Archivos para el tag ‘Debate’

Sánchez ganó de mala manera

José Aguilar | 16 de diciembre de 2015 a las 6:39

Pedro Sánchez podía haber ganado el debate con limpieza, pero lo ganó de mala manera. Sus argumentos contra la autocomplacencia de Rajoy, su denuncia de las carencias objetivas de la recuperación económica y su crítica a las políticas de la desigualdad estaban fundadas. Ahí debió quedarse: habría derrotado a un contrincante que afrontaba el encuentro como un trámite engorroso ante un rival inconsistente. Pero Sánchez se sentía necesitado de dar un vuelco a una campaña en la que se ha visto desplazado y lo intentó de la peor manera posible, deslegitimando a Rajoy. Desde que en en el segundo minuto sacó a pasear a Bárcenas se transparentó su propósito. “Usted no es decente” incluso podría haber sido la conclusión de su argumentario, pero nunca la premisa, que es lo que fue. Ciertamente, aturrulló a Rajoy, preso de una nerviosera inconcebible en un presidente de Gobierno. Con haberle atribuido la responsabilidad política de la corrupción del PP se habría cargado de razones. Optó por cuestionar su honradez personal. Le ganó la partida, sí, pero a base de insultos. Propuestas no hizo ninguna. Vaguedades, buenas intenciones y proyectos sin cuantificar, todos.

Jarabe de palo

Ignacio Martínez | 15 de diciembre de 2015 a las 6:13

Rajoy abandonó la dieta blanda para venir al debate de anoche y se le indigestó el jarabe de palo que le dio el jefe socialista. Perdió los papeles con el ataque al cuello de Sánchez, cuando le dijo que no era un hombre decente, por su convivencia con la corrupción en su partido. Su defensa, descompuesto, acusando a su adversario de ruin (ruíz, en el primer intento), mezquino y miserable. Fue el momento más tenso del debate y el punto más bajo del presidente. Desde el cuartel general del PP han llevado entre algodones a su patrón por una campaña muy navideña. De peña en peña, de programa rosa en programa rosa, de dominó en dominó, de publirreportaje en publirreportaje en la televisión pública estatal, Rajoy ha pasado las dos primeras semanas como un bendito. Anoche se dio de bruces contra un oponente a la desesperada, que inició la segunda mitad en estado de necesidad. Sánchez hizo un ataque feroz contra Rajoy en el capítulo de la corrupción y consiguió tumbarlo. El resto del debate fue ya bronco, tenso y faltón. Parecía que se calmaban, pero protagonizaron una nueva agarrada. La última misa del bipartidismo pudo acabar como el rosario de la aurora. Estuvo a punto.

A cara de perro

Javier Chaparro | 15 de diciembre de 2015 a las 6:07

EL riesgo para Mariano Rajoy al acudir al debate era que tenía más que perder que ganar; para Pedro Sánchez, confirmar su condición de candidato a la baja en las encuestas. Visto lo visto anoche, uno y otro amarraron los apoyos con que ya contaban, los más incondicionales, pero difícilmente sumaron adhesiones a sus respectivas causas. Fue un debate bronco, a cara de perro, con acusaciones de trazo grueso provocadas por el candidato del PSOE y respondidas en casi igual medida por el del PP. Las propuestas quedaron en un segundo plano en medio del rifirrafe, del ruido de las descalificaciones.

Sánchez comenzó firme al poner en solfa tanto los datos de la recuperación económica -a priori, el terreno más pantanoso para él- como la repercusión social de las reformas llevadas a cabo en los últimos cuatro años. Sus gráficos a color mostrados a cámara contrastaban con las hojas arrancadas de un cuaderno que Rajoy agitaba en el aire para referirse al peso de la herencia recibida.

La bronca en su máximo nivel vino al abordar la actuación de uno y otro ante la corrupción. La previsión era que Sánchez pusiera en este asunto toda la carne en el asador. Y así fue: Gürtel, Bárcenas, Caja Madrid y demás salieron a la palestra con un colofón inédito a estas alturas de la campaña por parte de Sánchez: la exigencia de dimisión y la acusación de indecente contra el presidente del Gobierno. La pausa de varios segundos mantenida por Rajoy y su “hasta ahí hemos llegado” marcaron el resto del debate sin solución de continuidad.

