Cristales rotos

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de febrero de 2016 a las 8:28

Las averías de todo tipo y los pequeños accidentes, constituyen una constante en cualquier barco que esté en activo. Particularizando en los buques de crucero, en la mayoría de los casos, estos incidentes pasan inadvertidos para los pasajeros, aunque en determinados ocasiones, el turista que viaja a bordo de uno de estos barcos sí que sufre directamente las complicaciones de cualquiera de estos problemas.

Adelantando un día su previsión de llegada, el 24 de noviembre de 2015, el buque Tere Moana atracaba en el muelle número dos. Procedente de Motril y con destino a Gibraltar, este barco de 3.500 toneladas de registro bruto, 100 metros de eslora y una capacidad máxima para 88 pasajeros repartidos en 44 camarotes (todos ellos con ventanas exteriores salvo ocho que disponen de un pequeño balcón), amarraba en aguas malacitanas tras haber sufrido un golpe de mar. Sin demasiados daños a la vista, quizás, lo más aparatoso de aquel incidente se podía apreciar en dos de los cristales que cubrían las ventanas de uno de sus camarotes en la cubierta número cuatro en la banda de estribor. Con un portillo cubierto por una plancha de madera, y otro mostrando significativas grietas en un cristal que aun se mantenía intacto, aquella rotura, de haber estado ocupados esos dos camarotes (desconozco si lo estaban o no), habría significado el inmediato realojo de sus habitantes a otro, amén de alguna que otra contraprestación para evitar cualquier tipo de reclamación.

Un leve incidente ocurrido a pequeño barco que originalmente fue clasificado en 1999, el año de su construcción, como un yatch-cruise, y que hoy, además de realizar viajes por ríos, navega en itinerarios crucerísticos por mar abierto.

Tere Moana 25-XI-159Daños en las ventanas de los camarores del TERE MOANA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de febrero de 2016.


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