Cuatro años de retraso

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de septiembre de 2013 a las 12:37

Si hubiera que galardonar, por su fidelidad para con Málaga, a una compañía naviera dedicada a los viajes turísticos por mar, sin duda alguna, este premio recaería en Costa Cruceros. Con cientos de escalas realizadas en una historia que se remonta a 1956 (en ese año llegaba por primera vez a aguas malagueñas un buque de esta naviera), los barcos de la chimenea amarilla y la letra ‘C’, conforman una muy importante parte de los anales crucerísticos del puerto malacitano.

En la actualidad, de los 14 buques que componen la flota de esta naviera italiana, 13 ya han pasado por Málaga; y lo han hecho, en la mayoría de los casos, muy poco después de iniciar sus respectivas carreras. En su primer año de vida, seis han sido los barcos de Costa que han tocado las aguas malacitanas, mientras que el resto de esta flota transalpina, lo ha hecho sin superar nunca los tres años de retraso.

Esta circunstancia, que refleja muy a las claras la importancia que tiene Málaga para esta naviera, sólo ha tenido desde 1996 una excepción; la de un barco que tras ser construido en 2009 tocaba por primera vez las aguas malagueñas hace unos días.

Con la peculiaridad de haber sido construido en dos astilleros diferentes y con el añadido de ser uno de los gemelos del malogrado Costa Concordia (un estigma que siempre lo acompañará), el Costa Pacifica realizaba su primera escala en las instalaciones crucerísticas malagueñas la pasada semana.

Efectuando un viaje de 12 días por Alemania, Inglaterra, Portugal, España e Italia, el Costa Pacífica se inauguraba en aguas malacitanas cuatro años después de su bautismo; un retraso nada habitual que ya forma parte de la larga historia de los barcos de esta naviera en Málaga.

IMG_3864El COSTA PACIFICA en su primera escala en Málaga hace unos días.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de septiembre de 2013).

Las maniobras de los ‘guerreros’

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de septiembre de 2013 a las 9:48

Al hilo de la estancia hace unos días en el puerto de Málaga de varias fragatas de la OTAN, hoy les contaré algunas curiosidades sobre cómo son las maniobras de atraque y desatraque de los buques de guerra.

Partiendo de la base que los ‘guerreros’ (así se denominan de una forma coloquial a los buques militares en el puerto malagueño), son unos barcos muy especiales, lo primero que llama poderosamente la atención, es la excesiva lentitud con la estos buques ejecutan sus maniobras.

Pero con independencia de este hecho, y sin olvidar la extremada puntualidad (no podía ser de otra manera al tratarse de militares), con la que estos barcos cumplimentan sus horarios de entrada y salida a puerto, una de las cosa que más llama la atención a la hora de ver un buque de guerra maniobrando para atracar o desatracar, es la gran cantidad de banderas que se pueden ver izadas en sus mástiles. La insignia nacional, algún gallardete y las cuatro banderas que reflejan su numeral (la identificación del barco), constituyen una parte de las flámulas que los ‘guerreros’ lucen mientras son amarrados o desamarrados a un muelle.

En el caso de tratarse de una flotilla con varias unidades, el barco que va al mando del grupo, es el primero en atracar, y por ende, el último en salir de las aguas del puerto.

Otra singular curiosidad de este tipo de buques, la constituye la formación que la dotación realiza mientras se ejecuta la maniobra de atraque y desatraque. Situados en la banda en la que el barco quedará amarrado, parte de la marinería y oficialidad  realizan algo que se denomina ‘hacer candelero’ o ‘presentar honores’; una vieja tradición arraigada en la gran mayoría de marinas de guerra de todo el mundo.

IMG_3643Fragata alemana entrando en Málaga con su dotación ‘haciendo candelero’

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (10 de septiembre de 2013).

Cicatrices bélicas

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de septiembre de 2013 a las 8:20

Entre las muchas historias que se cuentan sobre el puerto en los años de la guerra civil española, hay dos que mantienen señales que se pueden ver y tocar. Y aunque estas referencias, al menos por mi parte, no han podido ser confirmadas con ningún tipo de documentación, los que sí está claro, es que los más viejos de lugar (algunos trabajadores portuarios), confirman una misma historia cada vez que se les pregunta sobre estas dos cicatrices vivas.

En la fachada Este del edificio de la Autoridad Portuaria, en una de las rejas que cubre una ventana de la planta baja, existen varios rasguños sobre el hierro de ésta verja. Unas heridas que según se cuenta, podrían ser los impactos de la metralla de alguna acción  ocurrida en ese lugar durante los años de la guerra española.

