La mar de Historias

Azul turquesa

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de septiembre de 2020 a las 12:50

Probablemente, uno de los más famosos barcos de la historia sea el segundo Caronia; un mítico trasatlántico precursor de los actuales buques de crucero. Pero con independencia de sus características y curiosidades, sin duda alguna, este barco que visitó Málaga entre 1950 y 1967 fue conocido internacionalmente por la vistosa pintura de su casco; una obra no repetida hasta la fecha que mostraba sobre él cuatro diferente tonos verde manzana, un hecho que otorgó el sobrenombre de La Diosa Verde: The Green Goddess.

Y aunque ya en otras ocasiones les he comentado aspectos sobre las decoraciones de los cascos de los barcos, sólo habría que recordar el tornasolado azul violáceo que en mayo de 2001 mostró en aguas malagueñas bulkcarrier de la compañía Polish Steamship Irma, hoy, retomando el asunto, les reseñaré la visita de un barco que hace unos días llamó poderosamente la atención.

Procedente del puerto italiano de La Spezia y con destino a Rotterdam, el buque de carga general Marietje Deborath amarraba en el muelle seis para, a cargo de la casa Servimad Global, cargar 6.500 toneladas de dolomita.

Construido en 2011 los astilleros holandeses Stroobos por encargo de la compañía Royal Wagenborg, este barco de 126 metros de eslora y 5.418 toneladas de registro bruto, junto con sus otros dos gemelos, participa de la curiosa singularidad cromática de su casco que, con la posibilidad de poder surcar mares helados, muestra un nada habitual color azul turquesa.

Disponiendo además de una iluminación exterior azul eléctrico, otra singularidad que llama poderosamente la atención, el Marietje Deborath que presenta una estilizada chimenea, en su proa posee un mirador acristalado; una verdadera rareza muy difícil de ver.

Y si bien todos estos detalles, al que habría que añadir que el mástil de su bandera está posicionado tras la chimenea y no fijado a popa como en la gran mayoría de los barcos, lo verdaderamente destacable de este mercante es el inusual color de su casco. Una tonalidad que llamó la atención de los estibadores que se ocuparon de su carga y la de los prácticos que, a su bordo, realizaron las maniobras de entrada y salida de este barco pintado de azul turquesa.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMARIETJE DEBORAH.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de septiembre de 2020.

Holandeses especiales

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de septiembre de 2020 a las 9:54

Hace ya algunos años, en esta misma columna les conté cuales eran las principales características de los denominados barcos de cargas especiales. Dedicados como su nombre indica a transportar mercancías que no son fácilmente adaptables en buques de carga general, a bordo de este tipo de barcos se pueden ver todo tipo de cosas. Desde grandes tuberías o estructuras, pasando por grúas de todo tipo y terminando por pequeños barcos entre otras muchas cosas, las navegaciones de estos buques han aumentado mucho en los últimos años; una circunstancia que también ha sido visible en las aguas de puerto malagueño.

Con el recuerdo de aquel extraño buque que se llevó y trajo las grúas de la terminal de contenedores, hoy les hablaré de los cuatro barcos de cargas especiales que, hasta la fecha, han llegado a Málaga en lo que llevamos de año. El 14 de febrero, procedente de Las Palmas y con destino a Gibraltar, el muelle de levante recibió al holandés Eemslift Dafne que atracaba en escala técnica. Poco tiempo después, y ya en estado de alarma por la pandemia del Covid-19, el 23 de marzo atracaba en el muelle número seis el Eemslift Hendrika. Gemelo del que había amarrado en febrero, este buque que llegaba de Alcudia y seguía destino a Rotterdam, desembarcaba en aguas malacitanas una lancha para embarcar un pequeño yate.

Varios meses después, el 16 de junio, el muelle siete recibía al buque Jumbo Vision que, en un viaje entre Cádiz y Motril ejecutaba la carga de tres transformadores para, cambiando del muelle seis al siete, efectuar la carga de una grúa móvil.

Tras aquella operativa, el 8 de agosto, procedente de Sagunto y con destino a la localidad francesa de Honfleur, atracaba en el muelle seis el Atlantic Dawn que llegaba para descargar dos transformadores.

Narrada esta secuencia de atraques, lo más curioso de estos barcos llegados son sus coincidencias. Luciendo todos ellos bandera de Holanda, tres de ellos, los amarrados en febrero, marzo y agosto son gemelos; unos hermanos que navegan bajo la contraseña de dos navieras diferentes. Unos barcos especiales de cargas especiales que, muy probablemente, en este año tan complicado, vuelvan a verse por aguas malagueñas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEEMSLIFT DAFNE

Eemslift Hendrika 23-III-20 RomiEEMSLIFT HENDRIKA

OLYMPUS DIGITAL CAMERAJUMBO VISION

OLYMPUS DIGITAL CAMERAATLANTIC DAWN

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de septiembre de 2020.

Megayates a vela

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de septiembre de 2020 a las 13:12

Con la aspiración de que el puerto de Málaga se convierta en unos meses en un centro internacional donde recalen los más selectos megayates del mundo (hasta el momento sin una marina especializada han venido mucho de estos barcos), hoy les contaré algunas peculiaridades de los grandes yates privados a vela.

Con el recuerdo de veleros tales como el Salperton 1, el malogrado My Song o el Aiaxaia, hace unos días atracó en el muelle número dos el Twizzle que, con sus 57 metros de eslora se convierte uno de los más grandes yates privados a vela que han visitado las aguas malagueñas en los últimos años.

Pero antes de contarles algunas de las curiosidades de este barco, les diré que al igual que los grandes buques de recreo privado sin velas y aquí habría muy pocas excepciones, la gran mayoría de estos yates pueden ser alquilados. A unos precios exorbitantes, navegar durante una o dos semanas en el barco de un magnate de los negocios o de un mediático personaje es una realidad sólo al alcance de muy pocos bolsillos.

