Archivos para el tag ‘Málaga’

Málaga-Tánger

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de noviembre de 2017 a las 9:48

En lo que llevamos de año, la Autoridad Portuaria ya ha anunciado en dos ocasiones el proyecto de una línea regular que enlazaría el puerto malagueño con el de Tánger. Si especificar si se trataría de una ruta fundamentalmente turística realizada por un buque de crucero o un itinerario con pasaje y carga que correría a cargo de un ferry (en este caso se podría hablar de un cruise-ferry), la idea, muy interesante por otra parte, me hace recordar las dos historias de los buques que en el pasado enlazaron las aguas malagueñas con la tangerinas.

El diciembre de 1964, Trasmediterránea apostaba por esta ruta posicionando en ella al transbordador Victoria, un buque que además de pasajeros y carga rodada podía embarcar vagones de ferrocarril. Incluso con aquella novedad, la primera línea regular malagueña con Tánger, que atendió más, todo sea dicho, a fines políticos que a los puramente marítimos, en muy poco tiempo se fue diluyendo, quedando totalmente desaparecida antes de que finalizara la década de los años sesenta.

Y aunque los resultados de la línea de Trasmediterránea no fueron buenos, en julio de 1966, la compañía Hispano-Marroquí Limadet Ferry posicionaba en la ruta al Ibn Batouta; un buque que fue construido ex profeso para cumplimentar el recorrido marítimo entre Málaga y Tánger.

Con una gran aceptación, aquel barco pintado de amarillo que fue apodado por su puntualidad como “el reloj del Estrecho”, navegó en esta línea hasta septiembre de 1980, momento en el que las comunicaciones marítimas entre Málaga y Tánger dejaron de existir.

Ahora, muchos años después de aquellas dos experiencia, la Autoridad Portuaria vuelve a interesarse por esta  interesante e histórica ruta.

Ibn BatoutaIBN BATOUTA, el último ferry que cubrió la línea regular Málaga-Tánger.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de noviembre de 2017.

El primer temporal

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de febrero de 2017 a las 9:57

Desde que existe una conexión marítima con Melilla, las cancelaciones puntuales o los viajes en condiciones de navegabilidad casi imposibles, han sido una constante en esta ruta. Teniendo en cuenta las muy especiales condiciones meteorológicas del mar de Alborán, la historia náutica de Málaga y  Melilla está repleta de temporales y barcos  que se enfrentaron   en épicas batallas contra el viento y las olas.

El lunes 19 de diciembre de 2016, la naviera de origen valenciano-balear Baleària se posicionaba en el puerto malacitano para cubrir una línea con Melilla. En libre competencia con Trasmediterránea, que este año cumplirá los cien años en la ruta del mar de Alborán, Baleária comenzaba sus viajes con un ferry rápido; una singular circunstancia que se suma al histórico hecho de que dos compañías operen en esta línea.

Y como al final, más tarde o temprano tenía que llegar, hace unos días, Baleària se enfrentaba a su primer temporal. Con la imposibilidad de salir a la mar, el barco de esta naviera, al igual que el de la competencia, anulaba su entrada malagueña en la tarde del 20 de febrero. Tras esta decisión, y  aún con el mar de Alborán muy enfadado, al día siguiente,  mientras Trasmediterránea cancelaba, el ferry rápido de Baleària decidía salir, y el habitual viaje de cinco horas se convertía en una  larga odisea de ocho.

Y aunque esto que les he contado no es nada extraño, lo más curioso de esta historia es que una compañía decidiera navegar con mal tiempo y  la otra no; una circunstancia que evidencia una clara competencia y en la que los pasajeros de Baleària que vivieron esta experiencia, fueron testigos de cómo esta naviera se estrenaba en un temporal en la ruta de Alborán.

Nissos Chios BaleariaFerry rápido de Baleària que sufrió su primer temporal el 21 de febrero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de febrero de 2017.

Sucesos Marítimos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de febrero de 2017 a las 10:22

Hoy les hablaré de un libro bastante desconocido escrito por un ilustre malagueño que, al menos aquí en su tierra, aun no ha sido suficientemente distinguido. Me refiero a la obra titulada: Sucesos marítimos ocurridos en la costa de la provincia de Málaga; un pequeño volumen de algo menos de cincuenta páginas donde Guillermo Rittwagen desgrana diferentes acontecimientos históricos relacionados con el mundo de la mar y los barcos.

Editado en Madrid en 1915 por la imprenta del Ministerio de Marina, este libro que se subtitula como una colección de efemérides navales, de una forma indirecta y con la particularidad de tratar asuntos malacitanos, muestra unas muy claras influencias de dos de los más significativos tratados publicados sobre la historia marítima española; dos voluminosas obras: Disquisiciones Náuticas y Armada Española desde los reinos de Castilla y Aragón escritas por el capitán de navío Cesáreo Fernández Duro entre los años 1874 y 1903.

