Pablo Alfaro iba de rojo

Carlos Navarro Antolín | 17 de marzo de 2015 a las 4:37

Llegó como una ola de espuma roja, con la sonrisa de catálogo y preguntando por Rajoy hasta en dos ocasiones. Inundó el amplio y luminoso vestíbulo de Televisión Española. Susana Díaz irrumpe y llena los espacios, se sabe aliada de las cámaras y se come los escenarios. La estrategia estaba clara desde el principio: aludir a Rajoy para ningunear a Moreno Bonilla. Rajoy no deja de acudir a Andalucía esta campaña: “¿Seguro que no me voy a encontrar ahí con Rajoy?”, preguntó risueña ante el alchafoeo que la recibió mientras señalaba la dirección que conducía al plato del debate: “Tengo que gobernar hasta el domingo. Y el lunes tendré que seguir gobernando. Soy el único candidato que tiene esa responsabilidad”. Unos llaman seguridad a esta entrada. Otros, una muestra de soberbia.

Los asesores del PP avisan raudos por teléfono móvil: “¡Rajoy, señala a Rajoy!” Reconocen que la idea es buena, pero no hay cambios de estrategia de última hora. Ni una rectificación, se opta por mantener la hoja de ruta: intentar sacar de sus casillas a la presidenta para que se vea su verdadero “estilo”, la palabra clave: “En toda España, se tiene que ver en toda España cómo es de verdad esta señora”. Moreno Bonilla llega a los estudios, sonríe a lo profiden y luce terno oscuro con corbata verde de lunares miarmera. En el PP justifican el look pescaíto de la Feria: “¿Por qué no? Triana no tiene dueño”. Maíllo fue el primero en llegar, pero no generó mucha expectación, salvo en la señora de la limpieza, que sacó el teléfono móvil para hacerle una fotografía.

Los candidatos se refugian hasta las diez. Los del PSOE ponen el acento en el interés repentino de Rajoy por el Sur y en que incluso dará un mitin en Valencia en la jornada de reflexión para asegurarse los totales de televisión a menos de 24 horas de la apertura de urnas en Andalucía.

Comienza el debate. En Canal Sur había cerveza en la máquina expendedora. En Televisión Española, ley seca. Hay bocadillos y botellas de agua para los informadores profesionales. Una gentileza. Un cartel en el acceso a las dependencias sindicales advierte: “Aquí no se grita”. ¿Una premonición? Silencio. María Casado empieza amable. Moreno Bonilla juega a perfil moderado, a suavón que quiere provocar sin que se note. Es el participante más próximo a la moderadora, lugar de privilegio según los sesudos expertos. Antonio Maíllo no provoca esta vez ninguna risa en la sala de prensa.

Susana Díaz es fiel a su perfil. La marca soy yo. Y juega a lo Pablo Alfaro, mete el pie y corta la jugada con la justificación de que el candidato del PP miente. “Cada vez que mienta le voy a interrumpir”. Juez y parte. Runrún en la sala de prensa con las interrupciones de Susana Díaz, mucho más en clave de mitin que en el debate anterior. Los peperos son un emoticono sonriente cada vez que la presi eleva el tono de voz y obliga a parar el cronómetro: “Desbarra a la primera y es cuando sale su forma de ser”.

La presidenta provoca otro runrún cuando se permite la licencia de ejercer de moderadora y consentir que Moreno Bonilla pueda seguir haciendo uso del turno de palabra:”Continúe, continúe. Vengaaa, vengaaa… Continúe”. Y hasta se permite una advertencia: seguirá interrumpiendo el debate cada vez que oiga una mentira.

Aún quedan bocadillos en la caja. Y debate en la televisión. Maíllo echa en falta educación en los representantes de los grandes partidos, pero acto seguido les dice que tienen “mucha cara”. Moreno Bonilla propone eliminar el aforamiento de los diputados andaluces. Maíllo dice que a buenas horas… Y denuncia que Díaz y Moreno se dan “puñaladitas” y juegan al dúo Pimpinela.

Moreno Bonilla se reviste de Conde Draco y cuenta las veces que es interrumpido. Cuanto más sale Pablo Alfaro, más se reviste de víctima el candidato del PP: “Los andaluces le van a dar una cura de humildad”. Aplausos en los camerinos del PP. Caras largas en las del PSOE. Las máscaras de la tragedia griega. Había bocadillos, como en los mitines de Felipe y Guerra de los ochenta. Y dos autobuses en la puerta de TVE, uno de cada partido. Bocadillo y autobús, pan y circo. Pablo Alfaro iba de rojo. Moreno Bonilla, de trianero.

  • Andaluz

    El Sr. Antolín. Me podía decir de que color iba usted?. Por su comentario se ve que es usted un admirador de Pablo Alfaro, flaco favor le hace usted. Sobre la sonrisa del Sr. Moreno Le voy a recordar una letra de los paquiros. “No te fíes del amigo, que te habla y te sonríe, que detrás de la sonrisa, puede venir una traición”

  • Carlos

    Interrumpir, es propio de un debate ; interrumpir de continuo, es molesto para el que habla y para los que escuchan y no dejar hablar es de una pésima educación.

  • Abubeker

    Lo siento, no puedo opinar… si no veo los programas de doña Belén Esteban, ¿cómo iba a ver los de esta pandilla? Hace falta una catarsis a escala global, no ya española.