El problema vendrá tras el 20 de diciembre, cuando PSOE y PP debieran entablar un diálogo obligado para sacar adelante las propuestas esbozadas durante la campaña. Difícil tarea cuando el punto de partida es una tensión como la vista anoche. Quizás sea porque uno y otro intuyen que sus potenciales socios estaban fuera de las cámaras. Quizá sea porque Rajoy y Sánchez son conscientes de que, después del domingo, uno u otro no estará al frente de su respectivo partido.

¿Qué es lo que se vota el 20-D?

Rafael Navas | 10 de diciembre de 2015 a las 8:57

Tras los primeros debates han llegado los debates sobre los debates, los debates sobre los debates de los debates y así sucesivamente. Sesudos analistas, sociólogos, expertos en lenguaje gestual y hasta tertulianos del corazón han tratado de interpretar cada mínimo gesto de los candidatos: un pestañeo, un movimiento de pies, una mirada… cómo iban vestidos o cómo iban peinados.

“Soraya ha demostrado empaque porque es la que menos se ha movido y ha aguantado de pie con tacones”, “Pablo tiene solvencia porque habla sin tutubear y mirando fijamente”, “Pedro gesticuló demasiado cuando habló de sus propuestas sobre educación”, “Albert no termina de convencer con sus gestos, un tanto nerviosos, movía mucho los pies”… Vivimos unos tiempos en los que se da más valor a la apariencia que al fondo, a los gestos antes que a la palabra. Sí, la palabra. ¿Alguien se ha parado a escuchar, sólo a escuchar, sin estar pendiente únicamente de cómo se dice lo que se dice?

¿Qué estamos votando el 20-D? ¿Actores? ¿Modelos de revista de moda? ¿Bailarines? Se supone que en estas elecciones está en juego algo más que un modelo de político o incluso las siglas de un partido. Pensaba que teníamos que votar un programa electoral, una manera de hacer política y un equipo de personas. Pero en pocos días nos ha quedado muy claro que no es así. O al menos hay quien pretende, desde dentro y desde fuera de los partidos, que no sea así: que votemos una imagen, una campaña de marketing y una forma de interpretar un discurso, no el discurso en sí y mucho menos lo que hay detrás. Habrá quien diga que la Historia está llena de casos de políticos que ellos solos han ganado unas elecciones por su atractivo personal y su forma de hablar. Es cierto, hay ejemplos. Pero parecía que en esta época en la que somos capaces de reunir tanta información -y con ello capacidad de ser críticos- habíamos superado esos tiempos en los que un rostro bonito, una cara amable, bastaban para llevarse por delante a todo un país.

Pragmatismo con hielo

Pablo Bujalance | 19 de marzo de 2015 a las 8:45

Un político de notoria exposición pública en la actualidad (creo que mejor no diré quién es) hizo hace ya algún tiempo, en un encuentro clandestino con periodistas, una observación por lo bajini que me pareció significativa. Al parecer, y según comentó, en todo este lío de las campañas los candidatos tienen bien claro que la exposición de propuestas puras y duras, vamos a hacer esto y lo otro cuando ganemos las elecciones, recaba mucha menos atención en el electorado que otros argumentos menos pragmáticos, ya sean sentimentales o agresivos. Y venía este político a señalar una paradoja: la gente se queja de que los candidatos no hacen más que darle cuerda al y tú más, a promocionarse como santones o patriarcas y a prometer este cielo y el otro sin atender a las necesidades reales de quienes les votan; pero, al mismo tiempo, todo lo referente a programas y actuaciones concretas despierta un interés, cuanto menos, discreto. Defendía este político sus argumentos asegurando que existen indicadores al respecto, que no es difícil constatar que el conocimiento de la población respecto a las propuestas es más bien escaso, y que la influencia de las mismas a la hora de decidir el voto es más escaso todavía. Por eso, el tiempo que se dedica en campaña a contar las soluciones que cada partido considera idóneas es el justo y necesario. Lo que el público demanda es otra cosa.

