Archivos para el tag ‘Pablo Iglesias’

Mítines con cuentagotas

Antonio Lao | 15 de diciembre de 2015 a las 6:15

EN las grandes ciudades todavía permanece, aunque da la sensación que ya tiene algo de vintage, la celebración de mítines. En las pequeñas, por contra, salvo que el líder recale allí, rara vez vemos una concentración de adeptos, banderas en mano, bocadillo en la otra y autobuses en la puerta del pabellón deportivo, plaza de toros o explanada portuaria.

Las redes sociales y las televisiones lo copan y lo ocupan todo, aunque también tiene mucho que ver el hartazgo de los ciudadanos, cuando de acudir a escuchar a un candidato se trata. Se ha convertido en algo tan cotidiano, tan trillado, tan justo de credibilidad, que lo dejan pasar para mejor ocasión, entendiendo que el voto está decidido o casi y, por mucho que se empeñen en soflamas, proclamas y se desgañiten en un último intento por atraer a los indecisos, ya no logran convencer ni a sus propios adeptos.

Quizá por ello esta campaña ha sido más de cercanía, más de andar por casa, más de subirse a un banco y hablar a los vecinos, a un mercadillo para mezclarse entre los vendedores de bragas a un euro y calzoncillos de imitación a dos, que de verdad regresar al sabor, la tradición y la grandeza de aquellas que protagonizaban los cabezas de lista de antaño.

Considero importante la influencia de las redes sociales, aunque no vital. La pequeña pantalla te mete dentro de tu casa al más cercano y al más alejado a tus ideas, haciendo fácil lo difícil. Sin embargo, por más que nos empeñemos, la distancia que nos separa de aquellos que Pablo Iglesias definió hace unos meses como “casta” es, a veces, tan abismal que ya nadie compra duros a cuatro pesetas.

Y no es porque el día 20 de diciembre este país no se juegue su futuro, como lo hizo hace cuatro, ocho o doce años o como lo hará en las próximas citas electorales. Pero muchas cosas han de cambiar si aquellos que nos gobiernan o aspiran a hacerlo, pretenden recuperar la credibilidad perdida hace tanto.

Viva el centro

David Fernández | 15 de diciembre de 2015 a las 6:15

EL candidato socialista ha sido el último, que no el único, en sumarse a los que quieren ocupar el centro, ese gran caladero de votos. “Atacan al PSOE porque es el centro”, ha dicho Pedro Sánchez, sin mover un músculo de la cara. Ese pensamiento del siglo pasado un tanto utópico ligado a la idea de libertad e igualdad ha sido sustituido en el seno de su partido por un discurso de urgencia mucho más pragmático. Como tantos pensadores dispares, a Sánchez ya no le alcanza con proclamar que están dispuestos a terminar con la injusticia económica para propiciar un espacio de fraternidad y otras historias de principios del siglo pasado, cuando aún la sociedad industrial era un sueño. Esta puede ser su meta, pero el camino trazado por el líder delPSOE para alcanzarla ha variado, a la vista de las últimas encuestas.
También Pablo Iglesias ha girado al centro, al comprobar que nadie le adelantará por la izquierda. IU se ha volatilizado.

Y el comunista que vive en el interior del líder de Podemos emprendió hace meses un viaje para encarnarse en un socialdemócrata tan convencido, que si se cruzara con Maduro por la calle se haría el sueco. Los podemitas que nacieron con una sola idea del modelo de Estado, con tal de acercarse al triunfo total, han vendido su alma, su ideología, como el resto, por un voto. Quien más claro lo ha tenido desde el principio ha sido Albert Rivera. El ideario político de su formación subraya que es un partido que nace para ocupar el espacio de centro izquierda, toda vez que el PSOE dejó en Cataluña a muchos huérfanos por el camino. Rivera también aglutina a los descontentos con el PP que no podían pegar ojo pensando que votarían a Podemos para castigar a su partido de toda la vida. Gracias a todos ellos, Rivera se convirtió en un conservador moderado, guardián de la unidad de una España menos descentralizada. El PP no se ha quedado al margen, y como no le salen competidores por la derecha, puso toda la carne en el asador para fijar a su electorado de centro consciente de que su clientela más reaccionaria no tenía adónde ir. Como los discursos se parecen tanto, es hasta lógico que el número de indecisos se dispare, ya que no se fían de unos líderes que no se arriesgan a exhibir su auténtica personalidad.

