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La felicidad es de color verde

Jesús Ollero | 20 de marzo de 2015 a las 23:56

Coincidencias de la vida, el Día de la Felicidad se celebró la misma jornada del cierre de la campaña. La felicidad de hoy puede ser la amargura de mañana. Según las encuestas, este domingo habrá más de un partido que celebre su felicidad. Ya veremos si uno, dos o tres, pero que lo hagan todos es materialmente imposible. El domingo sabremos de qué color es la felicidad, pues sobre el color de la felicidad fue el principal hashtag del último empujón de la campaña, justo por encima de la pintoresca celebración de la jornada. Esa tendencia líder era de pago, no crean, y esta vez sí se fueron metiendo las consignas de los partidos a medida que el Velódromo se llenaba o Fibes amenazaba con no hacerlo a pesar de la presencia de Rajoy junto a Juanma Moreno mientras el PSOE presumía del “no se cabe” en el pabellón de la Universidad Pablo de Olavide desde mucho antes de la comparecencia de Susana Díaz y Pedro Sánchez.

La felicidad del domingo será verde Andalucía, la de ayer era roja, el color de la pausa que refresca. Que sea naranja, magenta, morada, azul o se mantenga roja lo dirán las urnas, que para eso las redes sociales son un termómetro más imperfecto aún que los demoscópicos.

Cada cual presumía de sus cifras de asistencia, aunque puestos a destacar, hay que reconocer que no está nada mal lanzar un streaming y al poco tener ya más de 6.500 usuarios viéndolo por internet. Bueno, más que viéndolo intentándolo, porque la señal se caía sin remisión ante semejante interés en torno a la carnavalesca traca final de Podemos. Con un presupuesto seguramente mucho más llamativo, los problemas para ver el streaming de otras formaciones no eran tan evidentes. El viernes se puede morir de éxito. El domingo…

Con toda la lógica, la campaña andaluza se coló entre los principales temas de twitter para cerrar el tour. Incluso Izquierda Unida, quizás el gran tapado porque se le ha dado por hundido sin más razón que estimativa. Hasta lo consiguió UPyD con su ocurrente, como todo lo que hace, #YesWeHerran. Buscando el color de la felicidad el PSOE cambió el rojo por el verde, desde la chaqueta de la candidata a las banderolas de la rosa. Moreno Bonilla ganó el punto simbólico con sus corbatas verdes en los debates -Podemos golpeó al subconsciente socialista con el Velódromo- y Susana Díaz dobló apuesta cambiando hasta la imagen corporativa de su partido. ¿Quién se quedará con el verde? Verde como el trigo verde, como la albahaca y, esta vez, como la felicidad política.

Mejor relativizar

Antonio Méndez | 19 de marzo de 2015 a las 8:47

Susana Díaz acaba de dilapidar su carrera. El animal político, la digna sucesora de Felipe González, la nueva lideresa de la socialdemocracia europea, la dirigente capaz de hipnotizar a los líderes del Íbex 35; la mujer de Estado en quien confía la Casa Real para afrontar los retos de esta nueva España. La ungida para marcar un época al frente del Gobierno de la nación, ha quedado amortizada tras su último debate.

Maleducada, soberbia, fatua, arrogante. Su condena será el enclaustramiento en Andalucía. Ha descubierto su verdadero rostro y no queda barón del PSOE que responda por ella. Por su parte, Juan Manuel Moreno Bonilla se ha revelado como el hombre tranquilo de humilde sonrisa y exquisitos modales. El audaz que ha aportado a la derecha el estilo sencillo que precisaba en su mayor desesperanza. El visionario que despojará a los diputados de las odiosas prebendas con que se pertrechaban ante la corrupción, para que el pueblo se reconcilie con la política. Cánovas del Castillo redivivo. El heredero ideal de Mariano Rajoy.

Así es el periodismo de hoy. Creamos mitos sin sustento y con biografías de un año. Y los derribamos con la misma voracidad. Los dos candidatos con más posibilidades, en teoría, de gobernar esta comunidad ofrecen rasgos semejantes. Fueron malos estudiantes. Así lo interpreto si se invierten diez años en terminar Derecho, y flaco favor se le hace a Felipe González con la mención de que gracias a sus becas. O a los tumbos por Psicología y Magisterio hasta encontrar, muchos años después, una carrera más asequible: Protocolo. El activismo universitario fue la lanzadera que los catapultó a los aparatos de los partidos. Y el premio: un cargo público tras otro sin solución de continuidad. Uno alega que tuvo tiempo de trabajar en una pizzería; la otra que vendió cosméticos a domicilio. Mejor relativizar.

