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Cargadores de tronos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de abril de 2012 a las 17:57

Cargadores de tronos

José ‘El Caimán’ vivió la época en la que los trabajadores del puerto eran fundamentales para la Semana Santa · Estuvo más de 30 años sacando tronos.

LOS hechos más significativos acontecidos en la historia de Málaga, han tenido siempre, de una u otra forma, una muy estrecha relación con el puerto. Y aunque ahora, tal vez esos recuerdos no sean demasiado gratos para algunos, durante muchos años, la Semana Santa (un claro ejemplo de acontecimiento de relevancia para la ciudad), se nutrió de portuarios para salir a la calle.

Finalizada la Guerra Civil, la Málaga portuaria, con una población activa que superaba los mil trabajadores a pie de muelle, constituyó un muy importante pilar en la Semana de Pasión. Convertidos en unas piezas fundamentales, los hombres que día a día cargaban y descargaban barcos echándose todo a sus espaldas, portaron, durante muchos años, la gran mayoría de los tronos que salían en procesión.

Con 67 años, José Guerrero Triano, apodado El Caimán, es uno de los supervivientes de aquella época; una época en la que los cargadores del puerto, por una semana, se convertían también en cargadores de tronos. Hijo y nieto de portuarios, a los 16 años, José comenzó a trabajar en los muelles, y ese mismo año, se estrenaba sacando la Virgen de La Sentencia. Tras aquella primera experiencia que le aportó 35 pesetas, amén de un paquete de tabaco y un bocadillo (estos eran los honorarios de la época para un cargador portuario por sacar un trono), el hijo de El Caimán padre siguió la tradición familiar, y año tras año, simultaneó el trabajo en los muelles con el del varal.

José ‘El Caimán’, la semana pasada en el puerto de Málaga.

Trabajando a dos hombros (cada día con uno diferente), José recuerda su primera Semana Santa completa; una semana en la que de domingo a domingo sacó, junto a otros cargadores portuarios: La Cena, las vírgenes de El Cautivo, El Rocío, La Paloma, Mena, La Expiración, El Sepulcro, y finalmente, el trono del Resucitado.

“Los capataces nos tallaban un rato antes de salir, y tras darnos la ropa el tabaco y el bocadillo, comenzábamos el trabajo sabiendo que si se hacía bien, casi siempre había algún dinerillo más de lo inicialmente se había contratado” comenta José. Con un ticket en el bolsillo que era picado a mitad del recorrido (así se verificaba que el trabajo bajo el varal se realizaba), al final del desfile, los cargadores portuarios recibían su paga; un dinero que en la mayoría de los casos se gastaban minutos después de la procesión compartiendo vino en alguna taberna.

Con algunos incidentes modificados y magnificados por el paso de los años, la presencia de los portuarios en los tronos de Málaga fue decayendo a finales de los años sesenta, siendo sustituidos éstos por otro tipo de portadores pagados que precedieron de los actuales hombres de trono.

Jubilado en 2004 tras 44 años de vida portuaria y cerca de 30 bajo un trono, El Caimán resume su paso por la Semana Santa como “una época feliz y gloriosa”. Emocionado al recordar a los compañeros que se fueron, José sonríe recordando aquel cartucho de pescado frito que, un año, el mayordomo de La Estrella les dio a los portuarios tras su desfile, o aquellas zapatillas de tela blanca marca La Rueda que todos los cargadores de los muelles lucieron bajo la virgen de Zamarrilla y que no aguantaron el recorrido. Una verdadera institución de una Semana Santa muy diferente a la de hoy día.

El Caimán, derecha, y su padre, agachado, con la Cena en los 60.

Especial “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (3 de Abril de 2012).

María Agustina Martín

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de febrero de 2012 a las 9:23

En la actualidad, el que una mujer trabaje como estibadora, es algo muy normal en el día a día portuario. Este hecho que hoy no tiene mayor importancia, hace un siglo, en Málaga, constituyó un eco periodístico muy sonado.

Corría el año 1909 y el puerto malagueño se nutría de un abundante tráfico de barcos con diferentes tipos de mercancías. Con los muelles repletos de todo tipo de cargas, los estibadores, sin ningún tipo de horario establecido, trabajaban a destajo.

Casada con el estibador José Ortega, María Agustina Martín, con 25 años y cuatro hijos, vivía en una modesta casa en Las Lagunillas cuidando de su familia y realizando sus labores domésticas.

A finales de  febrero de 1909, “El Ortega”, que así es como apodaban en su colla al marido de María Agustina, tenía que dejar el trabajo por lo que hoy denominaríamos una bronconeumonía. Sin ingresos en casa y con la posibilidad de que la enfermedad se alargada, María Agustina se presentaba ante los capataces de la estiba malagueña reclamando  temporalmente el trabajo de su marido.  Tras una negativa inicial por parte de los portuarios, la insistencia de esta mujer pudo con los estibadores, y a finales de marzo, comenzó a trabajar en los muelles.

Sin realizar los mismos trabajos que sus eventuales compañeros, María Agustina, a la cual le impusieron un horario fijo que le permitiera atender a sus hijos y a su marido enfermo,  nunca efectuó trabajos físicos. Encargada de atender que no faltara agua y realizando encargos menores, la estibadora mantuvo el puesto de trabajo de su marido durante once meses. Una vez recuperado de su enfermedad, “El Ortega” regresó a los muelles, y María Agustina, volvió a su casa de Las Lagunillas.

Estibadores trabajando en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (7 de Febrero de 2012).

La canción de los estibadores portuarios.

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de mayo de 2010 a las 13:00

Con los ánimos en el mundo de la estiba portuaria muy alterados, y sólo pasando de muy puntillas, les dejo algo que me ha llegado y  que me ha parecido muy curioso.

Desconocía que los estibadores tuvieran un himno (si esto se puede considerar como tal).

La canción de los estibadores portuarios

http://www.youtube.com/watch?v=wIyTz8SkMV8&feature=related.