No sé hasta qué punto el político tenía razón, pero sí es evidente que la campaña andaluza, consumado ya su mayor trecho, obedece a esta presunción. A la Susana Díaz marimandona del debate del lunes le han salido muchos críticos, incluso entre las filas del PSOE: pero yo sé de algunos vecinos, compañeros de barra de bar, clientes del Mercadona, acérrimos de su equipo y feligreses de turno que tiran del mismo carácter para relacionarse con los de su especie (“yo soy así, es que lo que pienso lo digo”). Lo de que Díaz perdiera el debate habrá que verlo. El pragmatismo aquí se sirve con hielo.

La recta final se hace cuesta arriba en redes sociales

Jesús Ollero | 18 de marzo de 2015 a las 19:24

Es posible que, navegando por la web del periódico, haya recaído en una gráfica que ofrece datos sobre la actividad en Twitter de los candidatos, llamada ElecciON-line. Opileak ofrece esos datos a los lectores de las cabeceras de Grupo Joly y lo primero (o lo segundo) que le ha debido llamar la atención es que el interés ha ido decreciendo. Las curvas de actividad en torno a los candidatos van claramente a la baja, como si la campaña se le estuviera haciendo larga a las redes sociales. El cénit del primer debate no ha sido alcanzado después por ningún candidato, ni siquiera los que no estuvieron. Y el nivel del arranque de la campaña no se ha igualado ni por asomo, como si el interés se hubiera evaporado y quedaran únicamente los legionarios respectivos.

opileak

Si es de esas personas que revisa la lista de la compra a fondo, igual se ha dado cuenta de que los porcentajes sobre la actividad alrededor de los candidatos supera el 100%: oscila entre el 116 y el 120% al haber muchos usuarios que citan a más de uno de ellos. Pues bien. La capacidad de atraer nuevos usuarios se ha ido desplomando conforme avanzaba la campaña. De los más de mil diarios del arranque de campaña para PP y Podemos, y dos mil en el caso del PSOE, a apenas 300 ó 400 en la recta final. Hastío.
Según los datos que ofrece Opileak, el PA es el que más usuarios concentra que puedan considerarse spammers, con un 15% de usuarios que realizan más de 10 comentarios sobre el partido. IU y Podemos lideran la franja entre 3 y 10 mensajes (20% del total) mientras Ciudadanos manda entre los que han realizado sólo uno o dos (77%). En total, el PSOE multiplica por tres los usuarios de C’s, por 3,5 los de UPyD y casi por siete los del PA, además de doblar ampliamente los de IU.

Por ubicación, Susana Díaz concentra los usuarios que la referencian en Sevilla y Juanma Moreno, en Málaga. En Almería, zona clave, Díaz tiene casi tantos usuarios como el resto de candidatos juntos. En contra de lo que pudiera parecer, Teresa Rodríguez es superada en Cádiz por todos menos De la Herrán y Marín, y concentra sus apoyos en Sevilla (a la par que Maíllo, por detrás de Moreno y cinco veces menos que Díaz) y Málaga (la cuarta parte que Moreno y la mitad que Díaz).

En referencias cruzadas (a más de un político) los dos candidatos principales aparecen cuatro veces más que las siguientes y llamativas combinaciones: Moreno con Maíllo y Díaz con Rodríguez.

