Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de febrero de 2013 a las 11:18
Hoy les contaré la historia de un significativo barco que visitó Málaga de una forma continuada durante algo menos de 40 años.
Navegando primero en línea regular con pasajeros y posteriormente realizando cruceros turísticos, este buque, saldó su paso por el puerto malagueño contabilizando un total de 158 escalas; un número verdaderamente sorprendente sólo superado por los melilleros que han cubierto la ruta del mar de Alborán.
El 13 de julio de 1968, atracaba por primera vez en el puerto de Málaga el buque de bandera italiana Guglielmo Marconi. Bajo la contraseña de la compañía Lloyd Triestino, este barco de 27.905 toneladas de registro bruto con capacidad para 1.750 pasajeros (156 en primera y 1.594 en clase turista), llegaba cumplimentando una línea regular entre Génova y diferentes puertos australianos. Después de aquella primera visita, entre los años 1968 y 1975, el Guglielmo Marconi completó un total de 75 escalas en Málaga, navegando siempre como buque de pasaje.
Tras cubrir durante unos años una ruta con Sudamérica, en 1979, el barco comenzó a ser usado en exclusividad para recorridos turísticos. Transferido en 1983 a Costa Line (lo que hoy es Costa Cruceros), el buque, tras dos años de reformas, iniciaba una nueva vida rebautizado como Costa Riviera.
Con el atractivo reclamo de su pasado, durante diez años, este barco realizó exitosos recorridos por el Caribe y Alaska. Tras un fallido cambio de nombre en 1993, al año siguiente, ya posicionado en el Mediterráneo, el Costa Riviera visitaba por primera vez Málaga el 28 de octubre de 1994. Tras aquel primer atraque y hasta abril de 2001 (año en que sería desguazado), el Costa Riviera visitó el puerto malagueño en 83 ocasiones.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (5 de Febrero de 2013).
Juan Carlos Cilveti Puche | 8 de enero de 2013 a las 11:59
Cumpliendo con lo que ya es una tradición en mi primera columna del año, hoy le expondré, el que ha sido en mi opinión, el buque más significativo en Málaga en el recién finalizado 2012.
Y aunque la nómina de barcos que han pasado por el puerto en los últimos 12 meses daría juego para destacar a más de uno; aquí se podrían mencionar al Adventure of the Seas, al carguero multipropósito Bernd o al moderno remolcador Vehinticinco, el buque del la compañía Marítima Peregar Festivo, es, sin duda alguna, el más representativo de 2012.
Después de mantener muchos años en activo a los roros Volcan de Tinache e Isla de los Volcanes en la línea regular de carga rodada que enlaza Málaga con los puertos de Ceuta y Melilla, esta naviera malagueña, vendía escalonadamente sus dos viejos buques para comprar el Festivo.
Tras llegar procedente de Estocolmo y permanecer varios días fondeado en la bahía, el 10 de abril del pasado año, finalmente el buque atracaba en el muelle 3 A3. Después de una meticulosa inspección por parte de Capitanía Marítima y tras su cambiar bandera y su puerto de registro, el Festivo iniciaba sus trabajos en línea regular el sábado 12 de mayo.
Construido en 1979 en los astilleros suecos Karlskronavarvet, este buque 136 metros de eslora, 16 de manga y 6.413 toneladas de registro bruto, en sus dos cubiertas tiene la posibilidad de transportar 72 remolques de dimensiones estándar. Una capacidad que supera los 1.100 metros lineales, y que lo convierte en el mayor buque que hasta la fecha ha navegado bajo la contraseña de Marítima Peregar.
Y aun siendo un barco con muchos años de mar, el hecho de sustituir a dos buques históricos y seguir cubriendo una importante línea regular de carga, convierten por méritos propios al Festivo en el barco más significativo en Málaga en 2012.
FESTIVO en una de sus primeras entradas en Málaga.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (8 de Enero de 2013).
Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de diciembre de 2012 a las 19:38
Corría el año 1902 y el puerto de Málaga gozaba de un abundante tráfico de buques de pasaje. Cumplimentando líneas regulares (fundamentalmente con destino a Centro y Sudamérica), diferentes navieras nacionales y extranjeras escalaban en el puerto malagueño para realiza embarques.
Y aunque los buques que efectuaban estos trayectos disponían de tres clases, la mayoría de los embarques que se realizaban en Málaga eran de tercera. Infinidad de emigrantes (muchos de ellos con sus familias), subían a estos barcos para iniciar en tierras americanas una nueva vida.
