Archivos para el tag ‘Felipe González’

El soldado Sánchez intenta salvarse

José Aguilar | 14 de diciembre de 2015 a las 10:08

Vitaminado por los simbólicos apoyos de Felipe, Zapatero y Rubalcaba; energetizado por la movilización de la militancia más leal a Susana Díaz, y en la provincia que siempre, lo que se dice siempre, ha votado socialista (Sevilla), y venido arriba tras reunir en Valencia, ayer, a una multitud insólita en mítines de poscrisis, Pedro Sanchez se dispone a darle la vuelta a las encuestas, como Chaves en 1996. A todas, porque no hay una sola que le dé como vencedor y son varias las que le discuten hasta el segundo puesto. A seis días de las elecciones de verdad, sólo cuenta con dos instrumentos para salvarse de la quema augurada. Uno, teórico y conceptual: convencer a los españoles de que el PSOE representa la única posibilidad de cambio político y que los descontentos malbaratarán su voto si se decantan por Ciudadanos o Podemos. Apelación al voto útil, que se llama. El otro es puramente práctico y material: el debate de esta noche, al fin a solas con Rajoy. Me permito darle dos consejos: que no crea ni por un momento que el simple hecho de “ganar” el debate le garantizaría derrotar a Mariano, y que deje de hacerse la víctima denunciando que los otros tres están conjurados contra él.

Ni se compra ni se vende

David Fernández | 11 de diciembre de 2015 a las 11:12

De los cuatro candidatos, Pedro Sánchez, según los sondeos en este país tan pendular, tiene las de perder, a priori. Y en realidad lo tiene muy difícil, porque el que quiera castigar al PP por sus recortes a diestro y siniestro para capear el temporal y por su dura política de reformas durante los últimos cuatro años, apostará por Ciudadanos o Podemos antes que por los socialistas. Los partidos emergentes parten en desventaja en cuanto a su inexperiencia en la gestión, esto es cierto, pero no tienen hipotecas del pasado. Para más inri, los más indecisos siempre podrán achacar al candidato del PSOE que su partido llevó a este país hasta el borde del precipicio y que él como diputado, por mucho que más tarde se arrepintiera, también apoyó la reforma de la Constitución cuyo objetivo no era otro que el equilibrio presupuestario para otorgar prioridad al pago de la deuda. El PP podrá vender que al menos hizo algo bien al evitar un rescate casi inevitable, aunque bien es cierto que muchos españoles siguen en la cuneta y que no supo afrontar con solvencia otros grandes problemas como el desafío soberanista catalán, la corrupción y la necesaria reforma de la administración pública, entre otras cuestiones que se le han escapado vivas.

Pese al enorme desgaste popular, las encuestas se empeñan en anunciar un batacazo tan extraordinario para los socialistas, que hasta Felipe González ha tenido que saltar a la primera línea para tratar de salvar los muebles con un duro ataque a Podemos, que aún sigue con la lengua pegada al paladar tras la derrota de Maduro en Venezuela. El problema es que a su lado, Pedro Sánchez, tan rígido, falto de carisma y con tantas dificultades para transmitir y emocionar al gran público con la palabra -justo el terreno que el ex presidente domina a la perfección- queda aún más empequeñecido. A González no le ha hecho falta abandonar su hábitat natural ni dejarse ver con el dominó o bailando rumbas para concitar la atención con un mensaje que muerde. Posee ese don que ni se compra ni se vende y que distingue a los políticos de una pieza, del resto. Podrán gustar más o menos sus ideas, esto es otra cuestión, pero a su lado, los otros candidatos, también los emergentes, parecen salir de un laboratorio.

Mejor relativizar

Antonio Méndez | 19 de marzo de 2015 a las 8:47

Susana Díaz acaba de dilapidar su carrera. El animal político, la digna sucesora de Felipe González, la nueva lideresa de la socialdemocracia europea, la dirigente capaz de hipnotizar a los líderes del Íbex 35; la mujer de Estado en quien confía la Casa Real para afrontar los retos de esta nueva España. La ungida para marcar un época al frente del Gobierno de la nación, ha quedado amortizada tras su último debate.

