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Escápate

David Fernández | 23 de marzo de 2012 a las 10:18

LOS dos candidatos al triunfo coincidieron un mal día en el despacho de la empresa demoscópica Ycómovalonuestro.com. El encuentro fue desagradable, como coincidir en el ascensor con el vecino que no te deja pegar ojo. Y aunque duró un minuto, se hizo eterno y ambos tuvieron tiempo de ver toda tu vida pasar por delante de sus narices. Conste que algún día tenía que pasar porque PSOE y PP se pasan la vida realizando encuestas. Los allegados de los candidatos, de hecho, no se atreven a preguntarles por nada porque cualquier pamplina la someten a la consideración del primero que pase. Hasta en la barra del bar, cuando les va a tomar nota el camarero, se decantan por vino o cerveza en función de lo que dicten los sondeos entre la clientela, para empatizar y quedar bien. Como habrán imaginado, Griñán y Arenas coincidieron para preguntarle al sociólogo ¿y cómo va lo mío? Y un experto en sondeos de porte intrigante a lo Philip Marlowe invitó a ambos a sentarse en su mesa. Tras exhalar el humo de su cigarrillo y alargar innecesariamente un silencio impostado, respondió al primero lo mismo que le dijo el famoso abogado del chiste al criminal confeso al que pillaron con las manos en la masa: “¿Lo tuyo? ¡Ah!, sí, ya me acuerdo… Lo tuyo, Pepe, lo tuyo va bien, bien… Sí hombre… Ahora bien, si te puedes escapar, te escapas”. Griñán, al principio no dio crédito y pensó que la broma la grababan con cámara oculta, pero al ver la muestra del sociólogo se rindió a la evidencia. Más tarde lo comprendió todo porque pudo comprobar con más calma y en compañía de una copa de amontillado, que las encuestas de las que él venía presumiendo estos días y que pronostican un PSOE superior al resto eran una copia falsa de las de 2008. Al parecer alguien le había dado el cambiazo. Y el palo aún le mantiene mosqueado, pero lo que en realidad le costará olvidar es la prolongada y sonora carcajada de Arenas, sentado a su lado, frente al sociólogo. Conste que tampoco éste se fue de rositas: “¿Y usted de qué se ríe? Tenga cuidado porque aún no está claro del todo que vaya a ser usted el presidente”, le reprendió el sociólogo, para añadir en tono grave: “¿Sabía usted que las victorias amargas duelen más que las derrotas en toda regla?”. Arenas se puso blanco como la pared y empezó a ver pinzas por todas partes… Al final ambos salieron de la oficina llorando sin consuelo posible.