Un mal día

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de febrero de 2018 a las 11:05

La épica de la mar y los barcos siempre ha estado inexorablemente vinculada a historias de peligros y mal tiempo. Con el recuerdo de aquel apasionante libro titulado ‘Tempestades y Naufragios’, todo un clásico que me permito recomendarles, hoy les contaré un hecho ocurrido en el puerto el pasado domingo 28 de enero.

Con un aviso de malas condiciones meteorológicas, la muy especial climatología de nuestra costa mostró su peor cara en la tarde de aquel día. En pocos minutos, el viento de Levante se convirtió en el protagonista de la jornada, y la mar, comenzó a agitarse.

Manteniéndose los tráficos previstos, aunque un barco que se encontraba fondeado en la bahía levantó su ancla y salió a capear el temporal, el buque panameño de transporte de ganado  Zein I recibió la orden de entrar para amarrar en el muelle número seis. Auxiliado por los remolcadores Vehintiocho y Vehintinueve, el intenso viento complicó una maniobra que finalmente fue cancelada por el práctico ante el peligro que suponía este atraque. Varias horas más tarde, procedente de Melilla, llegaba a la bahía malacitana el ferry Dénia Ciutat Creativa. Después de haber realizado una travesía muy movida, el barco de Baleària  se encontraba frente al puerto con olas de cuatro metros y rachas de viento cercanas a los  ochenta kilómetros por hora. Con la necesidad de desembarcar al pasaje, este buque afrontó la bocana malagueña a sabiendas de lo que le esperaba. Atravesado durante unos interminables segundos a la mar de Levante, el ferry sufrió varios bandazos que lo zarandearon bruscamente de babor y estribor. Superada la bocana, finalmente el Dénia pudo atracar ayudado por los remolcadores. Un mal día de tempestad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERADÉNIA CIUTAT CREATIVA entrando por la bocana del puerto el 28 de enero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de febrero de 2018.

El TOUBKAL

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de enero de 2018 a las 9:44

Hace unos días, recibía una foto de dos barcos varados en las playas turcas de Aliaga a la espera de ser desguazados. Pertenecientes ambos a la naviera marroquí International Maritime Transport Corporation, los buques de los que les hablo son el Meknes y el Toubkal.

Y aunque del primero, un buque de carga rodada, poco puedo decirles, del segundo sí que puedo contarles cosas, ya que el Toubkal, durante varios años fue un habitual del puerto malagueño.  Construido  en 1990 en los astilleros daneses Orskow, este portacontenedores de 133 metros y 8.908 toneladas de registro bruto que comenzó a navegar con el nombre Flemming SIF, después de tres bautismos más, en 2009 era acristianado como Toubkal, luciendo desde entonces bandera de Marruecos y matrícula de Casablanca.

Realizando rutas por el Mediterráneo, este buque, que lucía en su casco el mismo color azul que los portacontenedores de Maersk Line y que como curiosidad mostraba a popa su nombre y puerto de registro en árabe, llegaba por primera vez aguas malacitanas en octubre de 2004.

Asignado a una línea que por entonces enlazaba los puertos de Casablanca y Málaga, el Toubkal, que podía transportar un total de 976 TEUS, cubrió este itinerario hasta noviembre de 2006, fecha en la  que dejó de amarrar regularmente en el muelle nueve. Finalizadas aquellas navegaciones, y tras cumplimentar hasta septiembre de 2012 algunas escalas intermitentes, este portacontenedores que en 2005, sin contar a los buques de pasaje y carga rodada que cubren la línea con Melilla, ostentó el record de ser el mercante que más atraques realizó en Málaga,  espera ahora para ser desguazado. Un modesto barco que ya forma parte de la historia del puerto.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA TOUBKAL en uno de sus atraques en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de enero de 2018

Cortesía y descortesía

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de enero de 2018 a las 10:45

Cuando cualquier tipo de barco llega a un puerto español, en su mástil se iza la denominada bandera de cortesía. Sin existir un reglamento que los obligue, la tradición y las buenas maneras, llevan a que estos buques muestren durante su estancia el pabellón del país en el que se encuentran atracados.

Hace unos días, abriendo la nómina de barcos de guerra que visitan Málaga en 2018, el destructor de la marina real inglesa Duncan amarraba en el muelle de Levante. Con el añadido de entrar en la historia portuaria malacitana por ser el primer buque militar que carga combustible desde un barco, este destructor, que llegaba antes de tomar el mando de una agrupación de la OTAN, amanecía al día siguiente de su atraque sin lucir la bandera española. Informados sobre el pabellón de cortesía por la Comandancia Naval de Málaga, el Duncan, cuatro jornadas después de su llegada, dejaba las aguas malacitanas sin haber querido izar esta bandera.

