¿Balcones?

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de abril de 2015 a las 13:02

En abril de 2005, escalaba por primera vez en Málaga el buque crucero Island Escape. Bajo la contraseña de la compañía Island Cruises, una subsidiaria de la por entonces llamada Royal Caribbean Cruise Lines, este barco, atracaba en el muelle número dos procedente de Alicante para seguir viaje con destino a Cádiz.

Construido entre 1981 y 1982 en los astilleros franceses Dubigeon-Normandie S.A. por encargo de la Scandinavian World Cruises, filial turística de la naviera danesa DFDS, este buque iniciaba su carrera de mar bautizado como Scandinavia, siendo considerado por entonces como el cruiseferry más grande del mundo.

Tras navegar entre los años 1985 y 1990 con el nombre Stardancer para tres compañías diferentes, a principios de 1991, Royal Caribbean, que meses antes había comprado el barco, lo transformaba en unos astilleros californianos rebautizándolo como Viking Serenade. Reestructurado completamente su habilitación (en estas obras desaparecieron su garaje y sus dos enormes portalones de popa), el Viking Serenade comenzó una serie de exitosos itinerarios crucerístricos publicitando el encanto de su anterior vida como transbordador.

Transferido en 2002 a Island Cruises con el nombre Island Escape, el barco regresaba a Málaga en junio de 2006, y lo hacía con una muy curiosa modificación.

Atendiendo a la moda de que todos los buques turísticos deben ofertar a sus pasajeros camarotes con balcón, en el antiguo ferry, se habían instalado unos extraños cajones que añadían un mínimo espacio exterior a 20 cabinas situadas en la cubierta superior del barco a popa. Unos frágiles miradores nada parecidos a los muchos y muy diferentes balcones que ofrecen los modernos buques de crucero.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABalcones del buque de crucero ISLAND ESCAPE.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de abril de 2015.

Bautismo indonesio

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de abril de 2015 a las 11:42

En los últimos años, el puerto malacitano ha visto pasar por sus aguas a un considerable número de buques de la Fuerza Naval de Indonesia. Cargados para nosotros de un especial exotismo, algunos de estos barcos de guerra han atracado en los muelles malagueños dentro de sus primeras singladuras; un hecho que añade una importancia especial a la totalidad de estas visitas.
Hace unos días, procedente de los astilleros franceses Ocea ubicados en localidad de Les Sables d-Olonne, amarraba en el muelle 3 A-1 el buque multifuncional Kri Rigel 933. Realizando sus primeras jornadas de navegación oficial, este tecnológico barco de 60 metros de eslora, que puede ser usado como una patrullera o como un buque oceanográfico, apostaba por el puerto de Málaga como la primera escala de un largo viaje que lo llevará a una base militar en Yakarta.
Tras quedar impecablemente engalanado y empavesado para conmemorar su visita malagueña, un día después de su atraque, a bordo del Rigel se vivió una especial ceremonia propia de la marina de guerra de este país del Sudeste Asiático.
Con la presencia de personal civil y miembros del Cuerpo Consular Indonesio, varios marinos que habían sido ascendidos de rango, cumplimentaron con la tradición de ser bautizados por sus compañeros en las aguas en las que habían estrenado sus galones.
Vestidos con sus respectivos uniformes de faena, los protagonistas del acto fueron arrojados a las aguas del puerto desde la cubierta superior del Rigel, mientras el resto de los 40 miembros de la dotación del buque aplaudían, tomaba fotografías y vitoreaba el chapuzón.
Un muy curioso ceremonial de unos marinos que viven y trabajan a muchos miles de millas del puerto malagueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMarinos indonesios tras su bautismo en las aguas del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de abril de 2015.

Balcones de primera en la Semana Santa de 1925

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2015 a las 8:44

La Semana Santa de 1925, se estrenó con la primera salida a la calle de la por entonces denominada cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo. Este hecho, junto con el aumento de los precios de los alquileres de los balcones que ya por entonces se rentaban para ver los desfiles procesionales en la calle Larios, se vio reflejado en una curiosa circunstancia marítima.