Aclarada esta muy especial circunstancia que por otra parte permite pagar los muchos gastos que generan este tipo de yates, ahora les hablaré sobre el Twizzle que la semana pasada visitó las aguas malagueñas atracando frente al palmeral de las Sorpresas.

Construido en 2010 en los astilleros holandeses Royal Huisman, una empresa especializada en la fabricación de grandes veleros, este barco de dos mástiles con casco y superestructura de aluminio, fue propiedad hasta 2016 de Michael Bradfiel, un hombre de negocios británico dedicado a los seguros médicos que pagó por él 45 millones de dólares. Firmado su diseño exterior por Dubois Naval Architects y su decoración interior por Todhunter Earle Associates, ambos primeros espadas en la industria de este tipo de barcos, el Twizzle puede albergar entre 8 y 9 pasajeros repartidos en cuatro camarotes. Tripulado por 11 personas, este gran velero que destaca por su amplitud de espacios y por disponer a popa de una plataforma retráctil diseñada para baños y deportes acuáticos, en la actualidad ofrece alquileres que, en temporada de verano e invierno, oscilan entre los 235.000 y 275.000 euros por semana.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATWIZZLE atracado frente al Palmeral de las Sorpresas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de septiembre de 2020.

El CALYPSO

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de septiembre de 2020 a las 10:09

Hoy les contaré la historia de un buque de crucero de otra época. Y aunque su larga vida de mar se extendió a algo más de la primera década del siglo XXI, la biografía de este barco constituye la prototípica carrera de muchos buques del pasado donde el concepto de los viajes turísticos por mar eran algo muy diferente a lo que hoy se hace.

En mayo de 1995, el Calypso llegaba por primera vez a Málaga. Realizando un viaje por el Mediterráneo, este buque que se estrenaba en aguas malacitanas bajo la contraseña de la compañía alemana Transocean Tours, amarró en el muelle 3-A3, un atraque propio de un ferry y por aquellos años era de uso habitual para los buques de crucero.

Casi al completo de pasaje, su capacidad máxima era de 740 personas, aquella escala malagueña de 16 horas se saldó con diferentes excursiones a pie por la ciudad y muchos recorridos en coches de caballo.

Pero dejando por un instante su trayectoria malacitana, les diré que este buque fue construido en 1967 como un ferry en los astilleros Italcantieri. Bautizado con el nombre Canguro Verde, su primera ruta con pasajeros, vehículos y carga rodada la ejecutó entre los puertos de Génova, Barcelona, Cagliari y Porto Torres; una línea que con algunas variaciones mantuvo hasta 1981. Tras cambiar varias veces de armador y llevar diferentes nombres, entre 1992 y 1994 fue transformado en un buque de crucero, navegando muy pocos meses como Regent Jewel para ser rebautizado en 1994 como Calypso. Manteniendo este nombre algo más de una década, este barco de 135 metros, ocho cubiertas para el pasaje y que se publicitaba por llevar un sistema completo de aire acondicionado, entre 1995 y 1998 completo seis visitas a Málaga.  Realizando siempre escalas superiores a 15 horas, los atraques del Calypso, como los de otros muchos buques que por aquellos años visitaban el puerto malagueño, participaban de la peculiaridad de congregar a muchos taxis y coches de caballo; una forma muy habitual de realizar excursiones nada parecidas a las que hoy se ejecutan.

Tras ser renombrado en 2007 como The Calyso, este veterano terminaba su vida desguazado en las playas indias de Alang en abril de 2013 rebautizado para su muerte como Caly.

Calypso 28-IX-97CALYPSO en una de sus escalas malagueña atracado en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de septiembre de 2020.

¿A qué huele el puerto?

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de agosto de 2020 a las 8:49

Hoy me gustaría comenzar haciéndoles la pregunta ¿A qué huele el puerto de Málaga? Respondiendo con una imagen poética, el puerto malagueño olería a mar y salitre, unas cualidades olfativas que encajarían muy bien con las muchas y muy diferentes reseñas líricas que, a lo largo de la historia, escritores y poetas han plasmado en sus obras al reflejar el tópico de la Málaga marinera.

Pero, bajando de la nube inspirada por las musas y ya con los pies en la tierra, el puerto malacitano también olería a guano; una no muy conocida palabra que alude a la acumulación de los excrementos de las muchas aves marinas que habitan los muelles.

Fijadas las imágenes poéticas y las que no lo son tanto, el puerto de Málaga huele a otras muchas cosas; unos olores que tanto en el pasado como en la actualidad dibujan una amplia paleta de sensaciones olfativas donde predominan efluvios que en la mayoría de los casos no suelen ser agradables.

Con el recuerdo del orujillo, que hace años despertó una verdadera batalla mediática en la que los muelles malacitanos salieron perdiendo, en julio de 2018, el puerto volvió a ser protagonista por su olor. Un nauseabundo hedor, emitido durante no demasiado tiempo por un barco de transporte de ganado, impregnó la mucosa nasal de muchos malagueños; un hecho que se vio incrementado cuando todo el mundo comenzó a hablar sobre aquella tarde en la que el puerto inundó a Málaga de olor a establo.

Y si bien los olores, especialmente los no demasiado agradables, son algo consustancial con un lugar donde se mueven mercancías de todo tipo, a fecha de hoy, les diré a qué huele el puerto de Málaga.

Si entrar en disquisiciones, desde hace muy pocos días el puerto malagueño despide efluvios a madera quemada y espetos de sardina; unos aromas de chiringuito, o si lo prefieren de merendero de playa que sí se acercan a las imágenes poéticas de la mar y el salitre. Una nueva percepción olfativa qué en horarios de almuerzo y cena, seguramente servirá para tapar otros muchos olores; unos aromas portuarios que, procedentes de los muelles, recuerdan las muchas y muy diferentes mercancías que traen y llevan los muchos o pocos barcos que llegan al puerto de Málaga.