Maleducada, soberbia, fatua, arrogante. Su condena será el enclaustramiento en Andalucía. Ha descubierto su verdadero rostro y no queda barón del PSOE que responda por ella. Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla se ha revelado como el hombre tranquilo de humilde sonrisa y exquisitos modales. El audaz que ha aportado a la derecha el estilo sencillo que precisaba en su mayor desesperanza. El visionario que despojará a los diputados de las odiosas prebendas con que se pertrechaban ante la corrupción, para que el pueblo se reconcilie con la política. Cánovas del Castillo redivivo. El heredero ideal de Mariano Rajoy.

Así es el periodismo de hoy. Creamos mitos sin sustento y con biografías de un año. Y los derribamos con la misma voracidad. Los dos candidatos con más posibilidades, en teoría, de gobernar esta comunidad ofrecen rasgos semejantes. Fueron malos estudiantes. Así lo interpreto si se invierten diez años en terminar Derecho, y flaco favor se le hace a Felipe González con la mención de que gracias a sus becas. O a los tumbos por Psicología y Magisterio hasta encontrar, muchos años después, una carrera más asequible: Protocolo. El activismo universitario fue la lanzadera que los catapultó a los aparatos de los partidos. Y el premio: un cargo público tras otro sin solución de continuidad. Uno alega que tuvo tiempo de trabajar en una pizzería; la otra que vendió cosméticos a domicilio. Mejor relativizar.

El oráculo

David Fernández | 16 de marzo de 2015 a las 12:11

Es difícil adivinar por qué Susana Díaz adelantó las elecciones y se jugó su futuro con un órdago a la grande. Por más que IU se pasara tres pueblos al anunciar que sometería el pacto a la opinión de su gente, cuesta entender por qué abandonó una posición tan cómoda como la que disfrutaba. ¿Miedo al avance de Podemos? ¿Temor a la recuperación económica? ¿Afán de protagonismo? ¿El ánimo de pillar al PP e IU con el pie cambiado? Ni el Oráculo de Delfos lo sabe. Sus leales y el ambiente la convencieron de que la marca Susana Díaz era la mejor sobre el tablero. También le advirtieron de que la vista ante el Supremo del caso ERE con Griñán y Chaves podía suponer un serio revés a sus aspiraciones. De paso, al firmar una amplia victoria por adelantado, Díaz dejaría a Podemos como tercera fuerza antes de que se asiente en Andalucía, y podría ayudar a sus candidatos a cumplir un sueño en las municipales: desbancar en las capitales a los alcaldes del PP, que llevan tantos años en el cargo. El plan era perfecto hasta que llegaron las encuestas… y el debate. Llegó el debate y asaltaron las dudas. ¿Qué necesidad tenía Susana de exponerse a ser la primera en enfrentarse a Podemos y Ciudadanos teniendo en cuenta que el voto de castigo está cantado?, se preguntan ahora los cobistas. Sería una apuesta fuerte, a no ser que cuente con una red de seguridad, más allá del 22-M. En círculos cercanos al poder -y también en los bares- se habla ya de un posible acuerdo entre PP y PSOE para impedir que los antisistema gobiernen plazas claves como Andalucía, Madrid y Valencia. Felipe González fue el primero en lanzar la idea y se supone que presidirá la fuerza más votada.

Si los sondeos aciertan y vence el PSOE, Díaz ganará poder, pero tendrá que suspirar por la suerte de la gobernabilidad cada minuto. Dice que no pactará con PP ni con Podemos. Sería cómico que tuviera que tirar otra vez de IU. Si se toma la revancha en el debate esta noche, las dudas se esfumarán, pero de lo contrario ni el oráculo sabe lo que puede suceder.

La donación fallida

Manuel Barea | 8 de marzo de 2015 a las 12:54

HACE unas semanas, en el programa de TVE Ochentéame, nacido al cobijo de la serie Cuéntame, se emitió un reportaje sobre las elecciones de 1982, las que ganó el PSOE. Bueno, Felipe González. A los testimonios de algunos protagonistas de aquella fecha del 28-O ya con más de treinta años encima se añadían imágenes de la época: por ejemplo, las de una campaña que contó con la colaboración de celebridades de entonces diciendo a los ciudadanos por qué había que ir a votar. Una de ellas era una muy joven Cristina Marsillach, la actriz, que dice en la pantalla  que es su primera vez porque acaba de cumplir 19 años y hasta entonces no ha votado y que introducir (sic) la papeleta en la rendija (sic) de la urna tiene para ella un alto contenido erótico.