Un postre de 110 minutos

Antonio Méndez | 14 de diciembre de 2015 a las 10:11

Sólo las grandes superproducciones se atreven con un metraje superior a las dos horas, el resto prefiere no rebasar ese tiempo de exposición delante del espectador. 110 minutos es el minutaje previsto para el cara a cara de esta noche entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Los dos líderes de las formaciones políticas que acumulan, a juicio de algunos expertos, mayor voto oculto.

Desde luego es posible que parte de su militancia aún opte por prestarles ese último servicio el próximo 20-D, pero no está por la labor de jalearlos en demasía con su presencia en los actos públicos. Ayer, con Madrid como escenario para medir fuerzas, Rajoy se las vio para reunir a 4.000 personas en Las Rozas, mientras Rivera en el Palacio de Vistalaegre y Pablo Iglesias en la Caja Mágica presumían de colocarle dos cifras a los miles de asistentes.

Pero los mensajes ya están más que desgastados. El líder de Ciudadanos tiró de libro de autoayuda para defender que son gente corriente capaz de hacer cosas extraordinarias. Los socialistas declinaron el cambio como si fuera un verbo. Desde que representan el verdadero a que son sus auténticos abanderados. Pero cuela poco. Iglesias pidió a Aznar los derechos prestados, y seguro que éste se los concedió sin demasiados royalties, para entonar el “¡váyase señor!”, pero con distinto apellido.

Y Rajoy, enfrentado a la juventud de sus contrincantes, apeló a su bisoñez. Y eso que el día anterior se vio cómo era hace veinte años, de ministro de Administraciones Públicas, en un revival con María Teresa Campos. No sé si su paso por este espacio fue Un tiempo tan feliz para el candidato popular. Sufrió una regañina en toda regla, descubrió que las empleadas del hogar no cobran el paro, “eso no puede ser”, solemnizó. Le faltó sacar la pancarta del “No a la guerra”, cuando la veterana presentadora le hizo ver que una intervención militar en Siria no era conveniente y claudicó con un “si quiere se lo explico luego”, cuando la Campos le espetó que su ministro de Hacienda le había arruinado la vida a muchos artistas. Igual envió a su doble al programa porque ayer dijo que está en contra de los populismos.

Hablar de mi libro

Antonio Lao | 13 de diciembre de 2015 a las 6:27

Fue Francisco Umbral el que acudió a una televisión para una entrevista, con la excusa de promocionar su nuevo libro y se le preguntó de todo, menos de aquello para lo que había ido al plató. La imagen, repetida en los zappings hasta la saciedad y la frase “yo he venido aquí a hablar de mi libro” refleja con rotundidad aquello en lo que se han convertido los debates electorales. Sesudos especialistas he escuchado hablar de los protagonizados por aquellos que aspiran a ocupar La Moncloa a partir del 20 de diciembre. Cada uno de ellos ha buscado y rebuscado matices por los cuales uno u otro candidato no ha estado bien o, por el contrario, han alcanzado la excelencia. Pequeños detalles que, miren ustedes, no veo que los ciudadanos que se asoman a la pequeña pantalla puedan ni  siquiera atisbar. Los debates son claves para la consolidación de los candidatos, qué duda cabe, aunque entiendo que gran parte de aquellos que los ven ya tienen el voto decidido. No me vayan a decir ahora que un seguidor de Podemos, por poner un ejemplo, va a dejar de votarles porque el sudor de su candidato se dejó ver en las axilas de Pablo Iglesias, o el constante movimiento de piernas de Albert  Rivera decepciona a aquellos que creen en su proyecto de regeneración. Tampoco creo que la pose seria y la ambigüedad calculada de Pedro Sánchez aleje de su proyecto a aquellos que creen a pies juntillas en la tradicional socialdemocracia. La vicepresidenta lo tenía complicado y salió del envite con nota. No tenía nada que perder y si mucho que ganar. El constante recuerdo al candidato del PP, Mariano Rajoy, no era más que una coletilla que, con probabilidad, si va a tener influencia el 20-D. En cualquier país de nuestro entorno, que el presidente del Gobierno no vaya a debatir no parece comprensible. Al contrario, puede ser entendido como un desaire a sus votantes y a aquellos que a lo largo de los últimos cuatro años ha gobernando. Aun así, todos hablaron de su libro y nadie los sacó del guión. Sin más.

