Jesús Ollero | 20 de marzo de 2012 a las 10:37
Recta final para todos aunque con algunos no lo parezca. Celebra el PSOE que su vídeo Quien no te conozca, que te compre sobre Arenas pasa de cien mil visitas. Está muy bien, pero justo cuando no hay la menor reacción de Griñán o su equipo ante la catarata de encuestas que coincide en quitarles el mando por primera vez…
Griñán anda como desaparecido. No de la campaña sino de internet. Quintamos a su equipo relatando el no-debate de Canal Sur y la entrevista en La Sexta, y muy poco: apenas 20 mensajes en diez días y la mayoría para ubicarse. Jornadas enteras de vacío. En todo el fin de semana sólo hizo una excepción por la muerte de Paco Valladares. Otra muerte, la del Sabio de Tarifa, llevó ayer a Arenas al tanatorio. Críticas feroces del equipo de Griñán por una foto poco afortunada. Si tiene amistad con un político hágale un favor y no se muera en la campaña. Por si acaso.
El PP es la derecha troglodita que si le valiera nos pondrían cadenas al cuello para obligarnos a ir a misa los domingos
— JM Sánchez Gordillo (@SanchezGordillo) marzo 19, 2012Señor Arenas por qué no le asegura usted al sector agrario andaluz que va a mantener el PER si sale elegido President? youtube.com/watch?v=z4Ckpn…
— Manuel Pastrana (@manuelpastrana_) marzo 19, 2012Si el 25 M el PSOE da la sorpresa a las encuestas, espero que Arenas no diga q es pucherazo como hizo en el 93 con Gallardon
— Pepe Martínez Olmos (@PmOlmos) marzo 19, 2012
Alberto Grimaldi | 18 de marzo de 2012 a las 9:20
ENTRE hoy y mañana se conocerán los últimos sondeos que se harán públicos antes de que los andaluces voten en las autonómicas de 2012. Creo que la tendencia es que desmientan los primeros conocidos al comienzo o fechas antes de la campaña, que aseguraban que aún era posible un gobierno de PSOE más IU. Pienso que se acercarán más al último difundido por la Cadena Ser, que otorga de nuevo una distancia que confirmaría una mayoría absoluta del favorito en las encuestas desde hace más de un año: el PP. Y, claro, un derrumbamiento del PSOE.
Esta tendencia, que la campaña iría sumando más apoyos hacia el cambio que propone Javier Arenas, es en la que creí cuando se conocieron sondeos que dudaban de la mayoría absoluta: porque movilizaban al votante que, por diversas motivaciones, quieren que se produzca la alternancia tras 34 años de poder socialista, 30 de ellos respaldados siempre en las urnas.
Y es que la pulsión de cambio que los electores andaluces han expresado en mayo y noviembre de 2011 es muy clara e intensa, tanto como para que tengan la lógica continuidad en las autonómicas, porque ni ha pasado tiempo suficiente ni las razones que esgrime el oponente socialista tienen la fuerza de la credibilidad. Pretender crear la ilusión de que cada día se está recortando distancia no ha causado sino el efecto contrario. Y pienso que la confirmación de esa estrategia fallida es escuchar al presidente y candidato a la reelección, José Antonio Griñán, la quimera que expresó ayer: que no sólo gobernará sino que conseguirá que el PSOE sea la primera fuerza de Andalucía, condición que se ha perdido sólo bajo su dirección.
La prueba al contrario es que Arenas habla con el tono del ganador, que incluso promete ajustes de calado, seguro de que contra lo que preveía Griñán, los andaluces no le iban a volver la espalda al PP porque Mariano Rajoy gobernase: para eso le votaron masivamente.
A una semana de ir a las urnas, creo que estos sondeos que pregonarán hoy la Presidencia de Arenas, además, reforzarán el voto movilizado por las encuestas que lo pusieron en duda, esos que quieren demostrar que Griñán también erró al separar los comicios.
