asistido a una nueva forma también de movilización, más en las redes sociales que en la calle. Pero hace cuatro u ocho años, es que en la calle había muy poco y las redes sociales estaban por desarrollarse. Hemos contemplado cómo los candidatos se arrojaban a los programas de televisión como si fuesen balnearios u oasis en los que limpiar sus almas, al tiempo que escaparates donde vender su ‘mercancía’ a clientes a los que no suelen llegar. Y hemos tenido oportunidad de verles debatir, a dos, cuatro u ocho bandas (a Rajoy sólo una vez) y hasta interactuar en vivo con sus discursos.

En suma, ha sido una campaña más cercana a los ciudadanos que otras anteriores y eso necesariamente ha de plasmarse en una gran participación en las urnas el próximo domingo. Todo parece indicar que los ciudadanos han recuperado parte del interés que habían perdido por la política y eso es ya de por sí una buena noticia. Ahora resta comprobar si también han recuperado la necesaria y saludable confianza en la clase política. Y eso dependerá en gran parte de lo que suceda a partir del día 21 de diciembre.

Una campaña de bajo nivel, pero limpia

José Aguilar | 18 de diciembre de 2015 a las 18:06

Seguramente no ha sido la campaña electoral más brillante de nuestra historia democrática, pero sí ha sido una de las menos crispadas que se recuerdan. La virulencia verbal ha escaseado. Hasta el punto de que el único episodio destacado al respecto, el protagonizado por Pedro Sánchez en el debate famoso, pronto quedará en el olvido. El primero que querrá olvidarlo será el propio Sánchez. En cuanto a la violencia física, aparte de algunos escraches insignificantes, sólo registra el puñetazo a Rajoy de su joven paisano descerebrado. Que tampoco se recordará, sobre todo por la reacción general, de una unanimidad transversalmente reconfortante: ni el agredido ni sus adversarios han caído en la tentación de utilizar políticamente el incidente. Los tímidos intentos del entorno del PP de vincular al violento zoquete con la oposición política han caído en terreno baldío, y el rechazo de los otros candidatos ha sido rotundo, sin los “peros” que en estos casos ocultan algún modo de justificación. La campaña se cierra con un nivel intelectualmente ínfimo y políticamente alicorto, pero desde el punto de vista de la convivencia democrática no hay nada que reprocharle. Limpia, aunque no radiante.

Marrajo plancha para todos

David Fernández | 17 de diciembre de 2015 a las 12:30

LA legión de indecisos que protagonizará los comicios más abiertos que se recuerdan, deja claro que ninguno de los candidatos ha logrado por ahora llevarse de calle al electorado con propuestas atractivas. El próximo mandato será obligado pactar para formar gobierno salvo milagro y lo más probable es que sea una legislatura corta, según los expertos. Con sus discursos refrigerados como el marrajo y tantos lugares comunes, los candidatos, a lo sumo, sólo han logrado cautivar a los convencidos de antemano. Quienes más se han favorecido de la falta de carisma generalizada han sido los partidos emergentes, que han incorporado sin apuros, a pesar de su falta de experiencia, a los ciudadanos que se conforman con castigar al bipartidismo. Por la misma razón, quienes peor salen en las encuestas son PP y PSOE.

Mariano Rajoy, tan desgastado por la gestión, la corrupción y los recortes durante la recesión, tiene mucho que perder, pero quizá menos que Pedro Sánchez. Las encuestas sitúan al PP como favorito a la victoria, y si el líder popular logra sumar los 125-130 escaños y salva los muebles con 4 ó 5 puntos sobre el segundo, saldrá vivo, pese al batacazo. Por el contrario, si Pedro Sánchez baja de los 100 escaños y el PSOE cede el segundo lugar a Ciudadanos, no habrá piedad y su futuro se verá comprometido porque le culparán de dejar escapar la ocasión de su vida.

