Alberto Grimaldi | 16 de marzo de 2012 a las 9:19
ALGUIEN tendría que explicar quién ha otorgado al electorado andaluz la capacidad de refutar en sólo cuatro meses la decisión soberana y ampliamente mayoritaria de que el PP acometa, como prometió -sin gran concreción, es cierto- profundas reformas para superar la gravísima patología socioeconómica que sufría España -y aún sufre- en el momento de la alternancia.
Al cumplirse la primera semana de la campaña electoral, la escalada hacia asuntos de calado nacional que no van a resolverse en las Cinco Llagas es preocupante. Si antes era reforma laboral, ahora es copago sanitario (por cierto que sería repago, porque pagar ya se paga).
Dudo mucho que la apelación al miedo que hace varias veces a la hora el PSOE cale en la mayoría de un electorado hastiado de la afición de la clase política de atizar al contrario sin un mínimo de autocrítica. Pero lo cierto es que el presidente y candidato, José Antonio Griñán, enfatiza ese mensaje cual martillo marcando el compás sobre el yunque.
Lo que me sorprende es quien interprete el martinete sea precisamente Javier Arenas: no es lógico que en el momento que más cerca está de lograr su largo objetivo se deje quemar en la fragua.
Griñán elude los temas que le son menos propicios: la situación del empleo, con un paro asfixiante como nunca ha soportado Andalucía, y cuyas políticas activas se han usado supuestamente para enriquecer a afines o malgastarlas en vicios. Y mientras Arenas se enreda en temas-trampa, se aparta del palo que hasta ahora le ha llevado a que, por primera vez, se ganen las elecciones en Andalucía. Y por dos veces consecutivas. Cuanto más tiempo y atención dedique a replicar a las apelaciones al miedo, menos tendrá para exponer sus compromisos sobre empleo, regeneración y reorganización de una Administración desaforada.
El discurso del miedo de Griñán es directamente proporcional a su desesperación por evitar la total dilapidación del poder político que heredó de Manuel Chaves. El hastío de los andaluces merece del PP otras respuestas, que generen esperanza en las soluciones.
Jesús Ollero | 22 de noviembre de 2011 a las 9:58
El PP no pierde el tiempo. Sin margen para celebrar el rodillo triunfal ya ha lanzado la carrera hacia San Telmo. Javier Arenas es un tipo listo e implacable. Mientras el PSOE se lame las heridas, analiza la derrota más según su interés que el de los votantes perdidos y observa cómo sus dirigentes buscan silla en lugar de solidez, ya ha empezado de forma decidida la campaña del albor de la primavera.
Andalucía va a ser el epicentro de los movimientos de ambos partidos. Pasado el atracón, el sur manda porque está en juego la última esperanza socialista de encarar el grueso de la crisis sin haberlo perdido todo (inestable País Vasco aparte, que ya llegará). Así, Griñán anuncia que el congreso en el que el PSOE definirá su transición será en Sevilla y el PP ya había anunciado que su cita nacional sería en Andalucía (durante el día también la anunciado en Sevilla). Ambas, en febrero.
Tres días antes del batacazo, una conversación entre dirigentes socialistas dibujaba el panorama invernal: Griñán disolvería la cámara andaluza e la segunda quincena de enero y fijaría las elecciones algo más tarde de lo previsto, en abril y no en marzo. Teniendo en cuenta (sería raro que el presidente andaluz no lo haya contemplado) que el 1 de abril es Domingo de Ramos y el 8 de Resurrección, pensemos ya en el 15 de abril como posible fecha de los comicios.
Para la fecha que sea, Arenas sigue su camino y ya tiene su primer vídeo de ‘campaña’. Tras el triunfo en las nacionales y el hecho de que España se haya sumado al cambio, ahora toca Andalucía, viene a decir. Ojo que, además de un mensaje muy cuidado, de amplio espectro (ciudad y campo, jóvenes y mayores, la esperanza y el nuevo impulso del recién nacido, etc) y que transmite equilibrio (visual y sonoro), el vídeo guarda un detalle muy llamativo. Fue subido a youtube el día 18, dos antes del 20N…
PS: Parece difícil que las Andaluzas sean en abril. Me limito a reproducir una conversación al respecto. Suena más razonable 18-25 de marzo.
