Archivos para el tag ‘Parlamento Andaluz’

El voto, inútil

Alberto Grimaldi | 19 de marzo de 2015 a las 9:40

Ahora que los partidos tradicionalmente mayoritarios apuran sus llamadas al denominado voto útil,resulta aún más enervante redescubir, gracias al magnífico ejercicio de periodismo hecho por nuestro compañero Antonio Fuentes, el único interés de los políticos: ellos mismos. No sé que tiene la condición de electo. Pero es lograrla y todos –de la condición e ideología que sean– se creen superiores. Y lo que es peor: impunes. Y da igual que los administrados nos inventemos nuevos orificios en el apretado cinturón para, simplemente, sobrevivir. ¡Ellos se suben el sueldo neto en secreto! Y para mayor escarnio: dejando de retener las cotizaciones a la Seguridad Social a los parlamentarios. Da igual que sea cierto que votar a determinados partidos sea entregárselos a otros. Cuando uno conoce hechos así lo que piensa es que el voto es inútil. Porque tenemos una clase política mediocre y profesionalizada, que nunca entenderá su función como un servicio público. Hasta que no haya limitación legal de mandato para electos y designados y retribución en función de la valía previa (la media de las últimas cinco declaraciones del IRPF antes de ser cargos públicos) seguiremos teniendo ganas sólo de botarlos.

No se enteran

Javier Chaparro | 19 de marzo de 2015 a las 8:43

Cuando el Parlamento aprobó en 1995 por unanimidad fijar un sueldo a sus señorías de 300.000 pesetas netas, la versión oficial fue que con ello se ganaba en transparencia respecto al anterior sistema retributivo, basado en asignaciones directas a los grupos políticos y con las que cada uno de ellos hacía básicamente lo que le venía en gana. A esas nóminas se sumaron -kilometraje aparte- dietas mensuales que oscilaban entre las 80.000 y las 200.000 pesetas en función de la provincia de cada parlamentario para compensarles por el posible alquiler de viviendas, comidas y otras circunstancias. Por cierto, nunca quedó muy claro qué molestias podían sufrir los diputados por Sevilla, que tan sólo tenían y tienen que desplazarse desde su domicilio al Parlamento.

Esa dieta compensatoria, que con el paso de los años ha ido incrementándose de forma progresiva hasta un mínimo de 800 euros al mes, tan sólo era cobrada inicialmente por los diputados durante los nueve meses de estricta actividad parlamentaria, es decir, todos menos enero, julio y agosto. Pero no era suficiente. En años sucesivos, la Mesa de la Cámara acordó también por unanimidad y con absoluta reserva (sus deliberaciones son secretas y las actas de sus reuniones no son públicas) ampliar el pago de la famosa dieta a enero, primero, luego a julio y, finalmente, a los doce meses, así esté su señoría de vacaciones o de baja sin pisar el mármol del Parlamento. Nadie informó jamás oficialmente de esas sucesivas subidas, confirmadas únicamente por los servicios de prensa de la Cámara cuando la redacción del Grupo Joly preguntó de forma expresa por ello cada vez que tuvo conocimiento, por fuentes anónimas, de dichos aumentos retributivos.

Ayer, Antonio Fuentes desvelaba en estas páginas que el Parlamento, en plena oleada de recortes a los funcionarios, abonó a lo largo de 2013 las cotizaciones a la Seguridad Social de sus 109 diputados sin detraérselas de sus nóminas, rectificando un año más tarde. Las alambicadas y cambiantes explicaciones ofrecidas por la Cámara dejan en evidencia que en transparencia y control de los dineros públicos queda mucho por hacer. No se enteran de que el domingo hay elecciones.

