Síndrome de Estocolmo

Alberto Grimaldi | 23 de noviembre de 2011 a las 6:59

DISTINTOS agentes exteriores políticos y económicos –con la canciller Merkel como primer espada– apremian a la R de Rajoy a que emprenda, amparado en la mayoría absoluta obtenida el domingo en las urnas, de forma inmediata reformas y ajustes necesarios para convencer, no ya a nuestro país, que lo ha logrado con creces, sino a los mercados y la propia Unión Europea de que el cambio de rumbo que ha preconizado en la campaña alejará el riesgo de colapso que precipite un rescate.

Es una presión que choca frontalmente con nuestro sistema legal, que no permite al presidente electo gobernar ipso facto. Todo lo contrario, establece un proceso muy reglado que fija plazos que impiden que Mariano Rajoy se convierta en el sexto presidente de nuestra democracia hasta pocos días antes de la Navidad.

Por mucho entendimiento y colaboración que haya entre el Gobierno en funciones y el PP para implementar el traspaso de poderes, es difícil encajar en nuestro ordenamiento legal que el nuevo Ejecutivo, que ni existe ni puede existir sin que estén constituidas las Cortes e investido el presidente Rajoy, adopte medidas ya.

Pese a este panorama, que agrava aún más la situación de emergencia que vivimos, en menos de 48 horas desde que se confirmó el triunfo electoral ya he escuchado varias llamadas, desde opciones de izquierda y algún ámbito sindical, a “tomar la calle” contra las medidas del PP, inexistentes aún por más que sea inexorables.

Ni creo que un estadillo social sea lo que que España necesita ahora mismo, ni me parece respetuoso con la voluntad expresada en las urnas por los españoles que votan (los que no, han perdido la opción: es el peaje de la abstención). Más bien pienso que responde al síndrome de Estocolmo que tienen algunos sectores que, por interés político, han estado evitando cualquier oposición en las calles a la política errática de Zapatero. Espero que no terminen por ser ellos quienes secuestren el futuro de todos.

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