Por aquellos años, aun existiendo un importante movimiento de pasajeros, el puerto malagueño no disponía de un servicio de maleteros. Los equipajes, en el caso de no poder ser embarcados por sus propietarios, se transportaban a bordo por mozos del barco o por personas que se ganaban unas monedas con estos trabajos de muelle.
Y aunque el caos de los embarques de emigrantes, milagrosamente, y siempre con algún que otro incidente, salía bien, en un momento dado, el transporte de maletas y bultos de estos pasajeros comenzó a ser problemático.
Los portuarios que realizaban estas labores, muchos de ellos estibadores, comenzaron a no poder subir a estos barcos, especialmente los de bandera española, quedando el lucrativo negocio del embarque de maletas en manos de los tripulantes de estos buques.
Ante esta situación, muchos de los portuarios malagueños afectados por este hecho, sabotearon algunos embarques. El 13 de septiembre de 1902, el buque de la Compañía Trasatlántica Española Manuel Calvo en línea regular con Centroamérica sufría un considerable retraso en su salida por culpa de una protesta que les contaré en otra ocasión.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Diciembre de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 2 de octubre de 2012 a las 12:28
HACE unos días, un buque de crucero adelantaba su llegada a Málaga tras cancelar una escala programada en otro puerto. Este tipo de circunstancia, ya sea referida a la cancelación o al adelanto del atraque, constituye un verdadero quebradero de cabeza para el personal portuario implicado en la atención de cualquier barco. Y aunque estos incidentes ocurren de una forma habitual, los medios técnicos existentes en la actualidad, en cierta medida, reducen considerablemente las complicaciones de estos imprevistos. Años atrás, sin las comunicaciones que hoy existen, las cancelaciones o adelantos de atraques constituían un verdadero problema en cualquier puerto del mundo.
Allá por finales del siglo XIX, la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur (SGTM) era la compañía que más buques en línea regular traía a Málaga en sus diferentes rutas con el nuevo mundo. Con una periodicidad quincenal o mensual, los vapores de esta naviera francesa embarcaban pasajeros y carga para diferentes puertos americanos apoyados en un curioso sistema publicitario que anunciaba, casi a diario, las entradas y salidas de estos barcos en los diferentes periódicos de la ciudad.
En unos anuncios tipo, donde sólo se cambiaba el nombre del buque y la fecha de llegada, los pasajeros que embarcaban en los vapores de la SGTM, debían estar muy atentos a la prensa local para verificar los datos que la agencia consignataria del barco les proporcionaba a la venta del pasaje. Habitualmente el consignatario solía ser el expendedor de los billetes. Cuando había retrasos, normalmente por mal tiempo o averías, la prensa reseñaba el imprevisto y el anuncio tipo se publicaba con la nueva fecha de la llegada del vapor.
Anuncio de la Société Générale de Transports Maritimes à Vapeur.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (2 de Octubre de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 11 de septiembre de 2012 a las 12:17
LA historia marítima malagueña de las últimas décadas está repleta de líneas regulares de pasaje y carga. Con mayor o menor éxito comercial y duración, y dejando siempre a un lado a la centenaria ruta con Melilla, existe un puerto muy cercano a Málaga que nunca ha funcionado en lo que se refiere a las navegaciones regulares con pasajeros. Y aunque sí han existido diferentes intentonas, el enlace con el puerto de Ceuta siempre ha fallado debido a múltiples circunstancias.
Aún con el recuerdo de los catamaranes rápidos Catalonia L y Patricia Olivia que, a finales de los noventa, navegaron sin demasiado éxito entre Málaga y Ceuta bajo la contraseña de la compañía BuqueBus, el más rotundo fracaso en lo que a esta línea regular se refiere, se produjo entre los años 1983 y 1984.
Sin demasiado apoyo publicitario, el 27 de septiembre de 1983 se presentaba en el puerto malagueño el buque Menorca. Propiedad de la Empresa Isleña de Navegación y adscrito para el servicio que se inauguraba a la Naviera del Sur, este buque comenzaba ese mismo día una línea regular de pasaje con el puerto de Ceuta.
Con 292 toneladas de registro bruto, 41 metros de eslora y una capacidad para 200 pasajeros, el Menorca, había sido construido entre 1971 y 1972 en los Astilleros y Talleres de Celaya en la localidad bilbaína de Erandio.
