La espía rumana

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de mayo de 2012 a las 8:17

AL hilo de la historia que hace unas semanas les contaba sobre El hombre del traje (aquel supuesto espía que viajaba regularmente en el melillero allá por la década de los años cuarenta), hoy les narraré un extraño suceso ocurrido en el puerto en marzo de 1934.

A bordo del Empress of Japan, un buque de línea regular trasatlántica que realizaba un puntual viaje que hoy denominaríamos crucerístico, llegaba una mujer de 30 años de nacionalidad rumana llamaba Cristeta Boulagne. Sola y con una pequeña maleta como único equipaje, aquella misteriosa joven que había tomado un camarote de primera clase en un puerto francés, viajaba con destino a Italia en aquel barco que, tras visitar Lisboa y Cádiz, tocaba Málaga para seguir viaje a Barcelona en un itinerario turístico por el Mediterráneo.

Aislada y sin participar en ninguna de las actividades que se habían realizado a bordo, la joven rumana, al llegar a Málaga recibía un misterioso telegrama, y al instante, desembarcaba sin dar explicaciones para alojarse en un céntrico hotel de la ciudad.

Varias horas más tarde, en el momento en el que el barco se preparaba para salir, otro misterioso telegrama que obligaba a paralizar la maniobra, llegaba a bordo informando al capitán que la joven rumana no debía abandonar el buque.

Ante la imposibilidad de retrasar su salida, el Empress of Japan seguía viaje y Cristeta Boulagne, tras pasar una noche en el hotel, dejaba Málaga en un taxi con destino a Madrid.

Una singular historia que un diario de la época tituló como “La misteriosa historia de la espía rumana”, en la que se reseñaba una enigmática clave de tres cifras (la que recibió en el telegrama) y que al parecer fue el motivo de la rápida huida de esta joven hacia la capital de España.

Empress of Japan, en el que llegó a Málaga en 1934 Cristeta.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Mayo de 2012).

El ROMA

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de mayo de 2012 a las 8:24

EL 14 de abril de 1968 atracaba en el muelle número uno el buque de crucero Roma. Procedente de Génova y con destino a Palma de Mallorca, este barco, propiedad de la compañía italiana Lauro Lines, llegaba al puerto malagueño por primera vez para realizar una serie de viajes turísticos por mar. Construido en 1942 en San Francisco como un carguero de la clase C3, este buque, un año después de ser entregado, se reconvertía en un portaaviones auxiliar que la marina de guerra norteamericana comisionaba a la Royal Navy con el nombre de Fencer.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, en 1946, tras regresar a Estados Unidos, el barco quedaba en la reserva, y en 1950 se vendía a la compañía Lauro Lines para, tras una importante reforma, ser usado como buque de pasaje. Después de su reconversión, en 1951 rebautizado como Sydney, el barco iniciaba su carrera con pasajeros en viajes regulares entre Génova y diferentes puertos australianos. Tras unos años convertido en barco de emigrantes (desde 1960 simultaneó viajes en línea con itinerarios crucerísticos), en 1967 retomando el nombre de su gemelo Roma desguazado ese mismo año, navega casi en exclusividad efectuando recorridos turísticos fundamentalmente por el Mediterráneo.

Con 150 metros de eslora y 14.708 toneladas de registro bruto, el Roma, durante su carrera como buque de crucero bajo la contraseña de Lauro mantuvo las categorías de primera y clase turista, una reminiscencia de su anterior vida como barco de línea. Tras unas exitosas campañas crucerísticas que tuvieron a Málaga como puerto de escala habitual entre 1968 y 1970, el buque, vendido en 1969, comenzó una errática carrera de cambios de nombres que lo llevaron al desguace en 1975.

ROMA (antiguo SYDNEY).

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (1 de Mayo de 2012).

El buzón de correos

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de abril de 2012 a las 8:45

En más de una ocasión, les he hablado de determinadas fotos portuarias que me hubiera gustado tomar y que por múltiples motivos no pude hacer. Una de estas instantáneas, quizás de las más deseadas por el hecho de no tenerla, es la del singular buzón de correos ambulante que a diario se colocaba en la escala de los melilleros.

