El último y el primero

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de julio de 2015 a las 8:39

Lo que hoy les contaré constituye una muy significativa coincidencia; un hecho que ya forma parte de la historia marítima malacitana y que durante algunos años nos permitió ver a una serie de barcos que habitualmente no operan en Málaga.

Aprovechando unas fechas muy concretas, la naviera italiana Grimaldi Lines, realizó entre 1995 y 2002 una serie de itinerarios crucerísticos con escala en aguas malagueñas. Usando algunos los roro pax que por entonces componían su muy amplia flota (grandes ferries con mucha capacidad de pasaje y carga rodada), los buques de esta compañía se estrenaron en Málaga con la llegada el 2 de enero de 1995 del Majestic, una atraque que se continuó con las respectivas visitas en años sucesivos del Fantastic, Splendid, Excelsior, Excellet y La Superba.

Pero con independencia de este hecho, y con el recuerdo de aquellos barcos que tanto llamaron la atención amarrados en el muelle de Cánovas (nunca se habían visto en Málaga ferries tan grandes), lo más destacado de aquellas escalas aconteció en los meses de diciembre de 2000 y enero de 2001. Realizando un crucero por aguas mediterráneas y atlánticas, el sábado 30 de diciembre de 2000, a una jornada de que finalizara el siglo XX, el Excelsior atracaba en el muelle 3-A1 en su primera visita malagueña. Cuatro días más tarde, estrenando la lista de buques turísticos del siglo XXI, el Excellent, que también tocaba por primera vez el puerto malacitano, cumplimentaba una prolongada escala de doce horas amarrado igualmente en el 3-A1.

Dos atraques verdaderamente significativos (el último del siglo XX y el primero del XXI), efectuados por dos ferries gemelos reconvertidos momentáneamente en buques de crucero.

escanear0001Ferry EXCELSIOR en su escala en Málaga del 30 de diciembre de 2000.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de julio de 2015.

Los remolcadores sí cumplieron

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de julio de 2015 a las 8:51

El pasado día 16, cumpliendo una tradición personal que ya se remonta a varias décadas, me paseé por los muelles para ver qué se cocía en la jornada que festeja a la patrona de las gentes de la mar. Sabiendo de antemano lo que me iba a encontrar, lo primero que me sorprendió fue la abundancia de buques de bandera española que se hallaban en la aguas del puerto. Varado en el dique, se encontraba el remolcador R. Mazagon. Amarrado en el muelle 3-A3, el mercante Barizo, y justo frente a él, el Fortuny estrenaba titularidad como Melillero en su primer día del Carmen en Málaga. Además de estos buques y sin contar a las golondrinas y otras lanchas auxiliares, también con matrícula española, el gánguil Ardenza arañaba arena en la dársena exterior, mientras la patrullera Tagomago compartía atraque en el muelle uno con los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve.

Con esta abundancia de barcos españoles, la segunda sorpresa del día me la proporcionó la nula participación de la gran mayoría de estos buques en el tradicional engalanado; una ancestral costumbre que los días de la Virgen del Carmen ha vestido a los barcos patrios con, al menos, una vistosa guirnalda de banderas.

Y aunque algunos de estos buques estaban en reparación o se encontraban trabajando, la gran sorpresa, la tercera del día, me la proporcionó el Melillero, que por primeras vez en muchos años no colgó las banderas para conmemoran el día de la patrona.

Al menos, y esta es la imagen más positiva que puede sacar de la jornada del pasado 16 de julio, los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve sí que cumplieron con la tradición, y como vienen haciendo desde siempre, se engalanaron para honrar a la Virgen del Carmen.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARemolcadores VEHINTIOCHO y VEHINTINUEVE engalanados en la festividad de la Virgen del Carmen.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de julio de 2015.

 

La ola del Melillero

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de julio de 2015 a las 8:43

Aunque nunca me ha gustado la playa, los recuerdos veraniegos de mi infancia están repletos de imágenes junto a la orilla del mar. Asiduo visitante durante algunos años de los Baños del Carmen, a la sempiterna amenaza del corte de digestión, mi madre siempre añadió la dramática escena de la resaca; un hecho que me justificaba aludiendo a la especial predisposición de las costas malacitanas para este tipo de fenómeno.

Con aquellos entrañables recuerdos, hoy les hablaré de un hecho que tras un año de ausencia ha regresado a las arenas del litoral Oeste de la ciudad.

La denominada ola del Melillero ha vuelto, y como siempre que lo hace, las protestas de los bañistas han empezado a proliferar. Y aunque la explicación de este fenómeno no deja de ser muy simple, la resolución del problema, sí que parece generar alguna que otra discrepancia.