 

La frase del día:

@Cs_Andalucía
.@juanmarin_cs “Nosotros no vamos a entrar en gobiernos de coalición, pero sí vamos a ayudar a gobernar en #andalucia”

La otra Susana

Carlos Navarro Antolín | 18 de marzo de 2015 a las 14:13

Solo una macroencuesta interna con datos preocupantes podría explicar desde una perspectiva lógica el desbarre de la candidata del PSOE en el segundo debate. Pero nada indica que haya lógica donde todo apunta a que hay una cuestión puramente emocional e instintiva. Susana Díaz incurrió en varias desaplicaciones, que diría el chileno Cantatore. No dejará de ganar las elecciones el próximo domingo, pero el salto a Madrid se la ha puesto carísimo. Será la lista más votada en Andalucía, pero ha podido perder algunos puntos en ese voto sociológicamente conservador que no le hace ascos a una opción socialdemócrata, sobre todo en tiempos de caída en picado del PP y del auge de opciones como Podemos. El juego destructivo de la presidenta (con continuas interrupciones), la exaltación del ego que revela inseguridad (“La presidenta soy yo”) y el situarse por encima de los demás (invistiéndose como moderadora para conceder la palabra a su principal oponente), trufado todo con elevaciones de tono y con una gesticulación más propia de una tertulia en una asociación vecinal que de alguien con altura institucional, deja por los suelos la imagen que ella misma se había labrado con todo mérito durante año y medio. No se vio a la Susana consultada por el Rey en plena operación de relevo en la Jefatura del Estado. No se vio a la Susana embaucadora de empresarios y líderes sociales en foros de Madrid y Barcelona. No se vio a la Susana que recibe a Botín en San Telmo, o que improvisa buenos discursos en cenas de relumbrón ante personalidades de primera fila. Se vio, más bien, el perfil de aquella agreste estudiante que logró ser delegada de curso con el paso de los años tras varios intentos y a base de agarrar el micrófono y alentar a la masa. Se vio, más bien, a la Susana Díaz que se enojaba con los compañeros que no cumplían los acuerdos para hacer puente y seguían acudiendo a clase. Se vio, más bien, a la Susana Díaz de la distancia corta, aquella secretaria de organización implacable a la hora de poner orden en las filas internas o de tensionar a todo un gobierno local desde la sede del partido.

La tosquedad de la presidenta fortalece a Moreno Bonilla entre los suyos, lo que no es poco para un candidato que no generaba entusiasmo en sus propias filas. El líder regional del PP ha sido el primero en hacer aflorar a la otra Susana. A muchos socialistas sevillanos no les extrañó el perfil exhibido por la presidenta, unas formas desconocidas por la gran mayoría. Sí les chocó que ese perfil apareciera cuando menos falta hacía, cuando siendo la ganadora en todas las encuestas bastaba con mirar a la cámara, hablar de Andalucía sin necesidad de parecer la dueña de la región (ay, los políticos y su sentido patrimonialista de símbolos e instituciones) y sonreír una y otra vez. Los nervios, sobre todo semejante muestra de nervios, sólo se pueden explicar por disponer de una preocupante macroencuesta interna o porque de forma inexplicable ha retornado a los años de juventud, cuando agarraba el micrófono y aparecía ese tosco perfil que valió para ser delegada de curso, pero que puede ahuyentar cierto voto moderado y poner muy cuesta arriba la escalada a la Moncloa.

Los silencios de Juanma

José Aguilar | 18 de marzo de 2015 a las 9:33

La soberbia y el autoritarismo con que Susana Díaz acometió el debate del lunes le vinieron bien a Juanma Moreno, y no sólo por el contraste entre la actitud de una y de otro. También porque puso el foco sobre las interrupciones y la falta de respeto y lo quitó sobre las carencias del candidato popular. Susana le hizo el juego a Juanma en su papel deliberado de candidato suavón, tranquilo y sonriente, de nervios templados y aparente firmeza. Se le fue vivo. Se permitió, por ejemplo, no responder a preguntas y cuestiones inquietantes que podían dibujar su auténtica estatura.

Por ejemplo, ¿cobró sobresueldos procedentes de la trama Gürtel durante su estancia en la calle Génova? ¿Es cierto que en su etapa de secretario de Estado fue cuando se impusieron los recortes a la dependencia? ¿Lleva un par de imputados en la lista de Cádiz? ¿Qué valor tiene su propuesta de desaforar a los diputados andaluces cuando el PP nacional ha rechazado las iniciativas para eliminar el aforamiento de todos los parlamentarios? ¿Cómo va a conseguir crear tantísimos puestos de trabajo como prometen él y Rajoy?