Iniciada esta apasionante sucesión de hechos con la descripción de un combate naval ocurrido en 1279, Guillermo Rittwagen, que curiosamente se estrenó en la escritura  como redactor en el diario malagueño El Último publicando noticias sobre los barcos y los pasajeros que llegaban al puerto, dibuja en sus notas una larga e intensa historia marítima que culmina con una pequeña referencia a la marina mercante malagueña en los primeros años del siglo XX.

Un excelente libro que sin haber sido reeditado desde su primera publicación hace ya algo más de cien años, merecería poder volver a estar entre las manos de los malagueños; una circunstancia que serviría para acercarnos más a nuestra importante y muy desconocida historia marítima.

escanear0001Portada del libro SUCESOS MARÍTIMOS.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de febrero de 2017.

Otro MALAGA

Juan Carlos Cilveti Puche | 16 de agosto de 2016 a las 10:01

Desde hace muchos años mantengo una investigación en busca de barcos que hayan llevado  el nombre Málaga. Teniendo como punto de partida al petrolero que bajo la contraseña de la naviera española Marflet navegó mostrando el nombre de nuestra ciudad entre  1969 y 1983, una casualidad propia de los que andamos metidos entre documentos marítimos, me trajo hace unos días  una nueva referencia de otro Málaga.

Fabricado en los astilleros Thor Iron Works de Toronto por encargo del ministerio de marina canadiense, en junio de 1918 se completaba la construcción de un buque que comenzaba su vida de mar bajo la denominación TR 13. Con 271 toneladas de registro bruto, 38 metros de eslora y una máquina de vapor de 370 caballos, este barco diseñado como un pesquero de arrastre, con la posibilidad de ser usado como patrullero, cumplía su primera misión en 1920 remolcando una serie de barcazas por el Canal de Caledonia.

Parado sin actividad hasta 1926, la compañía Boston Deep Sea Fishing & Ice Co. Ltd. se hacía cargo del vapor rebautizándolo como Malaga GY 393. Matriculado en el puerto inglés de Grimsby, este barco comenzaba a navegar como pesquero de arrastre por el Norte de las islas británicas. Tras sufrir un hundimiento parcial en 1933 y ser reflotado, ese mismo año el Malaga era fletado por el gobierno de Italia para servir de apoyo a una serie de vuelos transoceánicos que le llevaron al puerto canadiense de San Juan de Terranova.

De regreso a aguas británicas, el protagonista de nuestra historia de hoy, desaparecía en octubre de 1935 con doce tripulantes a bordo en las costas de Irlanda del Norte; un hundimiento que fue precedido por el anuncio por radio de la pesca de 30 cajas de merluza.

Malaga GY393-01Imagen del pesquero MALAGA GY393.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 16 de agosto de 2016.

Gaona y el mar

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de noviembre de 2015 a las 8:14

Los asiduos a esta columna, seguro que recordarán que en varias ocasiones he escrito sobre el Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga. Hoy, retomo el tema para contarles la excelente iniciativa que han tenido un grupo de profesores del instituto Vicente Espinel al organizar una colosal exposición denominada “Gaona y el mar. El Real Colegio Náutico de San Telmo y las enseñanzas de náutica en el instituto de Málaga”; una muy interesante muestra de lo que fue el colegio de pilotos malacitano entre los años 1787 y 1847, amén de su posterior conversión en escuela de náutica hasta su desaparición en 1923.

Con el especial atractivo de poder ver la corbeta didáctica San Telmo, el barco que los estudiantes de las artes de la mar usaban para aprender las maniobras (la verdadera joya de historia marítima malagueña), la exposición, nos enseña un buen número de documentos de aquel ilustrado colegio de marinos; una escuela en la que se formaron cerca de 600 colegiales que desde Málaga navegaron por todo el mundo.

Completada esta exposición con una serie de charlas y mesas redondas, “Gaona y el mar” ha recuperado la memoria olvidada de la institución marítima más importante que Málaga ha tenido en su historia, una circunstancia que no habría sido posible sin el apasionamiento y la rigurosidad de los profesores Víctor Heredia, Rafael Maldonado y Francisco Pareja, amén de todo el claustro y, por qué no decirlo, de los alumnos del instituto Vicente Espinel.

Un muy acertado y recomendable evento que se prolongará hasta principios del próximo mes, y que permitirá conocer a todo el que se acerque al aula de náutica de Gaona un trozo, quizás el más destacado, de la amplísima historia marítima de Málaga.