La otra cicatriz bélica visible, se puede apreciar en lo que hoy es el Instituto de Estudios Portuarios, una construcción que entre los años 1904 y 1966 fue una de las estaciones del tren suburbano conocido popularmente como La Cochinita.

En la fachada principal de este edificio, en concreto en su vertiente Este, se puede ver integrada en la  uniformidad de los bloques que conforman esta construcción, una gran mancha asimétrica a algo menos de dos metros de altura del suelo. Esta señal, según parece, podría ser el resultado del impacto de un proyectil naval (también podrían ser trozos de metralla de una explosión cercana), producidos en el bombardeo que, desde la mar, sufrió el puerto de Málaga a principios de 1937.

Y aunque algunos dicen que esta cicatriz se debe al crucero Canarias, lo que sí está claro, es que esta señal que se ha mantenido en el tiempo, muy bien podría ser el resultado de una acción de guerra.  

IMG_3690Fachada del Instituto de Estudios Portuarios con su presunta cicatriz bélica.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (3 de septiembre de 2013).

Una visita fugaz

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de agosto de 2013 a las 12:16

Hace algo más de dos semanas, en concreto el domingo 11 de agosto, el bergantín de dos mástiles La Grace, atracaba a última hora de la tarde en el muelle número uno.

Adscrito a una asociación cívica de nacionalidad checa que lleva el mismo nombre del barco, este velero de 23 metros de eslora, desde 2010, realiza viajes educacionales y turísticos fundamentalmente por el Mediterráneo.

Construido a finales de 2008 en un astillero egipcio especializado en la fabricación artesanal de buques de madera, esta réplica de un bergantín del siglo XVII, luce igual nombre que el barco que capitaneó el marino checo Augustin Herman; un afamado aventurero que además de trabajar para la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, fue un renombrado bucanero por las aguas del Caribe.

Navegando bajo pabellón checo, y enarbolando en lo más alto de su palo mayor una bandera pirata, La Grace, adquirió fama internacional en la madrugada del 25 al 26 de octubre de 2012, cuando en la playa de El Cable, frente al puerto marbellí de La Bajandilla, el velero quedaba  encallado.  Tras ser reflotado dos semanas después de su accidente, el bergantín fue llevado al puerto de Sotogrande, donde se iniciaba una reconstrucción que finalizaba a principios del presente mes cuando el barco era oficialmente entregado en Gibraltar a su armador.

Realizando muy probablemente unas pruebas de mar, La Grace, sin previo aviso, entraba por la bocana del puerto malagueño y atracaba en el muelle número uno en la tarde noche del domingo 11 de agosto. Después de ser informado por la policía portuaria de la tarifa que debía cumplimentar por el amarre, el bergantín, que no llevaba izada su bandera pirata, dejaba las aguas malacitanas.

IMG_3292LA GRACE atracando en Málaga el domingo 11 de agosto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de agosto de 2013).

Un barco para alemanes e ingleses

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de agosto de 2013 a las 9:38

Hace unos días, el buque de crucero Quest for Adventure efectuaba su primera visita a Málaga. Bajo la contraseña de la compañía británica Saga Cruises, este barco con capacidad para 446 pasajeros, llegaba al puerto malagueño para iniciar un viaje por el Mediterráneo de 14 noches. Pero con independencia de este hecho, el Quest for Adventure, participa de una serie circunstancias que lo relacionan muy estrechamente con Málaga.

Tras su construcción en los astilleros hamburgueses Howaldtswerke Deutsche Werft en 1981, pocos días después de ser entregado, el Astor (con este nombre era botado), llegaba a aguas malacitanas efectuando un crucero promocional destinado a periodistas especializados en viajes. Una semana después, el buque volvía a atracar en Málaga en su primer itinerario crucerístico con pasajeros.

Después de repetir múltiples escalas en los años siguientes, en 1985, el Astor era rebautizado como Arkona. Manteniendo su fidelidad malagueña, este barco, dedicado casi en exclusividad al mercado alemán, en 2002, nuevamente cambiaba de nombre. Navegando como Astoria (su tercer bautismo), el buque siguió frecuentando Málaga, hasta en que 2010, la compañía inglesa Saga Cruises se hacía cargo de él y lo renombraba como Saga Pearl II.

Reconvertido para pasajeros británicos, y tras sólo efectuar una visita a aguas malacitanas en 2012, el barco considerado como el poseedor de la chimenea más fea del panorama crucerístico internacional, cambiaba de denominación por quinta vez.

Un veterano barco que ha dedicado gran parte de su carrera a dos mercados turísticos muy diferentes (el alemán y el inglés), y que durante muchos años, mantuvo una muy estrecha relación con el puerto de Málaga.

P8150012El QUEST FOR ADVENTURE atracado hace unos días por primera vez en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de agosto de 2013).

