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El tren del 21

Rafael Navas | 12 de diciembre de 2015 a las 10:16

Desde mucho antes del comienzo de la campaña electoral (desde que accedió al cargo para ser exactos), al candidato socialista, Pedro Sánchez, hay quien lo ha desahuciado políticamente y ya puede ir a salvar a las ballenas en verano con el hipster del Partido Popular que no tiene forma de cambiar esa impresión. En los últimos días su figura está siendo objeto de toda clase de críticas por parte de sus rivales políticos, que le echan en cara recurrentemente esa presunta provisionalidad que emana del hecho de que Susana Díaz no sólo haya ganado en Andalucía, sino que además ha cogido con fuerza la bandera del discurso socialista, por ejemplo en Cataluña.

A fuerza de repetir los rivales de Sánchez aquello de que la presidenta de la Junta de Andalucía ya ha comprado el billete del AVE a Madrid para el día 21 de diciembre, habrá quien ya haya hecho lo propio para hacerse el encontradizo con ella en Santa Justa.

Estrategias de adversarios políticos aparte, parece claro que en el PSOE hay quienes consideran que una debacle de Pedro Sánchez supondría no sólo su dimisión y posterior relevo por Susana Díaz, sino el fin de una tendencia a los pactos con Podemos (en sus diferentes acepciones locales) en numerosos ayuntamientos españoles. Ésa es una de las principales causas a las que se atribuiría la misma noche del 20-D el fracaso del candidato socialista, a quien las encuestas sitúan a bastante distancia del PP. Con acuerdos como los de Cádiz, Jerez, Madrid o Barcelona, para desalojar al PP de las alcaldías, el PSOE ha podido pagar un precio muy alto. Por descontado, de darse el batacazo en las generales, ahí se fijarían muchas de las miradas y habría voces que reclamarían reconsiderar esos acuerdos lo que queda de mandato municipal.

El próximo 20 de diciembre se verá si los votantes socialistas lo castigan y un día después conoceremos los nombres de los pasajeros del AVE a Madrid y si entre ellos hay una mujer que acude a arreglar un desaguisado.

Actores secundarios

Antonio Méndez | 10 de diciembre de 2015 a las 9:01

La virtualidad de estas elecciones es que no hay la menor duda de que son unos comicios generales. Lo único que importa es quién gobernará España después del 20-D. El resto es accesorio, lo que provoca que la campaña quede totalmente polarizada por los cuatro contendientes que mediante la combinación de todos los pactos posibles pueden alcanzar La Moncloa.

La evidencia convierte en residual cualquier opinión de los actores secundarios que participan en este envite. Rajoy puede distribuir por toda España a sus ministros, que salvo espectacular metedura de pata, dudo que alcancen algún espacio reseñable en los medios para cubrir políticamente los gastos de sus viajes. Ni Pastor con su plan de infraestructuras del partido, ni Méndez de Vigo reivindicando la Lomce ni Rafael Catalá en su respaldo en Cuenca a la instalación del almacén nuclear. Y dudo que Jorge Fernández concite la atención en Cataluña aunque ha pedido que crezcan los gastos en el Ministerio de Defensa. Ni siquiera a la emergente pepera Andrea Levy le auguro mucho recorrido con su Comparator, un programa que, según explicó, compara programas de los partidos y con el que, supongo, siempre gana el PP, emoticono incluido. Caso aparte es el de Soraya Sáenz de Santamaría, que sigue con sus muestras de versatilidad. Ayer amadrinó a Ulpa, un cachorro de perro Labrador de la ONCE.

El problema aún es más severo para aquellas formaciones a las que mediáticamente ya se las ha eliminado de cualquier posibilidad en esta carrera. Las encuestas siempre realizan un trabajo oscuro pero efectivo a la hora de anticiparse al dictado de las urnas. Alberto Garzón, el candidato de IU, y Andrés Herzog, el de UPYD disfrutaron anoche, por fin, de un debate en prime time en la 1 de Televisión Española. Eso sí, en un guirigay a nueve voces. Fueron los dos únicos aspirantes a presidente del Gobierno que aceptaron medirse contra los penúltimos de la fila enviados por el resto de partidos con representación parlamentaria.

