Don José María

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de abril de 2014 a las 9:18

El pasado Domingo de Resurrección, un cáncer de pulmón se llevaba la vida de José María Pérez Casero, y el puerto, lloraba la pérdida de uno de los más significativos empresarios relacionado con el mundo de la mar y los barcos de las últimas décadas.

Vinculado desde su nacimiento a  los negocios portuarios, en 1934, con algo menos de diez años  y aun entre juegos infantiles, José María vivió la creación en Málaga de la delegación de la agencia consignataria Condeminas; una importante empresa de origen barcelonés que regentaría su padre y que él gestionaría algunos años más tarde.

Aún siendo el hijo del jefe (permítanme la expresión), José María conoció muy bien cómo se trabajaba en los muelles; una experiencia que le sirvió de mucho cuando heredó las riendas de la agencia consignataria.

Rebautizado por la comunidad portuaria malacitana como don José María, este empresario que además de consignatario fue agente de aduanas, fletador y representante de la estiba, vivió probablemente los más significativos  y prósperos años en la historia moderna del puerto de Málaga. Con el bagaje de haber visto el triste final de los buques de cabotaje propiedad de la agencia Condeminas, gestionar el tráfico de emigrantes, operar con infinidad de buques de crucero, movilizar los primeros coches que salieron desde Málaga por mar, además de haber trabajado con todo tipo de barcos de carga,  en 1999, don José María se jubilaba.

Definido por sus allegados como un hombre extremadamente meticuloso para el trabajo (durante muchos años tras su jubilación no faltó a su cita diaria en su despacho de la Alameda), don José María Pérez Casero fallecía a los 87 años. Un nombre que ya forma parte de la historia del puerto.

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Don José María Pérez Casero.

Fachada Condeminas

Oficina de Condeminas donde trabajó don José María.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de abril de 2014).

El OJO DEL VIENTO

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de abril de 2014 a las 8:03

Cuando un velero llega a puerto, normalmente, a pie de muelle su tripulación coloca algún tipo de cartel con información sobre la biografía y las características técnicas del buque.

Hace unos días, el bergantín de bandera británica Eye of the Wind regresaba a aguas malacitanas tras haber cumplimentado su primera visita en septiembre del pasado año.

Integrado en el reducido grupo internacional de veleros centenarios aun en activo,  este buque, aparejado como una goleta, iniciaba su carrera en Alemania en 1911 con el nombre Friedrich. Trabajando en el Báltico y en el Mar del Norte como carguero y pesquero, primero a vela y posteriormente a motor, y tras lucir los nombres Sam y Merry, en otoño de 1955  el barco encallaba en la costa Oeste de Suecia. Rescatado y ya sólo operando como pesquero, el velero que en la década de los sesenta navegó con los nombres Rose Marie y Merry, sufría un importante incendio en enero de 1970. Salvado del desguace por un armador británico y  reconvertido en bergantín, en el año 1978, bautizado como Eye of the Wind, el barco cumplimentaba su primera vuelta al mundo.

Tras efectuar infinidad de viajes y participar de la filmación de varias películas, en 2009, la filial de una multinacional alemana se hacía cargo del velero para gestionarlo como buque turístico.

Pero volviendo a su estancia en aguas malagueñas, el Eye of the Wind, que curiosamente no muestra a pie de muelle ningún cartel con información, ofrece en un expositor junto a su escala uno pequeños catálogos. En estos  cuidados trípticos, además de diversas reseñas sobre el barco, aparece un cupón para participar en un sorteo online y conseguir un viaje a bordo de este centenario buque de vela.

Eye of the Wind 16-IX-137El EYE OF THE WIND en su primera escala en Málaga en septiembre de 2013

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de abril de 2014).

Una cofradía portuaria

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de abril de 2014 a las 9:23

El 1 de octubre de 1993 y el 20 de mayo de 2006, constituyen dos fechas muy significativas en la historia del puerto de Málaga. En ambas jornadas, los titulares de una misma cofradía de pasión, visitaban el recinto portuario para celebrar unos actos que muy bien podríamos denominar como  marítimo-religiosos.