Los silencios de Juanma

José Aguilar | 18 de marzo de 2015 a las 9:33

La soberbia y el autoritarismo con que Susana Díaz acometió el debate del lunes le vinieron bien a Juanma Moreno, y no sólo por el contraste entre la actitud de una y de otro. También porque puso el foco sobre las interrupciones y la falta de respeto y lo quitó sobre las carencias del candidato popular. Susana le hizo el juego a Juanma en su papel deliberado de candidato suavón, tranquilo y sonriente, de nervios templados y aparente firmeza. Se le fue vivo. Se permitió, por ejemplo, no responder a preguntas y cuestiones inquietantes que podían dibujar su auténtica estatura.

Por ejemplo, ¿cobró sobresueldos procedentes de la trama Gürtel durante su estancia en la calle Génova? ¿Es cierto que en su etapa de secretario de Estado fue cuando se impusieron los recortes a la dependencia? ¿Lleva un par de imputados en la lista de Cádiz? ¿Qué valor tiene su propuesta de desaforar a los diputados andaluces cuando el PP nacional ha rechazado las iniciativas para eliminar el aforamiento de todos los parlamentarios? ¿Cómo va a conseguir crear tantísimos puestos de trabajo como prometen él y Rajoy?

Moreno Bonilla pudo guardar silencio sobre estos y otros asuntos. Fue gracias a cómo enfocó Susana el debate.

A porta gayola

David Fernández | 18 de marzo de 2015 a las 9:29

El carácter más agrio de Susana Díaz empañó su pulida imagen perdonando la vida en el debate del lunes a todo quisque: “¡Continúe usted, señor Bonilla, continúe!”. Llamarla impertinente sería dulcificar la crítica si se tiene presente que, en caso contrario, a Moreno Bonilla le habrían crucificado por machista y prepotente, para empezar. La pose displicente de Díaz ante las cámaras en plan disculpa que te perdone dejó perpleja hasta a la moderadora. Su tono altanero frente al candidato popular -“le interrumpiré cada vez que mienta”- sólo fue comparable a su colosal soberbia para elevarse por encima del bien y del mal y al rechazo que le produjo hasta su segundo apellido. Por más promesas rotas y escándalos que arrastra el PP en los últimos años, en ningún instante lo puso en apuros. Tan borde resultaron sus réplicas, que dio la impresión de seguir el guión de su enemigo para afianzar su imagen de chica dura. Empleó el ordeno y mando sin venir a cuento, y lo único que dejó claro es que no se sintió cómoda en igualdad de condiciones frente a sus adversarios.

El debate no lo ganó Moreno Bonilla, que más bien pecó de cándido y previsible y que al fin y al cabo lo tuvo mucho más fácil al no tener que rendir cuentas. Lo perdió Susana Díaz de principio a fin porque dializó cada dardo envenenado de sus contrincantes personalmente, por más que la mayoría eran de manual. Pudo limitarse a realizar una faena de aliño criticando las reformas de Rajoy, pero hizo gala de su peor talante como si estuviera obligada a jugarse el todo por el todo. En lugar de parar, templar y mandar, recordó al diestro que recibe al toro a porta gayola para impresionar y suplir con osadía sus carencias en el arte de torear. La candidata a la que se respeta por su carácter, la que convence a la masa sin abrir la boca, la del trato en corto imbatible que conecta a la primera, la que gana sin pasar por las urnas, esa candidata no compareció, y Díaz pinchó en hueso.

