El soldado Sánchez intenta salvarse

José Aguilar | 14 de diciembre de 2015 a las 10:08

Vitaminado por los simbólicos apoyos de Felipe, Zapatero y Rubalcaba; energetizado por la movilización de la militancia más leal a Susana Díaz, y en la provincia que siempre, lo que se dice siempre, ha votado socialista (Sevilla), y venido arriba tras reunir en Valencia, ayer, a una multitud insólita en mítines de poscrisis, Pedro Sanchez se dispone a darle la vuelta a las encuestas, como Chaves en 1996. A todas, porque no hay una sola que le dé como vencedor y son varias las que le discuten hasta el segundo puesto. A seis días de las elecciones de verdad, sólo cuenta con dos instrumentos para salvarse de la quema augurada. Uno, teórico y conceptual: convencer a los españoles de que el PSOE representa la única posibilidad de cambio político y que los descontentos malbaratarán su voto si se decantan por Ciudadanos o Podemos. Apelación al voto útil, que se llama. El otro es puramente práctico y material: el debate de esta noche, al fin a solas con Rajoy. Me permito darle dos consejos: que no crea ni por un momento que el simple hecho de “ganar” el debate le garantizaría derrotar a Mariano, y que deje de hacerse la víctima denunciando que los otros tres están conjurados contra él.

Sánchez se la juega

Ignacio Martínez | 13 de diciembre de 2015 a las 6:30

Mañana, en el cara a cara entre Rajoy y Sánchez, el líder socialista se juega mucho más que el popular. El tono tenso, bronco, de la campaña socialista en los últimos días contra los dos partidos emergentes puede deberse a que el PSOE dispone de datos similares a los de este barómetro. El resultado es preocupante para el partido hegemónico en las cuatro últimas décadas en Andalucía: si el 20 de diciembre el PSOE sólo logra empatar con el PP en su principal feudo electoral, eso se traduciría en un fracaso notable en el conjunto de España. Todo puede cambiar con pequeños ajustes de tendencia: el reparto de escaños se hace entre tres y cinco partidos diferentes en las distintas provincias andaluzas, y la subida de cualquier opción siempre perjudicará a unos rivales más a que a otros. Ayer, Susana Díaz en el mitin de Sevilla aseguró que Podemos y Ciudadanos “no quieren que pierda el PP, quieren que perdamos los socialistas”. La frase que delata inquietud. Y además está desenfocada: los emergentes, como PP y PSOE, quieren ganar apoyos para las ideas e intereses que defienden. Los votos no son patrimonio de nadie; sino la expresión de la voluntad del pueblo. Mañana, en el cara a cara, Sánchez se la juega.

Vértigo

David Fernández | 13 de diciembre de 2015 a las 6:28

Esta sociedad de la información  y del consumo es tan insaciable que devora a sus hijos con la misma naturalidad con que los encumbra al estrellato. Vivimos tan deprisa, que apenas saboreamos las cosas y los buenos momentos. El tiempo saca de su tiempo al más pintado. Y los candidatos están sometidos a un examen tan minucioso, que nadie está a salvo de la crítica. Que se lo cuenten al líder de Ciudadanos, que de comenzar la campaña como el yerno ideal, en las últimas horas está perdiendo puntos a un ritmo endiablado según el dictamen inapelable de la audiencia.  La sociedad está tan politizada que lo mismo te dice una cosa que te dice la otra. Igual corona a Rivera como un gran estadista que le critica por ser un pelín sobrao y oportunista al apelar al pacto antiyihadista al presidente del Gobierno.

A este ritmo tan frenético, la campaña se le hará eterna sobre todo a los partidos emergentes. Deseaban con tantas fuerzas dirigirse al gran público de tú a tú y a todas horas, que ahora que tienen hilo directo con el elector gracias a las redes sociales empiezan a desgastarse y a sentir algo de vértigo. Y tiene gracia, porque hasta ahora la campaña electoral no servía para casi nada y hoy cada segundo cuenta. Antaño los líderes se rodeaban de su tropa y se recorrían medio país en caravana a sabiendas de que el voto, por más que se desgañitaran en cientos de mítines, se decidía con medio año de antelación y era casi imposible movilizar al electorado. Ahora cada día hay una sensación distinta. La sociedad igual relega a Podemos al último lugar de las encuestas que lo sube en una buena ola y mejora sus expectativas. El PP sólo puede confiar en que la campaña, con tantos giros, retrate también a los emergentes. Los populares son los que menos tenían que perder a priori, conscientes de que si los socialistas no logran su objetivo habrán desperdiciado una ocasión histórica. Si el PP se sale con la suya, en parte será porque algunos asesores olvidaron que la audiencia lleva años frente al televisor consumiendo vísceras en pijama y de paso recreándose con las miserias de los famosos. Lo mismo le da que se llame Rivera que Belén Esteban. Lo que le echen. Lo llaman espectáculo, pero no lo es.