Desde el año 1920, todos los buques de la Compañía Trasmediterránea que han cubierto la línea regular entre los puertos de Málaga y Melilla, han lucido una muy especial bandera nacional con las iniciales C M (Correo Marítimo), indicativas de ser buques subvencionados estatalmente y encargados de transportar oficialmente el correo. Hoy día, la correspondencia que se embarca en los buques de línea regular, llega a bordo de un camión, y el encanto de aquel buzón de correos de quita y pon ya no existe.

Construido con una simple tabla con su correspondiente ranura bajo la cual colgaba una saca de correos, este singular artilugio se situaba junto a la escala del barco nada más llegar a puerto, y unos minutos antes de salir (era lo último que se hacía antes de soltar las estachas), un marinero quitaba el improvisado receptáculo que era entregado a un funcionario de Correos, el ambulante, que durante el transcurso de la travesía clasificaba toda esta correspondencia.

Aquel tan especial buzón que tantos malagueños y melillenses usaron a diario para depositar sus cartas de última hora, se mantuvo activo durante muchos años, hasta que un día, allá por la década de los años setenta desapareció.

Una imagen de otra época que muchos recordarán, y que forma parte de las múltiples fotos portuarias que, desafortunadamente, no pude tomar y que no están en mi archivo.

Camión de Correos entrando en el Melillero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Abril de 2012).

El cuarto Nieuw Amsterdam

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de abril de 2012 a las 7:20

SI hubiera que hablar de la tradición marítima por excelencia, sin duda alguna, habría que mencionar a la compañía Holland America Line. Fundada en el año 1873, esta naviera de origen holandés, además de tener buques de carga al uso, fundamentalmente operó desde sus inicios con barcos de línea regular transportando emigrantes entre Europa y Estados Unidos. Tras imponer en 1883 a todos los nombres de sus barcos de pasaje el sufijo dam (en holandés dique o presa), esta compañía realizaba su primer viaje turístico en 1895 entre los puertos de Roterdam y Copenhague. Después de navegar muchos años en rutas trasatlánticas, cuando los buques de línea ya no eran rentables, Holland America Line que ya sólo operaba con pasajeros, reconvirtió a sus barcos en buques de crucero, manteniendo en todos ellos el sabor de aquellos viejos y lujosos trasatlánticos de otra época.

Con una flota donde la tradición mantiene permanentemente algunos nombres del pasado, el puerto de Málaga recibía por primera vez en la jornada de ayer al cuarto Nieuw Amsterdam, un superhotel flotante que perpetúa un nombre histórico en esta compañía. Tras un primer Nieuw Amsterdam que navegó entre 1906 y 1932, un segundo buque con este mismo nombre visitaba el puerto malagueño en cinco ocasiones entre los años 1953 y 1967 (curiosamente de todas estas visitas sólo en una ocasión, el barco atracó en el puerto). En el año 2000, el tercer Holland America Line también denominado así escalaba en Málaga. Procedente de Cádiz y con destino a Barcelona, ayer el cuarto Nieuw Amsterdam atracaba en el muelle norte de la estación marítima de Levante, y la tradición marítima por excelencia volvía a estar presente en el puerto de Málaga.

Cuarto NIEUW AMSTERDAM en su primera escala en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (17 de Abril de 2012).

Un nuevo barco para Marítima Peregar

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de abril de 2012 a las 18:08

Nuevo barco para la línea de Málaga con Ceuta y Melilla.

La naviera malagueña Marítima Peregar adquiere el buque FESTIVO para cubrir su conexión regular con las localidades del norte de África.

Los muelles de Málaga están de estreno. Hoy llega el buque de carga rodada Festivo  al puerto para hacerse cargo de  la línea regular que la compañía malagueña Marítima Peregar mantiene desde hace años con Ceuta y Melilla.

Recogiendo el testigo del Volcan de Tinache y de otros buques anteriormente, y en sustitución del Isla de los Volcanes, el Festivo,  adquirido por Marítima Peregar a una compañía de origen holandés, comenzará sus trabajos en línea a principios del mes de mayo.

Después de quedar hoy atracado en el muelle 3 A3 y ser oficialmente entregado por su antiguo armador a sus nuevos propietarios, el Festivo necesitará varias semanas de trámites para cambiar de bandera y poder iniciar sus navegaciones que hasta ese momento seguirán a cargo del Isla de los Volcanes.