WhatsApp Image 2020-08-24 at 14.19.10Espetos en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de agosto de 2020.

Primer aniversario

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de agosto de 2020 a las 10:48

Este año, de no estar inmersos en la crisis del coronavirus, la Feria malagueña habría tenido la peor cifra crucerística de su historia. Si se hubieran cumplido las previsiones, entre los días 15 y 22 de agosto sólo un buque de turistas habría escalado en aguas malacitanas; un hecho que ratifica el escaso interés que las navieras dedicadas a este negocio tienen por las fiestas veraniegas malacitana.

Pero dejando a un lado esta circunstancia, hoy les contaré qué es lo que se coció en las aguas del puerto malagueño durante la Feria de 2019. Comenzando con el tráfico turístico, el año pasado, entre las jornadas del 14 al 24 de agosto atracaron seis buques de crucero; una cifra que constituyó la segunda mejor en la última década. Ante estos números, lo que más destacó en lo que hace referencia a los tráficos, fue el movimiento de portacontenedores que, durante esos días de fiesta, reflejó nueve escalas cumplimentadas por ocho barcos diferentes. Atendiendo al tránsito de mercancías, el puerto malacitano gestionó nueve atraques: cuatro de mercantes con graneles, dos de cocheros y tres escalas del buque de carga rodada Festivo.

En lo referente a las líneas regulares, Baleària mantuvo su ruta diaria con el ferry Sicilia, mientras que Trasmediterránea, además de los viajes con el Ciudad Autónoma Melilla que hizo un doblete en una jornada, añadió un refuerzo con el catamarán rápido Champion Jet 1.

Esbozados estos movimientos; unos tráficos nada influenciados por los días de fiesta salvo por el doblete del Melillero y el refuerzo del catamarán rápido, lo más destacado en aquellas jornadas festivas fue el escape de combustible que realizó el ferry Sicilia.

En la noche del jueves 15 de agosto, atracado en el muelle 3-A3, el buque de Baleària vertía a las aguas portuarias 9.000 litros de gasoil. Activados los protocolos anticontaminación, aquel escape que fue atacado desde el minuto cero fue controlado en pocas horas; quedando resuelto el problema en algo menos de 48 horas.

Un suceso del que se cumple ahora un año y qué sin duda alguna, olvidándonos de los cruceros o los portacontenedores, constituyó lo más destacado durante los días de Feria de 2019 en el puerto malacitano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABarreras anticontaminación en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de agosto de 2020.

El VISTAMAR en Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de agosto de 2020 a las 12:16

El hundimiento el pasado 4 de agosto del buque de crucero Orient Queen en las aguas del puerto de Beirut, constituye uno de los más graves accidentes marítimos ocurridos a un buque de crucero en los últimos años.

Con la dramática imagen de este barco sumergido, hoy les contaré la historia malagueña de este buque; una trayectoria que se prolongó durante 14 años.

Construido entre 1988 y 1989 en los astilleros de la Unión Naval de Levante, este buque que fue bautizado como Vistamar, comenzó a navegar gestionado por una empresa española. Con 128 metros y capacidad para 300 pasajeros, nuestro protagonista de hoy, concebido para realizar itinerarios únicos y operar alquilado por diferentes compañías, se estrenaba en aguas malagueñas en septiembre de 1989.

Tras aquella escala, este barco que cambiaba su original bandera panameña por la española en 2000 y comenzaba a lucir la matrícula de Santa Cruz de Tenerife, siguió visitando Málaga; un hecho que repitió en 81 ocasiones hasta febrero de 2012, fecha en la que, antes de ser rebautizado, atracaba por última vez en el puerto malagueño.

Ante esta circunstancia, y con el añadido de que la biografía de este barco ya perdido pasó con posterioridad por otros tres nombres diferentes: Orient Queen II, Med Queen y Orient Queen, las muchas llegadas a Málaga generaron una serie de interesantes historias.

En abril de 2001, procedente de Sevilla y con destino a Motril, el Vistamar, amarrado en el muelle uno llegaba después de haber sufrido días antes un significativo incendio en su sala de máquinas. Tras una escala en 2004 en la que atracado en el muelle dos permaneció significativamente escorado a estribor durante toda su estancia, en 2011, en este mismo muelle, el Vistamar cumplimentó una larga visita de 27 días; un amarre que empleó para realizar diferentes reparaciones.

Pero con independencia de estas y otras historias, muchas de ellas me las dejo en el tintero, quizás, la más significativa estancia del Vistamar en Málaga ocurrió en febrero de 2012. En lo que fue su última escala malacitana, este barco cambiaba de armador y con destino al puerto italiano de Crotona, salía para cambiar su original nombre de bautismo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVISTAMAR en una de sus 81 escalas en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 11 de agosto de 2020.

 

 

El AIDASTELLA

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de agosto de 2020 a las 11:19

Hoy, de no estar inmersos en la crisis del coronavirus, el puerto malacitano habría recibido al buque de crucero Aidastella. En una escala entre las ocho de la mañana y las seis de la tarde, este barco, ya habría cumplimentado cinco atraques, teniendo previsto finalizar 2020 con un total de 10 visitas.

Ante estos números y con la previsión, aunque tal vez mejor decía decir la esperanza, de que este buque podría ser el primero que retomar la actividad crucerística en septiembre, hoy les contaré la historia malagueña de este barco.

Construido en los astilleros alemanes Meyer, el Aidastella, séptimo de una serie denominada Sphinx, iniciaba su vida de mar en marzo de 2013. Con 71.304 toneladas de registro bruto, 253 metros y una capacidad máxima para 2.700 pasajeros repartidos en 1.096 camarotes de 14 categorías diferentes, este barco, luciendo sus llamativos labios a proa y sus ojos que recuerdan a los de las barcas de jábega, realizaba su primera escala malacitana en abril de 2015. Procedente de Cádiz y con destino a Mallorca, el Stella, atracado en el muelle norte de la estación marítima de levante se estrenaba en una visita de once horas y media trayendo a su bordo a 2.218 turistas.