Expectativas

Alberto Grimaldi | 11 de marzo de 2015 a las 11:37

EL único interés del debate en Canal Sur: haber sido el primer duelo dialéctico de los tres novatos candidatos. Sin referencias reales sólo existían expectativas. Materia sensible en política. Más si no hay un vencedor que arrolla. El cartel electoral de IU, Antonio Maíllo, cumplió con las suyas: obtuvo conocimiento y pudo entreverar mensajes en la pugna entre los otros dos oponentes. Él ya ganaba sólo por el encorsetado formato a tres: Susana Díaz se lo regaló al negarse a un cara a cara, tanto el último lunes como el próximo. Juan Manuel Moreno Bonilla superó con creces sus expectativas. Es la ventaja de partir bajo mínimos. En hora y media se sacudió la imagen de pusilánime y mustio que se ha ganado a pulso desde que tomó las riendas del PP andaluz por designación directa de Mariano Rajoy con Javier Arenas de valedor. Ganó mucho más que el debate: logró entrar en campaña y situarse como alternativa real y no como el muchacho que han mandado desde Madrid para que el PP pierda, como siempre. También hasta cuando vence. Susana Díaz, por contra, estuvo por debajo de la expectativa, no sólo la que ella genera entre los demás sino incluso la propia que nace de su seguridad habitual. Incómoda y en algún momento hasta inquieta. Descubrió que por más que lo intente, no son elecciones a Cortes Generales: se evalúan 33 años ininterrumpidos de gobierno socialista de la Junta. Un campo en el que ella sí tiene que perder. El bloque de la corrupción lo demostró: aunque se defendiese atacando con fango de otros lodazales. Queda el segundo debate. Y la expectativa de ver si se pasan o no llegan respecto al de anteayer.

“Es muy pequeñina”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de marzo de 2015 a las 14:35

Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez Soraya Sáenz de Santamaría, con el alcalde de Huelva y Juanma Moreno en el mercado del Carmen. / Foto: Alberto Domínguez
Perseguir a Soraya Sáenz de Santamaría en campaña es realmente complicado. La vicepresidenta se mueve a ritmo acelerado en sus paseos electorales y complica la opción del retrato. Hace un rato ha estado en el mercado del Carmen de Huelva, donde, a la velocidad del rayo, ha estrechado manos, ha dado besos, se ha hecho algún que otro retrato -eso de los selfies es un horror- y hasta ha tenido tiempo de tomarse una cañita y una tapa de tollo (un derivado del cazón) con tomate en el bar Casa Miguel.

La visita a la plaza -que suena mejor que mercado- transcurrió según lo esperado. A medida que la vicepresidenta pasaba más tiempo en el interior mayor era el revuelo y más posibilidades había de que se formara el taco. A pesar del ritmo de marchadora polaca que imprimía a su caminar, quienes lograban acercarse le decían lo guapa que es, lo que gana en directo respecto a cuando se la ve en la tele, lo bien que lo ha hecho el Gobierno y las ganas que hay de cambio en Andalucía. A uno siempre le queda la duda de si en estas visitas -las de todos los partidos- los elegidos para el beso y la charla forman parte de la plantilla. Como esos policías de las películas que se camuflan entre la gente para detener al malo. Sin embargo, la realidad cambia las cosas e, igual que le pasó ayer a Juanma Moreno en Sevilla, también hubo en este caso afición visitante -por supuesto considerada como topos enviados por los demás partidos por parte de los afectos al PP- que decía por detrás que la cosa está muy mal para tanta visita electoral, que a buenas horas mangas verdes y que más trabajo y menos postureo.

Eso, claro, los que están más movilizados. Que otra cosa son los observadores neutrales y más amantes del morbo. Estos son los realmente buenos, porque son los que se acercan a preguntar quién anda liando tanto jaleo y reciben como respuesta, por ejemplo, que “esta es la muchacha que está con Rajoy”. O los que andan corriendo para hacer una foto y se desesperan porque no hay manera de hacerla porque “es muy pequeñina”. Y pequeñina, pequeñina, la verdad es que la vicepresidenta lo es. Aunque, como dice un parroquiano de Casa Miguel “no se olvide de que los chiquititos matan a los grandes y si no acuérdese de David y Goliat”. Y no seré yo quien ponga en duda que Soraya es capaz de tumbar a Goliat. Que se la ve con mucho mando.

