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Reflexionen

David Fernández | 19 de diciembre de 2015 a las 6:50

He de confesar que termina la campaña y tengo menos cosas claras que al comienzo. No tengo claro que finalmente Ciudadanos le dispute el segundo puesto en toda regla al PSOE. Antes al contrario, creo que el efecto Rivera se ha desinflado un tanto y que finalmente Podemos se consolidará como tercera fuerza en las urnas. En cualquier caso, sea así o no, los dos partidos emergentes son los grandes triunfadores de estos comicios. Basta recordar que IU apenas superó los 20 diputados en su mejor resultado electoral, y las encuestas sitúan hoy por hoy muy por encima de esta cifra tanto al partido de Pablo Iglesias como a la formación de Rivera.

Los socialistas podrían dar por buena la jornada electoral si finalmente se sostienen en la segunda posición. De ser así, de ganar el PP, es complicado pensar que Pedro Sánchez apoyaría al líder de Ciudadanos como jefe del Gobierno, salvo que no le importe lo más mínimo enterrar unas siglas históricas como son las socialistas de por vida. En esta quiniela, también se puede pensar que tampoco Rivera ganaría algo faltando a su palabra.Ya ha dejado claro que no formará gobierno ni con PP ni con PSOE y es ésta en el fondo la jugada que más le interesa a su partido, que tiempo tiene para crecer. Si las encuestas no distan mucho de la realidad, la próxima será una legislatura en la que Rajoy gobernará bajo la tutela directa de un Rivera que cobrará muy caro su apoyo. Los nacionalistas se verán más alejados aún del mangoneo al que acostumbraban antaño cuando ofrecían estabilidad lo mismo al PSOE que al PP a cambio de sus prebendas para el País Vasco y Cataluña. Rajoy gobernará una nueva legislatura que se presume más bien corta, pero mandarán otros, los pupilos de un Rivera que tendrá que demostrar que tiene equipo.

Las siguientes serán las elecciones de Pablo Iglesias, Rivera, pero también las de Soraya Sáenz de Santamaría –se habrá ganado a pulso el liderazgo en elPP– y tal vez de Susana Díaz, si finalmente Pedro Sánchez no lograse mañana domingo mantener al PSOE por encima de los cien escaños. Por primera vez, dos mujeres entrarían en la batalla electoral por el poder en Moncloa. Pero esa es otra historia. De momento, reflexionen. La campaña electoral, la de verdad, comienza a partir del próximo lunes.

Marrajo plancha para todos

David Fernández | 17 de diciembre de 2015 a las 12:30

LA legión de indecisos que protagonizará los comicios más abiertos que se recuerdan, deja claro que ninguno de los candidatos ha logrado por ahora llevarse de calle al electorado con propuestas atractivas. El próximo mandato será obligado pactar para formar gobierno salvo milagro y lo más probable es que sea una legislatura corta, según los expertos. Con sus discursos refrigerados como el marrajo y tantos lugares comunes, los candidatos, a lo sumo, sólo han logrado cautivar a los convencidos de antemano. Quienes más se han favorecido de la falta de carisma generalizada han sido los partidos emergentes, que han incorporado sin apuros, a pesar de su falta de experiencia, a los ciudadanos que se conforman con castigar al bipartidismo. Por la misma razón, quienes peor salen en las encuestas son PP y PSOE.

Mariano Rajoy, tan desgastado por la gestión, la corrupción y los recortes durante la recesión, tiene mucho que perder, pero quizá menos que Pedro Sánchez. Las encuestas sitúan al PP como favorito a la victoria, y si el líder popular logra sumar los 125-130 escaños y salva los muebles con 4 ó 5 puntos sobre el segundo, saldrá vivo, pese al batacazo. Por el contrario, si Pedro Sánchez baja de los 100 escaños y el PSOE cede el segundo lugar a Ciudadanos, no habrá piedad y su futuro se verá comprometido porque le culparán de dejar escapar la ocasión de su vida.