Lo terrible para el PSOE es que no tiene asegurada la victoria ni en Andalucía. Y en Madrid, Cataluña, Galicia, Castilla y León y Valencia sus aspiraciones son muy discretas. Sólo en Extremadura parece garantizado el triunfo, de ahí que en los últimos días se haya visto a una Susana Díaz -consciente de que necesita un buen resultado- apretando el acelerador con un buen discurso, frente a la líder un tanto fría y distante del arranque de campaña. Si el PSOE no ganara en Andalucía, significaría un antes y un después también para ella, que vería erosionada su imagen y poco podría echar en cara a Sánchez. Ante tamaño desafío, el más grande al que se han enfrentado los socialistas, ambos están obligados a remar en la misma dirección para evitar la debacle. Y en ello están, porque el PSOE no renuncia a dar un vuelco a las encuestas, al menos en Andalucía.

Más barro

Ignacio Martínez | 17 de diciembre de 2015 a las 12:29

UN joven agredió ayer tarde en Galicia al presidente del Gobierno. El festival de descalificaciones colectivas que practican unos y otros partidos en campaña se interrumpió para condenar la agresión y solidarizarse con la víctima. La buena educación es estupenda. E infrecuente. Al insulto de Sánchez a Rajoy, el lunes en su debate cara a cara, ha seguido una andanada de descalificaciones al líder socialista desde las filas populares. Más barro. Para Sánchez, Rajoy era indecente. Para el patrón del PP su adversario era ruin, mezquino, miserable y deleznable. Ayer para la guardia pretoriana del presidente, el jefe del PSOE era un chulo y un macarra. Todo esto, dicho en nombre de la buena educación. El domingo sabremos si la estrategia diseñada en la sala de máquinas del PP de una campaña cómoda para su candidato ha sido acertada. Huir de toda dificultad, como hizo Rajoy en vísperas de las elecciones de 2004, tiene enormes riesgos. Las encuestas andorranas dicen que el PP sigue igual que antes del debate, y el PSOE ha perdido algo a costa de Podemos. Según ese sondeo, Sánchez no habría conseguido polarizar la atención hacia su figura. Entretanto, TVE sigue dando cobertura en tarifa plana al PP, en el peor estilo de los viejos tiempos. Y nadie se solidariza con sus víctimas, los espectadores.

El sudoku de Ciudadanos

Javier Chaparro | 17 de diciembre de 2015 a las 12:28

RAJOY está sobrado tras el cara a cara, aunque anoche tratasen literalmente de partírsela. El lunes recibió otro golpe, bajo e innecesario por parte de Pedro Sánchez, que le dejó sin aliento por unos segundos, aunque el candidato del PP ha vuelto a su estado natural. Lo demostró ayer por la mañana con un desplante de esos que hacen época en una entrevista en la Ser, al ser preguntado sobre el último caso de corrupción en el PP: “Si quiere hablamos de lo que queremos hacer en España y, si no, usted misma”. Las urnas decidirán, pero los modos no habrían sido tan desabridos de no verse cuatro años más en La Moncloa.

Descartados otros aliados por razones obvias, el presidente del Gobierno ha lanzado a Ciudadanos un órdago mostrándose a favor de un pacto de legislatura que garantice la estabilidad del futuro gobierno. Tiene toda la pinta de que esa pelota quedaría tras el 20-D en el tejado de Albert Rivera, cuyo partido en Andalucía, en cambio, mantiene una alianza con el PSOE sin entrar en el Ejecutivo de Susana Díaz: C’s demuestra haber aprendido de los errores ajenos, del PA primero y luego de IU, muertos por el abrazo del oso.

Eso no quita que el proyecto de Ciudadanos esté aún en proceso de construcción. Algunos de quienes hoy están en su primera fila se acercaron a las nuevas siglas atraídos por un anuncio en la prensa y, si bien su número de afiliados crece cada día, tampoco cuenta con una estructura de partido que permita grandes aventuras. Su estrategia en Andalucía se centra en servir como plataforma para el verdadero objetivo: llevar a Rivera hasta la presidencia del Gobierno de España. Mientras lo intentan, deberán explicar al respetable si su socios preferentes son los populares o los socialistas. Menudo sudoku.