2015-11-11 10.08.43Aula de náutica del Instituto Vicente Espinel.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de noviembre de 2015.

Detalles del pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 25 de noviembre de 2014 a las 9:00

La abundante presencia de diferentes buques de vela atracados en aguas malacitanas durante las últimas semanas, nos ha permitido ver un buen número de detalles náuticos propios de los años en los que todo lo que se movía por mar se hacía gracias al impulso del viento.

Y aunque las estancias de estos veleros han dado para mucho, hoy les hablaré de tres curiosas circunstancias que siglos atrás constituían algo fundamental en el día a día de estos barcos.

Tras permanecer algo más de dos semanas atracada en el muelle número dos, en la tarde del viernes 7 de noviembre, la goleta sueca de tres mástiles Alva daba por finalizada su estancia malacitana. Remolcado por una lancha neumática con motor fueraborda, este barco construido en 1939, realizaba la misma maniobra para separarse de su atraque que siglos atrás hacían la totalidad los buques de vela. La única diferencia destacable, es que esté remolque se ejecutaba antaño con uno o varios botes propulsados a remo.

Durante su estancia malagueña amarrado en el pantalán de Levante, el buque escuela de la marina de guerra alemana Gorch Fock ha soltado y aferrando la totalidad de sus velas en un buen número de ocasiones. Realizando diferentes ejercicios para adiestrar a sus cadetes, este barco, a la vez que cumplimentaba esta maniobra mostraba una vieja costumbre del pasado denominada airear el trapo.  Con el objeto de mantener en buen estado todas sus velas, el Gorch Fock, finalizados los ejercicios mantenía desplegada toda su superficie vélica, una ejecución que curiosamente también realizó  hace unos días el moderno velero turístico Wind Surf cuando mostró mientras permanecía atracado en el muelle dos todas sus tecnológicas velas de cuchillo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAVelero turístico WIND SURF aireando el trapo en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 25 de noviembre de 2014.

El final de Casa Santiaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 18 de noviembre de 2014 a las 11:34

Los asiduos a esta columna, seguro que recordarán la historia que les narraba hace unas semanas sobre Santiaga Robles, la propietaria de la pensión Casa Santiaga situada en el número ocho de la calle Méndez Núñez. Lo que hoy les contaré, constituye el triste final de aquella casa de huéspedes que reunió durante algo menos de una década a los más selectos pasajeros y tripulantes que llegaban o salían de Málaga por mar.

A principios de 1918, pocos meses después de que Casa Santiaga abriera sus puertas,  el consignatario que representaba en el puerto malagueño a la Compañía Trasatlántica Española,  un buen amigo del difunto marido de Santiaga, comenzó a recomendar esta pensión. Debido a que en Málaga los vapores de esta naviera hacían frecuentes cambios de tripulantes, muy pronto, la casa de huéspedes de esta viuda gallega se convirtió en el alojamiento habitual  de los oficiales en tránsito de esta compañía. Aquel hecho, en no demasiado tiempo, también atrajo a  muchos viajeros, especialmente de primera clase, que por cualquier circunstancia debían hacer noche en Málaga.

Pero además de hospedar a selectos pasajeros y tripulantes, en Casa Santiaga, los primeros jueves de cada mes se celebraban reuniones sociales; unos muy especiales encuentros donde los naipes eran los principales protagonistas. Tras una acalorada discusión en el transcurso de una timba, esto ocurría en agosto de 1925, uno de los jugadores recibía una puñalada por  parte de uno de sus compañeros de partida. Aquel luctuoso suceso echó por tierra la muy buena reputación de Casa Santiaga, una selecta pensión nada parecida a las habituales en los círculos portuarios  malacitanos que cerraba sus puertas en enero de 1926.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACalle Méndez Núñez donde estuvo ubicada la pensión Casa Santiaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 18 de noviembre de 2014.

Casa Santiaga

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de octubre de 2014 a las 11:41

Hoy les contaré la historia de Santiaga Robles, una gallega que durante algo menos de una década fue una de las féminas más conocidas en el ambiente portuario malacitano. Natural de Pontevedra, en 1912, nuestra protagonista se casaba en aquella localidad con  Luís Domínguez, un pequeño empresario malagueño que comerciaba en el Norte de España con productos llegados de ultramar.

Afincada definitivamente en Málaga un año después de sus nupcias, Santiaga comenzó a vivir en el segundo izquierda del número ocho de la calle Méndez Núñez; un enorme caserón de diez habitaciones que su esposo había comprado meses antes de su boda.

Tras una feliz vida matrimonial, en septiembre de 1917, con tan sólo 28 años de edad, Santiaga enviudaba al fallecer su marido de una apoplejía. Aconsejada por el que hasta ese momento había sido el administrador de su esposo, esta gallega que había heredado la vivienda y no demasiado dinero, decidió abrir una casa de huéspedes que bautizó como Casa Santiaga.