Lo terrible para el PSOE es que no tiene asegurada la victoria ni en Andalucía. Y en Madrid, Cataluña, Galicia, Castilla y León y Valencia sus aspiraciones son muy discretas. Sólo en Extremadura parece garantizado el triunfo, de ahí que en los últimos días se haya visto a una Susana Díaz -consciente de que necesita un buen resultado- apretando el acelerador con un buen discurso, frente a la líder un tanto fría y distante del arranque de campaña. Si el PSOE no ganara en Andalucía, significaría un antes y un después también para ella, que vería erosionada su imagen y poco podría echar en cara a Sánchez. Ante tamaño desafío, el más grande al que se han enfrentado los socialistas, ambos están obligados a remar en la misma dirección para evitar la debacle. Y en ello están, porque el PSOE no renuncia a dar un vuelco a las encuestas, al menos en Andalucía.

Viva el centro

David Fernández | 15 de diciembre de 2015 a las 6:15

EL candidato socialista ha sido el último, que no el único, en sumarse a los que quieren ocupar el centro, ese gran caladero de votos. “Atacan al PSOE porque es el centro”, ha dicho Pedro Sánchez, sin mover un músculo de la cara. Ese pensamiento del siglo pasado un tanto utópico ligado a la idea de libertad e igualdad ha sido sustituido en el seno de su partido por un discurso de urgencia mucho más pragmático. Como tantos pensadores dispares, a Sánchez ya no le alcanza con proclamar que están dispuestos a terminar con la injusticia económica para propiciar un espacio de fraternidad y otras historias de principios del siglo pasado, cuando aún la sociedad industrial era un sueño. Esta puede ser su meta, pero el camino trazado por el líder delPSOE para alcanzarla ha variado, a la vista de las últimas encuestas.
También Pablo Iglesias ha girado al centro, al comprobar que nadie le adelantará por la izquierda. IU se ha volatilizado.

Y el comunista que vive en el interior del líder de Podemos emprendió hace meses un viaje para encarnarse en un socialdemócrata tan convencido, que si se cruzara con Maduro por la calle se haría el sueco. Los podemitas que nacieron con una sola idea del modelo de Estado, con tal de acercarse al triunfo total, han vendido su alma, su ideología, como el resto, por un voto. Quien más claro lo ha tenido desde el principio ha sido Albert Rivera. El ideario político de su formación subraya que es un partido que nace para ocupar el espacio de centro izquierda, toda vez que el PSOE dejó en Cataluña a muchos huérfanos por el camino. Rivera también aglutina a los descontentos con el PP que no podían pegar ojo pensando que votarían a Podemos para castigar a su partido de toda la vida. Gracias a todos ellos, Rivera se convirtió en un conservador moderado, guardián de la unidad de una España menos descentralizada. El PP no se ha quedado al margen, y como no le salen competidores por la derecha, puso toda la carne en el asador para fijar a su electorado de centro consciente de que su clientela más reaccionaria no tenía adónde ir. Como los discursos se parecen tanto, es hasta lógico que el número de indecisos se dispare, ya que no se fían de unos líderes que no se arriesgan a exhibir su auténtica personalidad.

Vértigo

David Fernández | 13 de diciembre de 2015 a las 6:28

Esta sociedad de la información  y del consumo es tan insaciable que devora a sus hijos con la misma naturalidad con que los encumbra al estrellato. Vivimos tan deprisa, que apenas saboreamos las cosas y los buenos momentos. El tiempo saca de su tiempo al más pintado. Y los candidatos están sometidos a un examen tan minucioso, que nadie está a salvo de la crítica. Que se lo cuenten al líder de Ciudadanos, que de comenzar la campaña como el yerno ideal, en las últimas horas está perdiendo puntos a un ritmo endiablado según el dictamen inapelable de la audiencia.  La sociedad está tan politizada que lo mismo te dice una cosa que te dice la otra. Igual corona a Rivera como un gran estadista que le critica por ser un pelín sobrao y oportunista al apelar al pacto antiyihadista al presidente del Gobierno.

