Chocolate berlinés

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de junio de 2016 a las 9:12

En las primeras décadas del siglo XX, el robo de mercancías en el puerto constituía un hecho muy habitual. Asumidas unas mínimas pérdidas durante las labores de carga y descarga, los tiempos de espera para el embarque o el transporte fuera del recinto portuario, eran los momentos ideales para que los amigos de lo ajeno pudieran hacerse con algunos de los productos llegados a los muelles malacitanos.

En diciembre de 1930 atracaba en el puerto el vapor de bandera alemana Wachtfels. Integrado en la flota de la compañía germana Hansa Line de Bremen, este buque de 115 metros de eslora y 8.467 toneladas de registro bruto que podía embarcar a ocho pasajeros, llegaba cubriendo una línea que desde Hamburgo tocaba diferentes  puertos de España y Portugal. Transportando carga general, el Wachtfels, que procedente de Lisboa tenía como próximo destino el puerto de Valencia, amarraba en aguas malagueñas para desembarcar un cargamento de chocolate de la marca berlinesa Rausck.

Destinada esta carga a los comerciantes que suministraban a la amplia colonia alemana que residía en Málaga, las 300 cajas con tabletas de chocolate transportadas por el vapor fueron descargadas en el muelle número cuatro. Ante la necesidad de emplear más de un día para su almacenaje fuera del recinto portuario, los propietarios de la mercancía, aconsejados por el consignatario encargado del buque en Málaga, decidieron pagar a unos vigilantes que salvaguardaran su producto.

Después de una noche de estancia en los muelles, las cajas que contenían el chocolate berlinés finalmente salieron del puerto. Además de dos pérdidas ocasionadas en la descarga, cuatro cajas más fueron abiertas y vaciadas casi en su totalidad.

Wachtfels 1928Vapor WACHTFELS que desembarcó en diciembre de 1930 chocolate berlinés.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de junio de 2016.

Veinte años de escalas

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de junio de 2016 a las 9:22

Aunque ya les he hablado en algunas ocasiones de la naviera Aida Cruises, hoy, retomo el tema para comentarles un significativo hecho vivido a bordo de uno de los barcos de esta compañía en Málaga. Procedente de Valencia y con destino a Cádiz, la pasada semana llegaba a aguas malacitanas el buque AidaCara celebrando el vigésimo aniversario de la creación de la marca crucerística Aida.

Y aunque el origen de esta naviera dedicada exclusivamente al mercado turístico alemán se remonta al año 1960, fue entre 1994 y 1996 cuando se diseñó y se dio el pistoletazo de salida al primer barco de los labios rojos a proa. Con el nombre Aida, los astilleros finlandeses Kvaerner Masa Yards construían un buque que revolucionó el mercado crucerístico internacional. Con unas muy modernas líneas para su época, y todos los estándares propios de un barco turístico de mediano porte, el Aida puso de moda los inmaculados cascos blancos decorados con coloridos diseños. Teniendo como seña de identidad dos ojos rasgados que nos recuerdan a los de nuestras barcas de jábega, amén del los ya mencionados labios, este barco recién salido del astillero, visitó por primera vez el puerto malacitano el 19 de julio de 1996.

Tras aquella escala, los barcos de Aida Cruises se han convertido en unos asiduos visitantes de Málaga; un hecho que ha traído al puerto a diez de los once barcos que componen la actual flota de esta compañía.

Pero con independencia de todo esto, lo más curioso de lo que les cuento es que el AidaCara, que celebró en aguas malagueñas el vigésimo aniversario de la naviera a la que pertenece, no es otro que el original Aida que lanzó esta marca y que se estrenó en Málaga en el verano de 1996.

Aida 1º vezAIDA en su primera escala en Málaga en 1996.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de junio de 2016.

Un yate para reyes

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de mayo de 2016 a las 8:31

Hace unos días, atracaba en el muelle número dos el yate Leander g. Mostrando una imagen clásica nada parecida a la de los grandes barcos privados que estamos acostumbrados a ver, el Leander g., que navega bajo la bandera de Bermudas, esconde una historia estrechamente ligada con la realeza del Reino Unido.

Construido en los astilleros alemanes Peene Werf entre 1990 y 1992, y estructurados sus interiores por uno de los más reputados estudios de diseño dedicados a los grandes yates de lujo, este barco, antes de ser botado era adquirido por el vicealmirante inglés Donald Gosling; un millonario filántropo que decidía bautizarlo con el nombre del primer buque de guerra en el que había servido en 1944.

