El FLYING CLIPPER

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de julio de 2014 a las 9:28

El siete de julio de 1959, procedente de Gibraltar, atracaba en el muelle uno el velero de bandera sueca Flying Clipper. Realizando un viaje por el Mediterráneo, a bordo de este barco, considerado en aquellos años uno de los yates privados más grandes del mundo, viajaba el político norteamericano Aldai Stevenson; un importante representante del partido demócrata que en dos ocasiones fue candidato a la presidencia de los Estados Unidos.

Construida en 1929 en los astilleros escoceses William Denny & Brothers con el nombre de Sunbeam II, esta  goleta de tres mástiles, navegó durante una década como el yate privado de un importante miembro de la nobleza inglesa. Después de pasar  la Segunda Guerra Mundial como base de un grupo naval al Sur de las Islas Británicas, en 1945, el velero se convertía en un buque escuela y se abanderaba en Suecia. Renombrado como Flying Clipper en 1954, en los dos años siguientes, este buque de 59,40 metros de eslora tomaba parte en las dos primeras regatas internacionales que se organizaron para grandes veleros.  Tras volver a navegar como un yate privado, en 1965m, el Ministerio de la Marina de Grecia lo adquiría rebautizándolo como Eugenios Eugenides, nombre que aun mantiene convertido en museo en una localidad cercana a Atenas.

Pero regresando a la historia malacitana de esta escala, tras su llegada con tan importante visitante a bordo, se sucedieron diversos actos. Además del correspondiente protocolo y una cena de gala en el yate, el político norteamericano fue agasajado con una visita a Torremolinos para degustar una típica fritura malagueña. Finalizada su estancia, el nueve de julio, el Flying Clipper siguió su viaje con destino a Valencia.

Flying ClipperGoleta de tres mástiles FLYING CLIPPER.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de julio de 2014.

Anclas y cadenas

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de julio de 2014 a las 8:49

Hace un tiempo, les contaba como en el año 2002, el buque de crucero Odysseus atracaba en los muelles tributarios de la dársena de Guadiaro usando el ancla. Este tipo de maniobra, antes de que los buques tuvieran hélices laterales, modernos timones y los remolcadores portuarios fueran imprescindibles, constituía el día a día en las aguas de cualquier puerto del mundo.

Cuando los barcos dejaron de fondear en las dársenas, abandonaron los atraques de punta y comenzaron a posicionar toda su eslora en  los muelles, el uso del ancla para estas maniobras se convirtió en algo imprescindible.

Colocados frente al muelle en el que debían atracar, los barcos, a una determinada distancia, fondeaban unas de sus anclas y, sobre esta, girando muy lentamente y con la ayuda de estachas tiradas a tierra, se acercaban al muelle para quedar amarrados.  Con la cadena sin tensión acostada sobre el fondo a  varias decenas de metros del buques, a la hora del desatraque, mientras se aflojaban los cabos de tierra, el ancla servía para separar al barco del muelle.

Y aunque estas maniobras estaban muy controladas por los prácticos, que sabían casi  al milímetro dónde estaban situados todos los fondeos, en algunas ocasiones, las cadenas posadas sobre los fondos portuarios se trababan, y los desatraques se convertían en un verdadero problema cuando un barco al intentar recoger su ancla tiraba o se enganchaba de otra cadena.

En el puerto de Málaga, durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, existieron unas lanchas especiales que se dedicaban, entre otras cosas, a tirar de las cadenas que se quedaban enganchadas. Un muy curioso y complejo trabajo del que les hablaré en otra ocasión.

Cadenas dique 4-XI-112Cadenas de un buque sobre en muelle de Heredia,

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de julio de 2014.

Rentabilidad

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de julio de 2014 a las 18:21

Los que realizan las estadísticas que reflejan lo que gastan los turistas de los buques de crucero en Málaga, tal vez, deberían ampliar estos estudios a otros grupos de población íntimamente relacionados con el mundo marítimo. Y aunque las tripulaciones de estos barcos muy bien podrían ser el referente fundamental para cuantificar estos ingresos, los marinos de otros buques atracados en las aguas malacitanas, también deberían ser tenidos en cuenta a la hora de valorar los dineros que se gastan en la ciudad.

Pero dejando a un lado a los tripulantes de los mercantes que durante las  jornadas que permanecen en puerto salen a gastar un dinero no contabilizado en ninguna estadística, existe un muy significativo grupo de gentes de la mar que, al llegar a cualquier puerto del mundo, invaden las calles para emplear sus horas de ocio consumiendo. Me refiero, a los marinos de guerra en sus escalas de descanso.