A este ritmo tan frenético, la campaña se le hará eterna sobre todo a los partidos emergentes. Deseaban con tantas fuerzas dirigirse al gran público de tú a tú y a todas horas, que ahora que tienen hilo directo con el elector gracias a las redes sociales empiezan a desgastarse y a sentir algo de vértigo. Y tiene gracia, porque hasta ahora la campaña electoral no servía para casi nada y hoy cada segundo cuenta. Antaño los líderes se rodeaban de su tropa y se recorrían medio país en caravana a sabiendas de que el voto, por más que se desgañitaran en cientos de mítines, se decidía con medio año de antelación y era casi imposible movilizar al electorado. Ahora cada día hay una sensación distinta. La sociedad igual relega a Podemos al último lugar de las encuestas que lo sube en una buena ola y mejora sus expectativas. El PP sólo puede confiar en que la campaña, con tantos giros, retrate también a los emergentes. Los populares son los que menos tenían que perder a priori, conscientes de que si los socialistas no logran su objetivo habrán desperdiciado una ocasión histórica. Si el PP se sale con la suya, en parte será porque algunos asesores olvidaron que la audiencia lleva años frente al televisor consumiendo vísceras en pijama y de paso recreándose con las miserias de los famosos. Lo mismo le da que se llame Rivera que Belén Esteban. Lo que le echen. Lo llaman espectáculo, pero no lo es.

Ni se compra ni se vende

David Fernández | 11 de diciembre de 2015 a las 11:12

De los cuatro candidatos, Pedro Sánchez, según los sondeos en este país tan pendular, tiene las de perder, a priori. Y en realidad lo tiene muy difícil, porque el que quiera castigar al PP por sus recortes a diestro y siniestro para capear el temporal y por su dura política de reformas durante los últimos cuatro años, apostará por Ciudadanos o Podemos antes que por los socialistas. Los partidos emergentes parten en desventaja en cuanto a su inexperiencia en la gestión, esto es cierto, pero no tienen hipotecas del pasado. Para más inri, los más indecisos siempre podrán achacar al candidato del PSOE que su partido llevó a este país hasta el borde del precipicio y que él como diputado, por mucho que más tarde se arrepintiera, también apoyó la reforma de la Constitución cuyo objetivo no era otro que el equilibrio presupuestario para otorgar prioridad al pago de la deuda. El PP podrá vender que al menos hizo algo bien al evitar un rescate casi inevitable, aunque bien es cierto que muchos españoles siguen en la cuneta y que no supo afrontar con solvencia otros grandes problemas como el desafío soberanista catalán, la corrupción y la necesaria reforma de la administración pública, entre otras cuestiones que se le han escapado vivas.

Pese al enorme desgaste popular, las encuestas se empeñan en anunciar un batacazo tan extraordinario para los socialistas, que hasta Felipe González ha tenido que saltar a la primera línea para tratar de salvar los muebles con un duro ataque a Podemos, que aún sigue con la lengua pegada al paladar tras la derrota de Maduro en Venezuela. El problema es que a su lado, Pedro Sánchez, tan rígido, falto de carisma y con tantas dificultades para transmitir y emocionar al gran público con la palabra -justo el terreno que el ex presidente domina a la perfección- queda aún más empequeñecido. A González no le ha hecho falta abandonar su hábitat natural ni dejarse ver con el dominó o bailando rumbas para concitar la atención con un mensaje que muerde. Posee ese don que ni se compra ni se vende y que distingue a los políticos de una pieza, del resto. Podrán gustar más o menos sus ideas, esto es otra cuestión, pero a su lado, los otros candidatos, también los emergentes, parecen salir de un laboratorio.

