Archivos para el tag ‘fallecimiento’

Francisco Cara

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de marzo de 2017 a las 9:38

El pasado día 13, con noventa años de edad falleció Francisco Cara Fernández, uno de los más carismáticos personajes portuarios de las últimas décadas. Conocido por su labor como vendedor de souvenirs, Francisco, al que curiosamente le llamaban Flores, inició su vida en el puerto en el año 1935. Después trabajar en asuntos relacionados con la pesca, con tan solo quince años se subió por primera vez a un barco de turistas. Con dos cajas de cartón repletas de los más tópicos recuerdos que tanto gustan a los viajeros que nos visitan, Francisco, durante muchas décadas se embarcó en la gran mayoría de los buques de crucero que escalaban en Málaga. Teniendo como productos estrella los abanicos, las castañuelas y los toritos, los salones de los más significativos barcos turísticos se convirtieron en improvisados puntos de venta para este  malagueño nacido en Castillo de Sabinillas en 1927.

Asentado su modesto negocio, las medidas de seguridad impuestas en  los barcos y la imposibilidad de subirse a ellos le obligaron a tener que vender sus mercancías a pie de muelle; una circunstancia que tras más medidas de seguridad, le llevaron a tener que posicionar su pequeño puesto en la entrada del Palmeral de las Sorpresas, un lugar en el que se mantuvo fiel hasta  días antes de su muerte.

Con el conocimiento por sus muchos años de experiencia sobre qué turistas de barco eran los más  receptivos a sus souvenirs, y la pena de que nunca le permitieron ubicarse en un mejor sitio, Francisco, con sus dos modestas mesas plegables y su carrito para transportar sus mercancías ya no volverá a vender abanicos, y los que a diario lo veíamos y hablábamos con él,  sin duda alguna lo echaremos mucho de menos.

Abanicos 29-IV-091Francisco Cara Fernández con sus inseparables abanicos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de marzo de 2017.

Antonio Martos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de mayo de 2015 a las 8:18

El pasado 16 de abril, fallecía en un hospital malagueño Antonio Martos Cabezas, un buen hombre vinculado al puerto desde antes de su nacimiento. Con tan solo 56 años de edad, y después de sufrir una compleja enfermedad, Antonio zarpaba dejando solos a su esposa, sus dos hijos y a dos desconsolados padres que le han sobrevivido para presenciar esta partida contra natura.

Nacido en septiembre de 1958, el trabajo en las oficinas de pescadería de su padre lo relacionó con el mundo portuario desde sus primeros años de vida. Tras cursar estudios de ingeniería industrial, en el año 1983 Antonio ingresaba en la Autoridad Portuaria malacitana para realizar labores administrativas. Desempeñando diferentes cargos en diversos departamentos (curiosamente su primera ocupación en el puerto fue la misma que había ejecutado su padre), la jefatura de Dominio Público fue su último destino antes de que un trasplante causado por una hepatitis crónica que le acompañó durante casi toda su vida, lo alejara del trabajo.

Con una marcada personalidad; los que lo conocieron bien hablan de su muy especial meticulosidad en los asuntos laborales, la conversación era uno de los principales atractivos de Antonio Martos, un hombre al que todos recordaremos por su amable sonrisa.

Y aunque siempre se ha dicho que los trabajadores del puerto, los a pie de muelle y los de oficina, son una gente muy especial (un tópico absurdo que siempre perseguirá a este colectivo), la desaparición de Antonio Martos Cabezas ha quebrado el semblante de casi todos los que lo conocieron; un significativo hecho que ratifica un especial aprecio por un hombre que gastó sus últimos 32 años de vida trabajando en el puerto de Málaga.

0002Antonio Martos Cabezas

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 5 de mayo de 2015.

El capitán Casares

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de mayo de 2012 a las 8:38

LA pasada semana, fallecía el capitán de la marina mercante malagueño José María Casares Barroso. Tras una dura enfermedad que muy pocos conocimos y que sufrió con ejemplaridad, José María se fue y en el recuerdo nos dejó su muy especial forma de ser y su desmesurado amor por la mar y los barcos.

Vinculado a la Trasmediterránea, compañía en la que pasó la gran mayoría de su vida de mar, el capitán Casares, como él me permitía llamarlo de una forma cómplice y cariñosa, aun residiendo en Cádiz, nunca se olvidó de su ciudad natal, y cada vez que la ocasión le era propicia, regresaba a Málaga y al puerto que tanto quería.

Después de cubrir durante años diversas rutas en diferentes buques (sus destierros como a él le gustaba decir), José María, ya al final de su carrera, conseguía el mando del ferry Las Palmas de Gran Canaria, y con “su barco”, regresaba temporalmente a Málaga para cubrir, durante varias campañas, la ausencia del melillero titular.

Y aunque nunca se separó de su cámara fotográfica (las instantáneas tomadas desde los alerones de los puentes de mando de los buques en los que navegó fueron una constante durante su carrera), el capitán Casares, una vez jubilado, se volcó en su afición por fotografiar barcos.

Ubicado siempre en los mismos lugares tanto en Cádiz como en Málaga (el desaparecido morro de Poniente era su punto preferido de disparo cuando estaba en su tierra), José María Casares vivió sus últimos años enganchado a las fotos mientras recordaba sus muchas vivencias en la mar.

Y aunque unos absurdos avatares impuestos caprichosamente por la vida rompieron nuestra amistad poco tiempo antes de su muerte, sirvan estas palabras para recordar a un gran hombre y marino al que nunca olvidaré.

José María Casares a bordo de su barco en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de Mayo de 2012).