Una de las decisiones más arriesgadas en la historia de la Junta Electoral Central, provocar por esa causa el retraso de la emisión del programa de Bertín Osborne En la tuya o en la mía.

La economía no es un cojín

Ignacio Martínez | 7 de diciembre de 2015 a las 6:49

Rajoy juega el papel más conservador de la campaña. No sólo el ideológico: como candidato a la reelección apuesta por la prudencia y mínimo riesgo. El día 20 puede perder 60 diputados. O más, depende de cómo se distribuya con Ciudadanos y PSOE el teórico 20% de indecisos que hay en esas franjas. De las cuatro cés de esta campaña, el presidente esgrime la salida de la crisis como el gran estandarte de sus logros. Y orilla las otras tres cés: corrupción, Cataluña y Constitución. Ayer celebró un cauteloso aniversario de la Carta Magna; sostuvo que su reforma no es prioritaria. Ojo, porque el personal no se cree la mejora de la economía. En la encuesta del CIS, que es una mina de sorpresas, los encuestados ponen mejor nota al Gobierno saliente en seis cosas antes que en la gestión de la crisis. Son, por este orden, seguridad ciudadana, igualdad entre hombres y mujeres, infraestructuras, política exterior, medio ambiente y Unión Europea.

Pero Rajoy sigue abrazado a la economía como si fuese el cojín de Bertín. Para intentar frenar el intrépido avance de los jóvenes adversarios se encomienda a eso y a su vice Soraya, como esta noche en el debate de Atresmedia.

¡Que vienen los sioux!

David Fernández | 14 de marzo de 2015 a las 12:58

Unos pocos años dando guerra en Cataluña, una corta pero intensa experiencia parlamentaria y algo de suerte han convertido a Ciudadanos en la sensación de la campaña, aunque nadie ponga cara a su candidato. Sus dirigentes dieron el salto a la política por el vacío que existía en el espacio de centro-izquierda no nacionalista en Cataluña, pero su imagen se asocia al centro-derecha, quizá por su defensa de la unidad de España.
Parte de la Andalucía más moderada y callada, que ante la duda suele tirarse de cabeza al centro, opina que viene bien un cambio, y contempla la idea de votar al partido de Albert Rivera. Y la reacción desmedida de Antonio Sanz gritando ¡que vienen los sioux!, como si los catalanes fuesen una tribu del norte de EEUU, delata el nerviosismo popular y siembra el esperpento. Los electores que llevan toda la vida votando al PP y que, cegados por el desencanto y la rabia, no descartaban votar a Podemos, han descubierto en Ciudadanos una apuesta que les permitiría descansar por la noche. Dice poco de su candidato gaditano -¿cómo se llamaba…?- que se presente a la Junta por Sevilla. Y, aunque nadie conoce a fondo la opinión de Ciudadanos sobre Andalucía y los andaluces, más allá de la pamplina de la caña y los peces, da igual.

Los sondeos dicen que los cabreados de Andalucía ya no temen lo bueno por conocer. Y el salto tardío de Podemos al centro, la renuncia a sus siglas para los ayuntamientos y las dudas con su candidata le han hecho perder algo de brillo. Los populares detectaron el ascenso de Ciudadanos hace tiempo y giraron al centro traicionando sus principios y su ala más conservadora. Pero tendrán que inventar algo más valioso para recuperar terreno. Algo que vaya más allá del discurso destemplado que nace de las tripas para descalificar al adversario, como hizo Sanz, por el hecho de nacer en Cataluña. Según su teoría, también Moreno Bonilla tendría que renunciar por haber nacido en Barcelona. Ni al mismísimo Artur Mas se le habría ocurrido. ¡Qué grande!