En la tarde del viernes 1 de octubre de 1993, el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, situado en un altar en el muelle número uno, presidió la llegada del buque de transporte de ataque Castilla L-21. Con la asistencia del Rey, amén de un buen número de autoridades civiles y militares, 650 legionarios integrantes de la Agrupación Táctica Canarias, regresaban a España tras finalizar una misión en Bosnia-Herzegovina.

Después de completarse el desembarco de las tropas, la explanada del muelle de Ricardo Gross, sirvió como escenario para, además de dar la bienvenida a los soldados, rendir homenaje a los diez militares que habían dejado sus vidas en las tierras de la antigua Yugoslavia. Pero con independencia de estas circunstancias, a las que habría que añadir la presencia regia, lo más destacado de aquella tarde de otoño se centró en el titular de la Congregación de Mena que por primera vez visitaba el puerto malagueño.

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El buque de transporte de ataque CASTILLA L-21 que participó en la celebración de octubre de 1993 (Foto: Eugenio Castillo)

Tras aquel acto tan especial, muchos años más tarde, la cofradía que aglutina a marinos y legionarios, nuevamente regresó a las instalaciones del puerto. La celebración de los 250 años de vinculación entre esta hermandad y la Armada Española, propició una ceremonia única en la historia malacitana.

El 19 de mayo de 2006, la fragata Reina Sofia F-84 y el buque de asalto anfibio Galicia L-51 atracaban respectivamente en los muelles 1 y 2. Al día siguiente por la tarde, tras quedar reubicada la fragata en el muelle 3-A1, La Virgen de la Soledad de Mena estrenando trono procesional, entraba por las columnas del puerto. Luciendo la medalla de la ciudad que ese mismo día le había sido impuesta por el Alcalde, y portada por 270 hombres de trono que vestían túnicas de color negro diseñadas para la ocasión, la Virgen, situada en el muelle de Cánovas, recibía los honores de las dotaciones de los dos engalanados buques de guerra que la estaban esperando.  Culminado el acto con la entrega de un fajín que convertía a  Nuestra Señora de la Soledad en almirante honoraria de la Armada, el cortejo, tras algo menos de dos horas en el puerto, regresaba en procesión solemne a Santo Domingo recorriendo las principales calles del centro de la ciudad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATrono de la Virgen de la Soledad de Mena en el puerto en mayo de 2006.

Y aunque el puerto malagueño está acostumbrado desde hace muchos años a recibir a la Virgen del Carmen en su trono, la presencia de una hermandad de pasión, primero con su Cristo y luego con su Virgen en su trono procesional, constituyen todo un acontecimiento que ya forma parte de los anales de la historia del puerto y la ciudad.

Si la advocación carmelitana recibe el calificativo de marinera, los titulares de la Congregación de Mena, dejando a un lado lo que de peyorativo podría tener esta palabra, muy bien podrían ostentar la denominación de portuarios.

“LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de abril de 2014).

 

Toboganes

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de abril de 2014 a las 13:04

Desde siempre, las piscinas han estado muy presentes en los buques de pasaje. Convertidas en exclusivos salones de lujo en los trasatlánticos del pasado o como lugar de divertimento en ferries y modernos buques de crucero, la posibilidad de darse un chapuzón a bordo de un barco  constituye una opción de ocio con varios siglos de antigüedad.

En la actualidad, en los modernos hoteles flotantes, las piscinas de toda la vida se han convertido en verdaderos parques acuáticos; otra circunstancia más por las que rivalizan las principales compañías del sector.

Y si hace algunos años, los tecnológicos techos rectráctiles en las cubiertas donde se situaban las piscinas y jacuzzies constituyeron una verdadera revolución, hoy día, los enormes toboganes conforman lo más novedoso en cuanto al ocio acuático-crucerístico se refiere.