Con posterioridad a aquel estreno, este barco de 14 cubiertas ha realizado hasta el momento un total de 20 escalas; unos atraques en los que cabría destacar su amplio programa de excursiones y sus ya clásicas rutas en bicicleta; una de las principales señas de identidad dentro las actividades en tierra de los buques de Aida Cruises.

Convertido como la gran mayoría de sus hermanos de naviera en unos habituales y con la esperanza de que los barcos de los labios rojos a proa programen en un futuro cercano rutas con salidas y llegadas desde Málaga, el Aidastella participó en abril de 2019 en un día de récord. En aquella jornada, además de pernoctar por primera vez en aguas malagueñas, nuestro protagonista de hoy compartió atraque con cinco buques turísticos más. Y ya, con este hecho histórico en su biografía, el Stella, en octubre de ese mismo año coincidió en un mismo día con su hermano Aidacara, siendo aquella fecha la primera en que dos buques Aida atracaban juntos en el puerto malacitano.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAIDASTELLA en una de sus escalas malagueñas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de agosto de 2020.

SOVEREIGN In memoriam

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de julio de 2020 a las 9:57

 

El viernes 29 de mayo de este año, entre las doce de la mañana y las seis de la tarde, el buque de crucero Sovereign realizó su última escala malagueña. Algo más de dos meses después de este atraque, en concreto el pasado día 23 julio, este barco era varado en las playas turcas de Aliaga para ser desguazado.

Y aunque su normal trayectoria crucerística en aguas malagueñas no ha sido muy significativa, sólo se le pueden contabilizar 13 escalas, sus últimos meses de vida sí que están muy relacionados con el puerto malacitano.

Así pues, con esta muy especial significación, hoy les contaré la trayectoria de este barco; un buque construido en los astilleros franceses Chantiers de l’Atlantique y que dio nombre a una clase de tres gemelos. Bautizado el 15 de enero de 1988 con el nombre Sovereign of the Seas, este barco propiedad de Royal Caribbean iniciaba su vida mar un día después desde el puerto de Miami. Considerado en aquella fecha el buque de crucero más grande del mundo, este barco, además de participar de otras muchas innovaciones, fue el segundo tras el Song of America en lucir un mirador de 360 grados alrededor de su chimenea. Esta estructura denominada como la corona vikinga, y que es una característica distintiva de Royal Caribbean, fue ampliada superando la que llevaba de 180 grados el Song of Norway el primer buque de turistas de esta compañía.

Después de cumplimentar unos exitosos años bajo la contraseña de esta naviera, en 2008 transferido a Pullmantur Cruises, comenzando en marzo de 2009 nueva andadura rebautizado como Sovereign. Ya con esta compañía y tras una primera escala malagueña en noviembre de 2011, dos años más tarde, este buque visitaría por segunda vez Málaga luciendo los mismos colores y logotipo con los que hace tan solo unos meses se despediría para no volver.

Con 13 escalas con pasaje mas tres atraques ya inmerso en la crisis del coronavirus, el Sovereign, que permaneció 58 días amarrado en Málaga instauró las pitadas solidarias y donó alimentos a los más desfavorecidos; unas tristes circunstancias que ahora, a la espera de que comience su destrucción en Turquía, ya lo han convertido en una parte de la historia marítima del puerto malagueño.

Sovereign marcha a Gibraltar 17-V-20 (104)SOVEREIGN saliendo de Málaga tras permanecer 58 días atracado.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de julio de 2020.

La pértiga

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de julio de 2020 a las 9:19

Seguro que muchos de ustedes recuerdan la película “La Ley del Silencio”. Protagonizada por Marlon Brando, aquella oscarizada cinta narraba una dramática historia centrada en la vida de los estibadores del puerto de Nueva York. En muchos momentos de esta película, especialmente en los que se aprecia la labor de estos trabajadores, se pueden ver los ganchos que estos estibadores usaban sus tareas diarias en la carga y descarga de barcos.

Estos garfios, que con variaciones se usaban en todos los puertos del mundo, eran unas herramientas manuales compuestas por un mango, que solía ser de madera, unido a un gancho metálico con el que se trabajaba sobre cargas en movimiento.

Y aunque este instrumento se convirtió en el emblema internacional de los estibadores, en el puerto malagueño, en las no demasiadas reseñas que se encuentran al respecto de estos trabajadores en diferentes documentos, pocas veces se habla de estos garfios.

Y si bien los ganchos también debieron ser usados por estos lares, los trabajadores dedicados a la carga y descarga de barcos en Málaga sí que emplearon una herramienta similar; una variante que aparece descrita en algunas reseñas y que aquí se denominó como la pértiga.

Construida con madera y metal, la pértiga era una vara de entre dos y tres metros que en sus extremos llevaba unos elementos que facilitaban los trabajos a distancia de los cargadores y descargadores malacitanos.  Aquella herramienta, en una de sus puntas llevaba anclado un gancho; un garfio de mayores dimensiones a los que se usaban de forma manual. En su extremo opuesto, la pértiga mostraba un tope; una plancha metálica que estaba encajada perpendicularmente a la vara en forma de T.

Con este instrumento, los estibadores malagueños podían dirigir a distancia las mercancías que colgadas salían o entraban de las bodegas de los barcos, amén de empujar cajas, toneles o sacos que se apilaban a diversas alturas.

Una curiosa y nada conocida herramienta portuaria que muy probablemente derivó de las varas que en el siglo XVII usaban en los muelles malagueños los Palanquines; unos trabajadores de los que ya les hablé y que empleaban un largo palo para, haciendo palanca, mover las mercancías.

Gancho                  Gancho similar a la pértigade los estibadores malagueños.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de julio de 2020.