A la cuatro de la tarde del 5 de abril (Domingo de Ramos), el buque de la Compañía Trasatlántica Española Infanta Isabel de Borbon fondeaba en la dársena de Guadiaro. Realizando su habitual escala mensual en aguas malacitanas, este vapor, que llegaba procedente de Almería, cubría la llamada Línea de Buenos Aires o del Plata; una ruta regular que saliendo de Barcelona paraba en los puertos de Almería, Málaga, Cádiz, Tenerife-Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Construido en los astilleros William Denny & Bros. en la localidad escocesa de Dumbarton, el Infanta Isabel de Borbon fue entregado a la Trasatlántica a principios de 1913, siendo en aquellos momentos junto a su gemelo el Reina Victoria Eugenia, el buque de pasaje más moderno y equipado de toda la flota española. Con 10.348 toneladas de registro bruto y 145 metros de eslora, este vapor propulsado por tres hélices fue calificado por los cronistas de la época como “un canto de cisne”; un apelativo que hacía referencia a sus lujosos interiores donde se combinaban los estilos Imperio y Luis XVI con suntuosas telas de la Real Fábrica de Tapices de Madrid.

Dedicado en exclusividad a la ruta sudamericana, el Infanta Isabel de Borbon, tras haber navegado con cuatro clases diferentes: primera, segunda, tercera preferente y emigrante, a principios de los años veinte redujo su acomodación a tres categorías, pudiendo embarcar a un total de 1.008 pasajeros.

35-IIB-lipct19-jpegVapor de la Compañía Trasatlántica Española INFANTA ISABEL DE BORBON.

Pero regresando a la escala malacitana de este buque en abril de 1925, momentos después de finalizar el fondeo en la dársena de Guadiaro, unas barcazas iniciaban la carga de unas mercancías que debían viajar a Argentina. Mientras esto ocurría, José Luís Duarte, el consignatario de la Compañía Trasatlántica en Málaga se reunía con el capitán del vapor para ultimar los detalles de una actividad que se había preparado para los pasajeros de primera.

Teniendo en cuenta que las paradas de los buques de esta naviera en el puerto malacitano duraban habitualmente ocho horas, el señor Duarte, tras telegrafiar días antes a las oficinas centrales de la compañía, ofreció la posibilidad de que los 53 viajeros que ocupaban los camarotes más pudientes del Infanta Isabel de Borbon pudieran ver el desfile procesional de la Sagrada Cena desde varios balcones de calle Larios.

Tras celebrarse a las seis de la tarde una merienda especial a bordo (de ésta también participaron en sus respectivos comedores los 94 pasajeros de segunda y los 374 que navegaban en tercera), los viajeros de primera clase acompañados de varios oficiales del buque y el consignatario desembarcaron para ver la procesión.

Y aunque la hora límite para regresar al barco eran las 23:00 (el Infanta Isabel de Borbon debía salir a las doce de la noche), el selecto grupo de viajeros no llegó a bordo hasta las 00:30, una circunstancia que motivo por el que el vapor de la Compañía Trasatlántica Española saliera de Málaga a las dos de la mañana, hora en la que según las crónicas de la época se encerró en la iglesia de la Victoria el cortejo procesional de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo.

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Cartel de la Semana Santa de 1925.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” 31 de marzo de 2015.

Los bocadillos de Pepe

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de marzo de 2015 a las 10:53

A principios del siglo XX, gran parte de los trabajadores portuarios, especialmente los que realizaban labores a pie de muelle, comían fundamentalmente pan con pescado seco o en salazón, tocino o los famosos caldos de sopones que siempre iban acompañados de unos tragos de vino.

Y aunque esta ancestral dieta que refleja cómo era la vida en el puerto malagueño a principios de 1900, afortunadamente ha cambiado, aún existe un elemento en común que podría recordarnos a aquellas comidas portuarias del pasado.

Entendidos como tales desde hace muchos siglos (existen referencias de estos en crónicas militares de la conquista de América), los bocadillos, han constituido desde siempre una forma de alimentación básica en el mundo de los muelles.

