San Pedro Metropolitano de Moscú

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de mayo de 2015 a las 17:13

Por motivos personales no pude subir al blog esta columna publicada el pasado 19 de mayo. Aquí está.

Encontrar referencias de barcos de bandera rusa que no tengan una cierta relevancia internacional, resulta un trabajo verdaderamente complicado; una circunstancia que se incrementa si el buque en cuestión es un velero.
En el año 2002, a orillas del lago Onega, en la ciudad de Petrozavodsk, se construía una réplica de los barcos que en el siglo XVII surcaban los mares de Rusia transportando todo tipo de mercancías. Fabricado con madera de Carelia (la propia de la región), este velero de tres mástiles y 17 metros de eslora, fue bautizado con el muy peculiar nombre de San Pedro Metropolitano de Moscú, una denominación que alude a un pequeño relicario situado a su bordo donde se depositaron algunos recuerdos de Fyodor Fyodorovich Ushakov, un afamado almirante ruso canonizado por la Iglesia Ortodoxa que, amén de haber sido el santo protector de los bombarderos estratégicos nucleares, desde 2005 es el patrón de la marina de guerra rusa.
Con todo este historial, este pequeño velero construido en base a unos restos arqueológicos, llegaba a la costa malacitana en julio de 2014. Patrocinado por un club náutico ruso, y tras haber navegado durante años realizando viajes culturales, el San Pedro Metropolitano de Moscú fondeaba durante cinco días frente a las playas de La Malagueta en una larga singladura que lo llevaba a un puerto francés para participar en una regata de barcos de época.
Si haber tenido ninguna referencia más sobre este buque después de pasar por Málaga, hace unos días, me llegaba la noticia de su naufragio en Grecia en noviembre de 2014. Una información muy retrasada y que ratifica lo complicado que es encontrar datos sobre determinados barcos que navegan bajo la bandera de Rusia.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASAN PEDRO METROPOLITANO DE MOSCU fondeado frente a Málaga en 2014.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de mayo de 2015.mode

Carne en conserva

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de mayo de 2015 a las 17:01

En los últimos meses de 1922, muchos malagueños comieron carne salada en conserva similar a las de las raciones de campaña usadas por los soldados norteamericanos durante la Primera Guerra Mundial. Procedente de Boston, en mayo de ese mismo año, el buque de bandera inglesa Lancastrian Prince llegaba al puerto malagueño cargado con 30.000 latas de Corned Beef, o lo que es lo mismo, carne de ternera tratada y envasada lista para ser consumida.

Navegando en línea regular entre puertos norteamericanos y del Reino Unido, el Lancastrian Prince, con algún tipo de avería, variaba su ruta para intentar solucionar su problema en aguas malacitanas. Construido entre los años 1920 y 1921 en los astilleros ingleses Furness Shipbuilding Company, este mercante de 3.478 toneladas de registro bruto y 110 metros de eslora, estaba integrado en la flota de compañía Prince Line Ltd., una naviera con sede en Liverpool dedicada a los tráficos de mercancías con inicio y final en las islas británicas.

Sin posibilidades de ser reparado definitivamente en Málaga, el Lancastrian Prince tuvo que descargar las 1.200 cajas de latas de conserva que venían a su bordo para que otro buque viniera a por ellas. Posicionadas en el muelle de Heredia, el sustituto que debería haber recogido la carga se fue retrasando, hasta que en septiembre de 1922, una nota procedente del Reino Unido ordenó a una agencia consignataria la venta de la totalidad de la mercancía.

Diversos comerciantes malacitanos se hicieron con las 30.000 latas del Corned Beef manufacturado en Chicago por la empresa Libby McNeill & Libby, y muchos malagueños compraron las inconfundibles latas trapezoidales que necesitan una llavecita para ser abiertas.

LANCASTRIANPRINCE1921HA

El LANCASTRIAN PRINCE trajo a Málaga 30.000 latas de conserva de carne.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de mayo de 2015.