La trampa absoluta

Manuel Barea | 18 de marzo de 2015 a las 9:36

A unos cuantos de los que estamos aquí haciendo esto que tiene usted ahora entre las manos nos pone que en el Parlamento que salga de las urnas la noche del domingo esté todo quisque. Al menos unos cuantos más que en esa legislatura del PP contra el PSOE e IU enrollados hasta que pusieron fin a su matrimonio de conveniencia. Es puro egoísmo por nuestra parte, desde luego. Es pensando en nuestro trabajo, que será bastante menos aburrido que con la Cámara plomiza y plomazo del anterior periodo. Así que todos para allá, regreso incluido del PA, que nos echa en cara el ninguneo al que lo tenemos sometido, y también los de Vox, con su pose antiautonomista y ultracentralista. ¿Por qué no?

Nos acusarán de promover un gallinero político, de querer levantar un saloon del oeste. El caos. Una situación fuera de control.
Otra vez el miedo.

Cuando, sobre todo los partidos mayoritarios, suplican el voto en masa reclamando la mayoría absoluta como única forma posible de gobernar -ya saben, eso del voto útil- están responsabilizando al electorado de los terribles efectos que tendrá que soportar si no es así: porque consideran que los votantes habrán convertido la región en algo ingobernable.

Pero es una trampa.

Estos partidos, sus líderes, lo quieren a huevo. Cuando les interesa -o sea, sólo en campaña- endosan el marrón de la gobernabilidad a los ciudadanos, olvidando que en realidad son éstos los que aguardan, tras encargarla a los partidos en la proporción que deseen, una óptima gestión de la comunidad. Porque esa gobernabilidad con la que los candidatos se llenan la boca estos días es a partir del 22-M su trabajo, su responsabilidad. Los ciudadanos habrán cumplido con la suya votando lo que la cabeza, el corazón o los bajos les hayan dicho. Y con o sin mayoría absoluta son ellos, los políticos, los que tienen que gobernar. Y bien, sin trampas. Que para eso les pagan.

Razones para la nostalgia

Pablo Bujalance | 7 de marzo de 2015 a las 4:31

Como casi todas las mañanas me encontré con Juan, el portero de enfrente, cuando llegaba a la redacción. Juan va siempre con sus cosas, de acá para allá, preocupado por lo divino y lo humano, y tiene palique para rato. La cuestión es que ayer me cogió del brazo y me habló así: “Pablo, ¿no crees que hay demasiados políticos? No lo digo sólo por los sueldos que cobran, sino porque si antes se hacía uno un lío cuando había dos candidatos, ¿qué vamos a hacer ahora que hay cinco? Así no hay manera de decidir a quién se vota”. De modo que, ya ven: todavía no está el bipartidismo matado del todo, y ya hay quien lo echa de menos. En el fondo, Juan tiene razón: la jornada de reflexión va a ser lo más parecido a resolver un sudoku, si es que queda por ahí todavía alguien que se lo tome en serio. Lo peor de todo es que los nuevos candidatos no sólo no han abierto la gama práctica mucho más allá de lo que ya había (lo siento: ni el programa de Podemos ni el de Ciudadanos suenan muy originales respecto a lo que pregonaban el PP, el PSOE, IU y UPyD; además, ya sabemos para qué están los programas), sino que tampoco están haciendo de la campaña algo mucho más divertido de lo que era antes. Y eso que acabamos de empezar.

Claro que, cuando más razones habrá para sentir nostalgia del bipartidismo será cuando el nuevo Parlamento Andaluz eche a andar, tan fragmentado y con tanta gente queriendo llevarse el ascua a su sardina que sólo faltará dentro un puesto de cupones de la ONCE. Si ahora resulta difícil entender algo, entonces sí que habrá que pedir traducción simultánea. Tal vez, con un poco de suerte, el bipartidismo repita fórmula en Andalucía, aunque con otras siglas, y siempre que IU no se ofrezca para un pacto. Quien más nostalgia ha demostrado hasta ahora, eso sí, es Teresa Rodríguez, con su pegada de carteles como Dios manda, con cubo y cola. Nos va haciendo falta Jarcha para la música de fondo. Qué tiempos aquellos.