Con la necesidad de frenar los casi 70 kilómetros por hora a los que navega, el catamarán rápido de Trasmediterránea, que además debe hacer un giro para entrar en el puerto, a cinco kilómetros de la costa según la legislación, comienza a reducir su velocidad para entra por la bocana a no más de tres nudos (5,5 Km/h), la marcha máxima obligatoria que cualquier barco debe llevar para moverse dentro del puerto.

Teniendo en cuenta que la maniobra se realiza según las normas, y que la ola del fast ferry no debería motivar la cancelación de la línea (de eso ya se están encargando determinadas malas gestiones políticas), las dos únicas soluciones para evitarla pasarían por comenzar a reducir la velocidad del barco mucho antes (esto implicaría alargar el viaje y consumir más combustible) y que en las playas existieran señalizaciones claras sobre este fenómeno.

Milenium Dos 21-VII-096Catamarán rápido en su aproximación al puerto malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de julio de 2015.

El Ilustrador de Barcos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de julio de 2015 a las 7:45

El 2 de agosto de 2005, bajo el título “El Barco de mi padre”, escribí en esta misma columna la historia del Castillo Olmedo, un buque cablero que durante algo más de dos décadas mantuvo una muy estrecha relación con Málaga. Favorecido sin duda por el destino, aquel mismo día se cumplía el 81 cumpleaños de mi padre, y mi texto, cargado como nunca de emociones, fue un particular homenaje y una nada habitual felicitación a un hombre que pasó 15 años de su vida embarcado en este buque.

Hace unos días, Roberto Hernández, un marino en activo que además de navegar, pinta barcos, permítanme la expresión, como los ángeles, me remitía una acuarela en la que el Castillo Olmedo se veía saliendo del puerto malacitano. Impactado aún con la imagen y con la pena de que mi padre, fallecido en 2011, no haya podido disfrutar de esta obra, creo interesante hablarles de este artista; un apasionado de la mar y los barcos que desde su estudio en Vigo mantiene una muy especial vinculación con los muelles malagueños.

Autodenominado como El Ilustrador de Barcos, así podrán encontrarlo en la red de redes, Roberto, un especialista en el difícil arte de pintar buques, en su ya extensa obra, ha reflejado en más de una docena de ocasiones escenas marítimas en las que el puerto de Málaga sirve como escenario de sus muy cuidados y magistrales temas.

Colaborador desinteresado de los más insignes investigadores marítimos nacionales e internacionales, y siempre dispuesto a implicarse en historias relacionadas con la flota mercante española, su verdadera pasión, Roberto Hernández, navega entre la élite de los mejores pintores de barcos; una relevante circunstancia en la que Málaga y su puerto ya están presentes.

Castillo Olmedo defCASTILLO OLMEDO saliendo de Málaga, acuarela de Roberto Hernández.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de julio de 2015.

Aquí les dejo el enlace de la página  El Ilustardor de Barcos

https://elilustradordebarcos.wordpress.com/

Pasajeros repetidores

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de junio de 2015 a las 8:30

Aquella mañana de abril de 1997, apostado en la escala real del muelle de Cánovas, el buque de crucero Stella Solaris me hizo esperar algo más de tres horas. Realizando un itinerario por el Mediterráneo, este barco llegaba por primera vez a aguas malacitanas bajo la contraseña de la compañía Royal Olympic Cruise Lines, un motivo más que suficiente para aguantar el plantón y ver cómo atracaba. Pero con independencia de esta circunstancia, y con el añadido de que este buque ya había escalado en Málaga en 18 ocasiones con los colores de la naviera Sun Lines, la historia que hoy les contaré sobre Stella Solaris está muy relacionada con un hecho muy potenciado y publicitado en la moderna industria crucerística.

Construido entre 1949 y 1953 en las astilleros franceses Societe des Ateliers & Chantiers por encargo de la compañía Messageries Maritimes, este buque, bautizado como Cambodge, comenzó su vida navegando con pasaje (en tres clases) y carga entre Marsella y Yokohama. Después de participar como transporte militar en la guerra de Argelia y ser un buque hospital en Vietnam, en 1970, una importante reforma lo convertía en un barco turístico bajo dirección de la compañía Sun Lines.

Realizando exitosas rutas por el Mar Egeo, el Caribe y América del Sur, en julio de 1989, una importante revista dedicada al mundo crucerístico lo calificó como el barco del mes, amén de reseñar que era el buque que, hasta la fecha, más pasajeros repetidores había tenido en toda la historia de los viajes turísticos por mar.

Hoy día, muchas navieras alardean de que sus barcos son los que más repetidores tienen; un galardón con trazas de ardid publicitario que ya ostentó hace muchos años el Stella Solaris.

escanear0003STELLA SOLARIS entrando en Málaga en abril de 1997.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de junio de 2015.