Andalucía

Javier Chaparro | 11 de diciembre de 2015 a las 11:11

Quisiera pensar que los andaluces, como colectivo formado por 8,4 millones de personas que vivimos al sur de Despeñaperros y con unos intereses comunes, pintamos algo en esta campaña electoral, pero me temo que los debates van por otros fueros. En concreto, salvo el PP, todos los partidos han aludido o incluyen en sus programas la reforma de la Constitución para dar encaje a las demandas catalanas y tratar de frenar así la corriente secesionista. Se trate de ventajas en materia fiscal y/o competencial, lo cierto es que Andalucía no puede quedar a un margen.

Vayamos a los antecedentes. Hay que reconocer a Manuel Chaves su visión para anticiparse al anterior arreón catalanista, cuando propició la reforma del Estatuto andaluz (2007) y marcó así el camino constitucionalista del Estado de las autonomías. Es cierto que se perdieron mucho tiempo y energías en debates como el abono de la deuda histórica (saldada de mala manera por el Estado con la entrega a la Junta de unos solares en La Cartuja de Sevilla), el traspaso de las competencias del Guadalquivir (tumbadas como era previsible por el Tribunal Constitucional) o la disposición de garantía de las inversiones estatales en función de la población (un desiderátum sin validez legal alguna), aunque al fin y a la postre Andalucía jugó un papel clave como ya lo había hecho el 4 de diciembre de 1977 -en sentido muy distinto, por cierto, al sugerido hace unos días por Pablo Iglesias- y el 28 de febrero de 1980.

La situación es distinta ahora. Los titulares indican que los diferentes candidatos están poniendo todo su empeño en lograr el apoyo de los andaluces repartiendo sonrisas, como el que da caramelos a los niños en una cabalgata, pero cuesta ver un guiño, un gesto de complicidad o compromiso con esta tierra. Para empezar, bastaría con que todos los candidatos afirmasen sin temor a ser lapidados que la llamada cuestión catalana, al igual que la vasca, no va a ser resuelta a costa de detraer recursos o generar agravios del resto de territorios. Andalucía es algo más que un granero de votos.

¿Qué es lo que se vota el 20-D?

Rafael Navas | 10 de diciembre de 2015 a las 8:57

Tras los primeros debates han llegado los debates sobre los debates, los debates sobre los debates de los debates y así sucesivamente. Sesudos analistas, sociólogos, expertos en lenguaje gestual y hasta tertulianos del corazón han tratado de interpretar cada mínimo gesto de los candidatos: un pestañeo, un movimiento de pies, una mirada… cómo iban vestidos o cómo iban peinados.

“Soraya ha demostrado empaque porque es la que menos se ha movido y ha aguantado de pie con tacones”, “Pablo tiene solvencia porque habla sin tutubear y mirando fijamente”, “Pedro gesticuló demasiado cuando habló de sus propuestas sobre educación”, “Albert no termina de convencer con sus gestos, un tanto nerviosos, movía mucho los pies”… Vivimos unos tiempos en los que se da más valor a la apariencia que al fondo, a los gestos antes que a la palabra. Sí, la palabra. ¿Alguien se ha parado a escuchar, sólo a escuchar, sin estar pendiente únicamente de cómo se dice lo que se dice?