Un día después de esta salida, el buque cisterna norteamericano Leroy Grumman amarraba en el muelle de Levante. Integrado en la Military Sealift Command, una organización que  abastece a barcos de la marina de guerra de los Estados Unidos y a aliados, el Leroy Grumman quedaba atracado sin lucir el pabellón de cortesía. Informado horas después de su llegada de esta tradición por un responsable de la Comandancia, el buque al instante izó la bandera. Un pabellón que no tenían oficialmente a bordo y que tuvo que ser rescatado del camarote del primer oficial; un marino de ascendencia española que tras la autorización del capitán cedió su bandera. Dos actuaciones diferentes que explican a la perfección lo que significan las palabras cortesía y descortesía.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque norteamericano LEROY GRUMMAN con la bandera española de cortesía.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de enero de 2018

Estadísticas

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de enero de 2018 a las 10:06

Siempre se ha dicho, que las estadísticas son análisis matemáticos que pueden ofrecer datos positivos o negativos en función de cómo estén plateados. En base a esta aseveración, hoy les contaré una curiosidad ocurrida hace unos días en el puerto.

Cumpliendo con la tradición de convocar una rueda de prensa con desayuno en los últimos días del año, la Autoridad Portuaria reunía a los medios de comunicación el 26 de diciembre para presentar el cierre del tráfico de cruceros. Tras exponer una primera cifra: 510.682 pasajeros, el presidente de la Autoridad Portuaria refería los 299 atraques de 2017, un número que suponía un incremento del 18,2% con respecto a 2016.

Después de exponer muy diversos datos (sobre este tipo de barcos las estadísticas posibles son infinitas), y teniendo como principal objetivo para 2018 la consolidación de los buenos resultados obtenidos, el presidente del puerto habló de superar las 300 escalas crucerísticas; una muy significativa cifra que sólo se ha alcanzado en tres ocasiones.

Y aunque los números expuestos fueron totalmente rigurosos, el principal responsable del puerto, mucho antes de haber dicho esto, podría haber asegurado que en 2017 habían venido a Málaga 300 barcos de turistas; una circunstancia que sí ocurrió como ahora les cuento.

El 26 de septiembre, el buque de crucero Costa Favolosa llegaba a la bahía malacitana para desembarcar a un enfermo. Sin entrar en el puerto, este barco, siendo igualmente riguroso, sí que vino a Málaga, y como tal, muy bien podría haberse incluido en la nómina de los buques turísticos llegados en 2017. Un hecho que, sin faltar a la verdad, hubiera redondeado a 300 la estadística crucerística del pasado año.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA‘Costa Favolosa’ el buque de crucero que llegó a Málaga el 26 de septiembre de 2017 y no atracó.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de enero de 2018.

La incógnita del año

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de enero de 2018 a las 9:59

A falta de que la Autoridad Portuaria presente pormenorizadamente los datos oficiales de todos tráficos que se han movilizado en 2017 (sólo se han expuesto las cifras referidas a los buques de cruceros y turistas), el nuevo año se presenta lleno de incógnitas. Y aunque las previsiones apuntan a que todo marchará como en los últimos 365 días, la caprichosa y cambiante lógica portuaria no asegura que 2018 finalice con las buenas cifras con la que se marchó el pasado año.

Con unas expectativas crucerísticas al alza en las que el principal desafío pasa por superar las 300 escalas, algo que sólo ha ocurrido en tres ocasiones en la historia portuaria malagueña, los graneles, especialmente los agroalimentarios, apuntan a unos incrementos que mantendrán una intensa actividad en los muelles. Frente a estos dos mascarones de proa que aglutinan los mejores resultados de 2017 y sin olvidar las reparaciones, los tráficos de graneles minerales, las descargas de coches o el repostaje de barcos,  la gran incógnita para estos próximos 365 días tiene un nombre propio. Y aunque el movimiento de contenedores, desde hace unos  años en la cuerda floja, podría ser muy bien el poseedor este nombre, el protagonista de esta interrogante es Baleària, la compañía que en diciembre de 2016 llegó para cubrir una nueva la línea regular con Melilla.

Cargada de muy buenas intenciones y sin haber hecho mella a Trasmediterránea que cerraba 2017 con unas cifras al alza, Baleària, tras un año repleto de contratiempos se reincorporaba este pasado domingo a la ruta melillense después de haber permanecido inactiva durante 27  días. Un significativo ejemplo que posiciona a esta compañía como la gran incógnita de 2018.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFerry de Baleària atracado en Málaga  este domingo  tras 27 días sin servicio.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de enero de 2018.

