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Una semana histórica

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de mayo de 2017 a las 8:32

La decimonovena semana del año 2017, la comprendida entre los días 8 y 14 de mayo, sin duda alguna quedará reseñada como una de las más importantes en la historia del puerto malagueño. En tan sólo siete días, tres relevantes eventos de muy diferente calado se han ido sucediendo en la  habitual vida de los muelles malacitanos.

Reseñados de una forma cronológica, el primero de estos eventos se produjo el martes 9 de mayo cuando a bordo del  ferry Sorolla Trasmediterránea presentó un billete de lotería conmemorativo de su centenario. En esta celebración, la naviera titular de la línea con Melilla eligió el puerto malagueño para esta presentación a nivel nacional; una hecho que con toda seguridad también se ha hecho extensible más allá de nuestras fronteras.

Con un marcado carácter internacional, el 12 de mayo, el buque de crucero TUI Discovery 2 era bautizado en aguas malacitanas. Tras cumplimentar su primera escala un día antes, en la noche del viernes 12 una botella de champán golpeaba la proa del barco, y esta importante ceremonia que nunca se había dado en el puerto de Málaga se completaba  con un castillo de fuegos artificiales cuando el buque salía por la bocana.

Finalizado este bautismo (aunque sería más correcto llamarlo rebauismo ya que este barco había navegado antes con otro nombre), el sábado 13 de mayo, el bulk carrier de bandera bahameña Ugljan repostaba mientras permanecía atracado en el muelle siete. Con la distinción de ser el primer carguero en la historia del puerto que recibe combustible desde un buque cisterna posicionado junto a él se cerraba la decimonovena semana de 2017; una  semana que con toda seguridad pasará a los anales históricos del puerto malagueño.

semana historicaTres imágenes que pasarán a la historia del puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de mayo de 2017.

En novedoso ‘rápido’ de 2016

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de julio de 2016 a las 17:38

El pasado viernes, Trasmediterránea comenzó en el puerto su temporada de alta velocidad; una campaña veraniega  que se inicia repleta de novedades. Ofreciendo hasta el 31 de agosto una llegada y una salida a la semana, y manteniendo unos precios muy similares a los de 2015, el gran cambio de este año en la línea rápida del mar de Alborán lo constituye el buque que cubrirá la navegación; un fast  ferry que nunca había estado en aguas malagueñas pero que recuerda con su nombre a uno de los pioneros de esta ruta iniciada en 2002.

Con la particularidad de tratarse de un monocasco, el Almudaina Dos, con 100,3 metros de eslora, 4.662 toneladas de registro bruto y unas capacidades que le permiten embarcar a 714 pasajeros en dos clases y 140 vehículos,  fue construido en los astilleros italianos Fincantieri en 1996. Bautizado como SuperSeaCat One, este buque, después de navegar para cuatro navieras diferentes manteniendo su nombre original, en 2006 pasaba a manos de Trasmediterránea que lo rebautizaba como Almudaina Dos  en recuerdo del segundo fast ferry con el que esta compañía se iniciaba en la alta velocidad.

Tras haber cubierto durante todos estos años diferentes rutas, ahora, el Almudaina Dos, rompiendo la supremacía que durante cerca de una década han tenido los catamaranes rápidos en la línea veraniega del mar de Alborán, afronta su primera temporada compartiendo viajes hacia Melilla desde los puertos de Málaga y Almería.

Pero además de todo esto, otras de las novedades que presenta este ferry es que está matriculado en Chipre; una circunstancia a la que habría que añadir que gran parte de su tripulación, en concreto dos tercios de ella, está compuesta por marinos no españoles.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque rápido ALMUDAINA DOS en su primer atraque en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de julio de 2016.

Un accidente con suerte

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de marzo de 2016 a las 8:16

Como les he referido en más de una ocasión, resulta verdaderamente extraño que los buques de la compañía Trasmediterránea hayan tenido tan pocos accidentes en el puerto malacitano. Teniendo en cuenta la habitualidad de realizar a diario dos maniobras, una de salida y otra de entrada, el porcentaje de incidencias dignas de destacar, resulta insignificante teniendo en cuenta que esta naviera, y por ende sus barcos, operan en aguas malagueñas desde hace casi cien años.

En junio de 1976, el buque Vicente Puchol, cubría de forma provisional la línea del mar de Alborán. Tras cumplimentar las operaciones de cargas y el embarque de pasajeros, a medio día del martes 29 de junio, el barco dejaba su atraque para iniciar su navegación con destino a Melilla. Liberado de su amarre, el buque, debido a un fallo en su máquina, chocaba de proa contra la esquina del muelle número seis. Aunque desde el puente de mando se había intentado minimizar el impacto echando el ancla de babor, el Vicente Puchol, no pudo evitar la embestida contra el cantil del trasversal de Poniente.