¿Qué me estaba perdiendo, qué me estoy perdiendo? A ver si resulta que dentro de las cabinas donde se vota en secreto hay todo un mundo de desenfreno sexual y yo haciendo el tonto sin enterarme…

Pero la duda me dura poco. Enseguida me repongo pensando lo mismo: mil veces antes veo mucha más sensualidad en las hermanas de Marge Simpson, Patty y Selma Bouvier, que en  el hecho de votar, que desde luego asocio más con el onanismo que con el coito. El cubículo de las papeletas, al que se accede tras descorrer una cortina sobada  y mugrienta, está más cerca de esas cabinas dedicadas al sexo en solitario que de una alcoba feliz. O si prefieren otra semejanza más higiénica y fecunda: puede llegar a parecer el cuarto al que se entra para hacer una donación muy especial, como cuando se da esperma para las que quieren ser mamás. Es el voto, que va a parar a la urna en la que se conserva criogenizado hasta que se descongela a las ocho de la tarde junto al de otros donantes, muchos de los cuales asistirán al nacimiento de una criatura que no es para la que ellos han hecho su donación. Es otra muy distinta, no la que deseaban, y les parecerá un engendro.

Arenas ya estaba (como algún otro)

Rafael Ruiz | 9 de marzo de 2012 a las 8:00

Militantes y altos cargos socialistas han lanzado en la red social Twitter el hashtag o etiqueta #Arenasyaestaba para mofarse de que el candidato popular a la Presidencia de la Junta lleve toda una vida dedicado a la política. Consta, efectivamente, que Javier Arenas tuvo su primer cargo público allá por 1983 aunque previamente ocupó distintas responsabilidades orgánicas en las juventudes centristas. Desde entonces, el de Olvera ha desarrollado una carrera política de 29 años ininterrumpidos en puestos institucionales, desde concejal hasta diputado y vicepresidente del Gobierno. Ésta de 2012 es su cuarta comparecencia como candidato autonómico.

Reza también la wikipedia, memoria virtual de la generación tablet, que su adversario socialista y presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, tampoco es exactamente un recién llegado. Militante del PSOE desde principios de los años 80, cambió su puesto de inspector técnico de Trabajo por una viceconsejería en la Junta de Andalucía, cuando Naranjito anunciaba aquel desastroso Mundial del 82.

Felipe González nombró a Griñán ministro de Sanidad y Trabajo en los 90, donde UGT y CCOO le organizaron la mini huelga general contra aquella reforma laboral que inventó los minijobs antes de que existiese la palabra. El candidato socialista preside la Junta, como todo el mundo sabe, desde 2009. Tres décadas, pues, en la sala de máquinas del Estado.

Diego Valderas, aspirante por IU,  fue alcalde de Bollullos del Condado entre los tres lustros que van desde 1979, en las primeras municipales, hasta 1994.  Parlamentario autonómico por primera vez en 1986 ha tenido asiento en la Cámara, de la que fue presidente, salvo en la legislatura 2004-2008, cuando no consiguió acta por la circunscripción de Huelva. El aspirante de la federación de izquierdas lleva en cargos públicos –con el parón señalado en el que mantuvo el cargo de coordinador andaluz de su partido– 33 años.

¿Arenas ya estaba? Efectivamente. Desde el principio. Como los demás.

¿Es suficiente el vuelco andaluz?

Alberto Grimaldi | 21 de noviembre de 2011 a las 6:57

LA indiscutible mayoría absoluta que logró anoche la R de Rajoy, con el mejor resultado para su partido en la democracia, tiene sabor andaluz, aunque España se haya teñido de azul PP en todas las comunidades autónomas, salvo donde el voto nacionalista vence: Euskadi y Cataluña.

De los once diputados que garantizan la mayoría absoluta, ocho son andaluces, ganados además uno por provincia. Para hacernos una idea de lo que esto representa basta compararlo con los resultados de 2000: José María Aznar logró la primera y única mayoría absoluta sin ganar en Andalucía. Ahora, Rajoy no sólo gana por primera vez en la comunidad con un vuelco tan histórico como el nacional –sólo Felipe González tuvo un éxito equiparable en 1982 cuando pasó de la oposición al récord de escaños obtenido nunca en democracia, de121 a202–, sino que sin los escaños ganados en Andalucía, no tendría manos libres.

