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Veinte desembarcos

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de abril de 2017 a las 8:45

Cuando aún falta algo más de una semana, en los corrillos portuarios ya se habla del desembarco de la Legón. Con la complicación que para algunos supone la multitud de gente que acude para ver el acto y la expectación que, para la mayoría, significa recibir otro año más a estas tropas, el puerto ya está preparado para recibir al barco que traerá a las unidades legionarias que desfilarán el jueves Santo por las calles malagueñas.

Y aunque hace ya algunos años en esta misma columna con el título “El barco de la Legión”  les hablé de él, hoy, debido a una circunstancia muy especial, quiero volver a retomar la historia del Contramaestre Casado, un buque que ya forma parte de la historia marítima de Málaga.

Tras haber efectuado hasta la fecha 19 desembarcos, si finalmente se cumplen las previsiones, este próximo jueves Santo el  Contramaestre Casado A-01 cumplimentará su vigésima llegada a Málaga con las tropas legionarias; un record que lo convierte en el buque de la Armada que más veces ha ejecutado este transporte.

Con la particularidad de que este barco inició su vida en 1953 como un mercante de bandera sueca, en 1982, tras una operación contra el contrabando en aguas gallegas, este buque era adquirido y remodelado por la Armada. Rebautizado con su actual nombre, en 1983, el Casado, como popularmente se le conoce, comenzó a trabajar como transporte ligero, llegando por primera vez a Málaga  con unidades de la Legión en el año 1991.

Y sin bien se anunciaba su retirada para enero de 2012, el veterano Contramaestre Casado A-01 ha seguido en activo, y desde entonces, año tras año no ha faltado a su cita primaveral para desembarcar a los legionarios en la Semana Santa malagueña.

OLYMPUS DIGITAL CAMERACONTRAMAESTRE CASADO entrando en 2016 col las tropas legionarias.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de abril de 2017.

Final incierto

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de marzo de 2017 a las 8:51

A punto de cumplir dos meses de estancia sin ningún tipo de actividad,  atracado en el muelle de Levante se encuentra desde el pasado nueve de febrero el buque de bandera turca Efendi Baba. Llegado a remolque con  una importante avería en su máquina, este barco, que desde entonces ya ha sufrido una enmendada (una movilización en el mismo muelle en el que se encuentra amarrado), no parece que a corto o medio plazo tenga la intención de dejar las aguas malacitanas.

Perteneciente a una naviera con sede en Estambul que además de éste barco dispone de otro más, el Efendi Baba es un buque de carga general de 116 metros de eslora y 4.984 toneladas de registro bruto con posibilidad de transportar contenedores. Construido en 1994 en los astilleros alemanes Schiffswerft Wewelsfleth, este mercante, que ha navegado con cinco nombres diferentes, además de llegar a Málaga con una avería está a la venta; un hecho que podría alargar durante mucho tiempo su atraque malacitano.

Y aunque las circunstancias no son las mismas, en julio de 2015 llegó por sus propios medios  procedente de Algeciras el buque abanderado en las Islas Cook Ratibor. Con la intención de cumplimentar una breve escala técnica, la estancia malagueña de este barco se fue prolongando, y los problemas empezaron a aparecer. Tras multitud de cambios de muelle, finalmente el Ratibor, que también fue puesto en  venta, quedaba atracado en la desembocadura del río, un lugar en el que aún permanece ya sin tripulación y con una importante deuda acumulada.

Dos interesantes historias que presentan unas ciertas similitudes; la de un barco parado aún en activo y la de otro que, sin ningún tipo de futuro, apunta a un más que probable desguace.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEFENDI BABA atracado inactivo en el muelle de Levante.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de marzo de 2017.

Francisco Cara

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de marzo de 2017 a las 9:38

El pasado día 13, con noventa años de edad falleció Francisco Cara Fernández, uno de los más carismáticos personajes portuarios de las últimas décadas. Conocido por su labor como vendedor de souvenirs, Francisco, al que curiosamente le llamaban Flores, inició su vida en el puerto en el año 1935. Después trabajar en asuntos relacionados con la pesca, con tan solo quince años se subió por primera vez a un barco de turistas. Con dos cajas de cartón repletas de los más tópicos recuerdos que tanto gustan a los viajeros que nos visitan, Francisco, durante muchas décadas se embarcó en la gran mayoría de los buques de crucero que escalaban en Málaga. Teniendo como productos estrella los abanicos, las castañuelas y los toritos, los salones de los más significativos barcos turísticos se convirtieron en improvisados puntos de venta para este  malagueño nacido en Castillo de Sabinillas en 1927.