Con el barco parado, los remolcadores Marbella y Torrebermeja, se posicionaban junto al melillero para atracarlo en el muelle del que había partido tan solo unos minutos antes. Ya amarrado, la oficialidad del buque, miembros de la autoridad marítima y un inspector de una aseguradora, revisaban los daños en la proa del Vicente Puchol. Desembarcado todo el pasaje, se iniciaba una reparación de emergencia; una soldadura de una plancha provisional que permitiera, tras una verificación técnica, la navegabilidad del barco.

A última hora de la tarde de ese mismo día, el melillero accidentado recibió la autorización para salir a la mar.

VICENTE PUCHOLVICENTE PUCHOL que chocó contra el muelle seis en junio de 1976.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de marzo de 2016.

La ola del Melillero

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de julio de 2015 a las 8:43

Aunque nunca me ha gustado la playa, los recuerdos veraniegos de mi infancia están repletos de imágenes junto a la orilla del mar. Asiduo visitante durante algunos años de los Baños del Carmen, a la sempiterna amenaza del corte de digestión, mi madre siempre añadió la dramática escena de la resaca; un hecho que me justificaba aludiendo a la especial predisposición de las costas malacitanas para este tipo de fenómeno.

Con aquellos entrañables recuerdos, hoy les hablaré de un hecho que tras un año de ausencia ha regresado a las arenas del litoral Oeste de la ciudad.

La denominada ola del Melillero ha vuelto, y como siempre que lo hace, las protestas de los bañistas han empezado a proliferar. Y aunque la explicación de este fenómeno no deja de ser muy simple, la resolución del problema, sí que parece generar alguna que otra discrepancia.

Con la necesidad de frenar los casi 70 kilómetros por hora a los que navega, el catamarán rápido de Trasmediterránea, que además debe hacer un giro para entrar en el puerto, a cinco kilómetros de la costa según la legislación, comienza a reducir su velocidad para entra por la bocana a no más de tres nudos (5,5 Km/h), la marcha máxima obligatoria que cualquier barco debe llevar para moverse dentro del puerto.

Teniendo en cuenta que la maniobra se realiza según las normas, y que la ola del fast ferry no debería motivar la cancelación de la línea (de eso ya se están encargando determinadas malas gestiones políticas), las dos únicas soluciones para evitarla pasarían por comenzar a reducir la velocidad del barco mucho antes (esto implicaría alargar el viaje y consumir más combustible) y que en las playas existieran señalizaciones claras sobre este fenómeno.

Milenium Dos 21-VII-096Catamarán rápido en su aproximación al puerto malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de julio de 2015.

¿Un detalle?

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de diciembre de 2014 a las 9:01

El martes 11 de noviembre, atracaba en aguas malacitanas el buque de la compañía Trasmediterránea Sorolla. Convertido desde ese mismo momento en el melillero titular, este barco llegaba para sustituir definitivamente al Juan J. Sister, encargado desde 2006 de cubrir la ruta entre los puertos de Málaga y Melilla.

Disponiendo de una habilitación que le permite embarcar a 988 pasajeros repartidos en 182 camarotes y 340 butacas, este buque, además, puede transportar vehículos y carga rodada en sus 1.500 metros lineales de garaje; unas cifras que convierten al Sorolla en el ferry más grande que hasta la fecha ha navegado en la línea del mar de Alborán.

Con 26.916 toneladas de registro bruto, 172 metros de eslora y 26 de manga, este barco construido entre 2000 y 2001 en los astilleros vigueses Hijos de J. Barreras, ha navegado la mayor parte de su carrera en diversas líneas regulares entre la península y Baleares. Atendiendo a este hecho, y teniendo en cuenta que el Sorolla siempre ha cubierto rutas como correo marítimo, resulta verdaderamente extraño que desde su llegada al puerto de Málaga el barco no luzca en su popa la bandera española con las letras C M que lo califican como tal.

Y aunque esta circunstancia no deja de ser un simple detalle sin demasiada importancia, la llegada del Sorolla para hacerse cargo de la titularidad de una línea a punto de cumplir cien años, pasará a los anales de la historia marítima malagueña por dos hechos muy diferentes. Además de tratarse del ferry más grande que ha navegado en esta ruta, este barco se recordará como el que buque que inició sus navegaciones en línea regular sin lucir en su popa la bandera que lo identifica como correo marítimo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABandera del SOROLLA sin las siglas que lo identifican como Correo Marítimo.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de diciembre de 2014.

