Por los mares de Asia

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de julio de 2013 a las 9:18

En 1969, los astilleros finlandeses Wärtsilä Turku entregaban a la compañía sueca Johnson Line el buque portacontenedores Axel Johnson. Tras navegar casi veinte años en diferentes rutas comerciales, en 1986, el barco era vendido a la naviera Regency Cruises que, tras rebautizarlo como Regent Sun, planificó su reconversión en un buque de crucero. Renombrado al año siguiente como Italia y sin haber sido reformado, en 1988, el portacontenedores era adquirido por Costa Cruceros que, en los astilleros genoveses  T. Mariotti lo transformaba en un muy especial buque turístico. Matriculado en Nápoles y con el nombre Costa Marina, aquel novedoso barco de turistas iniciaba su carrera recibiendo los más elogiosos comentarios de la prensa crucerística internacional.

Apodado como el barco de la luz por su amplitud de espacios exteriores y por su vistosa popa acristalada, el Costa Marina, en octubre de 1991 visitaba el puerto malagueño por primera vez. Atracado en el muelle número dos, una multitudinaria fiesta a bordo celebró su llegada; una recepción con la que este buque iniciaba una muy larga y estrecha relación con Málaga.

Después de cumplimentar un total de 103 visitas, el 4 de marzo de 2011, el Costa Marina surcaba por última vez las aguas malacitanas. Varios meses más tarde, Costa Cruceros vendía el barco por 40 millones de dólares a una multinacional asiática que lo rebautizaba como Harmony Princess. Tras recibir el nombre Club Harmony en 2012, en la actualidad, y bajo la bandera de las Islas Marshall, este antiguo portacontenedores reconvertido en buque de crucero, realiza diversos itinerarios turísticos por localidades de China, Japón y Rusia saliendo del puerto sur coreano de Busan.

El rebautizado CLUB HARMONY antiguo COSTA MARINA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de julio de 2013).

El VICTORIA

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de julio de 2013 a las 10:33

El domingo 6 de enero de 1974, visitaba por primera vez al puerto de  Málaga el buque Victoria. Tras una larga carrera efectuando viajes en línea regular (con pasaje y carga) entre diversos puertos italianos y Hong-Kong, el Victoria se estrenaba como buque de crucero.

Transferido por su propietario, la naviera Lloyd Triestino, a la compañía transalpina Adriática Line, el barco, sin sufrir ningún tipo de transformación, iniciaba una nueva vida turística presentando un ambicioso programa de viajes por Mediterráneo.

Sin perder sus dos clases originales (290 pasajeros en primera y 141 en clase turista), y manteniendo su rica decoración interior, el Victoria entre abril de 1974 y enero de 1975 efectuó cinco viajes. Con inicio y final en Génova, aquellos recorridos hicieron escala en los puertos de: Palma de Mallorca, Cádiz, Funchal, Las Palmas, Casablanca, Tánger y Málaga.

Ya con el León de San Marcos en su chimenea (el logotipo de la compañía Adriática), en 1975, el Victoria efectuó seis itinerarios de 13 días en los que Málaga estaba incluida. Un número de escalas que al año siguiente ascendió a 19.

Tras aquellas tres exitosas temporadas, para 1977, Adriática Line programó 17 viajes turísticos por mar, aunque finalmente, el Victoria sólo efectuó cinco cruceros.

Teniendo como destino el desguace, aquel buque construido en 1953 en los astilleros Cantieri Riuniti dell’Adriatico, fue comprado por la organización cristiana Youth With A Mission que lo reconvirtió en un buque hospital. Asignado a una división de esta organización denominada Mercy Ship y rebautizado como Anastasis, el antiguo Victoria, en uno de sus múltiples viajes solidarios regresaba al puerto malagueño en octubre de 2003.

Cartel anunciador del VICTORIA como buque de crucero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de julio de 2013).

El barco de San Telmo

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de julio de 2013 a las 10:17

Aunque las procesiones que congregan a los fieles de la Virgen del Carmen, ya sea por tierra o por mar, constituyen los más importantes cortejos de gentes relacionadas con el ámbito marítimo, hubo una época, en que otras personas, no vinculadas directamente a esta advocación pero muy relacionadas con el mundo de la mar y los barcos, también salieron desfilando por las calles de Málaga.

Tras constituirse el  Real Colegio Náutico de San Telmo en 1787, y después de quedar perfectamente organizada toda su compleja infraestructura, los alumnos de lo que podríamos denominar como la primera facultad universitaria que existió en Málaga, salían a la calle acompañando a las diferentes procesiones religiosas que por entonces recorrían la ciudad.