Asentado su modesto negocio, las medidas de seguridad impuestas en  los barcos y la imposibilidad de subirse a ellos le obligaron a tener que vender sus mercancías a pie de muelle; una circunstancia que tras más medidas de seguridad, le llevaron a tener que posicionar su pequeño puesto en la entrada del Palmeral de las Sorpresas, un lugar en el que se mantuvo fiel hasta  días antes de su muerte.

Con el conocimiento por sus muchos años de experiencia sobre qué turistas de barco eran los más  receptivos a sus souvenirs, y la pena de que nunca le permitieron ubicarse en un mejor sitio, Francisco, con sus dos modestas mesas plegables y su carrito para transportar sus mercancías ya no volverá a vender abanicos, y los que a diario lo veíamos y hablábamos con él,  sin duda alguna lo echaremos mucho de menos.

Abanicos 29-IV-091Francisco Cara Fernández con sus inseparables abanicos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de marzo de 2017.

Expresión del pasado

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de marzo de 2017 a las 10:36

En más de una ocasión, los que son habituales lectores de esta página, habrán podido apreciar una curiosa expresión que, referida a los buques de guerra, aparece en la tabla que refleja los atraques  semanales de los barcos que han operado en el puerto malagueño.

Manteniendo un cierto aire romántico además de unas muy claras intenciones, la frase: De la mar a la mar, expresa la incógnita del origen y el destino de estos barcos; una misteriosa circunstancia que  pretende ocultar los lugares por los que se han movido en el pasado  y por los que se moverán un futuro.

Y si bien en nuestros días esta expresión carece de toda lógica (existen infinidad formas para saber de dónde procede y a dónde se dirige un barco de guerra), la tradición ha mantenido esta frase como un guiño al pasado; una forma de preservar un cierto halo de misterio que siempre ha acompañado a los buques militares.

Con todo esto, y con independencia de que los diferentes periódicos malagueños emplearan o no esta expresión cuando se quería informar de la llegada de un barco de guerra, hasta no hace demasiadas décadas (habría que remontarse a la primera mitad del siglo XX), los buques militares aparecían en los puertos de una forma casi sorpresiva; una circunstancia que convertía sus llegadas en todo un acontecimiento mediático.

En la actualidad, con el conocimiento por parte de las personas e instituciones que deben atender estos atraques confirmado con semanas o incluso meses de antelación, las llegadas de los buques militares a un puerto han dejado de ser una sorpresa; un hecho que no desvirtúa para nada lo que de tradicional tiene describir que estos barcos pintados de gris vienen De la mar y van A la mar.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuques de guerra atracados en el puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de marzo de 2017.

Cascos blancos

Juan Carlos Cilveti Puche | 7 de marzo de 2017 a las 9:46

Hasta hace no demasiados años, los colores de los cascos de los barcos eran una clara identificación de su tipo. Si existir demasiadas estridencias cromáticas, las tonalidades oscuras definían fundamentalmente a la gran mayoría de  los buques de carga, mientras que el resto de barcos se repartían una paleta de colores bastante pobre.

Y aunque existen algunas excepciones (tal vez recuerden cuando les hablé de un buque que lucía una pintura tornasolada), desde hace  ya muchas décadas, el blanco se ha centrado casi en exclusividad en los buques de pasaje, una circunstancia que convierte  en extraño el que un barco  sin ser de pasajeros navegue luciendo este color.

Con el recuerdo de los portacontenedores de la compañía Safmarine, que con sus inmaculados cascos blancos (su principal seña de identidad) operaron  con cierta frecuencia en el pasado en la terminal de contenedores malacitana, hace unos días, atracaba en el muelle número cuatro un pequeño  buque tanque pintado de blanco.

Procedente de Sete y con destino a Monopoli, el Vinlandia amarraba para cumplimentar una carga de aceite y mostrar en aguas malagueñas el níveo color de su casco; una tonalidad que ha lucido con sus dos nombres anteriores aunque originariamente  en 1979 comenzara a  navegar  pintado de azul.

Frente a este atraque, lo más curioso de esta circunstancia radica en que en los últimos años han pasado por el puerto dos barcos muy similares al que les acabo de mencionar. También dedicados al transporte de líquidos, los buques Wine Trader y Old Wine, unos tanques químicos de similares características al Vinlandia han mostrado en los diversos muelles donde han operado sus nada habituales cascos de color blanco.

OLYMPUS DIGITAL CAMERABuque VINLANDIA mostrando su casco blanco en el muelle número cuatro.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 7 de marzo de 2017.