Compitiendo en sofisticación y anulando a las chimeneas que, desde siempre, han sido la principal seña de identidad de cualquier barco, estos coloristas toboganes serpentean por  las cubiertas de los principales buques que componen la flota crucerística internacional.

Y como para casi todo dentro de la industria de los viajes turísticos por mar hay clasificaciones, les diré, que existe un ranking especial que engloba a los diez mejores parques acuáticos a flote, toboganes incluidos.

Repartido este singular  ‘top ten’ entre cinco navieras diferentes, en Málaga, donde ya se han podido ver los vistosos toboganes de buques de Carnival, Norwegian, MSC y Royal Caribbean, ya sólo queda observar cómo serán, permítanme la expresión, las chorraeras acuáticas del barco de la compañía Disney Cruise Line que visitará por primera vez las aguas malacitanas en el mes de mayo.

Carnival Sunshine 1ª VEZ 4-XI-135Tobogán de un buque de Carnival Cruise Lines atracado en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de abril de 2014).

Servicios combinados

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de abril de 2014 a las 8:53

Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, los servicios combinados constituyeron un reclamo fundamental para el transporte por mar. Esta circunstancia que hoy parece algo baladí, en aquellas décadas, significaba la total seguridad de que cualquier mercancía llegara sin ningún tipo de problema de origen a destino en el menor tiempo posible. Empleando medios marítimos y terrestres, la mayoría de estas empresas (muchas de ellas  implicadas en negocios navieros), ofrecían todo tipo de enlaces nacionales e internacionales para cualquier tipo de carga.

En Málaga, un centro comercial de primer orden por aquellos tiempos, las empresas de servicios combinados, solían trabajar con filiales o empresas asociadas; una circunstancia que les permitía una mayor cobertura a la hora de gestionar el movimiento de mercancías.

En la primera década del siglo XX, la firma malagueña Robles y Alterachs, se convirtió en una de las principales empresas dedicadas a este tipo de negocio. Mancomunada con la agencia consignataria barcelonesa Agustín Puig, este consorcio mitad andaluz mitad catalán, ofrecía sus servicios  marítimos respaldado por  la Compañía Anónima de Vapores Vinuesa de Sevilla; toda una garantía a la hora de efectuar navegaciones de cabotaje por el Mediterráneo.

Radicada en la calle San Agustín número once, Robles y Alterachs, además de otras rutas,  disponía de una línea regular semanal con salida los domingos de Barcelona y llegada a Málaga los miércoles. Un servicio que publicitó  durante muchos años en todos los periódicos malagueños de la época como: “Transportes combinados de domicilio a domicilio”, y que apostillaba diciendo: “Este servicio es el más puntual de todos”.

Vapor de la compañía Vinuesa en MálagaUno de los vapores de la Compañía Vinuesa en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de abril de 2014).

El cine en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de marzo de 2014 a las 7:42

Aprovechando la celebración de la decimoséptima edición del Festival de cine español de Málaga, hoy les contaré la historia de un rodaje efectuado en el puerto en el año 1951.

Procedente de Alicante, el domingo 17 de junio a las cinco de la tarde, atracaba en el muelle número dos el buque de la naviera Aznar Monte Albertia. A su bordo, un nutrido grupo de actores, técnicos y figurantes capitaneados por el director húngaro Ladslao Vajda rodaban la película ‘Ronda Española’.

Rememorando los viajes que los coros y danzas de la sección femenina realizaban a diferentes puertos sudamericanos para vender las excelencias de la España de postguerra, la película, narraba las peripecias que las 300 señoritas del grupo folclórico vivían a bordo del barco y en los diferentes lugares de escala.

Simulando que el muelle malacitano era uno de los muelles de un puerto de Perú, en algunas de las cubiertas exteriores del Monte Albertia totalmente engalanado, se rodaron diferentes escenas de señoritas ataviadas con diversos trajes regionales. Además, en los interiores del barco, también se realizaron algunas filmaciones.