Puro espectáculo

David Fernández | 9 de diciembre de 2015 a las 10:26

He de ser algo torpe porque aún no sabría decirles a qué edad podremos jubilarnos. Por más atención que puse en el debate ninguno de los candidatos me dejó claro qué medidas adoptará para que la Administración de Justicia sea ágil y garantice la independencia judicial. El espectáculo mediático es lo único que importa hoy, por eso al analizar la puesta en escena, los medios destacaron que Pedro Sánchez desperdició la ocasión de reivindicarse y que Pablo Iglesias estuvo más fino que un Rivera algo nervioso. Pero por más atención que puse, no logré enterarme de cómo demonios piensan impulsar una ley de educación consensuada para impedir que nuestros hijos hagan el ridículo cuando se publique el informe PISA.

Los expertos dicen que Soraya Sáenz de Santamaría salió viva del encuentro. Y que en realidad, ninguno de ellos, salvo Rajoy -que aceptó la derrota de antemano, porque hay mensajes que no tienen defensa posible- defraudó a su hinchada. Eso sí, nadie arriesgó y por tanto nadie pellizcó. Los indecisos acabaron con más dudas que antes. Y conste que clavar un mensaje de memoria en 60 segundos sin que sobre uno solo tiene su mérito.

Pero ninguno de los cuatro defendió un modelo concreto de Constitución y de sanidad pública. Y menos convencieron sus propuestas para combatir el paro. Por más interés que puse, en este terreno tampoco obtuve respuestas. Ha de ser el formato, que prima la sobreactuación y la forma sobre el fondo, porque de lo contrario no se entiende. Los candidatos y los asesores ponen tanto empeño en los detalles que olvidan la esencia. Encorsetados en una posición muy incómoda, ninguno expuso sus políticas sin red, sea para dirigirse a los pensionistas o para ocuparse de los impuestos. Ni siquiera en la reforma de la Administración se tiró alguno a la piscina. Sometidos a la supremacía de las cámaras, nadie logró acabar con el cuadro por su naturalidad, su programa, su carisma o por su sentido común. Los cuatro se ajustaron tanto al guión como los típicos usuarios de las redes a los que la vida siempre, siempre, les trata fenomenal. Como esto no cambie, los españoles acudirán a las urnas sin saber a qué edad podrán jubilarse, pero al menos sí sabrán cuál de los candidatos tiene las uñas más largas.

La Marimorena

David Fernández | 7 de diciembre de 2015 a las 6:47

La entrañable escena navideña que ha conmovido al electorado la protagonizó el PP a golpe de pandereta en una zambomba jerezana este sábado. Si no han tenido la oportunidad de contemplar las imágenes por televisión, rescátenlas porque merece la pena contemplar a ese enorme Juanma Moreno con el pulgar de su mano izquierda a la altura de los riñones y el índice y el corazón marcando figura a la vez que lanzaba la mano derecha al aire a cazar moscas por bulerías. El candidato popular formó La Marimorena con tal de transmitir, de rondón, como el que no quiere la cosa, que la experiencia es un grado. Qué grandes sus hechuras… Un pasito p’alante y un pasito p’trás y vámonos que la Virgen como es gitana, a los gitanos camela, y San José como es gachó, se rebela, se rebela. Ole.