Adiós al rápido de Melilla

Juan Carlos Cilveti Puche | 27 de mayo de 2014 a las 9:23

Si no se produce un cambio de última hora, que parece que no, este año, la línea rápida que unía los puertos de Málaga y Melilla desaparecerá. Motivos puramente económicos (los gastos del barco no son rentables en función de la ocupación de éste), darán al traste con una ruta que comenzó a funcionar el año 2002.

Y sin entrar en mayores disquisiciones sobre lo triste de esta circunstancia, hoy les contaré cual ha sido la historia malacitana de los buques de alta velocidad. Cubriendo la línea entre Málaga y  Ceuta, una ruta que históricamente nunca ha funcionado,  en 1999, la compañía Buquebus realizaba una intentona con los buques Catalonia L y Patricia Olivia. Una efímera aventura que fracasó en algo menos de dos años.

Fruto sin duda de algún tipo de maniobra política, en marzo de 2000, el monocasco de bandera italiana Pegasus Two llegaba a aguas malacitanas con la pretensión de realizar navegaciones rápidas con destino al puerto de Rusadir. Tras una larga estancia en Málaga y después de efectuar varios viajes sin pasaje, nunca más se supo del barco, y la línea no se inauguró.

En junio de 2002, de la mano de la compañía Trasmediterránea, el fast ferry Alcantara iniciaba las rutas rápidas que, de forma regular durante los meses de verano y con refuerzos puntuales en determinadas fechas del año, han complementado a las navegaciones diarias del Melillero.

Los monocascos Alcantara y Almudaina primero, y después, los catamaranes Milenium, Milenium Dos, Milenium Tres y Alboran, han sido los buques que, durante todos estos años han cubierto la línea rápida con el vecino puerto melillense. Una ruta que ahora parece que dejará de existir, y que ojalá regrese en no demasiado tiempo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACatamarán rápido MILENIUM DOS en su última escala en Málaga este año.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 27 de mayo de 2014).

El barco del arroz

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de diciembre de 2013 a las 12:00

Seguramente, muchos de ustedes habrán escuchado o usado la frase: “estás más perdido que el barco del arroz”. Esta popular expresión, que parece podría tener su origen en un accidente marítimo, se nutre de varias acciones reales de buques perdidos en diferentes puntos de la costa andaluza.

Partiendo de la base que, quizás, la más fidedigna historia sea la del vapor Alcatraz hundido frente a Cádiz a finales de los años cincuenta, la tradición marítima malagueña, alude el protagonismo de esta frase al Delfin, un barco de la Trasmediterránea perdido frente a la localidad de Torrox.

Construido en Belfast entre 1885 y 1886 para la compañía Belfast Steamship Corporation Ltd., este vapor mixto que originariamente se llamó Optic, en 1907 pasaba a manos de la naviera barcelonesa  Sociedad Anónima Navegación e Industria que lo rebautizaba como Delfin. Tras quedar integrado en 1918 en la flota de Trasmediterránea, este buque de 1.254 toneladas de registro bruto y 80 metros de eslora, navegó cubriendo diferentes líneas regulares por el Mediterráneo.

Atracado en Málaga el 18 de julio de 1936, el Delfin, fue usado como buque prisión hasta el 31 de julio, fecha en la que inició una ruta regular entre los puertos de Málaga, Almería, Cartagena y Alicante. Cargado al parecer con harina, aceite y bacalao, el 30 de enero de 1937 navegando entre Almería y el puerto malacitano, el Delfin fue bombardeado sin éxito por varios aviones alemanes. Tras un segundo ataque fallido, al día siguiente, un submarino italiano torpedeaba y hundía al barco que queda con su superestructura fuera del agua. El 2 de febrero de 1938, una escuadrilla bombardeaba los restos del Delfin, el supuesto barco del arroz malagueño.

DelfinDELFIN, el supuesto barco del arroz malagueño.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de diciembre de 2013).

Manuel Ruíz

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de diciembre de 2013 a las 9:45

Manuel Ruíz, fue uno de esos muchos malagueños que, durante las primeras décadas del siglo XX se ganó la vida en el puerto. Sin un oficio fijo, Manuel trabajó en todo aquello que le pudiera reportar algo de dinero, una circunstancia que implicaba indistintamente realizar negocios o trabajos legales o ilegales.

Tras una infancia portuaria, en la que los juegos se combinaban con diferentes tareas remuneradas con un puñado de monedas, nuestro protagonista, con apenas 16 años se convirtió en mozo de recados. Trabajando para diferentes casas consignatarias, en 1905, Manuel entró a formar parte de los lavanderos, un grupo de trabajadores encargados de recoger y entregar a los barcos la colada que no se realizaba a bordo.