Sólo cinco velas

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de mayo de 2015 a las 8:37

Hace unos días, procedente de Tánger y con destino a Valencia, atracaba en el muelle número dos el velero de bandera francesa Le Ponant. Construido entre los años 1990 y 1991 en los astilleros galos Francaise De Construction Navals, este buque fue uno de los primeros barcos de vela modernos fabricados para ser destinados al mercado crucerístico internacional. Con 32 camarotes que le permiten embarcar a un máximo de 64 pasajeros, Le Ponant, que dispone en sus cuatro cubiertas de todas las comodidades propias de los grandes barcos turísticos, realiza exclusivos itinerarios por todo el mundo; un hecho que en abril de 2008 lo significó internacionalmente cuando en el golfo de Adén, navegando sin pasajeros, un grupo de piratas somalíes lo mantuvo secuestrado durante ocho días.

Pero dejando a un lado este incidente que siempre será una constante en la biografía de Le Ponant, lo que realmente llama la atención de este barco es su muy singular sistema de propulsión vélica. Manteniendo la filosofía de los modernos veleros turísticos en las que los complicados aparejos del pasado han sido sustituidos por automatizados mecanismos eléctricos controlados por ordenador, Le Ponant, ha dando una vuelta de tuerca a estos sistemas simplificado al máximo todo su aparejo.

Sobre sus tres mástiles, Le Ponant monta tan sólo cinco velas de cuchillo que le proporcionan un total de 1.500 metros cuadrados de superficie para navegar a una velocidad máxima de 10 nudos. Una simplicidad verdaderamente significativa que confiere a este barco de 88 metros de eslora y 1.189 toneladas de registro bruto un especial atractivo que lo hace muy diferente a los modernos buques de vela dedicados al mercado crucerístico.

OLYMPUS DIGITAL CAMERALE PONANT atracado hace unos días en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de mayo de 2015.

Antonio Martos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de mayo de 2015 a las 8:18

El pasado 16 de abril, fallecía en un hospital malagueño Antonio Martos Cabezas, un buen hombre vinculado al puerto desde antes de su nacimiento. Con tan solo 56 años de edad, y después de sufrir una compleja enfermedad, Antonio zarpaba dejando solos a su esposa, sus dos hijos y a dos desconsolados padres que le han sobrevivido para presenciar esta partida contra natura.

Nacido en septiembre de 1958, el trabajo en las oficinas de pescadería de su padre lo relacionó con el mundo portuario desde sus primeros años de vida. Tras cursar estudios de ingeniería industrial, en el año 1983 Antonio ingresaba en la Autoridad Portuaria malacitana para realizar labores administrativas. Desempeñando diferentes cargos en diversos departamentos (curiosamente su primera ocupación en el puerto fue la misma que había ejecutado su padre), la jefatura de Dominio Público fue su último destino antes de que un trasplante causado por una hepatitis crónica que le acompañó durante casi toda su vida, lo alejara del trabajo.

Con una marcada personalidad; los que lo conocieron bien hablan de su muy especial meticulosidad en los asuntos laborales, la conversación era uno de los principales atractivos de Antonio Martos, un hombre al que todos recordaremos por su amable sonrisa.

Y aunque siempre se ha dicho que los trabajadores del puerto, los a pie de muelle y los de oficina, son una gente muy especial (un tópico absurdo que siempre perseguirá a este colectivo), la desaparición de Antonio Martos Cabezas ha quebrado el semblante de casi todos los que lo conocieron; un significativo hecho que ratifica un especial aprecio por un hombre que gastó sus últimos 32 años de vida trabajando en el puerto de Málaga.

0002Antonio Martos Cabezas

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de mayo de 2015.

El KAPITAN BORCHARDT

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de abril de 2015 a las 8:44

Si hubiera que hacer una lista de los veleros que más han visitado el puerto malagueño en los últimos años, uno de los primeros puestos de ésta, sería para el Kapitan Borchardt, una histórica goleta de tres mástiles que navega realizando viajes turísticos como buque escuela civil.

Iniciada su construcción en 1916 en los astilleros holandeses J.J. Pattje, al año siguiente, bautizado como Nora, este barco comenzaba su biografía de mar como un buque de carga. Después de cubrir diversas rutas comerciales por el Norte de Europa y cambiar cuatro veces de nombre, en 1940, el velero era requisado por el gobierno alemán que lo reconvertía en una base flotante para tripulaciones de submarinos en Polonia.