José Antonio Griñán es el primer secretario general del PSOE-A que es derrotado por el centro-derecha en 34 años. Ni siquiera UCD, que gobernó en las dos primeras legislaturas, lo logró. Pese a todo ello, en esta hora feliz para el PP andaluz de Javier Arenas me surge la duda de si este triunfo es suficiente para gobernar la Junta en cuatro meses. Porque, aún con vuelco histórico, IU ha logrado volver al nivel de 2000 –no sacó un tercer diputado en Cádiz por que esta provincia perdió un escaño que ganó Madrid–, y el porcentaje de votos de la suma PSOE e IU casi iguala al logrado por un PP en su mejor momento.

Griñán apostó por separar los comicios para resucitar la confrontación a un Gobierno que tomará duras medidas de aquí a marzo e intentar así, perdida ya la hegemonía, salvarla Junta. Los electores dirán si es así.

Miedo a la derecha

Jorge Bezares | 14 de noviembre de 2011 a las 10:46

En la campaña electoral de 1996, el PSOE sacó a un dóberman para alertar del peligro que suponía la llegada al poder de la derecha. Siguiendo los criterios de Felipe González, que siempre mantuvo que si las cosas van mal es necesario lanzar un bomba atómica electoral y si van bien, dormitar, lo socialistas intentaron combatir la clara victoria del PP que pronosticaban las encuestas -hasta 14 puntos de diferencia en el arranque de la campaña-, insuflando miedo al electorado a través de un perro de una raza considerada peligrosa que simbolizaba a esa derecha que, sobre todo en el medio rural, tenía aún reminiscencias franquistas y no las ocultaba.

Aquellos comicios los ganó el PP por apenas 300.000 votos, pero tocó pelo por primera vez. Los populares, con José María Aznar como capitán general, se mantuvieron en el poder hasta 2004. Y lo cedieron por la mala gestión de los atentados islamistas de Madrid, que puso la victoria electoral en bandeja al PSOE y a José Luis Rodríguez Zapatero. Durante esos ocho años, el PP vacunó a la sociedad española más urbana contra ese “miedo a la derecha” que tan buen resultado siempre había dado a los socialistas en las campañas electorales.

En los últimos comicios municipales y autonómicos, donde Rajoy y los suyos cosecharon un triunfo sin paliativos premonitorio, ese miedo desapareció hasta en el medio rural, con una traslación del voto hacia el centro-derecha muy significativo. A pesar de ello, el PSOE, en esta campaña a la desesperada diseñada por Pérez Rubalcaba, también ha apostado por apelar de nuevo al miedo: miedo a los recortes en educación, sanidad y servicios sociales, miedo a un PP dispuesto a mermar el Estado de bienestar, miedo, en definitiva, a la derecha… Y, aunque en Madrid, Baleares, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha, sin olvidar a la Cataluña de CiU con apoyo presupuestario de los populares, daban muestras de que sí, de que las tijeras de podar estaban haciendo su trabajo sobre el terreno de las conquistas sociales, el PP no ha parado de crecer en votos durante lo que llevamos de campaña. Tanto es así que ahora la incógnita es si alcanzará o no los 200 diputados. El miedo, el auténtico miedo que se ha movido en esta campaña, el mismo que lleva tres largos años asustando a más de media España, es el paro. Los cinco millones de parados que deja como legado Rodríguez Zapatero han sido demoledores para Pérez Rubalcaba y absolutamente benéficos para Rajoy.

Las recetas de los socialistas para combatirlo, tras una reforma laboral que no ha servido absolutamente para nada -bueno, para aumentar algo el trabajo temporal-, no son ahora creíbles para la misma aplastante mayoría que parece dispuesta a otorgarle a Rajoy la segunda mayoría absoluta más amplia desde la restauración democrática tras la que logró en 1982 Felipe González (202 escaños). Guste o no, la fórmula del PP, aunque no se conozca detalladamente a estas alturas, es la alternativa, una forma de esperanza con fecha de caducidad.

