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Sucesos Marítimos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de febrero de 2017 a las 10:22

Hoy les hablaré de un libro bastante desconocido escrito por un ilustre malagueño que, al menos aquí en su tierra, aun no ha sido suficientemente distinguido. Me refiero a la obra titulada: Sucesos marítimos ocurridos en la costa de la provincia de Málaga; un pequeño volumen de algo menos de cincuenta páginas donde Guillermo Rittwagen desgrana diferentes acontecimientos históricos relacionados con el mundo de la mar y los barcos.

Editado en Madrid en 1915 por la imprenta del Ministerio de Marina, este libro que se subtitula como una colección de efemérides navales, de una forma indirecta y con la particularidad de tratar asuntos malacitanos, muestra unas muy claras influencias de dos de los más significativos tratados publicados sobre la historia marítima española; dos voluminosas obras: Disquisiciones Náuticas y Armada Española desde los reinos de Castilla y Aragón escritas por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro entre los años 1874 y 1903.

Iniciada esta apasionante sucesión de hechos con la descripción de un combate naval ocurrido en 1279, Guillermo Rittwagen, que curiosamente se estrenó en la escritura  como redactor en el diario malagueño El Último publicando noticias sobre los barcos y los pasajeros que llegaban al puerto, dibuja en sus notas una larga e intensa historia marítima que culmina con una pequeña referencia a la marina mercante malagueña en los primeros años del siglo XX.

Un excelente libro que sin haber sido reeditado desde su primera publicación hace ya algo más de cien años, merecería poder volver a estar entre las manos de los malagueños; una circunstancia que serviría para acercarnos más a nuestra importante y muy desconocida historia marítima.

escanear0001Portada del libro SUCESOS MARÍTIMOS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de febrero de 2017.

Treinta y un meses

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de enero de 2017 a las 9:27

El siete de noviembre del año pasado, el puerto vivió una jornada histórica. Aquel día en el que llegaron cinco barcos turísticos, tres de ellos pertenecían una misma naviera; una circunstancia  que hasta la fecha nunca se había dado en las aguas de Málaga. Integrados en la flota de la compañía Holland America Line, los buques Prinsendam, Oosterdam y Eurodam coincidieron en los atraques de Levante ratificando con esta triple visita el interés que el puerto malagueño sigue teniendo para esta naviera centenaria.

Y aunque la historia malacitana de Holland America Line se remonta a 1927, y las escalas de los barcos de esta compañía, salvo en los periodos bélicos del siglo XX,  han sido continuas desde aquella fecha, en 2004, esta naviera dejó de venir a Málaga.

Tras realizar el Westerdam su primera visita al puerto el seis de agosto de aquel año, Holland America Line se olvidó de Málaga durante 31 meses; un largo periodo de tiempo en el que ninguno de los característicos barcos de casco azul y terminación dam en su nombre escalaron en los muelles malacitanos.

Finalizado aquel periodo de sequía que se debió a una serie de reestructuraciones estratégicas en sus barcos y rutas, el 17 de abril de 2007, el Amsterdam, que por entonces era el buque insignia de la flota de esta naviera de origen holandés, regresó al puerto de Málaga atracando en el muelle de Levante.

Desde entonces, los barcos de Holland America Line no han dejado de venir, y la presencia año tras año de estos buques se ha perpetuado como antes de aquellos 31 meses en  los que esta de naviera, una de las más importantes del panorama crucerístico de todos los tiempos, permaneció sin atracar en los muelles malagueños.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAMSTERDAM que recuperó las escalas de Holland America Line en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de enero de 2017.

El comic del Puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 3 de mayo de 2016 a las 8:44

Con la feria del libro ubicada en el Palmeral de las Sorpresas, he pensado que no estaría nada mal dedicar de vez en cuando una de estas columnas al mundo literario.

Con un significativo número de volúmenes editados sobre la historia marítima de Málaga, y con una no demasiada abundante producción de creaciones de ficción relacionadas con el mundo de la mar y los barcos en esta ciudad, se me ocurre comentarles un libro que en formato de cómic editó la Autoridad Portuaria de Málaga en el año 1998.

Teniendo como única pretensión mostrar al público infantil los avatares de la  historia marítima malacitana, este ejemplar, ilustrado por Juan Álvarez y Jorge J. Gómez Cáceres y documentado por los académicos Francisco Cabrera y Manuel Olmedo, se ha convertido con el paso de los años en una de esas rarezas literarias no demasiado fáciles de encontrar.

‘Historia del Puerto de Málaga’, que así es como se llama este libro, está narrado por Tilu, un joven personaje que viñeta a viñeta y cambiando de atuendo según la época en la que se sumerge, muestra la evolución de los muelles, el puerto y la ciudad de Málaga.

Y si bien para algunos las aventuras de este cicerone tal vez no sean demasiado serias, la visión general de este cómic, en mi modesta opinión, dibuja (nunca mejor dicho), los más importantes hechos que conforman la historia del puerto malagueño.