Hablar de mi libro

Antonio Lao | 13 de diciembre de 2015 a las 6:27

Fue Francisco Umbral el que acudió a una televisión para una entrevista, con la excusa de promocionar su nuevo libro y se le preguntó de todo, menos de aquello para lo que había ido al plató. La imagen, repetida en los zappings hasta la saciedad y la frase “yo he venido aquí a hablar de mi libro” refleja con rotundidad aquello en lo que se han convertido los debates electorales. Sesudos especialistas he escuchado hablar de los protagonizados por aquellos que aspiran a ocupar La Moncloa a partir del 20 de diciembre. Cada uno de ellos ha buscado y rebuscado matices por los cuales uno u otro candidato no ha estado bien o, por el contrario, han alcanzado la excelencia. Pequeños detalles que, miren ustedes, no veo que los ciudadanos que se asoman a la pequeña pantalla puedan ni  siquiera atisbar. Los debates son claves para la consolidación de los candidatos, qué duda cabe, aunque entiendo que gran parte de aquellos que los ven ya tienen el voto decidido. No me vayan a decir ahora que un seguidor de Podemos, por poner un ejemplo, va a dejar de votarles porque el sudor de su candidato se dejó ver en las axilas de Pablo Iglesias, o el constante movimiento de piernas de Albert  Rivera decepciona a aquellos que creen en su proyecto de regeneración. Tampoco creo que la pose seria y la ambigüedad calculada de Pedro Sánchez aleje de su proyecto a aquellos que creen a pies juntillas en la tradicional socialdemocracia. La vicepresidenta lo tenía complicado y salió del envite con nota. No tenía nada que perder y si mucho que ganar. El constante recuerdo al candidato del PP, Mariano Rajoy, no era más que una coletilla que, con probabilidad, si va a tener influencia el 20-D. En cualquier país de nuestro entorno, que el presidente del Gobierno no vaya a debatir no parece comprensible. Al contrario, puede ser entendido como un desaire a sus votantes y a aquellos que a lo largo de los últimos cuatro años ha gobernando. Aun así, todos hablaron de su libro y nadie los sacó del guión. Sin más.

El tren del 21

Rafael Navas | 12 de diciembre de 2015 a las 10:16

Desde mucho antes del comienzo de la campaña electoral (desde que accedió al cargo para ser exactos), al candidato socialista, Pedro Sánchez, hay quien lo ha desahuciado políticamente y ya puede ir a salvar a las ballenas en verano con el hipster del Partido Popular que no tiene forma de cambiar esa impresión. En los últimos días su figura está siendo objeto de toda clase de críticas por parte de sus rivales políticos, que le echan en cara recurrentemente esa presunta provisionalidad que emana del hecho de que Susana Díaz no sólo haya ganado en Andalucía, sino que además ha cogido con fuerza la bandera del discurso socialista, por ejemplo en Cataluña.

A fuerza de repetir los rivales de Sánchez aquello de que la presidenta de la Junta de Andalucía ya ha comprado el billete del AVE a Madrid para el día 21 de diciembre, habrá quien ya haya hecho lo propio para hacerse el encontradizo con ella en Santa Justa.

Estrategias de adversarios políticos aparte, parece claro que en el PSOE hay quienes consideran que una debacle de Pedro Sánchez supondría no sólo su dimisión y posterior relevo por Susana Díaz, sino el fin de una tendencia a los pactos con Podemos (en sus diferentes acepciones locales) en numerosos ayuntamientos españoles. Ésa es una de las principales causas a las que se atribuiría la misma noche del 20-D el fracaso del candidato socialista, a quien las encuestas sitúan a bastante distancia del PP. Con acuerdos como los de Cádiz, Jerez, Madrid o Barcelona, para desalojar al PP de las alcaldías, el PSOE ha podido pagar un precio muy alto. Por descontado, de darse el batacazo en las generales, ahí se fijarían muchas de las miradas y habría voces que reclamarían reconsiderar esos acuerdos lo que queda de mandato municipal.

El próximo 20 de diciembre se verá si los votantes socialistas lo castigan y un día después conoceremos los nombres de los pasajeros del AVE a Madrid y si entre ellos hay una mujer que acude a arreglar un desaguisado.