Dos viajes redondos

Juan Carlos Cilveti Puche | 26 de diciembre de 2017 a las 10:08

Habitualmente, las últimas semanas de diciembre no destacan demasiado en lo que al tráfico portuario se refiere. Reducido considerablemente el número de  atraques, los buques que navegan en línea regular son los que, de una forma ininterrumpida, cumplen con sus viajes sin tener en cuenta las fechas en las que nos encontramos.

Al respecto de estos barcos, hoy les contaré un hecho histórico protagonizado el ferry Fortuny, el  melillero titular que desde abril de 2015 cubre a diario la ruta del mar de Alborán. Construido por encargo de Trasmediterránea en los astilleros gaditanos del Grupo Izar entre  1999 y 2001, este superferrie de 26.916 toneladas de registro bruto y 172 metros de eslora que puede embarcar a un total de 1.200 pasajeros disponiendo además de 1.500 metros lineales de garaje para vehículos y carga rodada, protagonizó el pasado día 21 de diciembre dos viajes redondos a Melilla en un mismo día; una circunstancia que nunca se había dado en los cien años de historia de esta ruta.

Y aunque hace muchas décadas hubo dos ferries que realizaban conjuntamente estas navegaciones (uno salía de Málaga y otro de Melilla y ambos se cruzaban en el camino), y  dejando a un lado a los buques de alta velocidad que en los refuerzos veraniegos de 2002 y 2003 efectuaban varios viajes diarios, jamás hasta la fecha un ferry al uso había cumplimentado una navegación doble como la que les estoy narrando.  Tras llegar de Melilla el pasado día 21 a las 06:00, el Fortuny salía dos horas más tarde para regresar a aguas malacitanas a las 22:30 y partir nuevamente a las 00:30 del día 22. Todo un acontecimiento histórico ocurrido en diciembre que además se volverá a repetir en esta semana.

Fortuny 16-II-171FORTUNY que realizó la pasada semana cuatro viajes a Melilla en un día.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 26 de diciembre de 2017.

Una tradición perdida

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de diciembre de 2017 a las 11:16

Hoy, dejaré a un lado las historias de barcos para hablarles de una tradición que se ha perdido en el puerto de Málaga. Sin haber podido encontrar la fecha exacta en que se inició (con toda seguridad habría que remontarse varias décadas atrás), en el patio del edificio de la Autoridad Portuaria se instalaba un coqueto nacimiento cargado de simbología marítima. Sobre una barca, aunque lo más correcto sería denominarla buceta, se montaba un misterio navideño que  se acompañaba de un curioso aro salvavidas de color blanco; un elemento que siempre me llamó poderosamente la atención y sobre el que se podía leer la inscripción Puerto de Málaga. Esta tradicional decoración que se solía acompañar de  vistosas guirnaldas rojas en paredes y columnas, servía de escenario para acoger la recepción que se ofrecía a todos los trabajadores del puerto; un evento desaparecido al que habría que añadir la también extinta fiesta de reyes en la que los hijos de los empleados portuarios recibían obsequios de los magos de Oriente.

Aquel singular nacimiento que pude fotografiar por última vez en la Navidad de año 2007, nunca más se ha instalado, y las figuras que representan el misterio junto a los adornos marineros que las acompañaban, incluido aquel aro salvavidas, reposan embalados en alguno de los almacenes del puerto.

Y aunque en las fechas que vivimos gran parte de la parafernalia navideña tiene muy poco que ver con los hechos religiosos que se celebran entre finales de diciembre y principios de enero, reconocerán conmigo, que, con independencia de  todas y cada una de las creencias y convicciones, existen determinadas tradiciones, con más o menos años de antigüedad, que no deberían perderse.

OLYMPUS DIGITAL CAMERANacimiento de la Autoridad Portuaria del año 2007.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 19 de diciembre de 2017.

Advertencias

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de diciembre de 2017 a las 9:46

Desde siempre, el acceso a los barcos ha estado muy controlado. Con el recuerdo de aquellos agentes de la autoridad que, posicionados a pie de muelle en las escalas de los buques verificaban los embarques, la seguridad para subir a un barco ha ido evolucionando con el paso de los años.

Mantenida la figura del marinero que supervisa las entradas, los rótulos que informan de la prohibición de embarcar constituyen una primera advertencia sobre esta restricción. Y aunque lo más habitual, especialmente en los mercantes, es una cadena que situada en la escala impide el acceso al que no es tripulante, en los últimos años, los barcos se han llenado de avisos que, además de servir para controlar el acceso, informan sobre las reglas de seguridad que deben seguirse a bordo.