Cabeza de león

Jorge Bezares | 10 de noviembre de 2011 a las 5:05

En plena precampaña, en un foro madrileño muy fino donde se desayuna croasanes con café mientras un señor habla y contesta preguntas, el ex presidente Felipe González irrumpió declarando que el candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, debía dejar el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero “ya” (sic) para centrarse en su trabajo como candidato. El cántabro, muy presionado por la prensa, que un día sí y otro también le preguntaba para cuándo lo dejaría, le replicó, afectado por la intromisión, que se ahorrara el consejo porque sabía “muy bien” qué hacer. Posteriormente, en un corrillo con periodistas, el todavía vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior deslizó, medio en broma, medio en serio, que Felipe estaba gagá. Ja, ja, ja (y echó unas risas).

Posiblemente, si las encuestas no hubieran llevado meses anunciando que el PSOE iba camino de cosechar un desastre político histórico en las elecciones generales del próximo 20 de noviembre, hubiera podido hasta tener razón este diputado de Cádiz más Cazalla y Constantina: el sevillano alterna momentos de lucidez con alguna salida de auténtica ventolera. También es verdad que, por su condición de jarrón chino, se lo puede permitir. “¡Qué carajo!”, que diría él. Pero mira por dónde, ante una veta tan fea, Pérez Rubalcaba ha tenido que tirar de Felipe, que está volcado en la campaña como si fuera cabeza de león.

Desde la campaña de los comicios de 1996, a los que concurrió por última vez como candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, no tenía tanto protagonismo. Es, dejando al margen al propio Pérez Rubalcaba, el “compañero” más solicitado por las agrupaciones del PSOE, incluidas las de Cataluña, donde el PSC llegó a prescindir de facto de él en, por ejemplo, la campaña del referéndum sobre el Estatut. Durante estos once años de este zapaterismo que ahora está conociendo amargamente sus últimos días, el primer presidente del Gobierno socialista tras la restauración democrática fue apartado, ninguneado o ignorado en más de una ocasión. El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, fue el encargado de ejecutar las órdenes de la superioridad. En esos días, quienes se declaraban felipistas se exponía a una  condena demoledora: aprenderse de memoria El nuevo republicanismo de Petit y recitarlo de memoria en la Casa del Pueblo.

Es curioso ver cómo algunos significados seguidores del leonés le aplauden ahora a rabiar y dan la espalda de forma ignominiosa a su todavía secretario general. Pero esa es otra historia. El caso es que Felipe no para de un lado para otro en un intento de ayudar a Pérez Rubalcaba y a su partido a paliar la derrota. Pero también se entrena para dar la batalla electoral de Andalucía, donde jugará un papel que aún nadie puede concretar.

El milagro de Rosa y Felipe

José Aguilar | 10 de noviembre de 2011 a las 5:01

Lo que el GAL separó lo ha unido una campaña marcada por la necesidad. Rosa Aguilar, la candidata del PSOE por Córdoba, fue como portavoz de IU en el Congreso uno de los azotes más vehementes de Felipe González cuando la guerra sucia contra el terrorismo. O sea, cuando desde las entrañas del Estado –¿o eran las cloacas?– se creyó legítimo enterrar en cal viva a terroristas torturados o secuestrar por error a un pobre hombre que ni era terrorista ni nada. No son calumnias: los dos casos están juzgados por los tribunales y altos cargos de Interior pagaron con la cárcel su incursión en esta vía, ilegal y contraproducente, para acabar con ETA. Por aquel tiempo, ya digo, la ex alcaldesa de Córdoba identificó a González como la X de la cúspide de los GAL que había teorizado Garzón –otro que sucumbió a los encantos de Felipe– y dijo que el presidente tenía las manos manchadas de sangre. Luego a Rosa Aguilar la aburrieron en IU y le pudo su ambición –a medias– y pasó de alcaldesa poscomunista a consejera de la Junta y ministra del Gobierno socialista en un par de años. Ya entonces, claro, pidió públicamente perdón a Felipe. Ahora ha sellado su arrepentimiento con un almuerzo, y abrazo, en su propia tierra cordobesa. Comieron garbanzos con langostinos y jarrete de ternera, y los dos dijeron sentirse muy a gusto. Un milagro que, como el de los panes y los peces, trata de la multiplicación. De la multiplicación de las dificultades y de la multiplicación de los votos (más difícil que la de los panes y los peces).