Con 59 años de edad y 21 formando parte de la plantilla de camareros del bar del Puerto, José Jiménez, Pepe para casi todos, conoce muy bien cómo ha evolucionado la forma de comer de la comunidad portuaria malacitana en las dos últimas décadas.

Pero centrándonos en la elaboración de bocadillos, Pepe, que mantiene un record cercano a las cien unidades en una misma jornada, reconoce haber metido casi de todo entre dos piezas de pan. Teniendo como especialidad el de calamares, amén de los clásicos de tortilla y embutidos, José Jiménez, se ha convertido en un verdadero especialista en la preparación de comida rápida para trabajadores portuarios y pasajeros de barco.

Y aunque ya nadie desayuna, almuerza o cena a pie de muelle, el bocadillo, usado como alimento principal o como complemento, sigue siendo la gran baza a la hora de comer rápido y barato; un hecho que conoce a la perfección Pepe, toda una institución si hablamos de bocadillos en el puerto malacitano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAJosé Jiménez en el bar del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de marzo de 2015.

El TENACIOUS

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de marzo de 2015 a las 12:28

La primera noticia que tuve sobre el Tenacious, fue cuando aún estaba en construcción. Un viejo amigo inglés, marino retirado, me hablo de un velero que se estaba construyendo en Southampton de una forma nada habitual. Fabricada la totalidad de su casco al revés (para que me entiendan, el barco se fue estructurando boca abajo hasta que se le dio la vuelta para instalar sus estructuras de cubierta, mástiles y aparejo), entre 1996 y enero de 2000, un significativo número de voluntarios, dirigidos por un grupo de carpinteros de ribera, completó la obra. Una construcción que fue culminada en abril de 2000 cuando el buque recibió oficialmente el nombre de Tenacious.

Con la particularidad de ser el mayor velero botado en el Reino Unido en los últimos cien años, este bergantín goleta de tres mástiles y 65 metros de eslora, después de un breve viaje inaugural en septiembre de 2000, comenzaba su muy especial carrera de mar que lo ha convertido en uno de los más famosos, o cuando menos, curiosos veleros del mundo. Navegando bajo la contraseña de la Jubilee Sailing Trust, una organización sin ánimo de lucro británica que pretende fomentar la integración de los discapacitados físicos, el Tenacious, está acondicionado para que las personas ciegas o en sillas de ruedas puedan participar en todas las actividades y maniobras que se realizan de forma habitual en un barco de vela.

Y aunque en el pasado ya había visitado aguas malacitanas, hace unos días, en un viaje de posicionamiento que de Sevilla lo llevaba a Valencia, el Tenacious realizó una breve escala mostrando atracado en el muelle número dos sus muy especiales formas y su muy singular aparejo habilitado para personas discapacitadas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVelero TENACIOUS atracado hace unos días en el muelle numero dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de marzo de 2015.

La Brigada Marítima

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de marzo de 2015 a las 9:05

En 2014, un buque de la compañía P&O Princess Cruises, realizó en Málaga una novedosa operativa relacionada con el embarque y desembarque de equipajes. Esta operación, en la que los turistas viajan de origen a destino y viceversa sin tener que preocuparse por sus maletas, me sirve como excusa para contarles cómo se gestionaban los equipajes en el puerto malacitano a principios del siglo XX.

Creada en los primeros años de la década de 1910, la Brigada Marítima fue una especie de asociación dedicada al control de los muchos y muy diversos trabajos relacionados con el movimiento portuario de pequeñas cargas. Sin interferir en el mundo de los llamados cargadores de muelles (hasta 1931 en el puerto malagueño los estibadores no se agruparon como tales), esta brigada se centró fundamentalmente en organizar los tránsitos menores; una circunstancia que sirvió para regular las múltiples tarifas que por entonces existían a la hora de movilizar maletas y pequeños bultos.

Organizados los muchos trabajadores que realizaban estas labores en las categorías de maleteros y mozos de carga, en 1907, la Brigada Marítima publicó su primera lista oficial de precios. Por llevar una maleta desde un barco a un domicilio dentro de la ciudad, el pasajero debía abonar 50 céntimos; una cantidad que ascendía a 75 céntimos si la maleta superaba los 10 kilos. En el caso de baúles o bultos que hubiera que subir más allá de un piso principal, la tarifa se veía incrementada en 15 céntimos, un importe que se duplicaba si el transporte se hacía en horario nocturno.