Alberto Grimaldi | 19 de noviembre de 2011 a las 6:58
SÓLO unos miles de españoles –entre los que me encuentro– han ejercido ya su derecho al voto. Sus sobres y papeletas los custodia Correos, que los llevará a cada mesa para que se cuenten al mismo tiempo que los que mañana se depositen a pie de urna. Efectivamente, aunque parezca lo contrario, lo más importante de las elecciones sigue siendo el voto ciudadano individual y su escrutinio. Y eso aún no ha ocurrido.
Y es que la constante de esta campaña ha sido que ya estaba todo decidido en virtud del estado de opinión que reflejan las encuestas. El único resquicio lo abría el debate y quedó cerrado de inmediato: conla R de Rubalcabaen el papel de aspirante que daba por hecho quela R de Rajoygobernará.
Después de eso, sólo ha quedado el intento de no perder por goleada. Hasta el mensaje reservado por el PSOE y su candidato para la última jornada en la que se podía pedir el voto sólo pretendía evitar “un poder absoluto de la derecha” con una “oposición fuerte”. Más ánimo de derrota.
Pero es usted, si vota mañana como ya hice yo el martes, quien decide.
Porque aunque millones de españoles confluyan en una misma idea de cambio, la asunción previa del resultado llegó ayer al límite del surrealismo.
Por muy grave que sea la situación actual –que lo es– con los mercados acosando a toda Europa y a España un poco más, ni los dos grandes partidos ni el Ejecutivo deberían perder de vista que esto es una democracia y que hay que abrir las urnas y recontar.
Por eso, aunque participo de la idea de que, cumpliendo la ley, la investidura de nuevo presidente –que eso sí es seguro– debe hacerse en el menor plazo posible, hay que guardar las formas hasta saber cuál es la voluntad mayoritaria de los españoles que votan, no de los que responden a los sondeos. Lo contrario es facilitar el argumentario a radicales que niegan legitimidad a esta democracia.
Alberto Grimaldi | 15 de noviembre de 2011 a las 5:30
ESTA campaña parece una clase de matemáticas: todos los días tenemos variaciones con repetición. Dicho de otra forma, sólo los matices de los sondeos aportan noticias, datos, a fuer de ver a un candidato que se sabe ganador dejando correr el reloj y otro que se sabe perdedor multiplicándose –otra vez el cálculo– como si intentar alcanzar la capacidad divina de la ubicuidad garantizase un mejor resultado.
Las encuestas, digo, coinciden, más allá de distribuir escaños, en una constante: el paro es lo que más preocupa a los españoles, que asumen que la única manera que tienen de reducirlo es agarrarse a una palanca de cambio político que engrane otra velocidad y transmita un giro a la barra de dirección de la economía. Esta convicción está arraigada e incluso votantes de todo espectro ven necesario un Gobierno fuerte para aplicar su receta política, por dura que sea. Los hay también, menos, que no la quieren. Eso explica que a cinco días del fin de la campaña se esté discutiendo más de la magnitud de la mayoría absoluta que de si ésta se produce.
Todo ello entraña un doble riesgo para el PP. El primero y obvio es caer en la euforia y en la relajación, porque son las papeletas en las urnas las que decidirán si se alcanzan o superan los 176 diputados y no las proyecciones demoscópicas. El segundo es mucho más importante. Las palancas de cambio que millones de votantes están dispuestos a darle a la R de Rajoy le dejarán estrecho margen de error como gobernante: o las medidas que toma funcionan o el triunfo que se anuncia será efímero. Para complicar la ecuación, a la incógnita de satisfacer las expectativas ciudadanas se añade la de generar en los mercados la confianza que denuncia que falta con el Ejecutivo actual. Y la prima de riesgo en 432 puntos a cinco días de que España se sume al cambio que pide el PP no es alentador. Aunque quizás sólo sea porque Zapatero, pese a que lo escondan, presumió ufano mirando a Italia de que él sí evitó el rescate.