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Barcos y pasajeros

Juan Carlos Cilveti Puche | 22 de agosto de 2017 a las 9:51

Hoy me gustaría iniciar mi columna haciéndoles la siguiente pregunta. ¿Qué es más fácil, llenar un barco grande de turistas o uno pequeño?  Y aunque esta cuestión parece obvia, determinadas circunstancias podrían negar la evidencia; un hecho que intentaré explicar poniendo como ejemplo a un barco que desde hace algo más de un mes está visitando de forma regular el puerto de Málaga.

Realizando desde principios de junio  y hasta finales de octubre un itinerario de ocho días denominado Glorias de España y Portugal, el motovelero de bandera griega Pan Ormara II vivió la semana antes de Feria una circunstancia algo extraña.  Con 50 metros de eslora y capacidad para 49 pasajeros repartidos en 25 camarotes de tres categorías diferentes, este buque de dos mástiles integrado en la flota de la compañía Variety Cruises, durante siete días paró su actividad.

Después de haber salido de aguas malacitanas en 29 de julio para realizar un itinerario que debía llevarlo a Motril, Puerto Banús, Gibraltar, Cádiz, Portimao y Lisboa, el Pan Orama II, que tendría que haber realizado otro viaje a la inversa, adelantaba una semana su llegada quedando fondeado en la bahía el domingo seis de agosto. Parado en la mar durante cuatro jornadas, más otras tres en las que atracado pasó por dos muelles diferentes, en la noche del sábado doce de agosto el Pan Orama II salía con 47 pasajeros para cumplimentar otro crucero que lo tienen posicionado en Málaga desde junio.

Ante esto que les cuento y con el añadido de que la ruta de ocho días mencionada cuesta entre 1.990 y 2.990 euros más tasas, quizás, la obviedad de que es más fácil llenar de turistas un barco pequeño que uno grande resulte algo contradictoria.

Pan Orama II 3-VI-17 1º VEZ24Motovelero PAN ORAMA II en uno de sus atraques en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 22 de agosto de 2017.

¿Cruceros?

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de noviembre de 2011 a las 9:29

En determinadas ocasiones, el uso indebido de un término relacionado con el mundo marítimo puede llevar a confusiones. De una forma bastante generalizada, cuando se habla de buques de crucero, se suele emplear  sólo la palabra cruceros para designar a este tipo de barcos.  Siendo precisos con los términos y  según la Real Academia Española (RAE), en su decimosegunda acepción,  la palabra crucero hace referencia a un “buque o conjunto de buques destinados a cruzar”; una definición que podría asemejarse, aunque no demasiado, a lo que es un buque de turistas que realiza viajes con escalas.

Ante esto, y teniendo en cuenta que la decimocuarta acepción de la palabra crucero es la siguiente: “buque de guerra de gran velocidad y radio de acción, compatible con fuerte armamento”, queda claro que es mucho más lógico, y correcto, aplicar esta palabra a un buque de guerra que a un barco dedicado a realizar viajes turísticos por mar.

Y como estas consideraciones podrían parecer algo complicadas, el azar quiso que el pasado sábado coincidieran atracados en el puerto de Málaga el buque de crucero Costa Deliziosa y el crucero de la marina de guerra norteamericana Gettysburg; una magnífica ocasión para dejar claro que uno sí se puede denominar crucero (el barco de guerra) y otro no.

Y aunque el término crucero, referido a un barco de guerra, es algo que ya no se usa y que  sólo emplea casi en exclusividad la marina de guerra norteamericana, mientras existan buques denominados así, lo mejor, si queremos ser respetuosos con el idioma y no provocar confusiones, es llamar a los barcos que realizan viajes turísticos por mar, buques de crucero, o si lo prefieren (a mi me gusta más), barcos de turistas.

GETTYSBURG  CG 64.

COSTA DELIZIOSA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de Noviembre de 2011).

Un pasado principesco

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de septiembre de 2011 a las 8:28

Cuando hablamos de grandes yates, casi siempre nos viene a la mente la imagen de alguno de esos modernos barcos que, en la mayoría de las ocasiones, van acompañados del nombre y apellidos de un personaje de relevancia internacional.