Perdedores y vencedores

Antonio Méndez | 12 de diciembre de 2015 a las 10:15

Traspasado el ecuador de la campaña, dos titulares: en la era de las redes sociales, las televisiones marcan la agenda. Hasta el encuentro en Twitter de Albert Rivera para estrenar un sistema de vídeo- respuestas en treinta segundos resultó insípido. Segundo, el sondeo del CIS, demoledor. Ha funcionado en el ánimo como unas elecciones anticipadas.

Nadie alberga la más mínima duda de que los, todavía, dos grandes partidos cosecharán el 20-D un resultado sensiblemente peor al de 2011. El PP reza por superar la cifra de 130 escaños, 56 menos que ahora. Y no quiere sobresaltos. De ahí que ayer Rajoy saliera raudo a rechazar que el atentado terrorista en Afganistán tuviera como objetivo la Embajada española, aunque se saldara con la muerte de un policía nacional. E incluso llamara a Iglesias. Hay pesadillas imposibles de olvidar. Los socialistas, casi podrían presumir de victoria si rebasar los 100 representantes en el Congreso, diez menos que los actuales.

Por descarte, hay dos formaciones que ya han triunfado. El líder de Ciudadanos entrará con fuerza en el Congreso. Y, si ahora no se corona, siempre podrá proclamar que su momento está por venir. Y con lo intrincado del escenario, son muchos los que aventuran una legislatura corta. El dirigente de Podemos podrá exhibir una izquierda partida en dos, que ni los viejos comunistas alcanzaron con sus estériles intentos de sorpasso.

La noche de los balcones es cierto que mostrará a un vencedor. Aquél que reclame el derecho a disfrutar del alquiler de la Moncloa. El favorito es el inquilino con contrato en vigor. Dan igual sus incumplimientos o la gran brecha social abierta por su gestión.

En otras circunstancias, la alternativa habría encargado el camión para la mudanza al palacio. Pero sucede al contrario. La venganza democrática puede sufrirla más la oposición que el Gobierno. Como si el 20-D fuese la segunda vuelta para hundir también cualquier vestigio del zapaterismo. Razón de más por la que extraña que Sánchez, que hoy aparece por Sevilla, apele a su legado en una reivindicación aparentemente suicida o, cómo mínimo, temeraria.

Mariano el largo

José Aguilar | 12 de diciembre de 2015 a las 10:13

EL candidato Rajoy está demostrando ser mucho más inteligente que sus adversarios. Su campaña es la mejor. Hace como ninguno un uso provechoso de la televisión: acude a los programas de entretenimiento, blanditos y masajeantes, se presta a algunas entrevistas en las que él tiene la última palabra (la única, a veces) y elude el debate con los tres candidatos en liza. Solamente acepta enfrentarse, este lunes, con Pedro Sánchez, al que ya han vapuleado Rivera e Iglesias, por la derecha y por la izquierda, y al que espera dar la puntilla a base de abrumarlo con su mayor conocimiento y experiencia y desacreditarlo a cuenta de la mochila que arrastra el socialista como Zapatero bis. Y mientras los demás se despedazan, Rajoy va desgranando sus propuestas, por el procedimiento del goteo, todas ellas orientadas a lo que considera -seguramente con razón- el asunto que más importa a los españoles: la economía y el trabajo. Rebajas en el IRPF, ayuda a los autónomos, exenciones a los jubilables, subvenciones a los nuevos contratos… Hay para casi todos.

Mariano no anda falto de astucia, recursos y perspicacia. No tiene nada de Mariano el corto. Si acaso, del largo.

Sin piedad

Ignacio Martínez | 11 de diciembre de 2015 a las 11:14

Se ha desatado una guerra de todos contra todos. Mucha gente duda qué votar, incluso entre más de dos opciones. Lo nunca visto. Y los cuarteles generales han decidido golpear a los adversarios más cercanos. La primera fue la semana rosa de la campaña, con apariciones en programas de entretenimiento ajenos a la política, en las que todo el mundo se puso guapo, romántico y hasta un poco bobo, con las preguntas fáciles y blanditas. Esta segunda es la semana Sálvame: todos despellejan a los demás. El despelleje propio es otro género, que se practica como muestra de entrega a la causa: gran campeona de esto último es Susana Díaz que lleva años dejándose la piel para crear empleo en Andalucía y ahora promete (eso dice) dejarse la poca que debe quedarle en la hercúlea tarea de llevar a Pedro Sánchez a la Moncloa. Quienes más sufren en estos envites son el centro derecha y el centro izquierda. Ciudadanos se disputa un 27% de los votos con PP, PSOE y Podemos. El índice de riesgo del PSOE con los otros tres es similar, un 26%. Las dudas entre el PP y el resto del pelotón de cabeza bajan al 20%, porcentaje que se queda en 15 en el caso de Podemos. Estos números se convierten en artillería contra el rival más fuerte. Momento en el que de Bertín y Sálvame pasamos a Gran Hermano. Sin piedad.