Alberto Grimaldi | 21 de noviembre de 2011 a las 6:57
LA indiscutible mayoría absoluta que logró anoche la R de Rajoy, con el mejor resultado para su partido en la democracia, tiene sabor andaluz, aunque España se haya teñido de azul PP en todas las comunidades autónomas, salvo donde el voto nacionalista vence: Euskadi y Cataluña.
De los once diputados que garantizan la mayoría absoluta, ocho son andaluces, ganados además uno por provincia. Para hacernos una idea de lo que esto representa basta compararlo con los resultados de 2000: José María Aznar logró la primera y única mayoría absoluta sin ganar en Andalucía. Ahora, Rajoy no sólo gana por primera vez en la comunidad con un vuelco tan histórico como el nacional –sólo Felipe González tuvo un éxito equiparable en 1982 cuando pasó de la oposición al récord de escaños obtenido nunca en democracia, de121 a202–, sino que sin los escaños ganados en Andalucía, no tendría manos libres.
José Antonio Griñán es el primer secretario general del PSOE-A que es derrotado por el centro-derecha en 34 años. Ni siquiera UCD, que gobernó en las dos primeras legislaturas, lo logró. Pese a todo ello, en esta hora feliz para el PP andaluz de Javier Arenas me surge la duda de si este triunfo es suficiente para gobernar la Junta en cuatro meses. Porque, aún con vuelco histórico, IU ha logrado volver al nivel de 2000 –no sacó un tercer diputado en Cádiz por que esta provincia perdió un escaño que ganó Madrid–, y el porcentaje de votos de la suma PSOE e IU casi iguala al logrado por un PP en su mejor momento.
Griñán apostó por separar los comicios para resucitar la confrontación a un Gobierno que tomará duras medidas de aquí a marzo e intentar así, perdida ya la hegemonía, salvarla Junta. Los electores dirán si es así.
Jorge Bezares | 20 de noviembre de 2011 a las 5:56
Aparte de las elecciones generales en todo el territorio patrio, hoy en Andalucía se juega el segundo tiempo del asalto del PP del gran bastión socialista. Después de lograr una victoria sin paliativos en los pasados comicios municipales, con mayorías absolutas en todas las capitales de provincia y avances muy significativos incluso en localidades de menos de 20.000 habitantes, Arenas y los suyos aspiran ahora a refrendarla superando al PSOE por un mínimo de seis escaños –algunas encuestas hablan de una auténtica vuelta de tortilla y fijan la distancia en 14 diputados–. Con ese importante margen y sobre una ola similar a un tsunami, la mayoría absoluta en el tercer y último asalto, en las elecciones autonómicas de la próxima primavera, está al alcance de la mano de los populares andaluces.
Para evitarlo, los socialistas andaluces deberán andarse prestos interna y externamente. Aunque el crédito que logrará hoy el PP en las urnas va a ser casi ilimitado, los ajustes y recortes que está obligado a acometer el Gobierno Mariano Rajoy en estos primeros meses de la legislatura darán un cierto margen al Ejecutivo de Griñán para desmarcarse de esa deriva y presentarse, ya sobre el terreno, ante la opinión pública andaluza como defensor de los servicios públicos esenciales –sanidad y educación– y de las políticas sociales –cobertura del desempleo y dependencia, entre otras–. Con el paro sin decrecer y posiblemente aumentando aún más hasta finales de 2012, los socialistas andaluces podrán utilizar contra Rajoy los mismos argumentos –tan efectivos, por cierto– que los populares emplearon contra Rodríguez Zapatero y el propio Griñán ante la incapacidad de ambos para combatir esta lacra. Pero, sobre todo, el líder del PSOE-A y los suyos necesitan verle final al caso de los ERE. Con esa espada de Damocles encima, visto cómo se las gasta la jueza instructora y ante la gravedad del fraude, no está a salvo ni el primer mandatario andaluz con una precampaña y campaña por delante que resultarán, en esta ocasión, más que decisivas. Una decisión judicial inculpándolo –ya hemos podido apreciar lo fácil que resulta atribuirle responsabilidades, con poco fundamento, en la concesión de ayudas– en esos momentos sería letal.