La bandera de cortesía

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de agosto de 2013 a las 9:16

Hace tiempo, bajo el titular “Vergonzosa ignorancia”, les contaba cómo un buque de guerra inglés atracado en Málaga, izaba una bandera española con el águila de San Juan. Poco tiempo después, otro barco militar, mostraba una peculiar interpretación de nuestra enseña nacional en la que las dos franjas de color rojo duplicaban el tamaño de la amarilla.

Estos imperdonables errores (al tratarse de buques de guerra, quizás habría que emplear un calificativo mucho más contundente), ocurrieron al llevar a cabo una tradición marítima muy antigua.

Sin ser obligatorio, cualquier barco extranjero que atraca en puertos españoles, por cortesía, muestra en lo más alto de su mástil la bandera nacional. Este hecho, y vuelvo a repetir que no es de obligado cumplimiento, lo ejecutan la totalidad de los  buques que bajo cualquier pabellón llegan a aguas españolas; aunque siempre existen algunas excepciones.

Hace un mes, amarraba en el muelle dos el buque auxiliar de la marina de guerra inglesa Diligence A-132. Este barco que originariamente fue un buque de apoyo para plataformas petrolíferas y que participó como mercante en la guerra de las Malvinas, en 1983, era comprado por el Ministerio de Defensa Británico para trabajar como barco militar multipropósito.

Atracado a primeras horas de la mañana, el Diligence, que visitaba Málaga por primera vez, no puso la bandera de cortesía. Esa misma tarde, la Policía Portuaria y  la Comandancia Naval de Marina, informaban al buque de este hecho; una circunstancia que a la mañana siguiente se solucionaba con el izado de la bandera española. Un nimio detalle que, al tratarse de un buque de guerra, tal vez podría ser calificado con un adjetivo mucho más contundente.

Diligence A-132 13-VII-139Buque DILIGENCE A-132 atracado en Málaga sin la bandera de cortesía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de agosto de 2013).

De cargadores a estibadores

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de agosto de 2013 a las 9:21

Hace tiempo, les conté cómo estaba estructurada la estiba en Málaga en el siglo XVII. Aquellos trabajadores portuarios divididos en: palanquines, cargadores, descargadores y barqueros, cumplían de una forma rigurosa sus muy específicas misiones, teniendo cada uno de ellos una licencia especial que justificaba sus trabajos y lo que por ellos podían cobrar.

Aquella estricta clasificación laboral, con el paso de los años se fue relajando, y ya, a mediados del siglo XVIII, la acreditación profesional de todos aquellos trabajadores quedó simplificada bajo la denominación de cargadores de muelles.

Manteniendo una licencia común que regulaba sus tareas y  honorarios, y desvinculados de los barqueros, que sin estar agrupados eran contratados por trabajos, los cargadores malagueños, conformaban la mayor parte del censo laboral que a principios del siglo XIX trabajaba en el puerto de Málaga.

Coordinados por una serie de capataces que gestionaban las operaciones de carga y descarga (éstos eran los que pactaban los trabajos con las agencias consignatarias, navieras o particulares), los estibadores del siglo XIX, sin estar oficialmente agrupados, constituían un compacto colectivo profesional con una serie de reglas y normas, no escritas, muy estrictas.

Manteniendo sus tradicionales grupos de trabajo, las collas, y combatiendo el sempiterno intrusismo; una circunstancia que en Málaga, durante muchos años, incluso ya entrado el siglo XX, fue un hecho habitual, los estibadores se empezaron a agrupar de una forma reglada en 1929, año en el que se creaba la Federación Nacional de Entidades Obreras de los Puertos de España, una agrupación que en 1931 ya existió oficialmente en el puerto malagueño.

1053281_537506866309754_1986293314_oDescarga de un barco en Málaga a  principios del siglo XX.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de agosto de 2013).

Por los mares de Asia

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de julio de 2013 a las 9:18

En 1969, los astilleros finlandeses Wärtsilä Turku entregaban a la compañía sueca Johnson Line el buque portacontenedores Axel Johnson. Tras navegar casi veinte años en diferentes rutas comerciales, en 1986, el barco era vendido a la naviera Regency Cruises que, tras rebautizarlo como Regent Sun, planificó su reconversión en un buque de crucero. Renombrado al año siguiente como Italia y sin haber sido reformado, en 1988, el portacontenedores era adquirido por Costa Cruceros que, en los astilleros genoveses  T. Mariotti lo transformaba en un muy especial buque turístico. Matriculado en Nápoles y con el nombre Costa Marina, aquel novedoso barco de turistas iniciaba su carrera recibiendo los más elogiosos comentarios de la prensa crucerística internacional.

