Cosa de dos (XV)

Jesús Ollero | 23 de marzo de 2012 a las 10:12

Rafael Román: El día después

FALTAN 72 horas. El PA, si consigue una diputada, se habrá salvado. Lo mismo puede decirse de UPYD, en masculino. Si no, ambos tendrán una travesía del desierto parlamentario, más grave para el PA, porque su ámbito es exclusivo andaluz. IU tiene altas expectativas y su dilema -bases mediante- sólo se presentará si se ve en la coyuntura de apoyar al PSOE. El PP da por descontado ya el triunfo electoral. Si lo consigue, tendrá una hegemonía nunca vista antes en la política española, tanto que el debate sobre el Estado de las Autonomías lo podrán hacer en la calle Génova. Un dislate. En Sevilla, hasta la Parra en Otoño de Carmen Laffon del Palacio de San Telmo la podrán tirar al Guadalquivir. Predominio sin contrapoderes. Si no, Arenas sufrirá la frustración de su vida y buscará alternativas en el océano azul de la política nacional. El PSOE, que ha gobernado desde el 82, se juega mucho más que el Gobierno. Con o sin victoria, Griñán tendrá que proponer un programa de relevos sin ataduras, basado en la capacidad de revitalizar a fondo al PSOE y en la honradez intransigente. Si gana, lo hará con comodidad. Si no, le tocará pelearlo. En 72 horas, Andalucía decidirá todo esto.

Juan Ojeda: Esperanzas contra miedos

ESTAMOS ya en el último día de campaña, y si tuviese que hacer un resumen de lo que han sido estos 15 días, contados desde la apertura oficial, en la madrugada del día 9, diría, en primer lugar, que se ha hablado menos de Andalucía, de su presencia y de su futuro, de lo que pensábamos en un principio, porque creíamos que era nuestra campaña, al no coincidir con otras de ámbito superior. Han tenido más presencia los encontronazos entre Gobierno de España y Junta que la discusión de proyectos autonómicos. En cuanto a los candidatos, Javier Arenas, sobre todo desde que la mayoría de las encuestas daban casi segura la mayoría absoluta, mejor dicho, sólida, ha ido de prudente ganador, con un proyecto genérico de reformas, que podrían resumirse en gobernar de otra manera, sabiendo que los treinta años en el poder y los últimos escándalos han deteriorado seriamente al PSOE. En lo que respecta a Griñán, se ha comportado como un perdedor animoso, buscando la recuperación de ese voto dormido en las últimas elecciones, pero que todavía los socialistas consideran potencialmente suyo, y también ha procurado meter miedo con la agenda oculta. Ha sido una campaña de esperanzas contra miedos.

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