Asimismo, tras el 20-N, Griñán necesita recomponer la unidad interna con una crisis de Gobierno que dé cabida a todas las familias del socialismo andaluz. Los seguidores de Manuel Chaves y Gaspar Zarrías, mayoritarios en Cádiz y Jaén, están a la expectativa. Así, además, podrá mantener la unidad de la delegación andaluza en el congreso extraordinario que elegirá posiblemente en enero al sucesor de Rodríguez Zapatero. Descontado el País Vasco, se trata ni más ni menos de la defensa de la última frontera del socialismo democrático español.
Javier Chaparro | 6 de noviembre de 2011 a las 21:34
Manuel Chaves y el equipo que le rodeaba, tanto en el Gobierno andaluz como en el PSOE-A, solían preparar unos meses antes de que se celebrasen las elecciones andaluzas (y él disputó seis) una apretada agenda de visitas por toda la comunidad autónoma, especialmente por los municipios de tamaño medio que superan los 20.000 habitantes y que componen la columna vertebral de la comunidad. Ese “país de ciudades” con el que el profesor Domínguez Ortiz definió Andalucía. Así, con el pretexto de acudir a actos oficiales, el candidato socialista se dejaba ver entre propios y extraños venciendo su innata timidez y aprehensión por las multitudes. Hacía campaña, en suma.
Cuentan que algunos asesores de José Antonio Griñán se han desesperado a veces por su negativa a seguir esos pasos, a desplazarse los fines de semana lejos de Sevilla pese a que para muchos andaluces sigue siendo un gran desconocido. Javier Arenas le lleva ventaja sobrada en este terreno, tantos como años y kilómetros en la carretera. Y ahora en los sondeos. Trasladados los resultados que ayer arrojó el CIS a unas elecciones autonómicas, el PP ganaría por vez primera las elecciones en nuestra comunidad. Y de forma sobrada. Tarradellas (1899-1988) sostenía que la Transición española no concluiría hasta que la derecha no ganase una elecciones. Aznar lo hizo en 1996, pero Andalucía sigue pendiente ese paso histórico.
Alberto Grimaldi | 5 de noviembre de 2011 a las 7:28
El análisis de los resultados electorales está plagado de mitos forjados en la reiteración. Pero por más variaciones con repetición que se dieran en tres decenios largos de democracia, no dejan de ser mitos y no realidades incuestionables. Máximas como que la alta participación beneficiaba al PSOE o que Andalucía siempre apoyaría a los socialistas de manera mayoritaria fueron desmentidas el 22 de mayo por las urnas, que transmutaron ese día estos y otros mitos en meras costumbres en desuso.
Extrapolar los resultados de aquel día a unos comicios legislativos no es correcto en términos estadísticos, pero el ejercicio sí marca la tendencia de la última referencia cierta de lo que el electorado real vota. Y el 22 de mayo señaló un camino de cambio político equiparable al que el PSOE consumó en octubre de 1982.
Ese vuelco es el que vaticina el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El estudio difundido ayer vino a subrayar esa tendencia y a fijarla con datos estimativos. El propio PP lo tiene claro y ha escogido un lema –Súmate al cambio– reflejo de aquel Por el cambio del 82.
De las 17.236 entrevistas realizadas por el CIS para dibujar la arrolladora victoria que concede a la R de Rajoy, 2.632 se hicieron en las ocho provincias andaluzas. Una muestra nada desdeñable, al nivel de los mejores estudios demoscópicos que se hacen en Andalucía. Esto es relevante. Porque el vuelco tiene mucho de andaluz: supone una distancia respecto a 2008 de 20 diputados (restado uno que Cádiz ha perdido en favor de Madrid) que coincide con el margen de holgura que le otorga el CIS a la mayoría absoluta anunciada para los populares. La relevancia de Andalucía en estas elecciones es, encuesta en mano, mayor que la de Cataluña, donde el PSOE aún sería primera fuerza.
Y esa importancia de la aportación andaluza augura algo más: el vuelco se completará en marzo en las autonómicas.
La encuesta del CIS dibuja una victoria arrolladora del PP que se basa en gran medida en un vuelco electoral en Andalucía