Finalizada la segunda guerra mundial, tras navegar durante algo más de tres décadas con dos nombres diferentes bajo las contraseñas de diversos armadores, en 1979, la goleta volvía a ser rebautizada como Nora. Con la intención de dedicarse en exclusividad a los viajes turísticos por el Caribe, y después de acumular una serie de fracasos comerciales durante diez años, en 1989, el barco finalmente comenzaba a realizar navegaciones por el Báltico con pasajeros.

Clasificado desde entonces como un buque escuela turístico, una asociación marítima polaca se hacía cargo del velero en 2011 renombrándolo como Kapitan Borchardt.

Con 173 toneladas de registro bruto y 33 metros de eslora, esta goleta que monta diez velas en sus tres mástiles, además de sus cuatro tripulantes fijos, puede embarcar a un total 43 personas. Dedicada a navega en verano por el Norte de Europa, en los meses más fríos, realiza rutas por el Mediterráneo; un hecho que lo ha convertido en un asiduo visitante de las aguas malacitanas.

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El Kapitan Borchardt atracado en el muelle número dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de abril de 2015.

Anuncios de vapores

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de abril de 2015 a las 8:17

Durante gran parte del siglo XIX y las primeras décadas del XX, la prensa malagueña jugó un importante papel a la hora de publicitar a las navieras que operaban en las aguas del puerto. Dejando a un lado las listas donde a diario se reflejaban los tráficos, los anuncios que informaban sobre las llegadas y salidas de barcos, muy bien podrían ser considerados como uno de los principales exponentes de la publicidad que se hacía en Málaga por aquellos tiempos.

Y aunque las agencias consignatarias eran las encargadas de gestionar con los periódicos los anuncios de las compañías con las que trabajaban, a mediados de 1800, en una oficina de la Alameda Principal, en el número 1, se creó un gabinete dedicado en exclusividad a publicitar barcos y navieras. Bajo la denominación de “Oficina de anuncios de vapores”, los empleados de este negociado tramitaron durante muchas décadas la gran mayoría de los anuncios marítimos que aparecieron en los diarios malagueños.

Contratados directamente los servicios publicitarios con las compañías propietarias de los buques (en este trance los consignatarios salieron perdiendo), en la década de 1860, la Oficina de anuncios de vapores ya aparecía en las guías malacitanas de empresas; un significativo hecho que evidenciaba el éxito del negocio.

Teniendo entre sus anunciantes a navieras tales como: A. López y Cía. (la precursora de la Compañía Trasatlántica Española), Butler Hermanos, Vinuesa o Bofill Martorell, la Oficina de anuncios de vapores malacitana, además de gestionar la publicidad, ofertó durante todos sus años de existencia un servicio por el que un dibujante podía personalizar los anuncios; una curiosa historia que les contaré en otra ocasión.

anuncio de vaporesHoja publicitaria de la Oficina de anuncios de vapores.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de abril de 2015.

¿Balcones?

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de abril de 2015 a las 13:02

En abril de 2005, escalaba por primera vez en Málaga el buque crucero Island Escape. Bajo la contraseña de la compañía Island Cruises, una subsidiaria de la por entonces llamada Royal Caribbean Cruise Lines, este barco, atracaba en el muelle número dos procedente de Alicante para seguir viaje con destino a Cádiz.

Construido entre 1981 y 1982 en los astilleros franceses Dubigeon-Normandie S.A. por encargo de la Scandinavian World Cruises, filial turística de la naviera danesa DFDS, este buque iniciaba su carrera de mar bautizado como Scandinavia, siendo considerado por entonces como el cruiseferry más grande del mundo.

Tras navegar entre los años 1985 y 1990 con el nombre Stardancer para tres compañías diferentes, a principios de 1991, Royal Caribbean, que meses antes había comprado el barco, lo transformaba en unos astilleros californianos rebautizándolo como Viking Serenade. Reestructurado completamente su habilitación (en estas obras desaparecieron su garaje y sus dos enormes portalones de popa), el Viking Serenade comenzó una serie de exitosos itinerarios crucerístricos publicitando el encanto de su anterior vida como transbordador.