Tras salir de Estocolmo el 23 de marzo, el buque que llega con 11 tripulantes (aun al cargo de su antiguo propietario) más  los que serán su nuevo capitán y jefe de máquinas,  fondeaba en la bahía malagueña en la tarde del pasado miércoles a la espera de recibir las órdenes para entrar en lo que desde hoy será su nuevo puerto base.

Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet con el nombre Baltic Press, este buque de 6.413 toneladas de registro bruto, 136 metros de eslora y 16 de manga, en 2008 era rebautizado como Festivo, realizando durante su carrera por el Norte de Europa y el Mediterráneo diferentes recorridos en línea regular.

FESTIVO fondeado en la bahía de Málaga.

Con  algo más de 1.100 metros lineales para carga en su cubierta principal, una cifra que duplica la capacidad del Isla de los Volcanes, y con la posibilidad de cargar contenedores en su cubierta superior, el Festivo amplía sustancialmente sus posibilidades; un hecho que incrementará el tráfico de mercancías que desde Málaga navegan a los vecinos puertos de Ceuta y Melilla.

Y aunque el Festivo mantendrá su nombre, Marítima Peregar cambiará la bandera del buque, pasando ésta del registro gibraltareño a pabellón español y matrícula de Santa Cruz de Tenerife. Una decisión que convierte a esta naviera malagueña (activa en el puerto desde 1978) en una de las pocas compañías españolas que apuesta por navegar con barcos tripulados y abanderados en nuestro país.

 

Marítimas (10 de Marzo de 2012).

Temeridades

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de abril de 2012 a las 8:54

Los eventos marítimos que se realizan en el puerto y en los que hay participación popular a bordo de diferentes tipos de embarcaciones casi siempre, además de dejar imágenes curiosas, suscitan situaciones verdaderamente peligrosas.

Como es tradición, muchos malagueños salían a la mar en la mañana del Jueves Santo para recibir al barco que traía a la Legión. Posicionados alrededor del buque (este año se trataba del Contramaestre Casado), una variopinta flotilla de embarcaciones intentaba colocarse lo mejor posible para ver la maniobra de atraque y escuchar los cánticos legionarios a bordo del barco que los traía a Málaga en su cita anual.

Pasada la bocana y ya con los remolcadores de la clase H auxiliando al buque, a estribor de éste aparecía una barca de jábega engalanada con una bandera de Málaga a proa y una nacional a popa. Debido a la lentitud de la maniobra, los esforzados remeros conseguían posicionarse a pocos metros del costado del buque, y, ya en la dársena de Guadiaro, se colocaban en primera fila de mar para ver el espectáculo.

Con el Contramaestre Casado apoyado, que no atracado, en el muelle dos y mientras los legionarios desembarcaban, la barca de jábega se situaba en la popa del buque en una posición nada ortodoxa en lo que sería la maniobra habitual de un barco.

Pero rizando el rizo (permítanme la expresión) del más absoluto desconocimiento náutico, a un metro escaso de la popa del barco se colocaba un frágil esquife de apenas tres metros de eslora para, pegado al muelle y dentro de la zona de aguaje de la hélice del Casado ver cómo desfilaban las tropas. Dos verdaderas temeridades que algún día se tornarán en accidentes y que alguien debería impedir.

Barquilla a popa del CONTRAMAESTRE CASADO el Jueves Santo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (10 de Abril de 2012).

Cargadores de tronos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de abril de 2012 a las 17:57

Cargadores de tronos

José ‘El Caimán’ vivió la época en la que los trabajadores del puerto eran fundamentales para la Semana Santa · Estuvo más de 30 años sacando tronos.

LOS hechos más significativos acontecidos en la historia de Málaga, han tenido siempre, de una u otra forma, una muy estrecha relación con el puerto. Y aunque ahora, tal vez esos recuerdos no sean demasiado gratos para algunos, durante muchos años, la Semana Santa (un claro ejemplo de acontecimiento de relevancia para la ciudad), se nutrió de portuarios para salir a la calle.