Tras cancelar gran número de viajes aludiendo siempre a motivos técnicos del barco (la travesía, que costaba 1.500 pesetas, unía Málaga con Ceuta en cuatro horas y media), el 16 de febrero de 1984 la compañía que gestionaba el buque anunciaba el cierre de la línea. Ese mismo día, el Menorca dejaba Málaga con destino a Baleares para cubrir una ruta entre Ciudadela y Alcudia.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (11 de Septiembre de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de septiembre de 2012 a las 10:22
El martes cuatro de septiembre de 1934, fondeaba en la bahía malagueña el buque de bandera inglesa Atlantis. Procedente de Southampton y con destino a Nápoles, este barco que realizaba un exclusivo itinerario crucerístico por el Mediterráneo, llegaba a Málaga con 450 pasajeros (su ocupación máxima). Organizado el desembarco en diferentes botes salvavidas del buque, la mayoría de los turistas británicos que bajaron a tierra, durante varias horas, visitaron la ciudad y sus alrededores subidos en coches de caballos.
Aquella escala turística, tan organizada como las que en la actualidad efectúan los muchos buques de crucero que llegan al puerto malagueño, fue la última de este barco en Málaga. Una visita que como las anteriores 14, realizadas desde 1930, se caracterizó por una curiosa circunstancia.
Construido en 1913 en los astilleros norirlandeses Harland & Wolf (los mismos que dos años antes habían botado al Titanic), este buque, comenzaba a navegar con el nombre Andes bajo la contraseña de la compañía británica Royal Mail Lines. Tras realizar viajes en línea regular con Sudamérica y participar como mercante artillado en la Primera Guerra Mundial, en 1930, rebautizado como Atlantis, comenzaba a navegar como buque de crucero. Ese mismo año, en uno de sus primeros itinerarios turísticos por mar, el barco visitaba el puerto de Málaga. Atracado en el muelle de Cánovas, la agencia encargada de consignar a este buque ofreció, de forma gratuita, a todos los pasajeros del Atlantis un paseo en coche de caballos. Aquel recorrido turístico por las calles malagueñas fue todo un éxito y el Atlantis, en sus siguientes 14 escalas en Málaga, siempre ofertó a sus pasajeros esta singular actividad.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (4 de Septiembre de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de julio de 2012 a las 8:36
LOS aficionados al cine de temas marítimos tal vez recuerden la película Éxodo, una superproducción cargada de primeras estrellas del séptimo arte que narraba el dramático viaje de los 600 judíos que, procedentes de un campo de concentración en Chipre, navegaron rumbo a Palestina a bordo de un destartalado mercante. Y aunque aquella película constituye una de las grandes obras del género marítimo, existe otra que, también repleta de primeros actores y tratando un tema similar, quizás no haya tenido la repercusión de aquel film de 1960 dirigido por Otto Preminger.
Basada en un hecho real y rebautizada en España con el título de El viaje de los malditos, esta película cuenta el periplo del buque St. Louis, el cual zarpaba del puerto de Hamburgo el 13 de mayo de 1939 con 930 judíos alemanes en busca de asilo en la isla de Cuba.
Rodada parcialmente en España, en concreto en Barcelona en el año 1976, el buque que se usó para la película fue el Irpinia, un barco que durante muchos años mantuvo una muy estrecha relación con el puerto malagueño.
Tras inaugurar en enero de 1956 una línea regular de pasaje entre Málaga y diferentes puertos de Centroamérica, este buque que durante años llevó emigrantes andaluces y extremeños fundamentalmente al nuevo mundo, en 1970 comenzaba una nueva vida convertido en barco para turistas. Cumplimentados varios exitosos años en los que desde Génova realizó viajes de una y dos semanas, en 1976, el rodaje de la cinta El viaje de los malditos relanzó su carrera; una trayectoria que lo traía por última vez al puerto de Málaga en diciembre de 1978 realizando un crucero navideño.
Tres años más tarde, sin poder renovar parte de sus certificados de mar, el Irpinia quedaba amarrado en La Spezia, donde en 1983 era vendido para el desguace.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Julio de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 10 de julio de 2012 a las 8:46
SIN entrar en especificaciones técnicas al respecto de lo que es la bruma o la neblina (generalmente todos hablamos de niebla), en los puertos, a la hora de realizar algún tipo de maniobra, este fenómeno atmosférico constituye un verdadero problema.
En los primeros años de presencia de la Trasmediterránea en Málaga, la figura del melillero titular no existía y la línea del mar de Alborán estaba cubierta de una forma habitual por dos o tres barcos.