Nostalgia de ‘Borgen’

José Aguilar | 10 de marzo de 2015 a las 11:58

Estuvieron los comparecientes educados y respetuosos, aunque la corrupción le dio un punto de acritud al debate, probablemente inevitable. Fue el terreno en el que Susana Díaz se movió con más dificultad, Juanma Moreno se benefició de que se trataba de un debate andaluz y no nacional y Antonio Maíllo podía pasar a la ofensiva, sin los cadáveres en la retaguardia con que cargaban sus adversarios. Se defendió la actual presidenta, por el contrario, en materia de servicios sociales, donde podía presumir de haber recortado menos que la media de las comunidades en manos de los populares. En empleo, en cambio, era imposible que convenciera a la gente de que los “tres años de sufrimiento” (los infligidos por Rajoy) bastan para explicar el récord europeo de paro después de treinta y tres años de gobierno socialista, que es el suyo.
Quedaron muchas preguntas sin contestar. Hay que darlo por descontado porque el formato buscado por todos para el debate era el no-debate: un rosario de monólogos sucesivos, aparentemente encadenados y sometidos a la dictadura del cronómetro. Mi nostalgia no es por la estatura de líderes que lo fueron antes que estos tres en sus respectivos partidos. Mi nostalgia es danesa: por Borgen, la enorme serie televisiva que muestra que si algo huele a podrido en Dinamarca no es ciertamente el debate entre sus políticos.

La fuga

David Fernández | 8 de marzo de 2015 a las 12:46

PP y PSOE están de los nervios. Dos recién nacidos como Podemos y Ciudadanos acaparan todas las miradas y los partidos más clásicos ya no saben cómo llamar la atención. A ratos, se comportan como niños malcriados que no soportan la idea de que mamá y papá les den la espalda para atender los asuntos más urgentes que reclama el bebé. A los socialistas, lo único que se les ocurre es imitar a Podemos, agotar las camisas lilas del mercadillo y empezar a soltar tacos. Y desde que Ciudadanos marca tendencia, los populares tampoco pueden evitar soltar pamplinas en días alternos, para tratar de ser más antisistema y modernos que nadie, aunque no olviden a Naranjito. Han renunciado incluso a su ley del aborto, para ser más moderados que Espinete y tratar de evitar la fuga de sus leales.

Los asesores de unos y otros aseguran que han vuelto a dar con la tecla de la victoria eterna: ahora lo que se lleva, dicen, es hablar en el mismo tono que en la barra del bar, que es lo que hace Podemos, aunque luego no sepa concretar cómo narices se sale de ésta. Y ahí me tienen al probe Rajoy este viernes, sin pantalla de plasma, enfrentándose a los micrófonos tras la catástrofe del Ebro y sin saber qué decir: “Yo voy donde me dice mi equipo, que para eso soy el presidente del Gobierno españó“. Ole.

Como no saben a qué atenerse en la actualidad, los partidos no paran de realizar encuestas cada media hora. A usted no le hace falta sondeo de opinión alguno para llegar a la conclusión de que permitir que los niños hagan lo que les venga en gana, un día sí y otro también, no conduce a nada bueno. Tanto es así que, 30 años después, los niños ya no son tan niños, y los padres le dicen a los sondeos que están dispuestos a darles un escarmiento por derecho. Dicho esto, ahora lo único que resta saber es si van en serio o se les pasará el mosqueo otra vez.

La desconfianza de José

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de marzo de 2015 a las 17:52

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José Sanmartín Pérez puso esta mañana en un brete a Juanma Moreno y le obligó a torear en corto. José está jubilado y andaba jugando su partidita de dominó con sus compañeros de siempre cuando la caravana del candidato popular irrumpió en la sede de la Asociación de Vecinos Barrio Obrero del Puerto de Santa María (Cádiz). Y no es que entraran tres personas, no, que en estas cosas de las elecciones el candidato se mueve siempre rodeado de una amplia corte en la que se mezclan el personal de confianza que viaja siempre con el aspirante con el rosario de aspirantes provinciales, ediles, alcaldes y adláteres en busca de foto.