Apodado como el barco de la luz por su amplitud de espacios exteriores y por su vistosa popa acristalada, el Costa Marina, en octubre de 1991 visitaba el puerto malagueño por primera vez. Atracado en el muelle número dos, una multitudinaria fiesta a bordo celebró su llegada; una recepción con la que este buque iniciaba una muy larga y estrecha relación con Málaga.

Después de cumplimentar un total de 103 visitas, el 4 de marzo de 2011, el Costa Marina surcaba por última vez las aguas malacitanas. Varios meses más tarde, Costa Cruceros vendía el barco por 40 millones de dólares a una multinacional asiática que lo rebautizaba como Harmony Princess. Tras recibir el nombre Club Harmony en 2012, en la actualidad, y bajo la bandera de las Islas Marshall, este antiguo portacontenedores reconvertido en buque de crucero, realiza diversos itinerarios turísticos por localidades de China, Japón y Rusia saliendo del puerto sur coreano de Busan.

El rebautizado CLUB HARMONY antiguo COSTA MARINA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de julio de 2013).

El VICTORIA

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de julio de 2013 a las 10:33

El domingo 6 de enero de 1974, visitaba por primera vez al puerto de  Málaga el buque Victoria. Tras una larga carrera efectuando viajes en línea regular (con pasaje y carga) entre diversos puertos italianos y Hong-Kong, el Victoria se estrenaba como buque de crucero.

Transferido por su propietario, la naviera Lloyd Triestino, a la compañía transalpina Adriática Line, el barco, sin sufrir ningún tipo de transformación, iniciaba una nueva vida turística presentando un ambicioso programa de viajes por Mediterráneo.

Sin perder sus dos clases originales (290 pasajeros en primera y 141 en clase turista), y manteniendo su rica decoración interior, el Victoria entre abril de 1974 y enero de 1975 efectuó cinco viajes. Con inicio y final en Génova, aquellos recorridos hicieron escala en los puertos de: Palma de Mallorca, Cádiz, Funchal, Las Palmas, Casablanca, Tánger y Málaga.

Ya con el León de San Marcos en su chimenea (el logotipo de la compañía Adriática), en 1975, el Victoria efectuó seis itinerarios de 13 días en los que Málaga estaba incluida. Un número de escalas que al año siguiente ascendió a 19.

Tras aquellas tres exitosas temporadas, para 1977, Adriática Line programó 17 viajes turísticos por mar, aunque finalmente, el Victoria sólo efectuó cinco cruceros.

Teniendo como destino el desguace, aquel buque construido en 1953 en los astilleros Cantieri Riuniti dell’Adriatico, fue comprado por la organización cristiana Youth With A Mission que lo reconvirtió en un buque hospital. Asignado a una división de esta organización denominada Mercy Ship y rebautizado como Anastasis, el antiguo Victoria, en uno de sus múltiples viajes solidarios regresaba al puerto malagueño en octubre de 2003.

Cartel anunciador del VICTORIA como buque de crucero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (23 de julio de 2013).

El barco de San Telmo

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de julio de 2013 a las 10:17

Aunque las procesiones que congregan a los fieles de la Virgen del Carmen, ya sea por tierra o por mar, constituyen los más importantes cortejos de gentes relacionadas con el ámbito marítimo, hubo una época, en que otras personas, no vinculadas directamente a esta advocación pero muy relacionadas con el mundo de la mar y los barcos, también salieron desfilando por las calles de Málaga.

Tras constituirse el  Real Colegio Náutico de San Telmo en 1787, y después de quedar perfectamente organizada toda su compleja infraestructura, los alumnos de lo que podríamos denominar como la primera facultad universitaria que existió en Málaga, salían a la calle acompañando a las diferentes procesiones religiosas que por entonces recorrían la ciudad.

Ataviados con sus uniformes de gala y acompañados por sus profesores, los colegiales de número y los porcionistas (así se denominaban los alumnos que cursaban sus estudios en esta institución), participaron en calidad de acompañantes en los más significativos eventos religiosos que hasta 1849, fecha en la que el colegio dejó de existir, se sucedieron en Málaga.

Y aunque la presencia de los santelmistas siempre llamaba la atención, mucho más lo hacía el carro en el que los alumnos de la escuela de náutica transportaban el barco (una embarcación de casi tres metros de eslora aparejada como corbeta) con el que estos jóvenes aspirantes a marinos aprendían las artes de la navegación.

Un barco que aun hoy se conserva, y que, además de constituir la gran joya de la historia marítima malagueña, durante 62 años, el tiempo en el que este colegio de náutica estuvo en la ciudad, fue un fiel protagonista en todos los actos religiosos acaecidos en las calles de Málaga.

Corbeta didáctica del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (16 de julio de 2013).