Y para que esto no les parezca algo baladí, una mínima aproximación con cifras concretas, tal vez sirva para ratificar y tener en cuenta lo que estas poblaciones eventuales, no turísticas, dejan en las arcas de muchas y muy variadas empresas malagueñas.

Según estadísticas, un pasajero de un buque de crucero gastaría entre 30 y 60 euros en una escala de menos de ocho horas. Teniendo en cuenta que las estancias de descanso de los buques de guerra suelen tener una media de tres días de duración, ¿Cuánto dinero gastaría un marino que se ha pasado varias semanas en la mar en estos días? En comparación, dejando a un lado que las visitas de los buques de turistas son muchas y la de los barcos de guerra pocas, la rentabilidad de estos ingresos merecerían algo más de atención, ¿no les parece?

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuques de guerra atracados en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de julio de 2014.

Carabelas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de julio de 2014 a las 13:48

La presencia de la carabela Boa Esperanza en las aguas del puerto de Málaga, me sirve de escusa para hablarles de este tipo de barcos; unos barcos que, con algunas modificaciones estructurales, navegaron por las costas malagueñas durante varios siglos. De diseño portugués y español, las carabelas, parece que podrían tener su origen en  las bagalas, unas ligeras embarcaciones árabes de dos mástiles aparejadas con velas trapezoidales.

Con no más de 30 metros de eslora y entre 100 y 400 toneladas de desplazamiento, las carabelas, durante los siglos XV y XVI constituyeron una parte muy considerable del conjunto de barcos que navegaron por las costas de la península ibérica. Dedicadas al tráfico de cabotaje y a labores pesqueras, estas embarcaciones, sufrieron una significativa remodelación cuando su aparejo, en el caso de los barcos de tres mástiles, fue modificado con velas cuadras; una  muy sustancial circunstancia que abrió la puerta a la denominada era de los  grandes descubrimientos.

Particularizando en Málaga, el prototipo de la carabela al uso (un barco de  dos mástiles aparejado con velas latinas), debió conformar casi la totalidad de los buques que entre los siglos XIV, XV y XVI se movieron por las aguas de la costa malacitana.

Con unas muy claras influencias estructurales basadas en diferentes embarcaciones musulmanas, las carabelas malagueñas, además ejecutar diferentes navegaciones comerciales, fundamentalmente, debieron realizar trabajos pesqueros. Acondicionadas para este tipo de faenas y con  el añadido de su fácil maniobra, estas embarcaciones, construidas en su mayoría en astilleros situados en las playas, surcaron las aguas de Málaga durante varios siglos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarabela BOA ESPERANZA atracada en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de julio de 2014.

Parado en Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de junio de 2014 a las 9:15

Convertido el puerto malacitano en un punto de atraque de primera elección para los grandes yates que navegan por el Mediterráneo, la estancia de estos barcos de recreo, en algunas ocasiones, genera singulares circunstancias dignas de ser destacadas.

Pero antes de contarles lo que desde hace algo más de un mes le está ocurriendo a unos de estos superyates amarrado en Málaga, les hablaré de un curioso hecho del que participan muchos de estos barcos.  A excepción de los yates institucionales, la gran mayoría de los grandes buques de recreo privados, durante unos meses al año pueden ser alquilados.

Gestionados estos alquileres por empresas fundamentalmente norteamericanas, muchos de los yates propiedad de afamados hombres de negocios o celebridades, están a disposición de todo aquel que disponga de las, permítanme la expresión, indecentes cantidades de dinero en las que está valorado pasar unos días a bordo de estos barcos de lujo.

Después de efectuar una escala en enero, el 17 de mayo, atracaba en el muelle número dos el Tatoosh, el yate del cofundador de Microsoft Paul G. Allen.  Construido en Alemania en el año 2000 por encargo del magnate de los teléfonos móviles Craig MacCaw, en 2001 el barco pasaba a manos de Allen, que lo compraba por 100 millones de dólares. Tras varios años de uso personal y exclusivos alquileres, en 2011 se ponía a la venta. A la espera de encontrar un nuevo armador que pague por el Tatoosh 160 millones de dólares,  o que alguien se interese por  rentar este superyate de 92 metros de eslora y 27 tripulantes, el buque navega por diversos puertos del mundo, circunstancia por la que desde hace algo más de un mes, el Tatoosh permanece parado en Málaga.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASuperyate TATOOSH amarrado en el muelle 2 un día después de su llegada.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de junio de 2014.