Y allá que se fue Juanma a hablar con José y a preguntarle por el dominó y sus secretos cuando la sorpresa la salió al paso. Y es que José, ceutí afincado por amor en la localidad gaditana, le soltó al candidato de buenas a primeras y sin anestesia que “siempre he votado al PP, pero me habéis decepcionado”. La corte se quedó en silencio, pero ahí salió el Moreno torero y, mano e el hombro de su interlocutor, le dice que sí, que habido cosas que no han estado bien “pero tenemos que recuperar”. Animado por el líder alguien le interpeló a José con un “dale una oportunidad”, lo que nuestro jubilado respondió rápido que “no la merece, porque ha habido muchas cosas”. Pero no se iba a amilanar Juanma por eso y, nuevamente rápido de reflejos, terciaba con un “yo no soy el responsable” y pedía confianza y apoyo a este prescriptor de voto. José se relajó un poco y con una sonrisa le daba media aprobación al candidato, eso sí, si este le daba “unos bolis o algo de eso que lleváis para las elecciones”. Juanma, venido arriba ya, veía temblar su victoria mientras miraba alrededor en busca de alguien que le arrimase algo. Pero no hubo suerte. Ahí pegó el tercer muletazo y ya en la despedida le decía a José que no había nada porque “estamos tan tiesos en esta campaña que no tenemos ni para bolis”. Sonrisas, abrazos y un voto medio recuperado.

Minutos después José volvía a su partida y comentaba con Antonio, Juan y Paco la jugada. “Me han decepcionado estos con lo de la Gürtel, Bárcenas y lo demás. Rajoy –continuaba– es un mariacomplejado, está muy bien preparado pero no le echa huevos. El PSOE se mete con él y no responde, que los de los ERE, Griñán y el Chaves ese deberían estar ya en la cárcel”. Más dureza reclama el jubilado quien, no obstante, tiene claro que “me dicen que vote a otro y no lo hago porque son peores”. Un consuelo para el PP y un aviso de cómo anda la cosa con el Gobierno. Y mientras Rajoy cada tres días de mitin. Para quien lo entienda…

Arenas se ve ganador

Ignacio Martínez | 12 de marzo de 2012 a las 17:09

NO lo dice, pero Arenas se ve ganador. En especial, si la campaña sigue al tran tran, en perfecta sintonía con la del 20-N. El presumible ganador no se compromete a nada, salvo a ser honrado, trabajador, austero, eficiente, bueno con los funcionarios, dispuesto a eliminar consejerías, direcciones generales y coches de respeto. Ofrece la garantía y crédito de la marca. Como Rajoy en noviembre. Están tan seguros de ganar, que el gurú de la casa, Pedro Arriola, ya está anunciado en un foro el martes 27 para explicar los resultados. Si no estuviese convencido de la victoria, un tipo tan discreto no se arriesgaría. Entre tanto, continúa la batalla electoral con la misma tónica; munición de grueso calibre contra el adversario, que es malísimo por definición. Las dos eres máximas de la política nacional pisan suelo andaluz para seguir con su hispánico duelo a garrotazos. Resumen del fin de semana. R1, o sea Rajoy: Dice que va a seguir con las reformas prudentes. Y que Arenas tiene gente tan buena que no haría un gobierno mejor que el de Griñán, ¡sino trescientos! Será gallego, pero exagera como el andaluz del tópico. Como ven, está lanzado. R2, o sea Rubalcaba: Afirma que el PP viene con más engaños y utiliza Andalucía para vender la misma mercancía conservadora. Cayo Lara no desmerece y pide que el voto pare la reforma laboral. Ninguno dice nada sobre cómo conseguir que Andalucía pase del puesto 16 al 15 en el PIB per cápita español, aunque sólo sea eso. Seguimos esperando soluciones, pero la campaña sólo da para eslóganes. Los dos presidentes también siguen en su tónica habitual; toreo de salón. El saliente Griñán dice que no ganaremos el futuro con reforma laboral sino con investigación y conocimiento. Un hallazgo. Y el entrante Arenas ha estado estupendo. Sostiene que cuando gane va a acabar con el rodillo, la soberbia y la arrogancia. Se da por sobreentendido que se refiere a la soberbia y arrogancia socialista, porque él no padece de semejantes defectos. Por eso va al debate de la televisión pública esta noche. ¿O es que no iba? Si no va es que está tan convencido de su victoria que no quiere arriesgarse. Como Rajoy antes del 20-N, desprecia a la televisión pública, con el mismo guión. Prefiere quedar de arrogante, ahora que todo indica que va a ser el ganador, incluido nuestro barómetro de ayer.