Finalizada la Guerra Civil, la Málaga portuaria, con una población activa que superaba los mil trabajadores a pie de muelle, constituyó un muy importante pilar en la Semana de Pasión. Convertidos en unas piezas fundamentales, los hombres que día a día cargaban y descargaban barcos echándose todo a sus espaldas, portaron, durante muchos años, la gran mayoría de los tronos que salían en procesión.

Con 67 años, José Guerrero Triano, apodado El Caimán, es uno de los supervivientes de aquella época; una época en la que los cargadores del puerto, por una semana, se convertían también en cargadores de tronos. Hijo y nieto de portuarios, a los 16 años, José comenzó a trabajar en los muelles, y ese mismo año, se estrenaba sacando la Virgen de La Sentencia. Tras aquella primera experiencia que le aportó 35 pesetas, amén de un paquete de tabaco y un bocadillo (estos eran los honorarios de la época para un cargador portuario por sacar un trono), el hijo de El Caimán padre siguió la tradición familiar, y año tras año, simultaneó el trabajo en los muelles con el del varal.

José ‘El Caimán’, la semana pasada en el puerto de Málaga.

Trabajando a dos hombros (cada día con uno diferente), José recuerda su primera Semana Santa completa; una semana en la que de domingo a domingo sacó, junto a otros cargadores portuarios: La Cena, las vírgenes de El Cautivo, El Rocío, La Paloma, Mena, La Expiración, El Sepulcro, y finalmente, el trono del Resucitado.

“Los capataces nos tallaban un rato antes de salir, y tras darnos la ropa el tabaco y el bocadillo, comenzábamos el trabajo sabiendo que si se hacía bien, casi siempre había algún dinerillo más de lo inicialmente se había contratado” comenta José. Con un ticket en el bolsillo que era picado a mitad del recorrido (así se verificaba que el trabajo bajo el varal se realizaba), al final del desfile, los cargadores portuarios recibían su paga; un dinero que en la mayoría de los casos se gastaban minutos después de la procesión compartiendo vino en alguna taberna.

Con algunos incidentes modificados y magnificados por el paso de los años, la presencia de los portuarios en los tronos de Málaga fue decayendo a finales de los años sesenta, siendo sustituidos éstos por otro tipo de portadores pagados que precedieron de los actuales hombres de trono.

Jubilado en 2004 tras 44 años de vida portuaria y cerca de 30 bajo un trono, El Caimán resume su paso por la Semana Santa como “una época feliz y gloriosa”. Emocionado al recordar a los compañeros que se fueron, José sonríe recordando aquel cartucho de pescado frito que, un año, el mayordomo de La Estrella les dio a los portuarios tras su desfile, o aquellas zapatillas de tela blanca marca La Rueda que todos los cargadores de los muelles lucieron bajo la virgen de Zamarrilla y que no aguantaron el recorrido. Una verdadera institución de una Semana Santa muy diferente a la de hoy día.

El Caimán, derecha, y su padre, agachado, con la Cena en los 60.

Especial “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (3 de Abril de 2012).

Unos barcos diferentes

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de marzo de 2012 a las 8:56

AUNQUE ya estamos acostumbrados a ver grandes buques portacontenedores atracados en el puerto de Málaga, todavía resulta impresionante la llegada de uno de estos superbarcos a la terminal del muelle número nueve. Sin tratarse de los portacontenedores más grandes del mundo, en apenas dos semanas, dos buques gemelos han pasado por las aguas malagueñas luciendo una muy especial imagen.

Procedente de Valencia, la pasada semana atracaba en la terminal de contenedores el Maersk Edison, y varios días más tarde, también llegado de la capital del Turia, el Maersk Edinburgh amarraba para realizar su correspondiente operativa de carga y descarga. Construidos ambos en los astilleros surcoreanos Hyundai Heavy Industries entre los años 2010 y 2011, estos buques conforman una serie de trece gemelos llamados inicialmente clase Pearl, aunque en la actualidad, debido a que gran parte de la serie navegan bajo la contraseña de Maersk Line, atienden a la denominación de buques de la clase Edinburgh. Con 366 metros de eslora, 48 de manga y un calado que supera los 14 metros, estos dos gigantes de algo más de 141.000 toneladas de registro bruto, pueden transportar un total de 13.092 TEUS, una cifra que los convierte en uno de los buques más capaces dentro de la flota internacional de portancontenedores.