Los libros de vapores

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de junio de 2014 a las 7:59

La gestión portuaria, desde siempre, ha generado montañas de papeles. Y aunque la informática ha aliviado bastante la ingente cantidad de documentos que mueve un barco atracado en puerto, aun, los escritos relativos a casi todo lo que ocurre a bordo, inundan las mesas de los que tienen que despachar un buque.

Dejando para otra ocasión las voluminosas carpetas de documentos con las que trabajan los consignatarios, hoy les hablaré de unos registros históricos. Manteniendo su tradicional nombre; una denominación que nos retrotrae al pasado, los libros de vapores se han mantenido hasta no hace demasiados años.

Estos libros, encargados ex profeso a diferentes imprentas, reflejaban en forma de interminables tablas todo lo concerniente a la llegada y estancia de un buque en puerto. Con diversos formatos, según las necesidades, los libros de vapores formaban parte del día a día en los despachos de  las autoridades portuarias, agencias de consignación y comandancias de marina.

En Málaga (aún hoy día en la oficina de prácticos se usa), los libros de vapores que se empleaban en la autoridad portuaria recibían el nombre de sábanas; una simpática denominación que aludía a lo grande de las hojas donde todo quedaba registrado. Con un formato algo  menor, los consignatarios también reflejaban sus movimientos de buques en estos libros; unos libros que desgraciadamente, en la mayoría de los casos, ya no existen.

Y aunque los libros de vapores dejaron de utilizarse aproximadamente a finales de la década de 1970, un empleado de Trasmediterránea en Málaga, aferrado a una costumbre de toda la vida, mantuvo el libro de vapores de esta compañía al día hasta que se jubiló hace un par de años.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAHoja de uno de los libros de vapores de Trasmediterránea del año 1987.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de junio de 2014).

El Barco Blanco

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de junio de 2014 a las 9:09

El pasado martes, la Comandancia Naval de Málaga presentaba en el cine Albéniz el documental El Barco Blanco. Esta cinta de 69 minutos, refleja cómo  transcurre la vida a bordo de este buque escuela en uno de sus cruceros de instrucción.

Teniendo como escusa esta película, hoy les contaré la muy estrecha relación que existe entre Málaga  y este airoso bergantín goleta de cuatro mástiles. Construido en los astilleros gaditanos Echevarrieta y Larrinaga entre los años 1925 y 1927, el buque, que inicialmente estaba pensado que se llamara Minerva, se botaba  como Juan Sebastián de Elcano el 5 de marzo de 1927. Finalizado su armamento, entre abril y  julio de 1928, el barco realizaba una serie de navegaciones; unas largas pruebas de mar donde se valoraron las condiciones de este buque de 113,1 metros de eslora. El 20 de abril de aquel año, el Juan Sebastián de Elcano con el rey Alfonso XIII a bordo, llegaba a aguas malacitanas, convirtiéndose Málaga en el primer puerto que tocaba este recién estrenado barco. Muchos años más tarde, y después de haber cumplimentado un buen número de visitas, el 27 de octubre de 2003, el buque nuevamente llegaba con pasajeros regios. El rey Juan Carlos I y la reina Sofía, desembarcaban del bergantín goleta en el muelle número dos para inaugurar el museo Picasso.

Ante este importante historial, y sin olvidar que el mascarón de proa con el que navega en la actualidad el barco fue restaurado hace unos años por unas manos malagueñas, resulta extraño y triste (permítanme que emplee esta palabra), que la ciudad de Málaga no tenga de una forma oficial una mucha más estrecha relación con el Juan Sebastián de Elcano,  o si lo prefieren, con El Barco Blanco.

Juan Sebastián de Elcano en MálagaEl JUAN SEBASTIAN DE ELCANO en una de sus visitas a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de junio de 2014).

Ropa tendida

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de junio de 2014 a las 8:25

Lo que hoy les contaré, constituye una rareza bastante difícil de ver. Una muy estricta vigilancia y, en determinados casos, algún tipo de sanción, impiden que cosas como estas ocurran a bordo de cualquier buque de crucero que navega por cualquier ruta marítima del mundo.

El lunes 26 de noviembre de 2012, compartiendo estancia con el barco turístico Albatros, escalaba en aguas malacitanas el buque Costa Deliziosa. Cumplimentado la que era su séptima visita de aquel año, y amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante, el barco de Costa Cruceros llegaba de Funchal, teniendo como siguiente puerto de destino la localidad italiana de Civitavecchia.