Ataviados con sus uniformes de gala y acompañados por sus profesores, los colegiales de número y los porcionistas (así se denominaban los alumnos que cursaban sus estudios en esta institución), participaron en calidad de acompañantes en los más significativos eventos religiosos que hasta 1849, fecha en la que el colegio dejó de existir, se sucedieron en Málaga.

Y aunque la presencia de los santelmistas siempre llamaba la atención, mucho más lo hacía el carro en el que los alumnos de la escuela de náutica transportaban el barco (una embarcación de casi tres metros de eslora aparejada como corbeta) con el que estos jóvenes aspirantes a marinos aprendían las artes de la navegación.

Un barco que aun hoy se conserva, y que, además de constituir la gran joya de la historia marítima malagueña, durante 62 años, el tiempo en el que este colegio de náutica estuvo en la ciudad, fue un fiel protagonista en todos los actos religiosos acaecidos en las calles de Málaga.

Corbeta didáctica del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de julio de 2013).

‘El Belfo’

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2013 a las 8:50

Desde siempre, los apodos o motes han sido una constante en el día a día de cualquier puerto. Aludiendo a algún defecto físico o característica destacada de las personas que lo reciben, estas denominaciones, en muchos casos, han eclipsado por completo el verdadero nombre y apellidos de los  sujetos a los que alguien en algún momento los rebautizó con un determinado sobrenombre.

Y aunque la historia portuaria malagueña está repleta de muchos y  muy variados apodos, quizás, de entre todos ellos, destaque uno en especial.  Un mote que, empleando una palabra excesivamente literaria y que hoy está prácticamente en desuso, acompañó a un curioso trabajador portuario allá por la década de 1920.

De origen argelino, Nicolás  Martinet (existe alguna  reseña que lo  apellida como Martínez), desembarcaba en el puerto malacitano a mediados de 1922. Teniendo como lenguas maternas el árabe y el francés, y hablando también algo de español, tras haber trabajado en diversos puertos del Norte de África, este mestizo se aposentó en Málaga para desempeñar una peculiar actividad portuaria.

Convertido en lo que hoy muy bien podríamos denominar como un agente comercial libre, Nicolás, durante años, sirvió como intermediario para todo tipo de gestiones a pie de muelle. Trabajando de intérprete o viajando como representante eventual de algunas empresas consignatarias de la época, aquel joven argelino, pronto se convirtió en alguien muy conocido en el ambiente del puerto, y por ende, le llegó su mote.

Atendiendo a una muy especial fisonomía facial, debido sin duda a su mestizaje, Nicolás, lucía un abultado labio inferior; una circunstancia que llevó a  los portuarios malagueños a apodarlo como ‘El belfo’.

Vista del puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (9 de julio de 2013).

Nueva imagen

Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de julio de 2013 a las 7:31

El 7 de enero de 2006, coincidían en el puerto los ferries Ciudad de Valencia y Ciudad de Salamanca. Aquella curiosa circunstancia, además de permitirnos ver juntos a dos buques gemelos (ambos fueron los últimos ferries  de la Clase Canguro gestionados por Trasmediterránea), sirvió como presentación oficial  en Málaga de los nuevos colores de esta veterana naviera tras ser comprada por el grupo empresarial Acciona.

Manteniendo su casco en blanco, el Ciudad de Valencia, mostraba en sus costados una de franja roja que, en la mitad de la eslora del barco, se interrumpía para dejar paso a un logotipo que causó un verdadero revuelo en el mundo marítimo nacional e internacional.

Acompañando a la hoja de encina seña de identidad de este grupo empresarial, aparecía el nombre Acciona, y bajo éste, en un tamaño mucho menor, se mostraba la marca   Trasmediterránea.

Aquella circunstancia, que para muchos significó la total pérdida de identidad de una de las más importantes navieras del panorama marítimo español, pronto quedó en el olvido, y los buques de Acciona Trasmediterránea continuaron navegando luciendo su nueva contraseña.

Hace unos días, realizando la rotación que esta compañía efectúa todos los lunes (en esta el Melillero titular es sustituido por otro buque), el Sorolla llegaba al puerto mostrando una significativa novedad.

Debido a un cambio de identidad corporativa, aquel logotipo que tanto dio que hablar, venía cambiado. Perdiendo protagonismo la hoja de encina y la marca Acciona, el nombre Trasmediterránea volvía a destacar sobre el casco de este barco.

Una nueva imagen que poco a poco se extenderá a todos los buques de la flota de esta compañía, y que recupera el nombre de una naviera histórica.

Nuevo logotipo sobre el casco del buque SOROLLA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de julio de 2013).