Pero quizás, lo más curioso de esta historia, radica en el anuncio que los periódicos de la época publicaron pidiendo a malagueños que acudieran a la llegada y salida del barco. Tras repartir banderitas españolas y peruanas, los que asistieron al puerto participaron como extras en el grabación de lo que representaba un caluroso y multitudinario recibimiento y despedida del buque en tierras sudamericanas.

Una aventura que finalizaba a las 15:30 horas del martes 19 de junio cuando el Monte Albertia, siguiendo su ruta cinematográfica, dejaba las aguas del puerto con destino a Cádiz.

24-3-2014 12.3.2 3Uno de los carteles anunciadores de la película RONDA ESPAÑOLA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de marzo de 2014).

Graneles líquidos

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de marzo de 2014 a las 8:10

Habría que remontarse muchos años atrás para encontrar una jornada como la que se vivió  hace unos días en el puerto. En concreto, el pasado miércoles 12 de marzo, tres buques tanque coincidían atracados efectuando operaciones de carga y descarga de productos oleosos.

Amarrado en el muelle número siete, el Pazar, un habitual en Málaga en los últimos meses, cargaba aceite para al puerto italiano de Génova. También, teniendo su destino en el puerto transalpino de Monopoli, el buque panameño Vitis ejecutaba otra carga del mismo producto atracado en el muelle número seis.  Frente a estos dos, el barco de bandera española Petroport,  posicionado en el muelle de Heredia, descargaba sustancias oleosas de desecho para ser recicladas.

Y aunque el hecho de ver a tres buques tanques operando un mismo día con graneles líquidos no significa, a priori, nada (el pasado año las operaciones con este tipo de mercancías descendían un 27,2 %), la circunstancia de estas cargas y descargas me sirven para hacer un par de reflexiones al respecto de este tipo de operativas.

Teniendo en cuenta a los muchos detractores que critican el tráfico de sustancias oleosas de desecho en aguas malacitanas, y sin olvidar, la vergonzosa circunstancia de que el aceite patrio salga con destino a Italia para ser allí manufacturado y vendido como propio,  el hecho de que estas operativas se ejecuten desde el puerto Málaga significa movimiento. Unas operaciones que generan negocio aunque no estén demasiado bien vistas en determinados sectores. Un negocio que debería incrementarse hasta ver como una cosa habitual que en un mismo día tres buques tanques operen con graneles líquidos atracados en los muelles del puerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAUno de los tres buques tanque que operó en el puerto el pasado 12 de marzo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de marzo de 2014).

El EXTAVIA

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de marzo de 2014 a las 9:13

1948 fue un año complicado en el puerto de Málaga. Aunque las secuelas de la Segunda Guerra Mundial ya se habían superado, el movimiento de mercancías por mar aun se resentía algo tras el conflicto internacional.

Con los buques A. Lazaro y V. Puchol trabajando como melilleros, el cabotaje nacional cubría casi la totalidad del negocio portuario malacitano; un tráfico que se completaba con algunos barcos que navegaban en rutas, no regulares, a diferentes países del Norte de Europa.

En la segunda mitad de aquel año, una serie de buques de bandera norteamericana comenzaron a atracar en Málaga, y la vía trasatlántica, empezó a traer más barcos en tránsito para cargar y descargar mercancías.

La principal protagonista de aquel hecho, fue la compañía neoyorkina American Export Lines, una naviera que habiendo estado presente en Málaga muchos años antes, regresaba con su extensa flota de cargueros.

Uno de los primeros buques que retomó estas escalas comerciales fue el Extavia, un barco de 6.353 toneladas de registro bruto que atracaba en el muelle número dos el 23 de septiembre para efectuar una rápida descarga de óxido de hierro.

Perteneciente a un grupo de buques denominados C2 (unos cargueros armados construidos ex profeso para operar durante la Segunda Guerra Mundial), el Extavia, que también lució el nombre Empire Oriole, tras navegar durante el conflicto bélico con las banderas del Reino Unido y los Estados Unidos, en 1946 retomaba su actividad comercial bajo la contraseña de la American Export Lines.