Una curiosa lista de precios que contrasta con la novedosa forma en la que se gestionan en la actualidad los equipajes de los turistas que viajan en barco.

mozoMozo de carga por uno de los muelles del puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de marzo de 2015.

Una agrupación de dos

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de marzo de 2015 a las 8:17

Hoy les mencionaré un curioso hecho que me llamó la atención no hace demasiado tiempo. En la última semana de enero, los corrillos portuarios comenzaron a anunciar la llegada de un grupo de buques de guerra. Tras celebrarse la pertinente reunión organizada por la Comandancia Naval de Málaga para tratar todos los aspectos relativos a la visita, un par de días antes de la entrada de los barcos, se anunció la identidad de éstos. Se trataba de la Standing Nato Mine Countermeasures Group 2 (SNMCMG2), o lo que es lo mismo, un grupo multinacional de cazaminas acompañados por una fragata que bajo el pabellón de la OTAN navegan permanentemente realizando todo tipo de ejercicios y maniobras navales. Pero dejando a un lado lo complicado de estas impronunciables siglas (en otra ocasión les hablaré de la infinidad de siglas que las marinas de guerra usan en nuestros días), la agrupación, que así es como se suelen denominar a estas reuniones de barcos, finalmente llegó a Málaga. Con algunas variaciones sobre los planes iniciales, el día 6 de febrero atracaba en el muelle número dos una fragata italiana, llegando dos días después un cazaminas de nacionalidad turca.

Y aunque éstos eran los buques anunciados, amarrada en las aguas malacitanas, la agrupación SNMCMG2, cuando menos, y siendo generoso con las palabras, se mostraba algo escasa. Teniendo en cuenta que en otras ocasiones esta misma escuadra ha visitado Málaga con muchos más barcos, el hecho de que ahora sólo esté compuesta por una fragata y un cazaminas, resulta algo verdaderamente curioso. Una circunstancia momentánea que llama la poderosamente atención cuando a dos únicos buques de guerra se les denomina como agrupación.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFragata y cazaminas que forman la agrupación SNMCMG2 en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de marzo de 2015.

El trasatlántico de Melilla

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de febrero de 2015 a las 8:37

El 23 de septiembre de 2006, el ferry Juan J. Sister llegaba a aguas malacitanas para hacerse cargo de la titularidad de línea del mar de Alborán. Sustituyendo al Ciudad de Valencia, este buque, comenzaba una larga historia de navegaciones diarias que los ha mantenido unido a Málaga hasta noviembre de 2014.

Construido entre los años 1992 y 1993 en los astilleros finlandeses Kvaerner Masa-Yards Inc., este ferry, era entregado oficialmente a Trasmediterránea el 12 de mayo de 1993, comenzando desde aquel instante una carrera que, hasta la fecha, lo ha vinculado fundamentalmente a Canarias y al puerto de Málaga.

Bautizado en esta columna como el Trastlántico de Melilla, el Juan J. Sister, tercero de una saga de barcos con el nombre de uno de los cofundadores de la Compañía Valenciana de Navegación (embrión de la Trasmediterránea), desde su llegada a aguas malagueñas revolucionó la historia de los Melilleros con un aspecto muy diferente al de los anteriores barcos que habían navegado en esta línea y unas muy superiores capacidades.

Con las incidencias propias de un buque que a diario cubre una ruta fija, quizás, y dejando un a lado el accidente que hace unos días lo llevó a todas las portadas de los periódicos malagueños, el más significativo hecho vivido por este ferry durante sus años como Melillero ocurría en 6 de marzo de 2010, cuando un fuerte temporal lo mantuvo cerca de ocho horas en la bahía malacitana a la espera de poder entrar en puerto.