Casi finalizada su escala, apenas faltaban un par de horas para que el barco soltara amarras (el Cosa Deliziosa había atracado a las 7:00 y debía continuar viaje a las 13:00), el consignatario del buque informaba al departamento de seguridad de a bordo de una circunstancia nada habitual. En uno de los balcones de los camarotes, se podía apreciar un cordelito del que colgaban diversas prendas de vestir. Tendidas con sus respectivas pinzas, la ropa estaba situada en una de las cabinas de la cubierta número seis, la denominada cubierta Ortensia. Este camarote, correspondía según la clasificación de habitabilidad que cada naviera otorga a sus  barcos, a una cabina con vistas al mar y terraza.

De lo que ocurrió a bordo del Costa Deliziosa poco puedo decirles, aunque siguiendo la lógica de estos casos, los pasajeros que viajaban en esta cabina de entre 23 y 25 metros cuadrados incluyendo la terraza, con toda seguridad, se llevaron un buen rapapolvo por emplear el balcón de su  exclusivo camarote como un tendedero doméstico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARopa tendida en uno de los balcones del COSTA DELIZIOSA en su escala de 2012.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de junio de 2014).

Adiós al rápido de Melilla

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de mayo de 2014 a las 9:23

Si no se produce un cambio de última hora, que parece que no, este año, la línea rápida que unía los puertos de Málaga y Melilla desaparecerá. Motivos puramente económicos (los gastos del barco no son rentables en función de la ocupación de éste), darán al traste con una ruta que comenzó a funcionar el año 2002.

Y sin entrar en mayores disquisiciones sobre lo triste de esta circunstancia, hoy les contaré cual ha sido la historia malacitana de los buques de alta velocidad. Cubriendo la línea entre Málaga y  Ceuta, una ruta que históricamente nunca ha funcionado,  en 1999, la compañía Buquebus realizaba una intentona con los buques Catalonia L y Patricia Olivia. Una efímera aventura que fracasó en algo menos de dos años.

Fruto sin duda de algún tipo de maniobra política, en marzo de 2000, el monocasco de bandera italiana Pegasus Two llegaba a aguas malacitanas con la pretensión de realizar navegaciones rápidas con destino al puerto de Rusadir. Tras una larga estancia en Málaga y después de efectuar varios viajes sin pasaje, nunca más se supo del barco, y la línea no se inauguró.

En junio de 2002, de la mano de la compañía Trasmediterránea, el fast ferry Alcantara iniciaba las rutas rápidas que, de forma regular durante los meses de verano y con refuerzos puntuales en determinadas fechas del año, han complementado a las navegaciones diarias del Melillero.

Los monocascos Alcantara y Almudaina primero, y después, los catamaranes Milenium, Milenium Dos, Milenium Tres y Alboran, han sido los buques que, durante todos estos años han cubierto la línea rápida con el vecino puerto melillense. Una ruta que ahora parece que dejará de existir, y que ojalá regrese en no demasiado tiempo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACatamarán rápido MILENIUM DOS en su última escala en Málaga este año.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de mayo de 2014).

El barco del oro

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de mayo de 2014 a las 10:09

Lo que hoy les contaré, forma parte de un significativo grupo de historias que, con el paso de los años, se han ido desvirtuando en base a una serie de ficciones, fruto sin duda del boca a boca de muchos y muy variados corrillos portuarios.

Al parecer, en los últimos años del siglo XIX, llegó a Málaga un barco cargado de oro. Procedente de diversos puertos africanos, este velero, descargó su preciada mercancía rodeado de personas armadas que debían escoltar la carga hasta Madrid.

Tras mucho indagar, la única referencia que existe sobre algo parecido a lo que les he contado, la encontraba en una breve nota de atraques datada en febrero del año 1897. Procedente de un puerto de lo que hoy conocemos como Ghana, navegando por la denominada Costa de Oro, el buque de propulsión mixta y bandera holandesa Fleur de Lis llegaba a aguas malacitanas. Entre otras muchas mercancías exóticas, el buque a vela y vapor traía cinco kilos de oro; una carga que iba destinada a una importante joyería madrileña.

Tras quedar fondeado en la dársena de Guadiaro, el capitán y armador del buque holandés, después de descargar todas sus mercancías, excepto el oro, seleccionó y contrató a varios estibadores malagueños para que, previo pago de una sustancial cantidad de dinero, viajaran a la capital acompañando a la preciada carga.

De si llegó o no el oro a Madrid nada se sabe, aunque siguiendo la lógica, si la mercancía se hubiera quedado en el camino, la referencia de la falta hubiera sido motivo de alguna nota en los diferentes periódicos malagueños de la época.

Una curiosa historia adornada y complementada por infinidad de charlas y comentarios realizados  durante más de un siglo a pie de muelle.

Puerto década 1890Puerto de Málaga en la última década del siglo XIX.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 20 de mayo de 2014).