Otro Baleària

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de julio de 2020 a las 10:29

El 15 de febrero de 1980, los astilleros Wärtsilä Perno ubicados en la localidad finlandesa de Turku botaban un ferry que fue bautizado como Viking Song. Adscrito a la compañía Rederi Ab Sally, vinculada con la naviera finesa Viking Line, este barco comenzaba a navegar el 30 de agosto de ese mismo año en una línea regular entre Helsinki y Estocolmo.

Y mientras esto ocurría y este recién estrenado ferry surcaba los mares nórdicos, aquí, cubriendo la ruta de Melilla, los recordados Antonio Lázaro y Vicente Puchol, unos barcos construidos respectivamente en 1968 y 1969, seguían navegando a la espera de ser sustituidos.

Pero regresando a nuestro protagonista de hoy, tras cumplimentar cinco años en estas singladuras, la biografía del Viking Song comenzó una muy singular trayectoria repleta de ventas y alquileres. Tras ser renombrado como Braemar, Báltica, Anna Karenina y Anna K, en 1996, este ferry de 145 metros recibía el nombre de Regina Báltica; una denominación con la que desde entonces ha navegado para muchas y muy diferentes compañías.

Con peculiaridades tales como haber sido usado para el transporte tropas rusas durante un tiempo, haber sufrido un grave incendio o haber sido alquilado por la OTAN además de ser usado en varias ocasiones como un hotel flotante, este ferry que ha navegado bajo seis banderas diferentes, en 1997 era adquirido por Baleària, convirtiéndose en aquel momento en el buque con mayor capacidad de pasaje de esta naviera española. Mantenido a fecha de hoy este récord, el veterano Regina Báltica que puede embarcar, según datos de la naviera, a un total de 1.675 pasajeros, hace unos días llegaba al puerto de Málaga para, de una forma provisional y tras haber permanecido durante seis meses parado en aguas valencianas, hacerse cargo de la ruta del mar de Alborán.

Mostrando su matrícula chipriota y la imagen de un ferry propio del norte de Europa con cuarenta años de edad, el Regina Báltica se convierte en el undécimo buque de Baleària que desde el 19 de diciembre de 2016 ha cubierto desde Málaga la línea melillense.  Todo un récord que tal vez, en no demasiado tiempo, nos permitirá ver otros barcos de esta naviera en aguas malagueñas.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAREGINA BALTICA en su primera entrada a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de julio de 2020.

El barco pedrero

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de julio de 2020 a las 7:21

Si han estado en la playa de La Malagueta o han paseado por su paseo marítimo, tal vez se habrán fijado en un extraño barco que desde hace días permanece fondeado en la bahía. Luciendo el nombre Simon Stevin, el de un científico belga que vivió entre 1548 y 1620, este buque abanderado en Luxemburgo, está clasificado como Pull Pipe & Mining; una denominación que podríamos traducir calificándolo como un buque pedrero, le explico.

Construido en los astilleros vizcaínos La Naval entre 2007 y 2009, este barco entregado en febrero de 2010 a la compañía belga Jan de Nul, realiza trabajos de carga y depósito de rocas y piedras en los fondos marinos empleando un sistema de tubería de descarga vertical para cubrir zanjas a una profundidad máxima de 2.000 metros. Esta labor, que suele el complemento en la instalación de sistemas de cableado y gaseoductos necesita del uso de un barco con unas características muy especiales.

Considerado como el barco pedrero más grande del mundo, el Simon Stevin, de 191 metros de eslora y 40 de manga, dispone de dos tolvas que le permiten almacenar un total de 33.500 toneladas de piedras; una capacidad que se gestiona en las operaciones de carga y descarga gracias a dos grandes grúas y dos cintas transportadoras que facilitan el movimiento de esta carga.

Pero con independencia de estos elementos, sin duda alguna, lo más interesante de este barco es su sistema de tubería de descarga; un sofisticado mecanismo que permite alojar las piedras casi de forma milimétrica en el fondo marino. Acoplando en vertical segmentos de 12 metros, el Simon Stevin puede montar 180 tramos de una tubería de 100 centímetros de diámetro en menos de seis horas; una longitud similar a la de un edificio de ocho plantas por donde se deslizan piedras de hasta 40 centímetros de diámetro.

Disponiendo, y esto es fundamental, de un sistema de posicionamiento dinámico que lo mantiene inmóvil en un punto de la mar aún con olas de 4,5 metros, este buque, que además lleva un helipuerto, puede embarcar a 70 personas repartidas en sus siete cubiertas.

Un tipo de barco que nunca hasta la fecha había venido a Málaga y que desde hace unos días permanece fondeado en la bahía esperando órdenes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Simon Stevin 2-VII-20 Dani (5)Buque pedrero SIMON STEVIN fondeado en la bahía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de julio de 2020.

Piedras preciosas

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de junio de 2020 a las 8:24

Con el horizonte crucerístico aún lejos de Málaga, hoy les contaré la historia de tres históricos barcos; un terceto que hace ya algunos años pasó por las aguas malacitanas. Luciendo todos denominaciones de piedras preciosas o semipreciosas: The Topaz, The Emerald y Sapphire, cumplimentaron entre 1997 y 2001 una serie de escalas bajo la contraseña de una misma compañía; una naviera que muchos años más tarde regresaría al puerto de Málaga con unos buques de crucero nada parecidos a aquellos clásicos.

Atendiendo a su fecha de llegada,  en 1997, el primero que nos visitó fue The Emerald que, en una primera escala de 17 horas atracó en el pantalán de levante. Luciendo la marca de Thomson Holidays (lo que ahora es Thomson Cruises), este buque construido en Estados Unidos en 1958, tras operar como un barco de línea con el nombre Santa Rosa y ser reconvertido en buque de crucero en 1990, llegaba a Málaga tras haber navegado con cinco nombres diferentes. Cumplimentada aquella escala, la esmeralda efectuó otras cuatro más, siendo su última visita la realizada en agosto de 2001.