Con 75 metros de eslora y 1.930 toneladas de registro bruto, este yate que está tripulado por 24 personas y puede embarcar a un máximo de 22 pasajeros repartidos en 10 suites, además de ser usado por su propietario puede ser alquilado por 490.000 dólares semanales; una cantidad que convierte al Leander g. en uno de los más caros yates privados del mundo.

Quizás por esta circunstancia, y con el añadido de que el yate real Britannia dejaba de ser usado por los miembros de la casa real inglesa en 1997, el  Leander g. se convirtió en una alternativa para estos viajes regios. Tras ser usado por la duquesa de Cornualles en unas vacaciones por el Mediterráneo en 2007, al año siguiente, Carlos de Inglaterra realizaba en este yate un viaje oficial por el Caribe.

Después de estos dos embarques, el propietario del Leander g. ofrecía de forma gratuita su barco a las reina Isabel II para que durante cinco meses navegara alrededor de las islas británicas para celebrar los sesenta años de su coronación.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALEANDER g atracado en el muelle dos este pasado fin de semana.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 31 de mayo de 2016.

Si casino

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de mayo de 2016 a las 9:28

Aunque con anterioridad ya había estado a bordo de un buen número de buques de crucero, el 28 de abril de 1999 constituyó para mi una fecha muy significativa. Aquél día, me enfrentaba en solitario a la visita de un barco muy diferente a los que hasta aquel momento había visto.

Con la inestimable ayuda de mi buen amigo Bernardo Liñán que había gestionado el embarque, minutos después de las doce de la mañana subí al Hanseatic que se encontraba compartiendo atraque en el muelle número dos con el también buque de crucero Astra II.

Acompañado por el primer oficial comencé la visita. Tras ser prevenido por éste de que el Hanseatic era un buque turístico muy diferente, pronto descubrí el encanto de lo que hoy conocemos como un barco de expediciones.

Con la particularidad de ser el cuarto buque de crucero que llevaba este nombre, el Hanseatic, que había sido construido en Finlandia en 1991 y que realizaba su segunda escala en Málaga, mostraba unos estándares nada parecidos a los de los barcos turísticos de aquellos años. Después de visitar el puente de mando y la sala de máquinas, me enfrenté a las zonas comunes dedicadas a los 194 pasajeros que podían navegar en este barco de 122 metros de eslora. Justo después de conocer la biblioteca, el primer oficial me comentó que aquél buque no tenía casino; una circunstancia propia de los barcos que realizaban viajes turísticos alternativos.

Muchos años más tarde, en concreto en octubre de 2012, volví a visitar el Hanseatic. Luciendo los colores de la compañía alemana Hapag Lloyd y tras haber sufrido una significativa reforma, este barco que está considerado como uno de los mejores buques turísticos de expedición seguía sin tener un casino a bordo.

escanear0002HANSEATIC atracado en Málaga en abril de 1999.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de mayo de 2016.

Una temporada clásica

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de mayo de 2016 a las 8:13

Hace un par de semanas, la naviera Thomson Cruises se posicionaba en el puerto para cumplimentar una larga temporada que la mantendrá en aguas malacitanas hasta finales del mes de octubre. Con un total de 26 escalas, el Thomson Spirit realizará varios itinerarios crucerísticos de siete noches por el Atlántico y el Mediterráneo teniendo a Málaga como cabecera y final de trayecto.

Pero con independencia de esta significativa circunstancia que incrementará mucho las cifras de atraques en los meses veraniegos, lo que hoy quiero comentarles es la importancia que en este caso tiene el barco que realizará esta temporada malacitana.

Teniendo en cuenta que Thomson Cruises es una compañía dedicada en exclusividad al mercado crucerístico británico, la posibilidad de viajar en un buque clásico, favorece mucho las expectativas a la hora de cumplimentar con éxito 26 escalas; un hecho que dibuja a las claras las preferencias de los potenciales clientes de esta naviera.

Construido en 1983 en los astilleros franceses Chantiers de l’Atlantique, el Thomson Spirit, que con anterioridad llevó los nombres Nieuw Amsterdam y Patriot (curiosamente con ninguno de estos nombres había visitado Málaga), en nada se parece a los actuales hoteles flotantes. Manteniendo un razonable número de pasajeros (1.254 repartidos en 627 camarotes), los interiores y exteriores de este barco que fueron remozados en 2003, dibujan la atmósfera  propia de lo que hasta hace no demasiados años era un buque turístico. Una circunstancia muy apreciada por el mercado crucerístico británico que convierte al Thomson Spirit en uno de los más populares buques de la flota Thomson; algo que promete una más que exitosa campaña en Málaga.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATHOMSON SPIRIT que realizará 26 escalas en Málaga hasta octubre.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de mayo de 2016.