Con la promesa de que este recorrido tendrá continuidad (así lo refiere Tilu en la penúltima página del libro), ‘Historia del Puerto de Málaga’, además de ser un ejercicio didáctico para niños, constituye una rápida iniciación para esos adultos que, sin ser amantes de los libros, quieran adentrarse en el apasionante mundo marítimo malacitano.

escanear0001Portada del libro ‘Historia del puerto de Málaga’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 3 de mayo de 2016.

Hasta siempre ARHON

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de diciembre de 2014 a las 7:53

El viernes 19 de diciembre de 2014, forma ya parte de la historia moderna del puerto de Málaga. A las cinco de la tarde, el mercante Mamo, antiguo Arhon, dejaba definitivamente las aguas malagueñas con destino a Alejandría, finalizando así una muy larga historia repleta de luces y sombras.

Después de ser detenido por capitanía Marítima a finales de 2010 y quedarse sin armador varios meses después, el Arhon, que llegaba a Málaga procedente de Cartagena para cargar huesos de aceituna molida, comenzaba una larga odisea que se ha prolongado durante cuatro años.

Sin tripulación, y tras vivirse a bordo la dramática historia del capitán Kostas, que en unas condiciones infrahumanas sobrevivió solo en el mercante griego hasta diciembre de 2011, el buque, acumulando deudas y todo tipo problemas, comenzaba un particular baile de atraques por los muelles malagueños a la espera de ver cuál sería su futuro.

Oficialmente abandonado y embargado, la Autoridad Portuaria malacitana se hacía cargo del barco, sacándolo a pública subasta a principios de 2014. Adquirido por la compañía libanesa Spanish Sea Maritime, el Arhon, atracado en el espigón pesquero Norte, era rebautizado como Mamo, cambiando su anterior pabellón heleno por el de Camboya.

Con seis tripulantes a bordo y bajo la supervisión de su armador, en algo menos dos meses el buque quedaba acondicionado y listo para comenzar una nueva vida; una carrera que al parecer lo tendrá activo por diferentes puertos africanos.

Y aunque todo apuntaba a que este barco no trabajaría más, y desde Málaga saldría para ser desguazado, finalmente el Arhon, ahora Mamo, navega tras haber vivido una larga pesadilla parado en las aguas del puerto malagueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMAMO atracado en el espigón pesquero Norte el día de su marcha.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 30 de diciembre de 2014.

El alma del puerto se jubila

Juan Carlos Cilveti Puche | 20 de febrero de 2011 a las 23:31

Enrique Bianchi, uno de los prácticos de Málaga, se retira tras una vida dedicada a la mar en la que ha garantizado la seguridad de miles de maniobras en el recinto portuario.

J. C. Cilveti · J. Gómez / Málaga

En una mañana lluviosa y desapacible, con el Mediterráneo extrañamente enfurecido y la aún más insólita estampa de un portacontenedores encallado en las playas de Almayate, no hace falta salir del cálido refugio de la oficina para sentir la terrible y a la vez atractiva dureza de la mar. Sinónimo de aventuras y peligros, imán de escritores, cubre las tres cuartas partes de la superficie del planeta. De todos sus oceános puede contar historias Enrique Bianchi. Y da gusto escucharlas.

Jubilado, “a la fuerza”, a los 67 años por un ictus traicionero sufrido mientras subía a un buque, este viejo lobo de mar ha sido en los últimos 20 años el alma del puerto de Málaga. Como práctico, un oficio tan necesario como desconocido, Bianchi ha asegurado la entrada de miles de buques en sus dársenas. Se conoce “metro a metro” los muelles malagueños, pero también muchos otros puertos. Lo hemos citado para una entrevista sobre su apasionante vida, pero es un tontería interrumpirlo. Nos regala un monólogo sobre viajes, peligros y la historia reciente del puerto. Cuando termina, la boca nos sabe a sal.

Bianchi tuvo, sin embargo, una infancia dulce. Hijo de un director general de la compañía Salsa, se crió en el ingenio azucarero de Nuestra señora del Carmen, en Torre del Mar. Puede que esas dos referencias naúticas le inspiraran, porque no había antecedentes de marinos en su familia. “Pero yo quería ver el mundo y sentía que era mi vocación, así que muy joven me apunté en la Escuela Naval de Cádiz”. Con 17 años ya era oficial en prácticas, y durante los siguiente treinta años trabajó para una de las principales navieras españolas, tanto en los puentes de sus buques como en un despacho en Madrid. También, durante un año que recuerda con mucho cariño, en los muelles de Nueva York, donde supervisaba la descarga de fruta. Allí conoció de primera mano el poder de la mafia, tanto la italiana como la portorriqueña, y las tensiones raciales que había entonces en una sociedad, la norteamericana, que no obstante admira mucho. Vivir y pasear por la Gran Manzana “era el sueño de cualquier joven”, relata.