¿Qué estamos votando el 20-D? ¿Actores? ¿Modelos de revista de moda? ¿Bailarines? Se supone que en estas elecciones está en juego algo más que un modelo de político o incluso las siglas de un partido. Pensaba que teníamos que votar un programa electoral, una manera de hacer política y un equipo de personas. Pero en pocos días nos ha quedado muy claro que no es así. O al menos hay quien pretende, desde dentro y desde fuera de los partidos, que no sea así: que votemos una imagen, una campaña de marketing y una forma de interpretar un discurso, no el discurso en sí y mucho menos lo que hay detrás. Habrá quien diga que la Historia está llena de casos de políticos que ellos solos han ganado unas elecciones por su atractivo personal y su forma de hablar. Es cierto, hay ejemplos. Pero parecía que en esta época en la que somos capaces de reunir tanta información -y con ello capacidad de ser críticos- habíamos superado esos tiempos en los que un rostro bonito, una cara amable, bastaban para llevarse por delante a todo un país.

La muralla

Ignacio Martínez | 9 de diciembre de 2015 a las 6:44

Los partidos emergentes abren brecha en la muralla del bipartidismo. Fueron lo más destacado de un buen debate a cuatro en Atresmedia, sin ganador claro. Triunfó la cadena, con récord de audiencia y publicidad. Y perdió Rajoy, escondido en Doñana. Todos estaban nerviosos, pero se le notó menos a Pablo Iglesias. Albert Rivera pareció más inseguro que de costumbre. Saénz de Santamaría acusó la falta de práctica: en el Congreso siempre tiene la última palabra, sin réplica. Pedro Sánchez habló menos que nadie y no brilló. En el posdebate, como en Gran Hermano, todos atacan al rival que más temen.

A Rajoy y Sánchez les queda un cara a cara el lunes. Un clásico con estrategias distintas. El jefe del PSOE necesita una victoria aplastante, que lo reponga como alternativa creíble. Mientras que el jefe de los populares, en el único riesgo que toma en campaña, buscará una victoria a los puntos, que le permita ser el más votado y blindar el bipartidismo. En su despedida del debate en A3 Iglesias pidió que no se olviden las tarjetas black, los desahucios, Púnica, Gürtel, Bárcenas, los Eres, las preferentes, las colas en sanidad o los recortes en educación. Un remedo del alacrán, el ciempiés, el veneno, el puñal y el diente de la serpiente del poema de Nicolás Guillén. Una pedrada a la muralla del bipartidismo.

La Marimorena

David Fernández | 7 de diciembre de 2015 a las 6:47

La entrañable escena navideña que ha conmovido al electorado la protagonizó el PP a golpe de pandereta en una zambomba jerezana este sábado. Si no han tenido la oportunidad de contemplar las imágenes por televisión, rescátenlas porque merece la pena contemplar a ese enorme Juanma Moreno con el pulgar de su mano izquierda a la altura de los riñones y el índice y el corazón marcando figura a la vez que lanzaba la mano derecha al aire a cazar moscas por bulerías. El candidato popular formó La Marimorena con tal de transmitir, de rondón, como el que no quiere la cosa, que la experiencia es un grado. Qué grandes sus hechuras… Un pasito p’alante y un pasito p’trás y vámonos que la Virgen como es gitana, a los gitanos camela, y San José como es gachó, se rebela, se rebela. Ole.

Su mérito es doble porque al contar con menos cintura que Rafa Alkorta, tuvo que transmitir todo su empaque por medio del rostro y los brazos, lo cual entraña doble dificultad. Ciertamente no desentonó del todo, hay que reconocerlo, junto a sus compañeros. Pedro Sánchez, que junto a Miquel Iceta en los mítines de las catalanas ya demostró que tiene menos compás que unas maracas llenas de agua, no lo habría hecho mejor. El líder del PSOE seguro que desconoce que los caminos se hicieron con agua, viento y frío, como canta nuestra tierra por Navidad. Y no digamos Pablo Iglesias, que con sus alusiones a Soraya demostró tener menos gracia que la carta de ajuste. ¿Imaginan al líder de Podemos arrancándose a cantar y bailar villancicos flamencos? Dicen que el otro candidato emergente, Albert Rivera, lleva meses ensayando con la jerezana Inés Arrimadas para no despistarse y dar la nota cuando le cuenten, en una zambomba, que en la puerta hay un niño. A lo mejor pensaría que se ha perdido. Los villancicos están preñados de tanta historia, que si no conoces el terreno que pisas te pueden impresionar relatos como el de un pastor que lleva una burra cargada de chocolate, o el del cura que no va a la iglesia. Y la vida del político, qué duda cabe, es más que sacrificada, todo el día tratando de empatizar con el electorado y si hace falta con las palmeras. Estén atentos porque igual ya los tiene a su lado tocando la zambomba y catando el anís.