Su mérito es doble porque al contar con menos cintura que Rafa Alkorta, tuvo que transmitir todo su empaque por medio del rostro y los brazos, lo cual entraña doble dificultad. Ciertamente no desentonó del todo, hay que reconocerlo, junto a sus compañeros. Pedro Sánchez, que junto a Miquel Iceta en los mítines de las catalanas ya demostró que tiene menos compás que unas maracas llenas de agua, no lo habría hecho mejor. El líder del PSOE seguro que desconoce que los caminos se hicieron con agua, viento y frío, como canta nuestra tierra por Navidad. Y no digamos Pablo Iglesias, que con sus alusiones a Soraya demostró tener menos gracia que la carta de ajuste. ¿Imaginan al líder de Podemos arrancándose a cantar y bailar villancicos flamencos? Dicen que el otro candidato emergente, Albert Rivera, lleva meses ensayando con la jerezana Inés Arrimadas para no despistarse y dar la nota cuando le cuenten, en una zambomba, que en la puerta hay un niño. A lo mejor pensaría que se ha perdido. Los villancicos están preñados de tanta historia, que si no conoces el terreno que pisas te pueden impresionar relatos como el de un pastor que lleva una burra cargada de chocolate, o el del cura que no va a la iglesia. Y la vida del político, qué duda cabe, es más que sacrificada, todo el día tratando de empatizar con el electorado y si hace falta con las palmeras. Estén atentos porque igual ya los tiene a su lado tocando la zambomba y catando el anís.

Alineación indebida

David Fernández | 5 de diciembre de 2015 a las 12:36

La última encuesta del CIS ha dejado a los socialistas con sus peores resultados de la democracia y a su líder Pedro Sánchez con peor cara que la de Emilio Butragueño cuando le comunicaron por teléfono en el palco del Cádiz que su equipo quedaba eliminado de la Copa por la alineación indebida de Cheryshev. El PP parece afianzarse en cabeza -nadie se confíe- y Albert Rivera amenaza el segundo puesto del PSOE. También Podemos parece remontar, pero su viaje al centro con tanto maquillaje no le valdrá para recuperar todo el terreno perdido. La última palabra la tendrán los indecisos y esta vez con más poderío que nunca, para añadirles más presión. Al parecer, una legión de cabreados que en su día votó a PSOE y a PP y que ahora se dispone a castigarles donde más duele con tanto abuso y tanta corrupción, no tiene claro, en caso de tomar la decisión en firme, a cuál de los dos partidos emergentes votar.

Elegir, y esto hay que decirlo ya, es un auténtico calvario. Y a pesar de ello, nos gusta flagelarnos casi desde que echamos los dientes. Para poner a cualquier niño en un aprieto sólo hemos de preguntarle si quiere más a papá o a mamá para comprobar hasta qué punto le tocamos las narices. Sin darnos cuenta, más pronto que tarde le animaremos para que elija un número favorito y su color preferido. El verde. Y antes de aprender a caminar, por lo general tendrá que decidir a la fuerza cuál será su equipo para toda la vida, aunque haga el ridículo más espantoso sobre el césped. Si es usted de los que no saben qué contestar cuando alguien pregunta dónde ir a tomar un aperitivo o a pasar el puente, prepárese porque el próximo día 20, encima, no será tan fácil votar como antaño. Este año a las propuestas más clásicas se suman nuevas fuerzas que pondrán a los indecisos a cavilar de verdad. Y aunque ya sabemos cómo cantan y bailan los candidatos y cómo juegan al dominó, aún no nos han explicado cómo cuadrarán las cuentas, ni qué piensan hacer con las pensiones y las colas para visitar al médico especialista. Como buen demócrata, el único lujo que ni el indeciso se puede permitir es el de no votar. Ahora bien, asegúrese de que al elegir una opción no le pasa como al Madrid y se queda en fuera de juego de la fiesta democrática por alineación indebida.