 Cubrió la ruta frutera del Caribe -describe emocionado la belleza de la isla cubana de Pinos-, pero también llevó leche en polvo, como capitán, a diferentes países árabes y africanos. Todavía recuerda cómo tuvo que soltar amarras a la carrera para zarpar de un puerto libanés mientras a su alrededor caían las bombas israelíes, o las diferencias con la sociedad musulmana, ahora en plena revolución democrática. Conoció a varias mujeres españolas que, casadas con árabes que habían estudiado en nuestro país, chocaron de frente con un machismo brutal. “Se arrepentían al darse cuenta de su grave error, pero fue demasiado tarde para casi todas”. Pero a una compatriota, que convenció a su marido sirio para regresar con sus hijas pese a la oposición de la familia, la sacó a escondidas en su nave.

Capt Enrique Bianchi blog

Enrique Bianchi, con su uniforme de capitán, posa a bordo de una de las lanchas de los prácticos del puerto de Málaga.

Si se le pregunta ingenuamente por las situaciones en las que ha pasado más miedo en la mar, su respuesta, con una sonrisa, es de manual militar: “Los marinos no tenemos miedo de la mar”. Después cuenta que hubo dos incendios que vivió “con preocupación”. En el más grave, la bodega de su buque, en el que era un joven primer oficial, se incendió de madrugada mientras navegaban por el Canal de la Mancha. Todo lo que pudo salir mal fue peor. Al capitán le dio un ataque al corazón por el estrés y él tuvo que hacerse cargo del barco. Llevaban una carga de productos químicos tóxicos, y en la cubierta tractores. “Temí por mi vida cuando empezaron a explotar, por el calor, las ruedas gigantes de los tractores. La goma golpeaba por todas partes con furia y era muy peligrosa”. Finalmente los rescató un remolcador alemán, y el naufragio fue noticia en los periódicos británicos y franceses, por el riesgo de que el vertido tóxico llegara a sus costas. La solución fue tajante, antiecológica y secreta. “Llegó una fragata francesa y hundió el barco de un cañonazo”, revela de un asunto que se tapó a la opinión pública para evitar un escándalo.

 Bianchi trabajó durante años como responsable de personal de su empresa, en un despacho en Madrid. En 1990 logró una de las pocas plazas de práctico del puerto de Málaga. Volvía a su tierra en un puesto que le permitía estar cerca de su familia después de haberse perdido muchos momentos importantes por su trabajo en el mar. “No pude ir al funeral de mi padre, ni a la boda de mi hermano”, recuerda aunque a la vez subraya que se siente “muy satisfecho” de su carrera como marino, tanto al frente de buques como en el puerto. “Aunque se los compara, el práctico no es como un controlador aéreo. Es un capitán que llega a asesorar al capitán de cada barco para la entrada en los puertos. Confían mucho en nosotros”, explica. Su responsabilidad también es enorme. “Un portacontenedores -él atracó en 2009 el Edith Maersk, el primer gigante de la clase E que entró en el muelle 9, con 171.000 toneladas de registro bruto y casi 400 metros de eslora- puede destruir un muelle y causar un daño multimillonario, y en los cruceros hay varios miles de personas a bordo que están en las manos del capitán”, destaca. Tampoco es un oficio exento de riesgos y penalidades, con largas guardias nocturnas y accidentes. Subir por una precaria escala en mitad de la noche y con marejada no es fácil, y abundan los golpes y caídas. Él mismo cayó a la mar de noche cuando se le vino abajo la escala de un barco turco, y tuvo la suerte de no golpear la pequeña barca de los prácticos.

 En estas dos décadas, Bianchi se ha convertido en una institución, en el alma del puerto de Málaga. Es muy querido por los capitanes. A todos los agasaja, cuando hacen escala, con una botella de vino de Málaga. “No hay vino que les guste más a los extranjeros, alguna vez les obsequié con un buen Jerez porque no pude encontrar el nuestro y me lo reprocharon”. En la tempestad del plan especial del puerto, del que lleva oyendo y leyendo estos últimos 20 años, prefiere no meterse mucho. Reconoce que no le gustan las palmeras del muelle 2 -“en Abu Dhabi están bien, pero es un crimen no aprovechar el clima subtropical de Málaga para plantar otras especies”-, aunque cree que la ciudad está siendo injusta con el proyecto. “El puerto ha sido muy generoso al ceder este espacio, pero no tiene dinero para hacer proyectos que podrían haber realizado otras instituciones. Así es normal que se ceda a empresarios y comerciantes, y que estos quieran abrir tiendas y restaurantes”. En lo que no tiene ninguna duda es en la estrategia de los cruceros: “El puerto de Málaga es ahora la envidia de muchos puertos por todos los cruceristas que llegan, y eso es gracias al aliado que tenemos en Granada y en la Alhambra”.

 Con dos hijos y ya abuelo, “camino del desguace”, bromea, sigue saliendo en su yate cada vez que tiene oportunidad. Un retiro de ensueño para una vida dedicada a la mar.

Artículo publicado en el diario Málaga Hoy (20 de Febrero de 2011)