De pelusas y aspiradoras

Javier Chaparro | 19 de diciembre de 2015 a las 6:48

Ya intuimos que a partir de este domingo se romperá el mapa del bipartidismo con la irrupción en escena de Podemos y Ciudadanos. Y también somos conscientes de que, a la espera de lo que pase con los partidos nacionalistas –tan presentes y tan decisivos en anteriores ocasiones– la elección del próximo presidente del Gobierno dependerá del apoyo de dos o más partidos a causa de la dispersión del voto. Unos y otros más los de acullá no se han visto en otras y por eso un día aparecen con el cuchillo entre los dientes y al siguiente intentan tender puentes al diálogo.

Hace unos días, un responsable de uno de los grandes partidos mantenía en privado y encuesta en mano que, en el fondo, el sistema bipartidista de alternancia en el poder no es sólo el que más conviene a PP y PSOE, sino también a España porque ambas formaciones comparten principios clave que garantizan la estabilidad del país y transmiten confianza dentro y fuera de nuestras fronteras. Empezando por la defensa de la Constitución y de la unidad territorial, socialistas y populares saben que siempre podrán ponerse de acuerdo más bien que mal en asuntos como la política de Defensa, pensiones o sanidad, pilares todos ellos del Estado que compartimos. (Punto y aparte es la educación, en torno a la que jamás ha habido consenso).

Si este sistema inamovible cuatro décadas se resquebraja ahora es porque la crisis ha hecho de sumidero y dejado a la vista la miseria acumulada en forma de corrupción, mentiras, asesores, dietas injustificables, créditos impagados y demás porquerías. El discurso fresco y sin lastres de los nuevos partidos ha calado en curtidos y nuevos votantes con ganas de dar una oportunidad a esos nuevos actores, con la esperanza de que pasen la aspiradora y se lleven por delante tanta pelusa. No le den más vueltas:el personal puede aceptar a regañadientes que le rebajen el sueldo, esperar algo más de tiempo ante la consulta del médico o que la ayuda a la dependencia se retrase;lo que no aceptará jamás es que le roben la cartera en su cara y no grite: “¡Al ladrón!”. El problema de PP y PSOE es que nadie les ve correr tras él.

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