No es por criticar

David Fernández | 3 de diciembre de 2015 a las 10:48

No me gusta criticar, pero este país no tiene remedio. Hagan lo que hagan, a los políticos siempre les cae la del pulpo. Si cortan el grifo a la prensa, les caen palos de todos los colores por hurtar información a la opinión pública. Y si acuden a todas las tertulias, debates, magazines, informativos e intermedios, les dan el doble. A Rajoy le dieron flojo y fuerte -y con razón- por dirigirse al país desde una triste pantalla de plasma (no parecía de las inteligentes) y ahora le cascan por chupar más cámara que el pequeño Nicolás. Ayer sin ir más lejos, mi vecina pidió un kebab y está casi segura de que fue él quien se lo sirvió. Aún mantiene el pulso acelerado. Al líder del PP le señalan cuando se encierra en su caparazón y cuando le da un coscorrón a su hijo mostrándose al natural. Hay que reconocer que somos expertos en el arte de la crítica, sea en las bodas o cuando un amigo nos enseña su coche. Por no hablar del auténtico profesional, capaz de tirarse todo el día largando fiesta en la oficina sin dar ni golpe. Ojo porque el censor entendido lo primero que dice antes de crucificarte es que te quiere muchísimo. Salvo el muerto, al que enterramos divinamente, no se libra ni Dios. No en vano, da miedo ser el primero en abandonar una reunión en estos tiempos. Ya saben que aquí uno es un gran nota hasta que se demuestre lo contrario, muchas veces al cabo de los años cuando conoces a la persona.

Dicho esto, ni los mismos dirigentes populares se explican cómo se les ocurrió esconderse en los años más duros en lugar de explicar los recortes, lo que habría servido de ayuda para entender algo. El apagón informativo del PP lo aprovecharon y de qué manera Ciudadanos y Podemos, que ocuparon gratis todo el espacio mediático que les brindaron los gobernantes, justo cuando la ciudadanía empezaba a cansarse un poco de la telebasura y mostraba algo de interés por la política. El PP se ha dado cuenta de su error algo tarde y por eso hoy choca ver a Rajoy jugando al futbolín junto a Pedro Sánchez preparando un zumo y Rivera y Pablo Iglesias debatiendo hasta por el origen de los simios. Está bien acudir a las televisiones, pero por favor, por mucho que esté de moda mostrarse al desnudo eviten concursos del tipo Adán y Eva. Y no es por criticar.

El tren de los escobazos

David Fernández | 20 de marzo de 2015 a las 4:38

La emoción nos embarga. En el ambiente se respira un escenario diferente para Andalucía. Aunque el PSOE siga siendo el claro favorito, los electores presienten que estas elecciones serán distintas. El cambio real parece posible y en los despachos oficiales hay más nervios que en la primera cita con tu pareja. Emitir un pronóstico hoy es parecido a lanzar una moneda al aire, de ahí que nadie se atreva a publicar su intención de voto ni en el confesionario. Los sondeos avanzan que los parlamentarios tendrán que acostumbrarse a debatir y hablar entre ellos para garantizar la gobernabilidad a partir del lunes, justo lo que se han negado a aceptar tantos años, a pesar del clamor popular que exigía la generosidad de todos.

Las mayorías absolutas parecen inalcanzables, y el equilibrio sólo será posible desde el consenso. La agitación se palpa hasta en los partidos emergentes, que no las tienen todas consigo, y ya no se fían de tanto halago. IU y el PP un día temen perder lo que tanto les costó, y al siguiente recobran el aliento. El informe caritas del PSOE es un poema: a veces parece que no le salen las cuentas y otras justo lo contrario. Si estos tres últimos hubiesen aparcado su vanidad para apagar el fuego de la crisis hoy podrían dormir a pierna suelta, en lugar de despertarse de madrugada sin saber por qué. Sus candidatos empiezan a tener la misma cara del que sube al tren en la Feria y no sabe de dónde le llegarán los escobazos. La incertidumbre está servida porque ahora les toca hablar a los ciudadanos. Los más cabreados han dicho basta y están dispuestos a educar, como si fuesen sus hijos, a los dirigentes que no paran de buscarse las cosquillas y ponerse zancadillas justo cuando Andalucía más les necesita. El nuevo escenario a la italiana que proyectan las encuestas no parece el ideal para salir de la crisis. Tal vez, pero si lo quieren los electores para dar una lección a sus representantes obligándoles a negociar y de paso recordándoles los valores de la democracia, amén.

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