El miércoles 16 de mayo de 1956, llegaba al puerto de Málaga el yate Deo Juvante II. A su bordo, venían los recién casados príncipes de Mónaco Grace Kelly y Rainiero, realizando una parte de lo que constituyó su viaje de luna de miel.

Y aunque sobre esta historia se podrían contar muchas curiosidades, quizás, una de las más destacadas es la que hace referencia al yate; un barco que en la actualidad sigue operativo manteniendo el recuerdo de aquel principesco viaje de recién casados.

Construido en el Reino Unido en 1928 por encargo de un aristócrata británico, este barco de recreo comenzaba su vida de mar bautizado como  Monica. Durante la Segunda Guerra Mundial, la marina de guerra inglesa, tras armarlo y renombrarlo como HMS Noir,  lo usó  como buque de patrulla antisubmarina, realizando varias exitosas acciones bélicas contra  sumergibles alemanes en las costas de las islas británicas.

Tras ser devuelto en 1947 a su original propietario, el yate, convenientemente restaurado, pasó a manos de Aristóteles Onassis, el cual, entregaba a los Príncipes de Mónaco el barco como regalo de bodas. Después de pasar varios años como yate real con el nombre Deo Juvante II, este buque  iniciaba una errática carrera con diferentes propietarios y nombres. En el año 2006, una empresa dedicada a los cruceros por las islas Galápagos se hacía cargo del barco. Desde entonces y bajo el nombre de Grace, este yate ofrece exclusivos cruceros publicitando su pasado principesco.

El GRACE en una imagen reciente.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Septiembre de 2011).

¿Demasiados buques de crucero?

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de marzo de 2011 a las 19:25

Hace unos días, leía un interesante artículo escrito por una de las más reputadas periodistas especializadas en el mundo de los viajes por mar.

Esta señora, ponía sobre la mesa una serie de cuestiones que, sin duda alguna, serán los pilares fundamentales sobre los que se basará el futuro (más o menos exitoso) del mercado y la industria crucerística internacional.

La primera de estas consideraciones, hacía referencia a que en la actualidad, la flota mundial de buques de crucero está alcanzando unas cotas límite. Con serios problemas para vender barcos relativamente jóvenes (y eso que el mercado de segunda mano siempre ha sido un buen negocio), y con un plantel de nuevas construcciones bastante fluido (a pesar de la crisis internacional), el número de buques turísticos que surca los mares está alcanzando cifras excesivas.

Ante esta situación; y ya atendiendo a una segunda consideración, se plantean dos importantes problemas:

1º Llenar los barcos.

2º  Coordinar itinerarios atractivos.

Al respecto del primer problema, y aunque la política general de las compañías dedicadas a este sector, es la de apostar  los por grandes hoteles flotantes, el tener que ocupar barcos con cifras que superan los dos mil pasajeros, supone una seria complicación.

Y aunque a barco más grande más posibilidades de negocio (más bares, más restaurantes, y más lugares de ocio tarifables), la rentabilidad de demasiados mega buques comienza a generar determinadas dudas (muchos gastos directos o indirecto de personal, mantenimiento, etc.).

Ante eso, y con opciones para llenar barcos a base de reducir tarifas, las cuentas, algunas de ellas, empiezan a no salir.

Y con el problema de no ocupar los barcos con unas cifras de pasajeros rentables, se plantea un segundo problema; el de ofrecer itinerarios y puertos atractivos que permitan albergar buques de gran porte.

Con una saturación importante en la gran mayoría de los más significativos puertos dedicados casi en exclusividad a este tipo de tráficos; puertos pequeños que podrían ser una alternativa, se ven obligados a tener que rechazar escalas o a planificar obras que permitan el acceso de grandes barcos y grandes cantidades de pasajeros.

Con este panorama; el sector crucerístico, según la opinión de esta considerada periodista, podría comenzar a modificar un tanto su filosofía.