El primer temporal

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de febrero de 2017 a las 9:57

Desde que existe una conexión marítima con Melilla, las cancelaciones puntuales o los viajes en condiciones de navegabilidad casi imposibles, han sido una constante en esta ruta. Teniendo en cuenta las muy especiales condiciones meteorológicas del mar de Alborán, la historia náutica de Málaga y  Melilla está repleta de temporales y barcos  que se enfrentaron   en épicas batallas contra el viento y las olas.

El lunes 19 de diciembre de 2016, la naviera de origen valenciano-balear Baleària se posicionaba en el puerto malacitano para cubrir una línea con Melilla. En libre competencia con Trasmediterránea, que este año cumplirá los cien años en la ruta del mar de Alborán, Baleária comenzaba sus viajes con un ferry rápido; una singular circunstancia que se suma al histórico hecho de que dos compañías operen en esta línea.

Y como al final, más tarde o temprano tenía que llegar, hace unos días, Baleària se enfrentaba a su primer temporal. Con la imposibilidad de salir a la mar, el barco de esta naviera, al igual que el de la competencia, anulaba su entrada malagueña en la tarde del 20 de febrero. Tras esta decisión, y  aún con el mar de Alborán muy enfadado, al día siguiente,  mientras Trasmediterránea cancelaba, el ferry rápido de Baleària decidía salir, y el habitual viaje de cinco horas se convertía en una  larga odisea de ocho.

Y aunque esto que les he contado no es nada extraño, lo más curioso de esta historia es que una compañía decidiera navegar con mal tiempo y  la otra no; una circunstancia que evidencia una clara competencia y en la que los pasajeros de Baleària que vivieron esta experiencia, fueron testigos de cómo esta naviera se estrenaba en un temporal en la ruta de Alborán.

Nissos Chios BaleariaFerry rápido de Baleària que sufrió su primer temporal el 21 de febrero.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de febrero de 2017.

Dos atraques

Juan Carlos Cilveti Puche | 21 de febrero de 2017 a las 10:01

Hoy les contaré un pequeño incidente sufrido por uno de los buques turísticos más significativos en la historia crucerística del puerto malagueño. Con la particularidad de haber sido originariamente un portacontenedores que se reconvirtió en un barco para turistas, el Costa Allegra, que internacionalmente fue publicitado como el ‘barco de la luz’ por su impresionante popa acristalada, en Málaga vivió una muy intensa historia de atraques que se saldó con un total de 100 escalas entre los años 1994 y 2005.

Corría el mes de junio de 2002 cuando el barco de Costa Cruceros, cumplimentando un viaje por Atlántico y el Mediterráneo, llegaba al puerto malacitano procedente de Cádiz. A las siete de la mañana, el Costa Allegra, que iba al completo de pasaje, quedaba atracado en el Pantalán de Levante. Finalizadas las excursiones programadas y ya con todo los turistas a bordo, a las 12:30 el barco dejaba las aguas malagueñas con destino a Almería con un leve temporal de Levante.

Tres horas más tarde, el Costa Allegra regresaba sobre sus pasos y pedía atracar, ya que las malas condiciones de la mar le habían impedido entrar en el puerto almeriense. Auxiliado por el remolcador Honce (el primer de la Clase H que operó en Málaga), a las cuatro de la tarde, el barco de Costa Cruceros quedaba posicionado en el mismo muelle que lo había albergado varias horas antes.  Reforzados los amarres y con los pasajeros sin poder desembarcar, durante una hora el Costa Allegra permaneció atracado en el Pantalán de Levante. A las cinco de la tarde, ya con el temporal amainando, el buque de Costa tras cancelar definitivamente la fallida escala en Almería, salió a la mar para seguir su ruta por el Mediterráneo.

Costa Allegra 31-III-2001COSTA ALLEGRA atracando en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 21 de febrero de 2017.

Portuarios

Juan Carlos Cilveti Puche | 14 de febrero de 2017 a las 10:30

Hace unas cuantas semanas, entrevistando a un trabajador del puerto prejubilado le pregunté si podía calificarlo como portuario. Rotundamente me contestó que no, ya que esa denominación, a su entender, simplificaba y rebajaba su vida laboral. Hace ya de esto algunos años, uno de los principales responsables del puerto malacitano me recriminaba, medio en broma medio en serio, que empleara en mis escritos la palabra portuario para referirme a los trabajadores del puerto, ya que en su opinión, este vocablo esta marcado de unas connotaciones no demasiado positivas. Cuando para un reportaje, hace también de esto algunos años, entrevisté a tres mujeres implicadas en muy diferentes puestos de trabajo en el puerto, ninguna de ellas se negó a que las denominara como portuarias, e incluso, el trío se sintió muy halagado cuando titulé aquel artículo como “Orgullosas de ser portuarias”.