Demasiado ruido

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de junio de 2015 a las 17:51

Hoy les contaré algo que les sorprenderá tanto como a mí. Un hecho que no cuadra demasiado con la edad del barco del que les hablaré. Pero antes, permítanme que le recuerde una vieja historia que ya referí hace unos años en esta misma columna.

Entre marzo de 2006 y diciembre de 2009, el buque de crucero Coral visitó las aguas malacitanas de forma permanente. Bajo la contraseña de la compañía Louis Cruises Lines, este veterano construido en 1971 en Holanda, realizó durante todo este tiempo, una escala semanal dentro de unos itinerarios de bajo coste por el Mediterráneo.

Tras haber navegado con cinco nombres diferentes para cinco navieras distintas, los muchos años del Coral, que estaba en perfecto estado para realizar sus viajes, se podían apreciar a simple vista. Y aunque había muchos detalles, no demasiado significativos, que delataban su ancianidad, había uno que llamaba poderosamente la atención cada vez que atracaba en Málaga. Debido seguramente a unos no demasiado buenos ajustes en su sala de máquinas, los motores auxiliares del Coral emitían de forma permanente un desagradable ruido (me atrevo a denominarlo estruendo), que en sus horas de escala malagueña eran audibles en gran parte del recinto portuario.

Aquella escandalosa, o si lo prefieren, ruidosa historia, finalizó cuando el Coral dejó de venir a Málaga, aunque desde hace unos meses, la contaminación acústica ha regresado al puerto.

Con tan sólo 14 años de vida, el Fortuny, el actual Melillero titular de la línea del Mar de Alborán, una vez atracado en su muelle habitual, comienza un desagradable concierto que inunda por completo la atmósfera portuaria. Una historia muy parecida a la del ya desaparecido Coral.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl FORTUNY en su habitual muelle de atraque.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de junio de 2015.

Alternativas emergentes

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de junio de 2015 a las 8:09

Ahora que el término emergente se ha puesto de moda, se me ocurre aplicar su significado a un curioso hecho que está ocurriendo en la industria crucerística internacional.

Frente a los grandes buques de las más significativas navieras que ocupan los primeros puestos en el mercado de los viajes turísticos por mar, desde hace algún tiempo, están surgiendo pequeñas compañías que con barcos de una cierta edad, ofrecen alternativas que están calando con fuerza en determinados sectores.

Y aunque existen muchos ejemplos de lo que les digo, la llegada hace unos días al puerto malagueño del Aegean Odyssey, me sirve a la perfección para contarles qué es eso de las opciones crucerísticas emergentes.

Construido en 1973 en Rumanía con el nombre Narcis, este barco iniciaba su vida navegando como un roro. Tras sufrir en 1988 una muy significativa reforma que lo convirtió en un buque turístico y cambiar varias veces de nombre (entre 1989 y 1994 visitó tres veces Málaga como Aegean Dolphin), en 2010, la compañía de origen británico Voyages to Antiquity se hacía cargo del barco. Ofertando viajes culturales donde la historia es el principal objetivo, el Aegean Odyssey realiza exclusivas rutas con unas condiciones muy poco usuales. Con la presencia de historiadores que narran los hechos más significativos de los lugares que se visitan, este veterano incluye en el precio del viaje además de lo habitual, los vuelos, las conexiones terrestres, las excursiones e incluso varias noches de hotel. Una nada novedosa forma de viajar (ya casi todo está inventado en la industria crucerística), que cada vez tiene más adeptos frente a las estandarizadas rutas por mar donde el ocio frenético es obligatorio.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAEGEAN ODYSSEY maniobrando para atracar en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de junio de 2015.

Fotos con historia

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de junio de 2015 a las 12:44

Hace unos días, el Ateneo de Málaga inauguraba una muy recomendable exposición denominada: Fotografía: Arte y Ciencia. Combinando parte del inmenso arsenal de cámaras del coleccionista Vicente Arroyo Ruiz con una selección de las fotografías de Vicente Tolosa Elourdi, esta muestra, que permanecerá abierta hasta el 30 de junio, nos sumerge en una época donde las instantáneas tenían mucho de arte, magia y alquimia.
Pero centrándonos en el mundo marítimo, me gustaría hablarles de algunas de las fotos de Vicente Tolosa, que entre otras muchas escenas malagueñas, retrató como pocos el puerto y los barcos entre los años 1900 y 1918. Y si bien hay muchas imágenes relacionadas con la pesca, quizás, a los ojos de un apasionado por el mundo de la mar, las fotografías de los buques constituyen una verdadera joya que pone en valor lo que fue el puerto malacitano a principios del siglo XX.
Tomando como ejemplo una de ellas, que curiosamente sirve como cartel anunciador de la exposición, este fotógrafo retrató una de las estancias del bergantín de bandera italiana Palinuro; un buque de dos mástiles, inicialmente aparejado como goleta, que en sus múltiples viajes por el Mediterráneo visitó con frecuencia las aguas malagueñas.
Construido en los astilleros napolitanos de Castellammare di Stabia entre los años 1886 y 1889, este velero artillado y con casco de acero, tras luchar contra la piratería y el comercio de esclavos en el Mar Rojo, se convirtió en un buque escuela, navegando con alumnos civiles y militares hasta 1920.
Una apasionante historia; la de un barco que en 1903, en una de sus escalas malacitanas, fue fotografiado con todo lujo de detalles fondeado en las aguas del puerto.