Ofertando seis habitaciones con baño compartido, tres comidas al día, lavado y planchado de ropa y un servicio de maleteros (un extra que paliaba la distancia entre la calle Méndez Núñez y el puerto), la pensión de nuestra protagonista pronto adquirió una muy buena reputación. Gracias a las recomendaciones de los comerciantes dedicados a la importación y exportación y a los consignatarios que habían trabajado con el marido de Santiaga, esta casa de huéspedes  se convirtió en un selecto lugar fuera del habitual círculo de pensiones portuarias.

Las historias sobre el exclusivo alojamiento de los oficiales de la Compañía Trasatlántica Española y las timbas de todos los jueves las dejaré para otra ocasión.

OLYMPUS DIGITAL CAMERARótulo de la calle Méndez Núñez donde estaba la ‘Casa Santiaga’.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de octubre de 2014.

Mala reputación

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de julio de 2014 a las 9:41

Tras ser reflotado como nunca hasta la fecha se había hecho emerger a un buque semihundido, el pasado 23 de julio, el Costa Concordia iniciaba su lento viaje a Génova para ser desguazado.

Además de los dos grandes remolcadores de altura que guiaban al buque siniestrado, una variada flotilla de doce barcos, acompañaba la última singladura de este buque de Costa Cruceros. Entre estos barcos, se encontraba el  Cdt Fourcault, un curioso buque que vivió una extraña historia en Málaga.

De apariencia militar sin serlo, y registrado como un barco de investigación y rescate, el Cdt Fourcault, que por entonces lucía bandera panameña y matrícula de Amberes (una muy significativa irregularidad), fondeaba en la bahía malacitana el 20 de enero de 2011. Sin anunciar su estancia en la rada, y vigilado por las autoridades marítimas nacionales bajo la sospecha de haber llegado para indagar el hundimiento del submarino C3, dos días más tarde, el barco amarraba en el muelle dos.

Construido en Bélgica en 1968, tras desempeñar las labores de estación flotante para prácticos y navegar como buque de instrucción,  en 2007, un armador privado se hacía cargo del barco.  Dedicado a realizar extraños viajes teniendo el submarinismo como principal objetivo, el Cdt Fourcault, muy pronto fue catalogado oficialmente como  un buque cazatesoros.

Después de varios días atracado, el 26 de enero, el barco salía con destino a Gibraltar. Vigilado en todo momento, a principios del mes de febrero, el buque escalaba en Vigo antes de viajar al puerto de Amberes.

Un barco con una muy mala reputación internacional que, curiosamente, ha formado parte del histórico convoy que han escoltado al desguace al Costa Concordia.

Cdt Fourcault 22-I-1111El CDT FOURCAULT atracado en Málaga en enero de 2011.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de julio de 2014.

Carabelas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 1 de julio de 2014 a las 13:48

La presencia de la carabela Boa Esperanza en las aguas del puerto de Málaga, me sirve de escusa para hablarles de este tipo de barcos; unos barcos que, con algunas modificaciones estructurales, navegaron por las costas malagueñas durante varios siglos. De diseño portugués y español, las carabelas, parece que podrían tener su origen en  las bagalas, unas ligeras embarcaciones árabes de dos mástiles aparejadas con velas trapezoidales.

Con no más de 30 metros de eslora y entre 100 y 400 toneladas de desplazamiento, las carabelas, durante los siglos XV y XVI constituyeron una parte muy considerable del conjunto de barcos que navegaron por las costas de la península ibérica. Dedicadas al tráfico de cabotaje y a labores pesqueras, estas embarcaciones, sufrieron una significativa remodelación cuando su aparejo, en el caso de los barcos de tres mástiles, fue modificado con velas cuadras; una  muy sustancial circunstancia que abrió la puerta a la denominada era de los  grandes descubrimientos.

Particularizando en Málaga, el prototipo de la carabela al uso (un barco de  dos mástiles aparejado con velas latinas), debió conformar casi la totalidad de los buques que entre los siglos XIV, XV y XVI se movieron por las aguas de la costa malacitana.

Con unas muy claras influencias estructurales basadas en diferentes embarcaciones musulmanas, las carabelas malagueñas, además ejecutar diferentes navegaciones comerciales, fundamentalmente, debieron realizar trabajos pesqueros. Acondicionadas para este tipo de faenas y con  el añadido de su fácil maniobra, estas embarcaciones, construidas en su mayoría en astilleros situados en las playas, surcaron las aguas de Málaga durante varios siglos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACarabela BOA ESPERANZA atracada en el puerto de Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 1 de julio de 2014.