Frente a estas disquisiciones semánticas donde siempre habrá opiniones para todos los gustos, lo que sí está claro, es que el término portuario en la mayoría de las ocasiones se ha empleado con un cierto tono peyorativo; un sesgo del pasado que rememora malas condiciones laborales y unas formas de trabajar, que en muchos casos, han estado al borde de la ilegalidad.

Sea como sea, y dejando aparte susceptibilidades más propias de otros colectivos, lo que no deja de ser verdad es que siendo estrictos con nuestra lengua, las personas que desempeñan algún tipo de labor relacionada con un puerto de mar, así lo refiere la Real Academia de la Lengua, han sido, son y serán portuarios; una muy especial denominación que dependiendo a quién y cómo se diga siempre podrá ser vista y entendida como un halago o un insulto.

1967Vieja postal “portuaria” de la década de 1960.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 14 de febrero de 2017.

Los ‘Sider’

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de enero de 2017 a las 19:44

Desde hace algo más de una década, la muy larga historia de los tráficos de cemento y clinker en el puerto malagueño está estrechamente ligada a un amplio grupo barcos que en sus nombres compuestos llevan siempre la denominación Sider.

Con la paradoja de que no todos estos buques pertenecen a un mismo armador, en los últimos años, los habituales muelles donde se opera con estas mercancías han visto a muchos Sider atracados; unos barcos que además de cemento y clinker también han cumplimentado  diferentes cargas y descargas de graneles agroalimentarios. Con todo esto, y teniendo como punto de partida el año 1993, fecha desde la que existen registros de atraques, a día de hoy, por el puerto malacitano han pasado un total de veinte barcos diferentes luciendo este nombre.

El 30 de agosto de 2003, procedente de Lisboa y con destino a Barcelona, el buque de carga general Sider Venture amarraba en el muelle número seis en una operativa que inauguraba las continuadas escalas de estos barcos en Málaga. Con la particularidad de ser el primero y tras la llegada de otros muchos que han compartido este nombre, en febrero de 2010, aquel primer Sider que atracaba en aguas malacitanas regresaba rebautizado como Arklow Venture en un viaje procedente de la localidad inglesa de Lowestoft.

Manteniendo su registro holandés y con su casco azul ahora pintado de verde, el Arklow Venture siguió escalando en Málaga realizando el mismo tipo de  operativas que había ejecutado con su anterior nombre. Tras cumplimentar diferentes visitas, en 2016, el primer Sider que llegaba a Málaga  era renombrado como SP Venture, una nueva denominación con la que por el momento aún no ha atracado en aguas malagueñas.

Arklow Venture 2-II-103ARKLOW VENTURE, antiguo SIDER VENTURE en su primer atraque en 2010.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 31 de enero de 2017.

Treinta y un meses

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de enero de 2017 a las 9:27

El siete de noviembre del año pasado, el puerto vivió una jornada histórica. Aquel día en el que llegaron cinco barcos turísticos, tres de ellos pertenecían una misma naviera; una circunstancia  que hasta la fecha nunca se había dado en las aguas de Málaga. Integrados en la flota de la compañía Holland America Line, los buques Prinsendam, Oosterdam y Eurodam coincidieron en los atraques de Levante ratificando con esta triple visita el interés que el puerto malagueño sigue teniendo para esta naviera centenaria.

Y aunque la historia malacitana de Holland America Line se remonta a 1927, y las escalas de los barcos de esta compañía, salvo en los periodos bélicos del siglo XX,  han sido continuas desde aquella fecha, en 2004, esta naviera dejó de venir a Málaga.

Tras realizar el Westerdam su primera visita al puerto el seis de agosto de aquel año, Holland America Line se olvidó de Málaga durante 31 meses; un largo periodo de tiempo en el que ninguno de los característicos barcos de casco azul y terminación dam en su nombre escalaron en los muelles malacitanos.

Finalizado aquel periodo de sequía que se debió a una serie de reestructuraciones estratégicas en sus barcos y rutas, el 17 de abril de 2007, el Amsterdam, que por entonces era el buque insignia de la flota de esta naviera de origen holandés, regresó al puerto de Málaga atracando en el muelle de Levante.

Desde entonces, los barcos de Holland America Line no han dejado de venir, y la presencia año tras año de estos buques se ha perpetuado como antes de aquellos 31 meses en  los que esta de naviera, una de las más importantes del panorama crucerístico de todos los tiempos, permaneció sin atracar en los muelles malagueños.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAAMSTERDAM que recuperó las escalas de Holland America Line en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de enero de 2017.