Gracias a este trabajo, Manuel comenzó sus trapicheos; unos negocios que inició en los buques de la Compañía Trastlántica Española que escalaban en Málaga dentro de sus rutas en línea regular con América del Sur. Tras ampliar su mercado a barcos franceses y alemanes sobre todo, el año 1917 significó un importante cambio para los negocios de Manuel Ruíz. Con la creación y puesta en marcha de los buques de la Trasmediterránea, el contrabando a pequeña escala, la especialidad de este malagueño, lo convirtieron en todo un personaje en el puerto. Cumpliendo a la perfección algunos de los más rancios tópicos portuarios; además de bebedor, Manuel era juerguista y un asiduo de timbas y casas de prostitución, en  noviembre de 1926, este contrabandista apareció  apuñalado y colgado en uno de los tinglados del muelle cuatro. Una muerte de la que nunca se supo su verdadera causa, y que constituye uno de los muy pocos asesinatos cometidos dentro del recinto portuario malagueño.

Puerto 1920-1930

El puerto en la década de los años 20.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (3 de diciembre de 2013).

Sólo dos años en Málaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de agosto de 2012 a las 12:38

Hubo un señor muy relacionado con el mundo marítimo malagueño que,  durante muchos años, mantuvo una lucha permanente con la compañía Trasmediterránea para que alguno de sus barcos luciera el nombre Ciudad de Málaga.

Esta peculiar batalla que se prolongó entre las décadas de los años sesenta y ochenta, finalmente (no sabría muy bien decir si debido a la persistencia de este señor o a los planes de la compañía), se saldó con puesta en marcha en 1998 de un ferry  que lucía en su casco en nombre de la capital de la Costa del Sol.

Pero con independencia de que este barco aún sigue activo y con la peculiaridad de que nunca ha operado en el puerto que lleva su nombre, en los años treinta, sí que existió un buque llamado Ciudad de Málaga que con los colores de la Trasmediterránea trabajó en el puerto malagueño.

En noviembre de 1929, los astilleros gaditanos Echevarrieta y Larrínaga iniciaban la construcción de dos barcos que debían recibir los nombres de General Berenguer y General Jordana. Ya en el agua y aun en fase de armamento, la proclamación de la Segunda República española cambió estos planes y ambos buques comenzaron sus respectivas carreras de mar rebautizados como Ciudad de Mahón y Ciudad de Málaga.

Con 1.550 toneladas de registro bruto, 71 metros de eslora y una capacidad para 290 pasajeros, a finales de 1931, el Ciudad de Málaga comenzó a trabajar en la línea entre Málaga y Melilla junto a los buques A. Lázaro y J.J. Sister.

Dos años después y tras un corto espacio de tiempo en Baleares, el Ciudad de Málaga fue desplazado a Canarias al servicio entre islas. Saliendo de Las Palmas el 8 de enero de 1936, el barco se hundía tras ser abordado por el mercante de bandera inglesa Cape of Good Hope.

CIUDAD DE MALAGA

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (28 de Agosto de 2012).

Cinco horas de niebla

Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de julio de 2012 a las 8:46

SIN entrar en especificaciones técnicas al respecto de lo que es la bruma o la neblina (generalmente todos hablamos de niebla), en los puertos, a la hora de realizar algún tipo de maniobra, este fenómeno atmosférico constituye un verdadero problema.

En los primeros años de presencia de la Trasmediterránea en Málaga, la figura del melillero titular no existía y la línea del mar de Alborán estaba cubierta de una forma habitual por dos o tres barcos.

En mayo de 1927, los buques que navegaban entre Málaga y Melilla eran: el Vicente la Roda, el Vicente Puchol y el Reina Victoria. Éste último, que durante aquel mes sólo trabajó en línea dos semanas, vivió una curiosa experiencia en una de sus llegadas al puerto malagueño. El martes 10 de mayo, una persistente bruma cubría las inmediaciones del puerto. Tras algo más de una hora esperando en la bahía, el capitán del Reina Victoria, ya con el práctico a bordo, tomaba la decisión de entrar para no demorar más tiempo el atraque de su barco. Con una nula visibilidad (así reza una crónica de la época), el Reina Victoria, haciendo sonar sus señales de niebla, entraba muy lentamente por la bocana. Con la dificultad añadida de que había unos barcos fondeados en la dársena de Guadiaro, el vapor, inmerso en una densa bruma, no pudo maniobrar y, frente a su habitual muelle de atraque, el barco, tuvo que esperar tres horas para poder realizar su amarre. Cinco horas más tarde de su horario habitual y ya libre niebla, el Reina Victoria atracaba en el muelle de Cánovas y sus 97 pasajeros, finalmente podían desembarcar.

Una historia que se suma a las muchas ocurridas en el puerto malagueño cuando la bruma, la neblina, o si prefieren, la niebla aparece.

El REINA VICTORIA atracado en el muelle de Cánovas.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (10 de Julio de 2012).