Y mientras The Emerald seguía en activo, en abril de 1998 el puerto malagueño recibió a The Topaz. Construido en escocia en 1955 y bautizado como Empress of Britain, este barco acristianado por la reina Isabel II de Inglaterra, tras cumplir una larga carrera como buque de línea se reconvertía en un barco de turistas en la década de 1970.  Habiendo lucido hasta entonces cinco nombres diferentes, lo mismo que The Emerald, el topacio realizó una única escala en Málaga; un prolongado atraque de 18 horas y 30 minutos en el muelle número dos.

Construido entre 1965 y 1967 en Italia como un buque de crucero, el Sapphire apareció por primera vez por aguas malagueñas mayo de 1999. Con la particularidad de haber navegado desde que fue bautizado con el nombre Italia con siete nombres distintos, este buque, que en 1993 se hundió en el Amazonas y fue reflotado, se posicionaba en Málaga para cumplimentar una campaña crucerística de 27 escalas; una temporada que repetiría con tres visitas en el año 2000.

Tres clásicos de otra época que pasaron por Málaga cuando la industria crucerística era muy diferente a la de ahora.

Sapphire - copiaSAPPHIRE en una de sus escalas malagueñas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de junio de 2020.

El último velero

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de junio de 2020 a las 8:35

Aunque ya les he contado la historia de este barco, hoy retomo su biografía para narrarles un hecho vivido en aguas malacitanas hace ahora tres meses. Convertido en uno de los veleros más asiduos a los mulles malagueños en las últimas décadas, el Pogoria, constituye uno de los más destacados ejemplos de una filosofía de vida estrechamente vinculada a la mar.

Construido en 1980 en los astilleros Lenin de Gdansk, este bergantín goleta de tres mástiles de 48 metros de eslora y 290 toneladas de registro bruto,  comenzaba su carrera de la mano un muy interesante proyecto fundando en Polonia en 1971; una experiencia muy habitual en algunos países del norte de Europa, en los cuales, la educación de los jóvenes se complementa con diferentes periodos de vida en la mar.

Integrado en la delegación polaca de la Sail Training Association, una institución marítima educacional que embarca temporalmente a estudiantes, nuestro protagonista de hoy, además de realizar rutas por todo el mundo, desde sus inicios participó en las más significativas regatas internacionales.

Y aunque con anterioridad ya había visitado Málaga, su más recordada estancia fue la que durante algunos días lo mantuvo atracado en el muelle número uno con motivo de la celebración en julio de 2002 de la regata Cutty Sark; una mítica carrera de barcos de vela que este buque ganó en 1999.

Tras aquella escala, con posterioridad, el Pogoria ha frecuentado en muchas ocasiones las aguas malacitanas; unos atraques de inicio o final de navegaciones donde también se ha podido ver cómo los escolares reciben sus primeras enseñanzas náuticas antes de comenzar sus singladuras.

Ante esta habitualidad, el pasado 14 de marzo, este velero llegaba de urgencia al puerto malagueño. Con la prohibición establecida por el gobierno de España dos días antes para que ningún buque pudiera desembarcar pasajeros, el Pogoria, acogido a una excepción que, ya en estado de alerta por el coronavirus,  permitía desembarques antes del 15 de marzo, atracaba en el muelle número uno para quedarse tan sólo con su tripulación.

Cumplida esta operativa, el Pogoria salía día 15, siendo el último gran velero que ha surcado las aguas malagueñas desde entonces.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPOGORIA  desembarcando pasajeros atracado en el muelle uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de junio de 2020.

 

Ferris y repatriados

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de junio de 2020 a las 11:41

Cuando pasen algunos años y la pandemia provocada por el coronavirus solo sea un mal recuerdo, aparecerán de una forma documentada las muchas historias que se vivieron durante estos meses. En lo que hace referencia al puerto de Málaga, además de las narraciones de los tráficos y de las dificultades económicas, tendrán un especial protagonismo los viajes de repatriados que llegaron procedentes de Tánger.

Y si bien el puerto de Málaga no es la primera vez que recibe personas repatriadas; habría que remontarse a los muchos buques que trajeron a militares cuando se perdieron las colonias de Cuba y Filipinas, las llegadas de estas últimas semanas, repletas de historias personales de gentes atrapadas en un país extraño durante una alerta sanitaria, constituyen uno de los más significativos acontecimientos vividos por el puerto malacitano en lo que llevamos de siglo XXI.

Frente a estas circunstancias y manteniendo en la intimidad las muchas experiencias vitales de los repatriados, quizás sería bueno dar protagonismo a los barcos que han realizado estos viajes; unos buques muy diferentes a los que se vieron en similares circunstancias hace ahora 122 años.

Otorgadas estas navegaciones a las compañías Balerària y Trasmediterránea, tres han sido los barcos que hasta el momento han realizado estos viajes; unas rutas que Baleària, la cual ha llevado la mayor parte de peso de estas operaciones, ha gestionado con los ferris Martín i Soler y Bahama Mama, mientras que Trasmediterránea ha cubierto con el catamarán rápido Ciudad de Ceuta.

Y aunque podría contarles muchas cosas de estos barcos, les diré que dos de ellos participan de una coincidencia; un hecho que, relacionado con el puerto malagueño, significa aún más su participación en estos viajes especiales.

Atendiendo a la cronología de las llegadas, la primera la realizó el ferry Martín i Soler de Baleària que se estrenaba en aguas malacitanas. En una similar circunstancia, el catamarán rápido de Trasmediterránea Ciudad de Ceuta, que con anterioridad ya había visitado este puerto como Milenium Dos, también realizaba su primer atraque.

Dos primeras visitas en unos viajes que ya forman parte de la historia del puerto malagueño.

Martín i Soler repatriados Tánger 21-V-20 (11)MARTÍN i SOLER.