A bocados

Ignacio Martínez | 5 de diciembre de 2015 a las 12:38

Muy interesante la encuesta del CIS. Sus tripas, más que la cocina. Entrevistan a 17.500 personas, de ellas 2.700 en 180 localidades de Andalucía. Y tienen una buena foto del país. La malogran en los pucheros. Sin ir más lejos, en las europeas del año pasado pronosticaron escaños a voleo: PP 21, PSOE 19, Podemos 1 y Ciudadanos 0. Y salió 16, 14, 5 y 2. En el sondeo que acaban de sacar hay un dato espectacular. Resulta que a un 61% de los encuestados la política le interesa poco o nada. Es el peor dato de una encuesta en la que un 42% dice que aún no ha decidido su voto. Y ¿entre qué dudan? Un 11% fluctúa entre PP y Ciudadanos. Un 9 se lo piensa entre PP y PSOE. Otro 9 no sabe si Ciudadanos o PSOE. Y un 8% oscila entre Podemos y PSOE. Y ahí andan los cuatro, a bocados.

A bocados estuvieron el jueves la gran Celia Villalobos y Pablo Iglesias. Ella, avasallando al neófito, con un “escucha, que tienes que aprender a escuchar”, para soltarle una monserga sobre la limpieza del PP y largarse acto seguido para no dejarle replicar. Duelo de tertulianos. Rajoy habla con desdén de las recientes carreras políticas hechas desde la pequeña pantalla. Pero se olvida de que esta antigua contertulia de Hermida fraguó su carrera de diputada, alcaldesa, ministra y jugadora de videojuegos con su descaro y la televisión.

Las hazañas del presidente

Antonio Méndez | 4 de diciembre de 2015 a las 10:05

Los hagiógrafos de Mariano Rajoy narran y no paran las hazañas del líder. Primero, la de su paso, el día anterior, por la cocina de Bertín Osborne. Unos mejillones que para algunos dirigentes del partido han obrado un milagro superior al culinario. Ayer su paseo por la calle Larios de Málaga, la más señera en la capital, con el objetivo no sólo gastronómico de tomarse un chocolate sin quemarse.

El empeño no era fácil. Bien lo sabe Pedro Sánchez que, en mayo pasado, fracasó en su primer intento. Y eso que él apostó por el helado. Pero las protestas con que tropezó le amargaron el postre. Sin rendirse, en agosto repitió y pudo coronar con éxito el propósito. Los caldos de la feria son así de animosos.

Aunque realmente el pionero fue el presidente George Bush. Unos meses después de expirar su mandato, en 1993, tras su derrota con Clinton, se bajó de su yate con su mujer y cinco guardaespaldas y se adentró en Larios en pleno arranque de la fiesta del verano. La visita pasó inadvertida menos para el fotógrafo de Efe Rafael Díaz, que casi secuestró al mandatario durante su recorrido para garantizarse la exclusiva foto. Rajoy no tiene retrato en las Azores como Aznar, pero desde ayer puede presumir de que ha emulado, 22 años después, a un presidente de los Estados Unidos. Y, sobre todo, unos 300 vecinos y turistas pueden documentar su estancia. No puede quejarse del balance, sólo un hombre osó a lanzarle un improperio. Y levantó los brazos en señal de rendición en cuanto un par de agentes de paisano localizaron el origen del grito.

En la comitiva no figuraba Celia Villalobos. A a la vista de que en Málaga le han rebajado a candidata de segunda y quieren darle poca bola en la campaña, la veterana diputada se abrió foco en todos los telediarios. Mientras el jefe se ausenta en los debates con emergentes, ella es capaz de fabricarse uno en el Congreso con Pablo Iglesias y cerrarlo sin réplica.