Pero con independencia de estos astronómicos números, quizás, lo que convierte a estos barcos en especiales, es su muy particular diseño. Con su superestructura en el centro de la eslora (en la mitad del barco), la chimenea va situada a popa, una peculiaridad no demasiado habitual en este tipo de buques que los convierte en diferentes frente a los grandes superportacontenedores de su especie.

MAERSK EDINBURGH atracado en la terminal de contenedores.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (27 de Marzo de 2012).

Con un mismo nombre

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de marzo de 2012 a las 7:57

Resulta algo curioso que haya barcos que naveguen llevando el mismo nombre. Y aunque nunca ha existido una prohibición expresa para que dos o más buques compartan nombre, hasta no hace demasiados años, los armadores se afanaban en que sus buques lucieran un nombre único que no estuviera repetido. En el sector de los barcos de pasaje (de esto ya les hablé), es tradición que determinados nombres se perpetúen con los años; y así, sucesivos barcos de una misma compañía, mantengan pintado en sus cascos un nombre tradicional de forma permanente. Un claro ejemplo de esto, podría ser el caso del Caronia, un nombre que la afamada compañía británica Cunard Line, dedicada primero al transporte de pasajeros y posteriormente al de turistas, mantuvo durante muchas décadas con tres diferentes barcos que, en diferentes épocas, tocaron el puerto malagueño.

Pero independientemente de esta circunstancia, lo que hoy les quiero reseñar, es la curiosa coincidencia de algunos mercantes que han pasado por Málaga con un mismo nombre. En abril de 2004, llegaba a la terminal del muelle número 9 en un viaje entre Norfolk y Livorno el portacontenedores de bandera alemana Telamon. Hace apenas un par de días, en el muelle 6, atracaba para cargar dolomita un pequeño buque abanderado en Antigua y Barbuda llamado igualmente Telamon.

Y aunque estas coincidencias suelen darse en el transcurso de los años, lo que es verdaderamente singular, es que dos barcos con el mismo nombre coincidan atracados en un mismo puerto a la vez. En Málaga, hace algo menos de un mes, dos buques muy diferentes llamados respectivamente Herakles coincidían atracados casi frente a frente; uno en el muelle número 6 y otro en el 7.

Los dos HERAKLES atracados en Málaga hace unos días.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (20 de Marzo de 2012).

Una tasa especial

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de marzo de 2012 a las 8:29

Los asiduos a esta columna, tal vez recuerden la historia de “El Pestoso”; aquel buque que a mediados del siglo XIX descargaba pieles en Málaga procedentes de diferentes puertos del norte de África. En 1887, un periódico malagueño reseñaba la llegada de un barco cargado con varios fardos de cabello humano. Se trataba del Oriol Segundo, un incalificable buque de vela matriculado en Barcelona que, procedente de Tánger, atracaba con este singular cargamento.

Capitaneado por su armador que había decidido hacer las Américas al sur del Mediterráneo, este velero de un mástil  se posicionaba en Málaga para realizar desde aquí sus navegaciones de cabotaje con cualquier tipo de carga.  Tras algo más un año de trabajo, nuevamente, la prensa reseñaba los fardos que el Oriol Segundo traía junto a otras mercancías, y las autoridades marítimas tomaban cartas en el asunto.

José Duarte, que así es como se llamaba el capitán armador del velero, había acordado con un comerciante tangerino la compra de cabello humano, el cual, tras ser descargado en Málaga, debía ser embarcado sin ningún tipo de intermediario (sin agente que consignara la carga) en determinados mercantes  con destino al puerto de Marsella.

Tras ser aclarada la procedencia de aquellos cargamentos,  las autoridades marítimas malagueñas, además de obligar al buque a que tuviera  un representante en tierra,  gravó con una tasa especial aquella mercancía, y el Oriol Segundo que siguió trabajando desde Málaga, nunca más, supuestamente, desembarcó  fardos de cabello humano en el puerto.

En 1894, el Oriol Segundo volvía a aparecer en la prensa malagueña; aunque en esta ocasión, la reseña hacía referencia a su desguace en las playas de Huelin.

El puerto de Málaga en la época del ORIOL SEGUNDO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (13 de Marzo de 2012).