En mayo de 1927, los buques que navegaban entre Málaga y Melilla eran: el Vicente la Roda, el Vicente Puchol y el Reina Victoria. Éste último, que durante aquel mes sólo trabajó en línea dos semanas, vivió una curiosa experiencia en una de sus llegadas al puerto malagueño. El martes 10 de mayo, una persistente bruma cubría las inmediaciones del puerto. Tras algo más de una hora esperando en la bahía, el capitán del Reina Victoria, ya con el práctico a bordo, tomaba la decisión de entrar para no demorar más tiempo el atraque de su barco. Con una nula visibilidad (así reza una crónica de la época), el Reina Victoria, haciendo sonar sus señales de niebla, entraba muy lentamente por la bocana. Con la dificultad añadida de que había unos barcos fondeados en la dársena de Guadiaro, el vapor, inmerso en una densa bruma, no pudo maniobrar y, frente a su habitual muelle de atraque, el barco, tuvo que esperar tres horas para poder realizar su amarre. Cinco horas más tarde de su horario habitual y ya libre niebla, el Reina Victoria atracaba en el muelle de Cánovas y sus 97 pasajeros, finalmente podían desembarcar.
Una historia que se suma a las muchas ocurridas en el puerto malagueño cuando la bruma, la neblina, o si prefieren, la niebla aparece.
El REINA VICTORIA atracado en el muelle de Cánovas.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (10 de Julio de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de mayo de 2012 a las 8:51
EL 2 de octubre de 2002 llegaba a Málaga el buque de crucero Serenade. Coincidiendo en puerto con el también buque turístico Constellation, el Serenade, que procedente de Limasol viajaba con destino a Civitavecchia, atracaba en el muelle número dos en la que sería su última visita malagueña.
Construido en 1957 por encargo de la compañía de navegación Fraissinet et Cyprien Fabre, este buque, era bautizado como Jean Mermoz para cubrir una línea regular de pasaje y carga entre Marsella y diversos puertos de África.
Aún trabajando como buque de línea, el 22 de abril de 1962, el Jean Mermoz escalaba en Málaga, y atracado en el muelle uno, a su bordo, se celebraba una sonada recepción para conmemorar su primera visita malagueña. Tras una escala más con ese nombre, habría que esperar a abril de 1971 para volver a ver amarrado en Málaga a este barco, aunque en aquella ocasión, regresara rebautizado como Mermoz y reconvertido en buque de crucero. Ya con una única clase y manteniendo algunos detalles que recordaban su pasado como barco de línea, este buque, que fue uno de los primeros buques de crucero en llevar a bordo una guardería, navegó por todo el mundo realizando viajes turísticos de una forma muy exitosa.
Después de varios cambios de armador (este buque durante unos años perteneció a Costa Line, lo que hoy es Costa Cruceros), el Mermoz que hasta agosto de 1999 realizaba 28 visitas turísticas en puerto de Málaga, ese mismo año, y ya en franca decadencia frente a los modernos buques de cruceros, era renombrado como Serenade.
Tras varias temporadas realizando cortos viajes por mar bajo la contraseña de Louis Cruises, en 2008 el barco era vendido para el desguace con el nombre Serena.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (29 de Mayo de 2012).
Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de abril de 2012 a las 8:45
En más de una ocasión, les he hablado de determinadas fotos portuarias que me hubiera gustado tomar y que por múltiples motivos no pude hacer. Una de estas instantáneas, quizás de las más deseadas por el hecho de no tenerla, es la del singular buzón de correos ambulante que a diario se colocaba en la escala de los melilleros.
Desde el año 1920, todos los buques de la Compañía Trasmediterránea que han cubierto la línea regular entre los puertos de Málaga y Melilla, han lucido una muy especial bandera nacional con las iniciales C M (Correo Marítimo), indicativas de ser buques subvencionados estatalmente y encargados de transportar oficialmente el correo. Hoy día, la correspondencia que se embarca en los buques de línea regular, llega a bordo de un camión, y el encanto de aquel buzón de correos de quita y pon ya no existe.
Construido con una simple tabla con su correspondiente ranura bajo la cual colgaba una saca de correos, este singular artilugio se situaba junto a la escala del barco nada más llegar a puerto, y unos minutos antes de salir (era lo último que se hacía antes de soltar las estachas), un marinero quitaba el improvisado receptáculo que era entregado a un funcionario de Correos, el ambulante, que durante el transcurso de la travesía clasificaba toda esta correspondencia.
Aquel tan especial buzón que tantos malagueños y melillenses usaron a diario para depositar sus cartas de última hora, se mantuvo activo durante muchos años, hasta que un día, allá por la década de los años setenta desapareció.
Una imagen de otra época que muchos recordarán, y que forma parte de las múltiples fotos portuarias que, desafortunadamente, no pude tomar y que no están en mi archivo.
Camión de Correos entrando en el Melillero.
Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (24 de Abril de 2012).