‘Shopping Center’

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de junio de 2013 a las 12:26

Por mucho que se empeñen unos y otros, lo que ofrece el centro comercial Muelle Uno, ni por asomo  está ideado para los miles de turistas que llegan a Málaga en barco. Ofertar ropas de marca, artículos de regalo (que no souvenirs) o gastronomía no autóctona, resulta algo verdaderamente absurdo. Y lo es, por el simple hecho de que todo eso y mucho más, ya lo tienen los pasajeros en los buques en los que pasan sus vacaciones en el mar.

Y como esto que les digo podría parecer una opinión muy personal, les contaré una circunstancia muy esclarecedora que refleja el nulo interés que, para los turistas de barco, despierta este centro comercial.

Los pasajeros de cualquier buque de crucero que atraca en los muelles Norte o Sur de la estación marítima de Levante, necesitan de un autobús lanzadera, ya sea público o privado, para poder llegar al centro de la ciudad.  Los días en los que no hay barcos turísticos atracados en el muelle del Palmeral, estos autobuses circulan por el interior del puerto, y en las inmediaciones del centro comercial  Muelle Uno, realizan unas paradas obligatorias que oscilan entre 2 y 4 minutos.

Tras quedar estacionado el bus en alguna de estas paradas, su conductor, en un inglés más o menos ortodoxo y a la voz de “shopping center” (centro comercial), informa a los pasajeros que durante varios minutos hay que quedarse allí, y que el final del trayecto está en las columnas del puerto, o lo que es lo mismo, en el centro de la ciudad. Muy pocos turistas de barco, por no decir ninguno, desde que se han establecido estas paradas, han subido o bajado en ellas, un hecho muy significativo que demuestra un escaso interés por visitar algo que ya tienen en sus respectivos buques de crucero.

Parada de autobús cerca del centro comercial Muelle Uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (25 de junio de 2013).

El MILENIUM TRES

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de junio de 2013 a las 7:48

El 27 de noviembre de 2006, el puerto se vistió de gala. Con motivo de la presentación oficial del catamarán rápido de Acciona Trasmediterránea Milenium Tres, un variado número de autoridades (además de las malagueñas encabezadas por el alcalde, estaba el presidente la naviera y la que por entonces era ministra de Fomento), asistieron al acto.

Tras finalizar aquel evento que se volvió a repetir en el puerto de Melilla, dos días después, el Milenium Tres comenzaba a operar en la línea regular de alta velocidad que Acciona Trasmediterránea gestiona todos los veranos en Málaga desde 2002.

Heredero de los ferries Alcantara y Almudaina, los dos monocascos que iniciaron la ruta rápida en el Mar de Alborán, el Milenium Tres, llegaba al puerto malacitano recién salido de los astilleros australianos Incat.

Tras efectuar un viaje de posicionamiento de 12.000 millas y 20 días de duración en el que se realizaron cinco escalas para cargar combustible y víveres, el catamarán, tras pasar por Algeciras, llegaba al puerto malagueño en la mañana del 25 de noviembre de 2006.

Una vez terminadas todas las presentaciones, el Milenium Tres comenzó a navegar entre los puertos de Málaga y Melilla en la jornada del miércoles 29 de noviembre, cubriendo desde aquella fecha y hasta finales de aquel año la línea veraniega de alta velocidad.

Después de cumplimentar la campaña de 2007 e iniciar la de 2008, en julio de ese año, sus mejores capacidades técnicas (en especial su rampa autoportante de popa), lo llevaron a Algeciras. Tras cubrir durante unos años la ruta rápida del Estrecho, hace unos días, el Milenium Tres, de una forma provisional, regresaba a Málaga, el puerto que lo vio iniciar su vida de mar.

MILENIUM TRES atracando en Málaga en 2007.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (18 de junio de 2013).

El AMERIKANIS

Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de junio de 2013 a las 13:09

El 18 de septiembre de 1996, atracaba en el muelle número dos el buque de crucero Amerikanis. Realizando una breve escala que apenas lo tuvo en Málaga 65 minutos, éste barco, viajaba con destino al puerto griego de Eleusis para quedar amarrado a la espera de ser vendido para el desguace. Construido en los astilleros Harland & Wolff de Belfast entre los años 1951 y  1952, y bautizado como Kenya Castle para la naviera británica Union-Caslte Line, este barco de 17.041 toneladas de registro bruto y capacidad para 526 pasajeros en clase única, inauguraba su carrera en la mar efectuando un crucero turístico de dos semanas que lo traía al puerto malagueño el 16 de marzo de 1952.