El KONINGSDAM

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de mayo de 2016 a las 9:18

En la industria crucerística,  siempre se ha dicho que los buques de Holland America Line han marcado la diferencia con respecto al resto de barcos turísticos. Y aunque este comentario tal vez sea un tanto categórico, lo que sí está claro, es que esta centenaria compañía destaca por mantener una atmósfera clásica donde los detalles y la tradición dibujan unos ambientes muy diferentes al resto de los buques de crucero que operan en la actualidad.

Con una historia malacitana que se remonta a 1927, la gran mayoría de los barcos turísticos de Holland America Line han pasado por las aguas del puerto, una circunstancia que nos ha permitido ver la evolución de los buques de esta naviera.

Hace unos días, con apenas un mes de vida, el Koningsdam visitaba por primera vez  Málaga convertido en el buque insignia de esta compañía. Bautizado con este nombre en honor al actual monarca holandés, y a la espera de que la reina de los países bajos lo amadrine, este barco llegaba luciendo la más típica imagen modernizada de los tradicionales barcos de Holland America Line. Con su casco de color azul y el inconfundible logotipo de su chimenea, el Koningsdam, además de presentar unos apabullantes números: dimensiones, capacidad de pasajeros, camarotes y demás estándares propios de un buque turístico del siglo XXI, mostraba la peculiaridad de su nombre.

Rompiendo la tradición de esta compañía que mantiene una serie de nombres fijos que se van repitiendo en diferentes barcos, la denominación Koningsdam es la primera vez que aparece en la historia de esta naviera fundada en 1871; un novedoso hecho donde se mantiene el habitual sufijo dam,  imprescindible en todos los buques de Holland America Line.

Koningsdam 1º VEZ 4-V-167KONINGSDAM en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de mayo de 2016.

El comic del Puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de mayo de 2016 a las 8:44

Con la feria del libro ubicada en el Palmeral de las Sorpresas, he pensado que no estaría nada mal dedicar de vez en cuando una de estas columnas al mundo literario.

Con un significativo número de volúmenes editados sobre la historia marítima de Málaga, y con una no demasiada abundante producción de creaciones de ficción relacionadas con el mundo de la mar y los barcos en esta ciudad, se me ocurre comentarles un libro que en formato de cómic editó la Autoridad Portuaria de Málaga en el año 1998.

Teniendo como única pretensión mostrar al público infantil los avatares de la  historia marítima malacitana, este ejemplar, ilustrado por Juan Álvarez y Jorge J. Gómez Cáceres y documentado por los académicos Francisco Cabrera y Manuel Olmedo, se ha convertido con el paso de los años en una de esas rarezas literarias no demasiado fáciles de encontrar.

‘Historia del Puerto de Málaga’, que así es como se llama este libro, está narrado por Tilu, un joven personaje que viñeta a viñeta y cambiando de atuendo según la época en la que se sumerge, muestra la evolución de los muelles, el puerto y la ciudad de Málaga.

Y si bien para algunos las aventuras de este cicerone tal vez no sean demasiado serias, la visión general de este cómic, en mi modesta opinión, dibuja (nunca mejor dicho), los más importantes hechos que conforman la historia del puerto malagueño.

Con la promesa de que este recorrido tendrá continuidad (así lo refiere Tilu en la penúltima página del libro), ‘Historia del Puerto de Málaga’, además de ser un ejercicio didáctico para niños, constituye una rápida iniciación para esos adultos que, sin ser amantes de los libros, quieran adentrarse en el apasionante mundo marítimo malacitano.

escanear0001Portada del libro ‘Historia del puerto de Málaga’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de mayo de 2016.

El puerto, Cervantes y el cine

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de abril de 2016 a las 8:39

Al hilo de la actualidad y realizando un ejercicio de malabarismo, hoy  les hablaré de Miguel de Cervantes, el Festival de Cine de Málaga y el puerto.

El 1 de noviembre de 1999, llegaba a aguas malagueñas el bergantín goleta de bandera sueca Amorina. Tras haber realizado  navegaciones por medio mundo, este velero de tres mástiles que entre los años 1934 y 1970 fue un buque faro, iniciaba una larga estancia que lo mantendría posicionado en Málaga hasta el año 2008.

Después  realizar todo tipo de eventos marítimos, incluida la aventura convertirse durante unos pocos meses en un restaurante flotante, este  buque vivía su primer guiño cervantino realizando un viaje a Lepanto convertido en una universidad flotante.