Ciudad de Ceuta 1ª VEZ repatriados móvil 10-VI-20 (2)CIUDAD DE CEUTA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de junio de 2020.

Registro bruto

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de junio de 2020 a las 13:10

Hoy comenzaré dándoles la definición de un término muy significativo a la hora de hablar de un barco. El arqueo o registro bruto, medido en toneladas, es la capacidad o volumen total de todos los espacios que se encuentran por debajo de la cubierta superior de un buque más los espacios cerrados que se disponen en la superestructura. Y si bien este dato tiene mucha utilidad para diferentes asuntos marítimos y portuarios; es determinante para las medidas de seguridad, el número de tripulantes o las tarifas portuarias entre otras muchas cosas, el GT (del inglés gross tonnage), nos da una idea el tamaño del barco en conjunto.

Hecha esta explicación y antes de hablarles del protagonista de esta columna, les mencionaré algunos de los buques con mayor GT registrados en los últimos tiempos. Con un registro bruto de 403.342 toneladas y una longitud de 382 metros, en el primer puesto de esta lista se encuentra el buque Pioneering Spirit dedicado desde 2016 a trabajar en la construcción y desmantelamiento de plataformas de petróleo y gas. Con una eslora de 380 metros y un registro bruto de 236.638 toneladas, el segundo puesto internacional lo ocupa el tanque químico FSO Asia, seguido por el portacontenedores MSC Gülsün de 232.618 toneladas de GT y 399 metros.

Vistos estos barcos y sin olvidarnos del buque de crucero Harmony of the Seas que, en sus dos visitas malagueñas mostró su registro de 226.838 toneladas (el mayor hasta la fecha de un buque de crucero), ahora les contaré el atraque que hace unos días tuvo el puerto malagueño.

Procedente de La Coruña y con destino a Cartagena, el muelle número siete albergó al bulk carrier Spring Glory que, consignado por la agencia Servimad Global, llegaba para descargar 14.500 toneladas de soja. Y aunque no se trató de la operativa más grande, este año un barco ya descargó 33.000 toneladas de granel agroalimentario, la presencia del Spring Glory destacó por ser la del granelero con mayor registro bruto que ha estado en las aguas malacitanas en los últimos años. Con un GT de 51.265 toneladas y 229 metros, a estos números habría que añadir el récord de tener 38 metros de manga; una anchura que nunca se había visto en un barco de estas características.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERASPRING GLORY atracado en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de junio de 2020.

El Lonero

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de junio de 2020 a las 11:20

Hace unos días, encontré un curioso documento que tenía olvidado en mi archivo. En esta reseña portuaria, se mencionaba con nombre apellidos a un estibador malagueño que desempeñaba una curiosa labor a pie de muelle.

Pero antes de hablarles de este señor, les contaré, aunque de esto ya he escrito en algunas otras ocasiones, cómo y cuándo apareció el término estibador en los puertos españoles. Mucho tiempo atrás, y podríamos remontarnos varios siglos, a pie de muelle existían múltiples personas encargadas de cargar y descargar barcos. En una reseña malagueña del siglo XVII, en los muelles malacitanos trabajaban en estas labores los palanquines, los cargadores y descargadores y los barqueros; unos oficios regulados que, con licencias especiales, sólo permitían a sus beneficiarios los trabajos que sus papeles les autorizaban.

Relajada aquella estricta jerarquía laboral, a finales del siglo XIX, los cargadores, denominados así sin especificar nada más, comenzaron a prescindir de aquellas licencias; un hecho que permitió que muchas más personas pudieran trabajar en los muelles. Manteniéndose las collas, los tradicionales grupos de trabajo al mando de un capataz, el intrusismo, ya entrado en siglo XX, propició en 1929 la creación de la Federación Nacional de Entidades Obreras de los Puertos de España; una agrupación que comenzó a funcionar en los muelles malagueños en 1931.

Organizado el trabajo, los cargadores (a partir de esa fecha ya se podría hablar de estibadores), unificaron sus cometidos para que cualquier miembro de una colla pudiera hacer lo que hiciera falta en las labores de la carga y descarga de barcos.

En esta coyuntura, volveré a nuestro protagonista de hoy, un malagueño de 32 años llamado Miguel López; un trabajador que en 1934 cargaba y descargaba barcos en los muelles malacitanos. Integrado en la colla de ‘el peinao’, este era el nombre su capataz, Miguel, además de otras muchas labores era ‘lonero’, un término inexistente en la lengua española que, en el coloquial portuario de Málaga, designada al encargado de cubrir y descubrir con lonas las mercancías que, depositadas en los muelles habían sido descargadas o estaban listas para cargarse.

carga generalCargas cubiertas con lonas en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 2 de junio de 2020.

De récord

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de mayo de 2020 a las 11:39

El lunes 7 de noviembre de 2016, el puerto de Málaga vivió una jornada histórica. En aquel día, tres de los cinco buques de crucero que hicieron escala en aguas malagueñas pertenecían a una misma compañía; una naviera, Holland America Line, muy asidua al puerto malacitano.

Realizando tres viajes trasatlánticos, y esta es otra significativa coincidencia, los buques Prinsendam, Oooesterdam y Eurodam compartieron unas horas juntos; una circunstancia de récord que aún no se ha superado.

Y aunque existen algunos antecedentes cercanos relacionados con Trasmediterránea, que sí ha congregado en varias ocasiones a tres de sus barcos, la circunstancia de que todos ellos estuvieran en activo nunca se ha dado.

Frente a este hecho, hace unos días, el puerto tuvo la suerte de ver nuevamente juntos a tres barcos de una misma naviera; tres ferries de la flota de Baleària que coincidieron juntos durante unas horas.