Moreno Bonilla pudo guardar silencio sobre estos y otros asuntos. Fue gracias a cómo enfocó Susana el debate.

A porta gayola

David Fernández | 18 de marzo de 2015 a las 9:29

El carácter más agrio de Susana Díaz empañó su pulida imagen perdonando la vida en el debate del lunes a todo quisque: “¡Continúe usted, señor Bonilla, continúe!”. Llamarla impertinente sería dulcificar la crítica si se tiene presente que, en caso contrario, a Moreno Bonilla le habrían crucificado por machista y prepotente, para empezar. La pose displicente de Díaz ante las cámaras en plan disculpa que te perdone dejó perpleja hasta a la moderadora. Su tono altanero frente al candidato popular -“le interrumpiré cada vez que mienta”- sólo fue comparable a su colosal soberbia para elevarse por encima del bien y del mal y al rechazo que le produjo hasta su segundo apellido. Por más promesas rotas y escándalos que arrastra el PP en los últimos años, en ningún instante lo puso en apuros. Tan borde resultaron sus réplicas, que dio la impresión de seguir el guión de su enemigo para afianzar su imagen de chica dura. Empleó el ordeno y mando sin venir a cuento, y lo único que dejó claro es que no se sintió cómoda en igualdad de condiciones frente a sus adversarios.

El debate no lo ganó Moreno Bonilla, que más bien pecó de cándido y previsible y que al fin y al cabo lo tuvo mucho más fácil al no tener que rendir cuentas. Lo perdió Susana Díaz de principio a fin porque dializó cada dardo envenenado de sus contrincantes personalmente, por más que la mayoría eran de manual. Pudo limitarse a realizar una faena de aliño criticando las reformas de Rajoy, pero hizo gala de su peor talante como si estuviera obligada a jugarse el todo por el todo. En lugar de parar, templar y mandar, recordó al diestro que recibe al toro a porta gayola para impresionar y suplir con osadía sus carencias en el arte de torear. La candidata a la que se respeta por su carácter, la que convence a la masa sin abrir la boca, la del trato en corto imbatible que conecta a la primera, la que gana sin pasar por las urnas, esa candidata no compareció, y Díaz pinchó en hueso.

“Escúcheme por lo menos a mí”

Alberto Grimaldi | 17 de marzo de 2015 a las 11:40

Si sobre el primer debate, el de Canal Sur, sólo había expectativas, el segundo de anoche, en TVE, ya tenía la referencia del anterior. Si a alguien le quedó alguna duda de quién no ganó aquél, Susana Díaz lo demostró en éste: sabiendo que no llegó a lo que se esperaba, pasó al ataque… y se pasó de frenada. Crispó cada uno de los tres bloques con interrupciones constantes a sus adversarios y trató de provocar al candidato del PP con referencias personales. Más que dar sus argumentos, se centró en impedir que los demás se expresaran. Tanto reiteró su conducta que hasta la moderadora llegó a decirle mientras le pedía que fuese respetuosa: “Escúcheme por lo menos a mí”. Elocuente. Pero quizá cuando más erró fue al espetarle al candidato popular que ella sí respetaba: “Porque estoy aquí con usted”. Situtándose en un plano superior al de sus oponentes y al de los televidentes. Antonio Maíllo acentuó su papel de convidado de piedra que había logrado atenuar una semana antes y ofreció escasas novedades. Juan Manuel Moreno Bonilla siguió la línea marcada ya en Canal Sur, aunque con alguna oferta nueva, como proponer que no haya ni un solo aforado en el Parlamento de Andalucía. Aprovechó bien las rupturas del guión. Enfatizó en su beneficio las malas formas por las que optó Díaz. El candidato del PP, sin arrasar, volvió a salir reforzado. Aun así, le faltó explicar más su programa. Si estos debates aclararon algo al elector fue más bien a quién no votar.