De vuelta al puerto malacitano, el Amorina era vendido a un armador español en 2007. Rebautizado como Cervantes Saavedra y matriculado en Las Palmas de Gran Canaria, este bergantín goleta, tras una serie de trabajos de acondicionamiento atracado en el muelle uno, finalmente dejaba el puerto de Málaga en agosto de 2008. Posicionado en Palma de Mallorca para realizar navegaciones muy similares a las que había efectuado en aguas malacitanas, entre 2011 y 2013 bajo el fingido nombre Estrella Polar, este velero se convertía en el protagonista de la serie de televisión ‘El Barco’.

Terminada aquella aventura cinematográfica, el Cervantes Saavedra quedaba atracado en Valencia a la espera de retomar su  habitual actividad turística.  Con una serie de proyectos  que no llegaron a realizarse, en la actualidad, el bergantín goleta se anuncia a la venta por 1.600.000 euros.

Una historia marítima que relaciona al puerto de Málaga con el cine y con el autor de Don Quijote la de Mancha.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACERVANTES SAAVEDRA atracado en el muelle uno antes de dejar Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de abril de 2016.

Cuatro cambios de imagen

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de abril de 2016 a las 8:26

Al hilo de la celebración de los 100 años de historia de Trasmediterránea (un significativo evento del que se hablará mucho en Málaga), hoy me gustaría contarles una curiosa circunstancia relacionada con el Fortuny, el  actual Melillero titular que cubre la ruta del mar de Alborán.

Tras el impacto que supuso el posicionamiento en aguas malagueñas del Juan J. Sister (si lo recuerdan aquí lo denominamos como el Trasatlántico de Melilla), y la posterior la llegada del Sorolla, en abril de 2015, el Fortuny atracaba en el puerto malacitano para recibir de su hermano gemelo la titularidad de la línea melillense.

Luciendo los colores blanco y rojo  que en la actualidad llevan todos los buques de esta compañía, el Fortuny llegaba a Málaga mostrando en sus costados la marca Trasmediterránea Acciona; una inscripción que en febrero de este año era modificada por el logotipo del centenario.

Pero con independencia de esta circunstancia, y dejando a un lado que el estreno oficial de este emblema se realizó en aguas malagueñas, resultan curiosos los cambios de imagen que, hasta la fecha, ha mostrado el Fortuny en su casco.

Tras ser entregado a Trasmediterránea en 2001, este ferry recién construido comenzaba su vida de mar con los colores verde y azul que por entonces representaban a esta compañía. En 2006, ya pintado de blanco y rojo, los costados de este barco lucieron la marca Acciona Trasmediterránea; un logotipo que en 2013 fue modificado por la inscripción Trasmediterránea Acciona.

Cuatro cambios de imagen para un mismo barco; un ferry, el Fortuny, que si no hay cambios celebrará los 100 años la línea entre Málaga y Melilla, una de las más importantes rutas marítimas de esta compañía.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFORTUNY mostrando en Málaga el logotipo del centenario de Trasmediterránea.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de abril de 2016.

Aprendiendo a navegar

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de abril de 2016 a las 8:23

Este pasado fin de semana, se volvió a repetir una imagen que ya es muy habitual en el puerto malagueño. A bordo del velero de bandera polaca Fryderyk Chopin, un grupo de estudiantes era instruido por la tripulación del barco en los fundamentos básicos de la navegación a vela.

Con estas lecciones prácticas de náutica, estos  jóvenes constituirán el grueso de la dotación de este buque en su próxima salida a la mar; una circunstancia que fundamenta la vida de estos veleros tripulados por estudiantes.

Teniendo a la nación polaca como uno de los principales países en los que parte de los estudios, ya sean básicos o superiores, pasan por unos meses de embarque, la labor que   realizan este tipo de barcos constituye algo habitual en la vida académica de los estudiantes de ese país.

Estando a la cabeza de estos veleros el veterano Pogoria (un barco muy habitual en las aguas malagueñas que combina viajes educacionales con rutas para amantes de la navegación), el Fryderyk Chopin, constituye la segunda opción polaca si hablamos de este tipo de barcos.

Construido en 1992 en los astilleros Dora Shipyard de la localidad Gdansk siguiendo los planos de una goleta de principios del siglo XVIII, este velero de dos mástiles y 55 metros de eslora, desde su botadura, ha navegado siempre con estudiantes.

Adscrito a una escuela canadiense en sus primeros años, y posteriormente gestionada por una universidad privada polaca, en la actualidad, el Fryderyk Chopin, trabaja para una fundación que mantiene la tradición de completar la educación desde la mar. Una circunstancia que nos permitirá seguir viendo a estudiantes aprender nociones de náutica a bordo de este velero atracado en el puerto malagueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFryderyk Chopin en el muelle número dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de abril de 2016.