Cosa de dos (X)

Rafael Román y Juan Ojeda | 18 de marzo de 2012 a las 19:52

Rafael Román: Revisión autonómica

CRÍPTICAS palabras las que pronunció hace unos días Javier Arenas afirmando que hay que hacer un análisis crítico del Estado de las Autonomías. ¿Qué quiso decir? Este debate es el que afecta al futuro de Andalucía como comunidad autónoma dentro de España. La carrera autonómica andaluza siempre ha tenido a la derecha andaluza o en la oposición o a rastras. Para el último Estatuto se llegó a un acuerdo que reconcilió a la derecha con la autonomía. Pero, ahora, Arenas avisa de la necesidad de un análisis crítico de nuestra posición en España. Los sindicatos andaluces invitan a defender los derechos conquistados y evitar una regresión autonómica. Diego Valderas ha sido el más duro advirtiendo que la Constitución y el Estatuto no se dobleguen ante el Estado o ante el PP. Quizá quien sabe de las intenciones de Arenas sea la dirigente del PP en Cataluña que con tanta facilidad y gusto ayuda al gobierno de Convergencia y Unió, que no oculta sus intenciones de convocar un referéndum para el año 2014 ni tampoco su pretensión de modelo fiscal similar al concierto vasco. A pesar de ello, no le falta el socorro para el día a día del PP, sin hacerles renunciar a nada. Que lo cuente Arenas.

Juan Ojeda: Lo que se puede hacer

QUEDAN sólo cinco días de campaña y, a estas alturas, algunos estrategas electorales del PSOE piensan que, si se pudiera prolongarla quince días más, podrían darle un vuelco a unos resultados que, incluso para muchos socialistas, aparecen como un pronóstico favorable a una contundente victoria de PP. Pero como esa prórroga es lo que podríamos llamar un escenario imposible, no merecería más comentario, si no fuese porque refleja un estado de ánimo y porque implica un reconocimiento de hecho de un error de partida. Y es que el PSOE inició la movilización electoral con retraso y poco gas, dándole mucha ventaja al PP, al que permitió salir, en términos de Fórmula 1, en el primer puesto de la pole. Cierto que eso fue un error estratégico debido a problemas internos pero la actual equivocación está en pensar que más tiempo de campaña supone más votos. Esto se debe a que no han hecho un acto público de reconocimiento de sus propios errores y tampoco han planteado un proyecto alternativo a su propio proyecto. Difícil de entender, pero cierto. Por eso le han dejado mucho terreno libre al PP para que diga lo que no se ha hecho, lo que no se debería haber hecho, lo que se podría haber hecho y lo que se puede hacer.

Un cambio como el del 82

Alberto Grimaldi | 5 de noviembre de 2011 a las 7:28

El análisis de los resultados electorales está plagado de mitos forjados en la reiteración. Pero por más variaciones con repetición que se dieran en tres decenios largos de democracia, no dejan de ser mitos y no realidades incuestionables. Máximas como que la alta participación beneficiaba al PSOE o que Andalucía siempre apoyaría a los socialistas de manera mayoritaria fueron desmentidas el 22 de mayo por las urnas, que transmutaron ese día estos y otros mitos en meras costumbres en desuso.

Extrapolar los resultados de aquel día a unos comicios legislativos no es correcto en términos estadísticos, pero el ejercicio sí marca la tendencia de la última referencia cierta de lo que el electorado real vota. Y el 22 de mayo señaló un camino de cambio político equiparable al que el PSOE consumó en octubre de 1982.

Ese vuelco es el que vaticina el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El estudio difundido ayer vino a subrayar esa tendencia y a fijarla con datos estimativos. El propio PP lo tiene claro y ha escogido un lema –Súmate al cambio– reflejo de aquel Por el cambio del 82.

De las 17.236 entrevistas realizadas por el CIS para dibujar la arrolladora victoria que concede a la R de Rajoy, 2.632 se hicieron en las ocho provincias andaluzas. Una muestra nada desdeñable, al nivel de los mejores estudios demoscópicos que se hacen en Andalucía. Esto es relevante. Porque el vuelco tiene mucho de andaluz: supone una distancia respecto a 2008 de 20 diputados (restado uno que Cádiz ha perdido en favor de Madrid) que coincide con el margen de holgura que le otorga el CIS a la mayoría absoluta anunciada para los populares. La relevancia de Andalucía en estas elecciones es, encuesta en mano, mayor que la de Cataluña, donde el PSOE aún sería primera fuerza.

Y esa importancia de la aportación andaluza augura algo más: el vuelco se completará en marzo en las autonómicas.

La encuesta del CIS dibuja una victoria arrolladora del PP que se basa en gran medida en un vuelco electoral en Andalucía