Una intachable carrera repleta de normalidad y buen hacer, que quedará sumida en el olvido cuando se hable del Trasatlántico de Melilla, y sólo se recuerde a este barco como el que chocó contra el muelle uno y hundió un velero en febrero de 2015.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl JUAN J. SISTER entrando en Málaga el 23 de septiembre de 2006.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de febrero de 2015.

Antifaces y disfraces crucerísticos

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de febrero de 2015 a las 9:17

Durante muchos años, el carnaval en España fue una fiesta prohibida. Salvando algunos bailes de disfraces celebrados siempre bajo techo, la posibilidad de salir a la calle auspiciados por Don Carnal, constituyó durante muchas décadas una actividad no exenta de peligros.

En el mundo crucerístico, desde que éste existe como tal, los viajes realizados en febrero, siempre han incluido alguna que otra celebración carnavalesca; un hecho que en determinadas circunstancias, ha centrado la mayoría de las actividades a bordo.

Realizando una ruta por el Mediterráneo y el Atlántico, el 28 de febrero de 1965, el buque de crucero Agamemnon, procedente de Génova, atracaba en el muelle número dos.

Con la previsión de salir al día siguiente con destino a Las Palmas, las actividades de los 170 pasajeros que venían a bordo del barco de la compañía griega Dorian Cruises, sólo se limitaron a una serie de recorridos a pié por las calles de la ciudad.

Probablemente con el recuerdo de alguna fiesta celebrada a bordo, un grupo de turistas, la mayoría de ellos norteamericanos, desembarcaba del Agamemnon ataviados con antifaces y aderezos carnavalescos. Ante la atónita mirada de los guarda muelles que no supieron cómo reaccionar, los pasajeros del buque salieron del puerto buscando vino y tapas de la tierra. A pocos metros del recinto portuario, dos policías, paraban a los turistas para pedirles explicaciones sobre sus atuendos y antifaces.

Ante las dificultades para entenderse, los agentes de la autoridad acompañaron a los pasajeros al Agamemnon, donde un policía avisado ex profeso y que sabía inglés, explicó a los turistas que las salidas a la calle para celebrar el carnaval estaban prohibidas.

Agamemnon-23AGAMEMNON, el buque que trajo a los turistas norteamericanos que salieron a la calle disfrazados de carnaval.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de febrero de 2015.

El pasado existe

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de febrero de 2015 a las 9:24

Aunque los acontecimientos del pasado no suelen interesar demasiado, quizás, un somero vistazo a lo que años atrás se vivió en las aguas malacitanas, evitaría alguna que otra metedura de pata si hablamos, por ejemplo, de escalas crucerísticas.

Sin olvidar; y por supuesto, valorando muy mucho las últimas visitas de los más importantes buques de turistas que navegan por el mundo, pensar que el éxito crucerístico malagueño tan sólo se remonta unos cuantos años atrás, es, por decirlo de alguna manera, un importante error que, en mi modesta opinión, debería ser subsanado por los que casi a diario nos venden las excelencias de los atraques de este tipo de barcos.

Y aunque existen infinidad de ejemplos (y no exagero), hoy les hablaré de una significativa visita acontecida en el año 1952. Realizando un viaje turístico de 60 días en los que se tocaban 17 países diferentes en 21 escalas, el 15 de febrero, llegaba procedente de Gibraltar el Britannic. Navegando bajo la contraseña de la compañía Cunard Line, este trasatlántico de 26.943 toneladas de registro bruto y 217 metros de eslora, construido por encargo de la naviera White Star line, la propietaria del afamado Titanic, realizaba uno de los pocos viajes turísticos que cumplimentó en su prolongada vida de mar.

Fondeado en la bahía y con 500 turistas norteamericanos, el Britannic, al que le esperaban 6 autobuses y un considerable número de taxis (algunos de ellos venidos de otras provincias andaluzas), tras desembarcar a la gran mayoría de sus pasajeros para que visitaran Granada, permaneció en aguas malacitanas durante dos días. Unas intensas jornadas de turistas de barco que nada tienen que envidiar a las que se viven en nuestros días.

Britannic-15Trasatlántico BRITANNIC que visitó Málaga con turistas en febrero de 1952.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 10 de febrero de 2015.