Después de haber realizado un viaje desde Tánger para traer a repatriados que, debido a la crisis del coronavirus se había quedado en el reino marroquí, el buque Martín i Soler llegaba trayendo a su bordo a personas de diversas nacionalidades. Cumplimentada la operativa de desembarque en el atraque donde siempre opera Baleària, este buque de 165 metros construido en Vigo 2009, tras quedar libre de pasajeros y vehículos pasaba al muelle de levante a la espera de órdenes.

Al día siguiente, cubriendo su habitual ruta melillense, entraba a aguas malagueñas el ferry Dénia Ciutat Creativa. Amarrado en el muelle número cuatro, un lugar nada usual para este tipo de barcos, una hora después de su llegada, el Dénia recibía a otro de sus hermanos de naviera, el Bahama Mama que, procedente de Tánger con españoles a bordo culminaba otro viaje de repatriados atracando en el muelle 3-A3.

Con el añadido de que la visita del Martín i Soler era la primera que este buque realizaba al puerto, la jornada del pasado viernes 22 de mayo constituyó todo un acontecimiento; un día con tres barcos de una misma naviera que, en unas circunstancias muy diferentes a las que vivieron de los buques de crucero de Holland America Line o la de los ferries de Trasmediterránea ya es historia del puerto malagueño.

Bahama Mama repatriados 22-V-20 (10)BAHAMA MAMA entrando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de mayo de 2020.

El regreso del FESTIVO

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de mayo de 2020 a las 12:34

El martes 10 de abril de 2012, procedente de Estocolmo llegaba al puerto malacitano el buque de carga rodada Festivo. Atracado en el muelle 3A-3 y tras haber permanecido varios días fondeado en la bahía, este barco, comprado por la naviera malagueña Marítima Peregar, venía para sustituir al Isla de los Volcanes en la ruta entre Málaga, Ceuta y Melilla.

Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet con el nombre Baltic Press, este buque de 6.413 toneladas de registro bruto y 136 metros de eslora, en 2008 era rebautizado como Festivo, realizando desde entonces diferentes recorridos en línea regular con carga rodada tanto por el norte de Europa como por el Mediterráneo. Mantenido su nombre y tras cambiar el registro gibraltareño por el de Las Palmas de Gran Canaria, el 11 de mayo de 2012, un mes después de su llegada, el nuevo buque de Marítima Peregar iniciaba sus singladuras.  Con algo más de 1.100 metros lineales de carga que le permiten albergar en sus dos cubiertas a un máximo de 72 remolques estándar, este barco, con mejores características que sus anteriores hermanos de naviera, ha cubierto desde entonces estas rutas norteafricanas transportado todo lo que un barco de estas características puede cargar.

Con el añadido de haber sido un habitual rescatador de pateras, especialmente en los años 2017 y 2018, el Festivo, sin dejar sus navegaciones, en 2019 amplió sus singladuras cubriendo una línea entre Algeciras y Ceuta. Mantenido un intenso ritmo de trabajo que solo le permitía venir a Málaga los fines de semana, el buque de Marítima Peregar, ante la crisis provocada por el coronavirus, cancelaba a finales de abril de forma temporal sus llegadas malagueñas. Transportando productos de primera necesidad a las Ciudades Autónomas (entre otras muchas cosas este buque ha llevado oxígeno o gas butano doméstico e industrial), el Festivo, tras algo más de un mes sin venir por Málaga, regresa ahora a sus habituales escalas de fin de semana. Con la intención de mantener estas llegadas malagueñas que, en un principio parece que se realizarán cada 15 días, este buque vuelve a su habitual atraque del muelle de Heredia; un feliz regreso tras algunas semanas fuera de casa.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque de carga rodada FESTIVO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de mayo de 2020.

El SOVEREIGN

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de mayo de 2020 a las 10:24

Cuando toda vuelva a la normalidad, entre las múltiples historias portuarias que sobrevivirán a la crisis del coronavirus, destacará la de la larga estancia en aguas malagueñas del buque de crucero Sovereign. Y aunque esta aventura iniciada el 21 de marzo aún no ha escrito su final (ya habrá tiempo para hacerlo cuando concluya), hoy les contaré la historia malagueña de este barco antes de que, de arribada, quedara parado en el puerto malacitano.

Encabezando una ambiciosa serie de tres buques gemelos: la Clase Sovereign, nuestro protagonista de hoy, construido por encargo de Royal Caribbean en los astilleros franceses Chantiers de l’Atlantique, tras ser botado en abril de 1987, un día después de su bautizo como Sovereign of the Seas comenzaba su vida de mar realizando un viaje inaugural iniciado el 16 de enero de 1988. Ostentando en aquella fecha el título del barco de turistas más largo de la flota crucerística internacional, el Sovereign of the Seas de 268 metros de eslora, nada más comenzar su carrera fue multado con 9 millones de dólares por realizar unos vertidos en las aguas jurisdiccionales de los Estados Unidos. Después de navegar años por el caribe, en 2004, este buque se popularizó por unos reportajes que contaban cómo se le realizó una reforma en dique seco. Tras aquello, y después de cambiar su registro noruego por el de Bahamas, en 2008 fue transferido a Pullmantur Cruises que lo rebautizó como Sovereign.

Ya con esta compañía, su primera escala malagueña la realizó en noviembre de 2011 atracando en el muelle norte de la estación marítima de levante. Tras aquella visita, la siguiente, luciendo ya en su casco el color azul y el nuevo logotipo de Pullmantur, se produjo en octubre de 2013; un amarre al que le sucedieron 11 más hasta julio de 2016, última fecha en la que este barco tocó aguas malacitanas con pasajeros.

Convertido en escenario cinematográfico para los rodajes de una película de Bollywood en 2014 y una comedia española estrenada en 2018, el Sovereign, que parado en Málaga fue el que inició las pitadas solidarias que todos los días se escuchan en el puerto a las ocho de la tarde, espera cuándo volverá a la normalidad; una circunstancia que aún parece algo lejana.

Sovereign 21-XI-11 1º Vez9SOVEREIGN en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de mayo de 2020.