Hace unos días, llegaba al puerto el buque tanque de bandera liberiana Stolt Basuto.  Atracado en el muelle seis, este barco amarraba para cargar aceite con destino a los Estados Unidos; una ruta habitual que se viene repitiendo desde hace algunos años.

Mostrando en grandes letras rojas bajo su puente de mando la frase No Smoking, un lema que repiten todos los buques que transportan mercancías peligrosas, el Stolt Basuto reseñaba en un curioso cartel las condiciones de seguridad que deben seguirse a bordo.  Sobre una estructura en su cubierta principal, este barco, además de recordar la imposibilidad de fumar,  advertía la no admisión de visitantes y la prohibición de usar teléfonos móviles; unos recordatorios que se completaban avisando de la necesidad de una identificación para embarcar. Una completa lista de requisitos muy diferente a  la que muchos buques colocan en sobre su escala para impedir el acceso a bordo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACartel de advertencia en la cubierta del buque STOLT BASUTO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de diciembre de 2017.

Intriga por resolver

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de diciembre de 2017 a las 9:50

Corría  el año 2007, cuando en esta misma columna les contaba la historia de dos buques de cruceros que llevaban a su popa un par mástiles para banderas.  Aquellos barcos, el European Vision y European Star, bajo la contraseña de la ya desaparecida Festival Cruceros, navegaban enarbolando además de la insignia de su país de registro el pabellón de la Unión Europea; un hecho nada ortodoxo que hacía referencia a sus nombres y a una muy estudiada campaña publicitaria.

Cuando Festival Cruceros quebró y sus barcos fueron vendidos, estos buques pasaron a MSC Cruceros, siendo rebautizados como  MSC Armonia y MSC Sinfonia, manteniendo en sus respectivas popas aquellos dos singulares mástiles para banderas.

Hace unos días, en el muelle número dos, fotografié al buque Braemar en su tercera escala malagueña de 2017. Con sorpresa descubrí, que el barco de Fred Olsen Cruise Lines también lucía en su popa dos mástiles.

Intrigado  por tal hecho, comencé a indagar las posibles causas por las que este buque construido en los astilleros valencianos de la Unión Naval de Levante en 1993 lleva dos  soportes para banderas. Tras verificar que con sus cuatro anteriores nombres no había lucido esta peculiaridad, pude descubrir que los mástiles en cuestión habían sido añadidos cuando el barco fue adquirido por Fred Olsen en el año 2001. Sin noticias de que el buque haya navegado en algún momento enarbolando la bandera de su  país de registro junto con la  insignia europea como en el caso de los  ex Festival ahora MSC, la intriga de los dos mástiles de popa del Braemar sigue sin resolver. Una muy peculiar circunstancia que seguiré investigando y de la que ya les daré noticias cuando consiga saber algo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABRAEMAR muestra junto al Palmeral de las Sorpresas sus mástiles a popa.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de diciembre de 2017.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de noviembre de 2017 a las 9:27

Cuando los diseñadores de este yate finalizaron los trabajos previos a su construcción, definieron a este motovelero como la reencarnación náutica del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Les estoy hablando del My Song, uno de los más modernos y tecnológicos barcos de recreo privado de su clase que existe en la actualidad.

Atracado en el muelle dos con una pequeña avería, este coloso es propiedad del empresario italiano del mundo de la moda Pier Luigi Loro Piana. Construido en los astilleros finlandeses Baltic Yatchs en 2016, el My Song, cuarto yate que ha tenido este armador con el mismo nombre, participa de unas características técnicas que lo hacen único y que ya le han hecho acreedor de un premio internacional.

Fabricado en su totalidad con fibra de carbono, este motovelero de 39’6 metros de eslora y 105 toneladas de desplazamiento (de estas 36 forman parte del lastre situado en su quilla y orza), monta tres velas con una superficie total de 2.210 metros cuadrados; un trapo que supera  a muchos de los veleros clásicos que habitualmente visitan las aguas malacitanas.

Con interiores propios de un gran yate, unas de sus más significativas innovaciones, dejando a un lado su revolucionario sistema de propulsión retráctil, se centra en que sus techos, paredes y suelos están fabricados en su totalidad con lino compactado, un textil nada habitual en este tipo de construcciones.

Y aunque se podrían decir muchas otras cosas de este super yate, vuelvo al apodo literario que sus diseñadores le dieron. Un velero, el Dr. Jekyll, que puede navegar a unos rápidos 16`5 nudos antes de convertirse en Mr. Hyde y surcar la mar a 55,6 kilómetros  por hora, una velocidad propia de un velero de alta competición.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASuper velero MY SONG atracado en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de noviembre de 2017.