Goletta_Palinuro2Imagen del buque escuela italiano PALINURO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de junio de 2015.

Tópicos crucerísticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de junio de 2015 a las 17:31

Hace unos días, en un blog que nada tiene que ver con el mundo de la mar y los barcos, leía las impresiones de una periodista que por primera vez se había embarcado en un buque de crucero. Reconociendo de antemano su desconocimiento sobre la industria de los viajes por mar, esta escritora, que al final refería haber quedado encantada con la experiencia, dibujaba de una forma humorística los más habituales tópicos que cualquier pasajero encuentra cuando se estrena en una ruta crucerística.

Este artículo, me sirve de excusa para contarles una historia relacionada con las habituales visitas que los agentes de viajes efectúan a este tipo de buques; unos recorridos en puerto, casi todos con comida incluida, que usan los comerciales para conocer lo que tendrán que vender a sus potenciales clientes.

Corría noviembre de 1996 y el Costa Romantica realizaba su última escala malacitana de aquel año. Atracando en el Pantalán de Levante, tras desembarcar los turistas, un grupo de agentes de viajes subía a bordo. Y aunque la visita que tenía concertada era muy diferente, finalmente, integrado en uno de estos grupos recorrí el barco.

Acompañados por un tripulante, una joven de un pueblo del interior que se estrenaba en esto de las visitas y que se había estudiado muy bien el tema, se convirtió en la líder del grupo explicando con pelos y señales cada uno de los detalles del buque. Cargadas sus explicaciones de los más típicos tópicos crucerísticos en los que no podían faltar el Titanic y Vacaciones en el Mar, esta docta charla terminó cuando en el restaurante, frente a un esmerado plato de risotto, un inoportuno mareo de barco la obligó a finalizar su primera visita profesional a un buque de turistas.

Costa Romantica 1996COSTA ROMANTICA en su escala de noviembre de 1996.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 2 de junio de 2015.

San Pedro Metropolitano de Moscú

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de mayo de 2015 a las 17:13

Por motivos personales no pude subir al blog esta columna publicada el pasado 19 de mayo. Aquí está.

Encontrar referencias de barcos de bandera rusa que no tengan una cierta relevancia internacional, resulta un trabajo verdaderamente complicado; una circunstancia que se incrementa si el buque en cuestión es un velero.
En el año 2002, a orillas del lago Onega, en la ciudad de Petrozavodsk, se construía una réplica de los barcos que en el siglo XVII surcaban los mares de Rusia transportando todo tipo de mercancías. Fabricado con madera de Carelia (la propia de la región), este velero de tres mástiles y 17 metros de eslora, fue bautizado con el muy peculiar nombre de San Pedro Metropolitano de Moscú, una denominación que alude a un pequeño relicario situado a su bordo donde se depositaron algunos recuerdos de Fyodor Fyodorovich Ushakov, un afamado almirante ruso canonizado por la Iglesia Ortodoxa que, amén de haber sido el santo protector de los bombarderos estratégicos nucleares, desde 2005 es el patrón de la marina de guerra rusa.
Con todo este historial, este pequeño velero construido en base a unos restos arqueológicos, llegaba a la costa malacitana en julio de 2014. Patrocinado por un club náutico ruso, y tras haber navegado durante años realizando viajes culturales, el San Pedro Metropolitano de Moscú fondeaba durante cinco días frente a las playas de La Malagueta en una larga singladura que lo llevaba a un puerto francés para participar en una regata de barcos de época.
Si haber tenido ninguna referencia más sobre este buque después de pasar por Málaga, hace unos días, me llegaba la noticia de su naufragio en Grecia en noviembre de 2014. Una información muy retrasada y que ratifica lo complicado que es encontrar datos sobre determinados barcos que navegan bajo la bandera de Rusia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASAN PEDRO METROPOLITANO DE MOSCU fondeado frente a Málaga en 2014.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de mayo de 2015.mode