Después cubrir durante muchos años diversas rutas (con pasajeros y posibilidad carga) entre diferentes puertos del Reino Unido y África, en 1967, la naviera de origen griego Chandris compraba el barco. Tras sufrir una significativa reforma, y después de ser rebautizado como Amerikanis, el barco, que inicialmente pretendía establecer una línea regular de pasaje entre El Pireo y Nueva York, comenzaba a operar en exclusividad como buque turístico en el año 1970.

Combinando itinerarios en la Bahamas y Europa fundamentalmente, el Amerikanis visitaba por primera vez el puerto de Málaga en mayo de 1979, regresando nuevamente a aguas malacitanas, una vez en 1995 y tres en 1996.

Tras permanecer algo más de cuatro años parado en Grecia, el Amerikanis, en 2001 viajaba a la India para ser desguazado en las playas de Alang. Un verdadero clásico que sin haber frecuentado mucho las aguas malagueñas, sí estuvo presente en los dos más significativos hechos de sus 44 años de vida; su viaje inaugural y su último viaje comercial.

AMERIKANIS

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de junio de 2013).

Reyes ‘El Moreno’

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de junio de 2013 a las 18:07

Aunque a principios de 1940 el tráfico portuario malagueño estaba bastante restablecido, las duras condiciones vividas en los años de la Guerra Civil, aun eran patentes en el día a día del puerto. La estiba, quizás el colectivo más perjudicado por el conflicto, en aquel año 1940, experimentó un importante cambio. Con las collas de estibadores muy mermadas, los responsables de la carga y descarga de barcos iniciaron un reclutamiento general de trabajadores. Tras ser seleccionados los jornaleros portuarios más habituales (por aquellos años era frecuente contratar a braceros para una sola jornada), las collas  de estibadores se fueron completando, y éste colectivo volvió a trabajar en unas condiciones muy similares a las que existieron antes de la Guerra.

De entre todos los trabajadores contratados, uno de ellos, llegó al puerto sin ninguna experiencia y con una importante carta de recomendación bajo el brazo. Fruto del matrimonio de un militar destinado en Melilla y una joven marroquí, con apenas 17 años, Reyes Fernández se incorporaba a una de las collas de estibadores malagueños a finales de febrero de 1940.

Rechazado por sus compañeros desde su primer día de trabajo, Reyes fue asignado al grupo de ‘El mellao’ (éste era el apodo del capataz del la colla), comenzando así una muy breve y accidentada vida portuaria.

Tras ser rebautizado como ‘El moreno’, debido sin duda al tono oscuro de su piel, Reyes, después de unos días en los muelles, iniciaba su segunda semana laboral con dos dedos de su mano derecha rotos. Trabajando a duras penas, un desafortunado accidente lo mandaba al hospital contusionado y con varias costillas fracturadas. Una vez recuperado, ‘El moreno’ nunca más volvió al puerto.

Estibadores cargando un barco en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de junio de 2013).

La barcaza antillana

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de mayo de 2013 a las 9:03

El 27 de diciembre de 2012, procedente de la localidad mauritana de Nouadhidou, llegaba al puerto de Málaga el remolcador Felis. Con apenas 277 toneladas de registro bruto y 31 metros de eslora, este buque abanderado en San Vicente y las Granadinas construido en 1972, traía a remolque a la barcaza Ans, una plataforma flotante multipropósito de 677 toneladas que venía a reparar.

Tras quedar amarrados ambos en el muelle número seis, varios días después de su llegada, el remolcador  ponía rumbo a la ciudad portuaria holandesa de Ijmuiden, quedando la barcaza a la espera de entrar el en dique flotante de Mario López.

Matriculada en Basseterre, capital de la exótica isla antillana de San Cristóbal y Nieves, la barcaza Ans, propiedad de una empresa de origen holandés dedicada a suministrar embarcaciones para diversos trabajos marinos, llegaba a aguas malacitanas para realizar una serie de reparaciones en seco y a flote.

Tras permanecer varias semanas amarrada en el muelle seis, el 14 de enero, la barcaza, con la ayuda de los dos remolcadores malagueños de la Clase H,  finalmente entraba en el dique flotante. Cumplimentados todos sus trabajos en seco, el 11 de febrero, la plataforma regresaba al muelle seis donde se culminaba su reparación a flote.

Una vez lista y con la intención de navegar remolcada hasta Italia, la barcaza Ans, desde mediados de marzo permanece a la espera de dejar las aguas malagueñas; una circunstancia que se está retrasando y que ya ha motivado, en varias ocasiones, el tener que moverla para facilitar así el tráfico comercial de buques en el muelle seis.

Una historia aun sin final que podría mantener a esta plataforma de matrícula antillana muchos meses en el puerto de Málaga.

Barcaza ANS atracada en el muelle seis tras su reparación.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de mayo de 2013).