Ni se compra ni se vende

David Fernández | 11 de diciembre de 2015 a las 11:12

De los cuatro candidatos, Pedro Sánchez, según los sondeos en este país tan pendular, tiene las de perder, a priori. Y en realidad lo tiene muy difícil, porque el que quiera castigar al PP por sus recortes a diestro y siniestro para capear el temporal y por su dura política de reformas durante los últimos cuatro años, apostará por Ciudadanos o Podemos antes que por los socialistas. Los partidos emergentes parten en desventaja en cuanto a su inexperiencia en la gestión, esto es cierto, pero no tienen hipotecas del pasado. Para más inri, los más indecisos siempre podrán achacar al candidato del PSOE que su partido llevó a este país hasta el borde del precipicio y que él como diputado, por mucho que más tarde se arrepintiera, también apoyó la reforma de la Constitución cuyo objetivo no era otro que el equilibrio presupuestario para otorgar prioridad al pago de la deuda. El PP podrá vender que al menos hizo algo bien al evitar un rescate casi inevitable, aunque bien es cierto que muchos españoles siguen en la cuneta y que no supo afrontar con solvencia otros grandes problemas como el desafío soberanista catalán, la corrupción y la necesaria reforma de la administración pública, entre otras cuestiones que se le han escapado vivas.

Pese al enorme desgaste popular, las encuestas se empeñan en anunciar un batacazo tan extraordinario para los socialistas, que hasta Felipe González ha tenido que saltar a la primera línea para tratar de salvar los muebles con un duro ataque a Podemos, que aún sigue con la lengua pegada al paladar tras la derrota de Maduro en Venezuela. El problema es que a su lado, Pedro Sánchez, tan rígido, falto de carisma y con tantas dificultades para transmitir y emocionar al gran público con la palabra -justo el terreno que el ex presidente domina a la perfección- queda aún más empequeñecido. A González no le ha hecho falta abandonar su hábitat natural ni dejarse ver con el dominó o bailando rumbas para concitar la atención con un mensaje que muerde. Posee ese don que ni se compra ni se vende y que distingue a los políticos de una pieza, del resto. Podrán gustar más o menos sus ideas, esto es otra cuestión, pero a su lado, los otros candidatos, también los emergentes, parecen salir de un laboratorio.

Andalucía

Javier Chaparro | 11 de diciembre de 2015 a las 11:11

Quisiera pensar que los andaluces, como colectivo formado por 8,4 millones de personas que vivimos al sur de Despeñaperros y con unos intereses comunes, pintamos algo en esta campaña electoral, pero me temo que los debates van por otros fueros. En concreto, salvo el PP, todos los partidos han aludido o incluyen en sus programas la reforma de la Constitución para dar encaje a las demandas catalanas y tratar de frenar así la corriente secesionista. Se trate de ventajas en materia fiscal y/o competencial, lo cierto es que Andalucía no puede quedar a un margen.

Vayamos a los antecedentes. Hay que reconocer a Manuel Chaves su visión para anticiparse al anterior arreón catalanista, cuando propició la reforma del Estatuto andaluz (2007) y marcó así el camino constitucionalista del Estado de las autonomías. Es cierto que se perdieron mucho tiempo y energías en debates como el abono de la deuda histórica (saldada de mala manera por el Estado con la entrega a la Junta de unos solares en La Cartuja de Sevilla), el traspaso de las competencias del Guadalquivir (tumbadas como era previsible por el Tribunal Constitucional) o la disposición de garantía de las inversiones estatales en función de la población (un desiderátum sin validez legal alguna), aunque al fin y a la postre Andalucía jugó un papel clave como ya lo había hecho el 4 de diciembre de 1977 -en sentido muy distinto, por cierto, al sugerido hace unos días por Pablo Iglesias- y el 28 de febrero de 1980.

La situación es distinta ahora. Los titulares indican que los diferentes candidatos están poniendo todo su empeño en lograr el apoyo de los andaluces repartiendo sonrisas, como el que da caramelos a los niños en una cabalgata, pero cuesta ver un guiño, un gesto de complicidad o compromiso con esta tierra. Para empezar, bastaría con que todos los candidatos afirmasen sin temor a ser lapidados que la llamada cuestión catalana, al igual que la vasca, no va a ser resuelta a costa de detraer recursos o generar agravios del resto de territorios. Andalucía es algo más que un granero de votos.