Transferido en 2002 a Island Cruises con el nombre Island Escape, el barco regresaba a Málaga en junio de 2006, y lo hacía con una muy curiosa modificación.

Atendiendo a la moda de que todos los buques turísticos deben ofertar a sus pasajeros camarotes con balcón, en el antiguo ferry, se habían instalado unos extraños cajones que añadían un mínimo espacio exterior a 20 cabinas situadas en la cubierta superior del barco a popa. Unos frágiles miradores nada parecidos a los muchos y muy diferentes balcones que ofrecen los modernos buques de crucero.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABalcones del buque de crucero ISLAND ESCAPE.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de abril de 2015.

Bautismo indonesio

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de abril de 2015 a las 11:42

En los últimos años, el puerto malacitano ha visto pasar por sus aguas a un considerable número de buques de la Fuerza Naval de Indonesia. Cargados para nosotros de un especial exotismo, algunos de estos barcos de guerra han atracado en los muelles malagueños dentro de sus primeras singladuras; un hecho que añade una importancia especial a la totalidad de estas visitas.
Hace unos días, procedente de los astilleros franceses Ocea ubicados en localidad de Les Sables d-Olonne, amarraba en el muelle 3 A-1 el buque multifuncional Kri Rigel 933. Realizando sus primeras jornadas de navegación oficial, este tecnológico barco de 60 metros de eslora, que puede ser usado como una patrullera o como un buque oceanográfico, apostaba por el puerto de Málaga como la primera escala de un largo viaje que lo llevará a una base militar en Yakarta.
Tras quedar impecablemente engalanado y empavesado para conmemorar su visita malagueña, un día después de su atraque, a bordo del Rigel se vivió una especial ceremonia propia de la marina de guerra de este país del Sudeste Asiático.
Con la presencia de personal civil y miembros del Cuerpo Consular Indonesio, varios marinos que habían sido ascendidos de rango, cumplimentaron con la tradición de ser bautizados por sus compañeros en las aguas en las que habían estrenado sus galones.
Vestidos con sus respectivos uniformes de faena, los protagonistas del acto fueron arrojados a las aguas del puerto desde la cubierta superior del Rigel, mientras el resto de los 40 miembros de la dotación del buque aplaudían, tomaba fotografías y vitoreaba el chapuzón.
Un muy curioso ceremonial de unos marinos que viven y trabajan a muchos miles de millas del puerto malagueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMarinos indonesios tras su bautismo en las aguas del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de abril de 2015.

Balcones de primera en la Semana Santa de 1925

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2015 a las 8:44

La Semana Santa de 1925, se estrenó con la primera salida a la calle de la por entonces denominada cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo. Este hecho, junto con el aumento de los precios de los alquileres de los balcones que ya por entonces se rentaban para ver los desfiles procesionales en la calle Larios, se vio reflejado en una curiosa circunstancia marítima.

A la cuatro de la tarde del 5 de abril (Domingo de Ramos), el buque de la Compañía Trasatlántica Española Infanta Isabel de Borbon fondeaba en la dársena de Guadiaro. Realizando su habitual escala mensual en aguas malacitanas, este vapor, que llegaba procedente de Almería, cubría la llamada Línea de Buenos Aires o del Plata; una ruta regular que saliendo de Barcelona paraba en los puertos de Almería, Málaga, Cádiz, Tenerife-Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Construido en los astilleros William Denny & Bros. en la localidad escocesa de Dumbarton, el Infanta Isabel de Borbon fue entregado a la Trasatlántica a principios de 1913, siendo en aquellos momentos junto a su gemelo el Reina Victoria Eugenia, el buque de pasaje más moderno y equipado de toda la flota española. Con 10.348 toneladas de registro bruto y 145 metros de eslora, este vapor propulsado por tres hélices fue calificado por los cronistas de la época como “un canto de cisne”; un apelativo que hacía referencia a sus lujosos interiores donde se combinaban los estilos Imperio y Luis XVI con suntuosas telas de la Real Fábrica de Tapices de Madrid.

