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Una imprudencia

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de octubre de 2016 a las 8:28

Permítanme que hoy, aludiendo a las dos décadas que llevo pateándome los muelles malacitanos, les cuente una historia que viví hace algo más de un mes. El sábado 17 de septiembre, finalizada su escala en el puerto, el buque de crucero Prinsendam que se encontraba amarrado en el muelle Norte de la estación marítima de Levante comenzó a maniobrar para salir a mar abierta y seguir su viaje. Liberado del atraque y con su proa apuntando ya a la bocana, este elegante barco comenzó su lenta navegación por la dársena exterior.  Mientras esto ocurría, el Pelegrin Uno, una de las golondrinas que da paseos turísticos por la bahía y que, en ese momento, también salía del puerto, en vez de aminorar su marcha y evitar al buque de crucero, mantenía su velocidad para colocarse justo en la popa del Prinsendam. Situado a mucho menos de diez metros de la aleta de babor del barco, la imprudente maniobra del Pelegrin Uno se mantuvo hasta que ambos salieron por la bocana; una peligrosa singladura en la que también participó un yatecito que acompañaba a la golondrina para dejar el puerto.

Con la intención, seguramente, de que sus pasajeros vieran lo más de cerca posible la salida de este buque, el patrón del Pelegrin Uno cometió una verdadera temeridad; una arriesgada osadía nada propia del que en teoría debe ser el responsable de una embarcación turística que sale a la bahía para dar un paseo.

Y aunque en veinte años a pié de muelle he visto muchas y muy variadas cosas, las temeridades de este tipo son las que no se olvidan con facilidad. Unas imprudencias cometidas por marinos (por llamarlos de alguna manera) nada cualificados y que alguien en el puerto debería controlar y, en su caso, sancionar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPELEGRIN UNO situado peligrosamente en la popa del PRINSENDAM.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de octubre de 2016.

Un guiño al pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de marzo de 2016 a las 9:02

Aunque las visitas oficiales de escolares al puerto están temporalmente paralizadas, la pasada semana, un grupo de alumnos del instituto Vicente Espinel (más conocido popularmente como Gaona), cumplimentaron un muy especial recorrido por el recinto portuario malacitano. Tras descubrir el edificio de la Autoridad Portuaria, un gran desconocido para muchos malagueños, algo más de cuarenta escolares de 3º y 4º de la ESO se embarcaron en la golondrina Joven María Segundo para efectuar una travesía que les permitió, además de ver los muelles desde la mar, salir a navegar por la bahía.

Organizada esta actividad como un premio para significar a los más destacados alumnos en la elaboración de una serie de trabajos con motivo del día de Andalucía, el instituto de la calle Gaona, además, ha querido realizar un significativo guiño a su pasado marítimo. Heredero de lo que fue el Real Colegio Náutico de San Telmo, este centro educativo, entre los años 1847 y 1924 impartió enseñanzas náuticas; un hecho que muchos malagueños pudieron descubrir hace no demasiados meses cuando el instituto Vicente Espinel organizó una exposición denominada Gaona y el mar.

Con estos antecedentes, y con la más que probable posibilidad de retomar en breve la actividad docente en temas relacionados con el mundo de la mar y los barcos, los alumnos que hace unos días visitaron el puerto y salieron a navegar, constituyen un vínculo entre el pasado y el presente de este centro educativo.

Y aunque muy probablemente ninguno de los estudiantes que participaron en esta actividad desarrolle una vocación marítima, lo que sí está claro, es que el instituto Vicente Espinel, o si lo prefieren, Gaona, vuelve a mirar a la mar.

IMG_0761Alumnos de Gaona desembarcando de la golondrina JOVEN MARIA SEGUNDO.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 8 de marzo de 2016.

LA PINTA, volvió la golondrina.

Juan Carlos Cilveti Puche | 13 de octubre de 2010 a las 18:54

Hace unos días, en concreto el pasado domingo día 10, en compañía de unos amigos redactores del diario Málaga Hoy, me di un paseo en LA PINTA.

LA PINTA, es una pequeña embarcación que, desde hace muy pocas semanas, trabaja como  golondrina de Málaga.

Para el que no lo sepa, las golondrinas son unos barquitos que se dedican a dar paseos por las dársenas de los muelles; algo muy tradicional en nuestro país y que desde hace unas cuantas semanas, ha retomado el puerto malagueño.

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LA PINTA.

Con antecedentes históricos que se remontan muchas décadas a tras; podríamos recordar nombres tales como el BAHIA DE LA CONCHA o el más reciente ANDALUCIA CAT, estas embarcaciones forman parte de la idiosincrasia propia de cada puerto.

Construida en el año 1957 en los astilleros cartageneros de Gabriel Ballester, LA PINTA, que desplaza 18,13 toneladas de registro bruto; tras operar en Palma de Mallorca durante mucho tiempo, en mayo de este año, llegaba a Málaga para cumplir dos misiones. Además de realizar el servicio de barqueo a los buques norteamericanos que fondean en la rada, esta embarcación, retoma la tradición de los paseos por el puerto y la bahía.

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LA PINTA atracando en el muelle número dos.

Con el encanto de estar navegando en un barco de madera de 15,47 metros de eslora y 4,28 de manga, propulsado por dos motores Barreiros con una potencia máxima de 458 C.V., el salir a bordo de esta golondrina constituye un verdadero placer.

Y aunque LA PINTA cumple con creces todos los requisitos propios y necesarios de una embarcación moderna, el disfrute de darse un paseo en un barco como este (un barco de madera del año 1957), sin duda alguna, es una verdadera gozada.

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Vista desde la proa del puente de mando.

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Puente de mando.

Si les gusta hacer fotos a los barcos, no conocen el puerto de Málaga desde la mar, o simplemente desean pasarse (solos o en buena compañía) durante una hora por la bahía, yo de ustedes no me lo pensaría. Una experiencia muy agradable que les recomiendo.

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Vistas interiores.

Por cierto, LA PINTA tiene una capacidad máxima para 50 personas y la podrán encontrar a diario en el muelle número dos.