Uno de los mercantes pioneros del recuperado tráfico trasatlántico de post guerra que tras una breve descarga que apenas duró 24 horas dejaba el puerto malacitano con destino a Nueva York.

Extavia-01Buque de la American Export Lines EXTAVIA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de marzo de 2014).

Folklore

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de marzo de 2014 a las 12:58

El 28 de abril de 2006, visitaba por primera vez Málaga el buque de crucero Thomson Destiny. Procedente de Valencia y con destino a Tánger, quince minutos antes de las nueve de la mañana, el barco atracaba en el pantalán de Levante mientras una panda de verdiales amenizaba con su música y bailes la llegada y el desembarco de los turistas.

Aquella experiencia, al igual que otras muchas en las que el folklore ha estado implicado a lo largo de la historia crucerística malacitana, me sirve como excusa para contarles, algunas de las causas por las que este tipo de expresiones artísticas nunca han sido un hecho de referencia capital en las escalas de los buques turísticos.

Partiendo de la base de que el folklore patrio (permítanme que generalizando hable de flamenco), atrae e interesa mucho al foráneo, y que durante muchas décadas los turistas de barcos llegados a Málaga han tenido flamenco entre sus posibilidades de ocio, hoy día, muy pocos buques de crucero ofertan este tipo de actividad.

Tal vez por la saturación o porque los espectáculos ofrecidos han sido siempre representaciones para turistas, el tirón folklórico ha dejado de interesar a los visitantes que por mar llegan al puerto malagueño.

Y aunque en 2009, representantes de la política, el comercio y la industria crucerística malacitana se reunían en una mesa redonda para tratar el tema, el asunto de los espectáculos flamencos, ya sea a bordo de los barcos o en determinadas salas, a fecha de hoy sigue haciendo aguas.

Un asunto en el que también tienen mucho que ver las agencias que organizan los paquetes de actividades para navieras; unas empresas a las que no parece interesar demasiado ofertar los  cantes y bailes de la tierra.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPanda de verdiales junto al buque de crucero THOMSON DESTINY.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de marzo de 2014).

Atraques no habituales

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de febrero de 2014 a las 13:00

La especialización de los tráficos marítimos, ha repercutido de una forma muy considerable en la conformación de los puertos, y por ende, en el uso de los muelles. La postal de una gran línea de atraque donde se cargaban y descargaban todo tipo de mercancías, constituye ya, en nuestros días, una vieja imagen del pasado.

El puerto de Málaga, que aun dispone de algunos de estos muelles que podríamos calificar como multifuncionales (en ellos se puede operar con graneles sólidos y líquidos además de con casi tipo de cargas), cada vez, está tendiendo a que las mercancías se gestionen en los lugares más adecuados. Con diferentes atraques para unos tráficos muy determinados, de vez en cuando, necesidades portuarias internas, dejan curiosas estampas de barcos amarrados en lugares no habituales.

Corría 1997, cuando en el muelle número dos, una zona dedicada casi en exclusividad, por aquellos años, al tráfico crucerístico, atracaba un enorme cochero que efectuando una escala nocturna de unas cuantas horas, embarcaba algunos vehículos propiedad de un jeque árabe que había finalizado sus vacaciones en Marbella.

En mayo de 2009, debido a unas fuertes rachas de viento, el buque de crucero Arcadia se veía obligado a atracar en la terminal de contenedores. Una curiosa circunstancia que confiere a este barco la singularidad de ser el único buque turístico que hasta la fecha ha amarrado en un muelle dedicado a unos tráficos muy diferentes.

Hace unos días, ante la completa ocupación del muelle nueve, el cochero de bandera bahameña Opal Leader realizaba su operativa de descarga de coches en el muelle siete. Unas imágenes de barcos amarrados en lugares muy diferentes a donde habitualmente atracan.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACochero OPAL LEADER descargando coches en el muelle 7 la pasada semana.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de febrero de 2014).