Dedicado en exclusividad a la ruta sudamericana, el Infanta Isabel de Borbon, tras haber navegado con cuatro clases diferentes: primera, segunda, tercera preferente y emigrante, a principios de los años veinte redujo su acomodación a tres categorías, pudiendo embarcar a un total de 1.008 pasajeros.

35-IIB-lipct19-jpegVapor de la Compañía Trasatlántica Española INFANTA ISABEL DE BORBON.

Pero regresando a la escala malacitana de este buque en abril de 1925, momentos después de finalizar el fondeo en la dársena de Guadiaro, unas barcazas iniciaban la carga de unas mercancías que debían viajar a Argentina. Mientras esto ocurría, José Luís Duarte, el consignatario de la Compañía Trasatlántica en Málaga se reunía con el capitán del vapor para ultimar los detalles de una actividad que se había preparado para los pasajeros de primera.

Teniendo en cuenta que las paradas de los buques de esta naviera en el puerto malacitano duraban habitualmente ocho horas, el señor Duarte, tras telegrafiar días antes a las oficinas centrales de la compañía, ofreció la posibilidad de que los 53 viajeros que ocupaban los camarotes más pudientes del Infanta Isabel de Borbon pudieran ver el desfile procesional de la Sagrada Cena desde varios balcones de calle Larios.

Tras celebrarse a las seis de la tarde una merienda especial a bordo (de ésta también participaron en sus respectivos comedores los 94 pasajeros de segunda y los 374 que navegaban en tercera), los viajeros de primera clase acompañados de varios oficiales del buque y el consignatario desembarcaron para ver la procesión.

Y aunque la hora límite para regresar al barco eran las 23:00 (el Infanta Isabel de Borbon debía salir a las doce de la noche), el selecto grupo de viajeros no llegó a bordo hasta las 00:30, una circunstancia que motivo por el que el vapor de la Compañía Trasatlántica Española saliera de Málaga a las dos de la mañana, hora en la que según las crónicas de la época se encerró en la iglesia de la Victoria el cortejo procesional de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo.

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Cartel de la Semana Santa de 1925.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” 31 de marzo de 2015.

Los bocadillos de Pepe

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de marzo de 2015 a las 10:53

A principios del siglo XX, gran parte de los trabajadores portuarios, especialmente los que realizaban labores a pie de muelle, comían fundamentalmente pan con pescado seco o en salazón, tocino o los famosos caldos de sopones que siempre iban acompañados de unos tragos de vino.

Y aunque esta ancestral dieta que refleja cómo era la vida en el puerto malagueño a principios de 1900, afortunadamente ha cambiado, aún existe un elemento en común que podría recordarnos a aquellas comidas portuarias del pasado.

Entendidos como tales desde hace muchos siglos (existen referencias de estos en crónicas militares de la conquista de América), los bocadillos, han constituido desde siempre una forma de alimentación básica en el mundo de los muelles.

Con 59 años de edad y 21 formando parte de la plantilla de camareros del bar del Puerto, José Jiménez, Pepe para casi todos, conoce muy bien cómo ha evolucionado la forma de comer de la comunidad portuaria malacitana en las dos últimas décadas.

Pero centrándonos en la elaboración de bocadillos, Pepe, que mantiene un record cercano a las cien unidades en una misma jornada, reconoce haber metido casi de todo entre dos piezas de pan. Teniendo como especialidad el de calamares, amén de los clásicos de tortilla y embutidos, José Jiménez, se ha convertido en un verdadero especialista en la preparación de comida rápida para trabajadores portuarios y pasajeros de barco.

Y aunque ya nadie desayuna, almuerza o cena a pie de muelle, el bocadillo, usado como alimento principal o como complemento, sigue siendo la gran baza a la hora de comer rápido y barato; un hecho que conoce a la perfección Pepe, toda una institución si hablamos de bocadillos en el puerto malacitano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAJosé Jiménez en el bar del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de marzo de 2015.